Selecciona una palabra y presiona la tecla d para obtener su definición.
Anterior Indice Siguiente




ArribaAbajo

Acto II

 
Salen MADAMA SAMBRIG y FANIA. Examinan la escena con extremo sentimiento en que emplean un momento sin hablar.

 
FANIA
¡Ah, madre mía! No está
tampoco aquí.
MADAMA SAMBRIG
Yo no alcanzo
a dónde puede haber ido
tu esposo sin avisarnos.
FANIA
Yo estoy con una inquietud. 5
MADAMA SAMBRIG
No la tengas, pues reparo
que Roberto llega aquí.
 
(Sale ROBERTO por la tienda con aire melancólico, la cabeza baja y con pasos lentos se dirige al almacén, pero apenas las ve, hace un extremo de sentimiento y, por no hablarlas, se vuelve hacia la tienda y se detiene cuando FANIA le llama con mayor tristeza.)

 
FANIA
¡Ay, Dios! ¡De nosotras huye!
Roberto, Roberto. ¡Cuánto
me dice tu aspecto triste! 10
¿Dónde está mi esposo? Acaso
le habrá sucedido...
ROBERTO
Nada.
FANIA
¿Nada, y lo dices temblando?
Querido, Roberto, dime
la verdad. Mi sobresalto 15
compadece. Él ha salido
sin vernos hace ya rato.
Pues en este día, qué
cosa puede separarlo
de mi presencia, a no ser, 20
¡oh, Cielos! ¿Algún cuidado
terrible?
ROBERTO
Os sobresaltáis
sin causa (yo estoy turbado),
creo que...
FANIA
Roberto, apenas
puede articular tu labio 25
la voz, y con tu sorpresa
mi inquietud has aumentado.
MADAMA SAMBRIG
Sosiégate hija, que llega
el señor Villianz, y aguardo
nos consuele.
ROBERTO
Qué tormento
30
con verlas estoy pasando.
  -11-  
 
(Sale VILLIANZ conducido por ISABELA.)

 
ISABELA
Aquí está Villianz.
FANIA
Señor, ¿no habéis encontrado
a mi esposo?
VILLIANZ
No, señora,
yo os dejé ya desposados, 35
pues fui el padrino y partí
a dar a necesitados
que me esperaban consuelos
que son mis afanes diarios.
FANIA
Pues apenas de la Iglesia 40
a casa, señor, llegamos
salió sin decirnos nada
y nos tiene con cuidado.
VILLIANZ
No tardará, mayormente
cuando sabe le esperamos 45
para comer; puede ser
que tal vez se esté informando
si Sudmer...
ROBERTO
Señor Villianz.

 (Interrumpe con eficacia.) 

Él iba a contar el caso
que yo quiero que no sepan 50
por no darlas más quebrantos.
Celebraréis de Isabela
la aplicación y el cuidado,
pues un capítulo entero
de la Biblia está estudiando. 55
VILLIANZ
Me alegro mucho. Hija mía,

 (Acariciándola.) 

siempre has de tener cuidado
en hacer bien a los pobres
en ello a papá imitando.
ISABELA
Sí, señor, yo sólo tengo 60
en los pobres mi regalo,
los cuido mucho y les doy
limosnitas.
VILLIANZ
Pues te encargo
que tan bellos sentimientos
conserves siempre, pensando 65
que las limosnas que se hacen
son un fondo tan sagrado
que el Cielo le satisface
con favores dilatados;
pues bendice a las personas 70
que la caridad usaron.
Míralo en tu papá, como
es piadoso, en todo cuanto
hace es muy dichoso; a los
pobres, hija, no olvidarlos. 75
MADAMA SAMBRIG
Esa es la primera ley
que en naturaleza hallamos.
FANIA
Y la obligación más fácil
de cumplirse.
VILLIANZ
Yo así engaño
a los simples y acreciento 80
mi oro, porque él es mi encanto.
¡Qué corazón es el vuestro
tan digno del que ha tomado
posesión del que es Wilson!
Es mi amigo ya ha seis años, 85
y por él derramaría
toda mi sangre. Me ha dado
muchos pesos para pobres,
y con ellos me he quedado.
Si Sudmer hubiera sido... 90
 
(ROBERTO le hace señas para que calle.)

 
ROBERTO
Ved Señor...
FANIA

 (A él aparte.) 

¿Queréis dejarlo?
VILLIANZ
Si Sudmer hubiera sido
como Wilson, consolado
de muchos sería en su
desgracia.
MADAMA SAMBRIG

 (Con interés.) 

¿Pues qué ha pasado
95
a Sudmer?
VILLIANZ
De hacer acaba
bancarrota, y se ha escapado.
MADAMA SAMBRIG
¡Oh, Cielos! ¿Sudmer quebró
y no parece?
VILLIANZ
Ahora acabo
de saberlo, no dudaba 100
yo que fuese así, pues cuando
no hay caridad en un hombre,
su fin será desastrado.
 
(FANIA fija los ojos en ROBERTO y este queda confundido.)

 
FANIA
¡Ay, Dios! Yo creo que estaba
con él muy interesado 105
mi esposo.
MADAMA SAMBRIG
Las tres mil libras
esterlinas que ha librado
Wilson a Norbie debía
Sudmer haberlas pagado
esta mañana. Roberto, 110
¿vino este dinero?
ROBERTO
¡Ah! ¡Cuánto
siento, señoras, tengáis
noticia de este quebranto!
No vino el dinero. ¡Esta era
la desgracia que ocultaros 115
mi terneza pretendía!
FANIA
¡Cielos, qué es lo que he escuchado!
MADAMA SAMBRIG
¡Infelices de nosotras!
FANIA
Señor Villianz, ahora es cuando
reconozco que aquí el Cielo 120
-12-
os ha conducido en tanto
desconsuelo. Vos debéis
dirigir vuestros cuidados,
vuestro celo y amistad
en consolar a mi amado 125
esposo. Dadle los alivios
que encontréis son necesarios.
VILLIANZ
¿Tres mil libras esterlinas
ha perdido (¡estoy temblando!)
en esta quiebra Wilson? 130
Pues él se arruinó. ¡Si acaso
la letra que en mi poder
tengo contra él (golpe amargo)
no me pagará! ¡El canalla
de este modo ha asesinado 135
mi corazón! Pero sepamos
todo a fondo, que en la cárcel
perecerá aprisionado
si no paga.
FANIA
Esta desgracia
sin duda habrá consternado 140
a mi esposo, más por mí
que por él. Pero yo aguardo
le manifestéis que todo
mi corazón se ha mostrado
delante de vos. Que yo 145
por este fatal acaso,
ni le amaré menos, ni
me tendré, aunque el mal es tanto,
por más infeliz. A vuestra
amistad ha reservado 150
la Providencia hacer sea
quien remedie tanto daño.
VILLIANZ
Perdonad, señora, yo
no puedo ya acompañaros,
pues me acuerdo que un negocio 155
de piedad me está esperando.
Voy a que haga la justicia
que me pague este malvado.
MADAMA SAMBRIG
Señor, ¿en esta ocasión
dejaréis abandonado 160
a vuestro amigo?
ROBERTO
Que no
las dejéis pido llorando.
VILLIANZ
No puedo más detenerme.
Entre las desgracias no hallo
quietud, señoras, yo siento 165
mucho tener que dejaros,
pero es preciso otra cosa
que me pesa esté a mi cargo.
La desgracia de Wilson
la hace mayor.
FANIA
Declaraos.
170
¿Cuál es? ¿Qué hay más? De una vez
todo el veneno bebamos.
ROBERTO
¡Qué situación!
MADAMA SAMBRIG
¡Ay de mí!
ISABELA
¡Ah, mi papá desgraciado!
VILLIANZ
Cuatrocientas y noventa 175
guineas (hay es un grano
de anís) me debe Wilson
por esta letra de cambio.
Este dinero no es mío,
buenas almas en mis manos 180
le pusieron, porque fuese
a los pobres entregado.
No es sino toda mi sangre.
Les daré la letra, y cuando
vuestro esposo no pagase, 185
harán al instante embargo
de bienes para cobrar.
Yo no puedo remediarlo;
en tocándome al peculio
de los pobres, me deshago. 190
Voy corriendo. Adiós, señoras.
FANIA
Esperad por Dios un rato.

 (Aparte.) 

Yo voy a tranquilizarle.
 
(FANIA le conduce a un lado del teatro, se quita los pendientes y se los da.)

 
ISABELA
¿Y es este aquel hombre santo
que alababa tanto mi padre? 195
Fuego en él y en todos cuantos
a él se parezcan.
MADAMA SAMBRIG

 (Aparte.) 

¡Oh, Dios!
Quién creyera que debajo
de esa virtud aparente,
un corazón tan malvado 200
hubiera.
ROBERTO
¡Ah, señora, de estos
hipócritas habrá tantos!
FANIA
Estos pendientes son todos
mis diamantes. Sin reparo
os los doy, porque cobréis 205
la letra que habéis tomado
por mi esposo. Valen más,
pero no importa, tomadlos.
 
(Los toma con alegría y mira con cuidado.)

 
VILLIANZ
Con efecto, valen más.
Corazón, respira un rato. 210
A mi pesar los acepto,
señora. Ya estoy rabiando
-13-
por salir de aquí, pues casas
donde no hay que agarrara algo,
me apestan. Yo siento ver 215
a mi amigo en tal quebranto.
FANIA
¡Ah, hipócrita! Sí, señor,
ya os conocemos, dejadnos.
VILLIANZ
Tomad la letra y Dios quiera
vuestros males remediarlos. 220

 (Aparte.) 

Si vuelven a tener bienes,
volveré yo a visitarlos.

 (Vase.) 

FANIA
¡Ay, Dios!
MADAMA SAMBRIG
Acabe, hija mía,
tu turbación, remediado
está todo. Tus pendientes 225
a ese hombre vil han pagado.
Qué bien has hecho.
FANIA
¡Ah, señora!
Esto dará más quebranto
a mi esposo. Yo conozco
su corazón, el mirarnos 230
en el seno del dolor,
la bajeza de este ingrato,
todo, todo doblará
su mal.
ROBERTO
¡Si supierais cuánto
ha hecho por él mi amo! ¡Quién 235
esto creyera!
MADAMA SAMBRIG
A tu cuarto
ven, hija, que necesitas
tranquilizarte. Aquí un rato
espera, Roberto, pues
tengo que decirte. Vamos. 240

 (Asiendo del brazo a su hija.) 

FANIA
Roberto, llámame al punto
que vuelva mi esposo amado.

 (Vanse.) 

ROBERTO
¡Ah, qué mujeres! ¡Y qué
Wilson tan afortunado
en haberse unido a ellas! 245

 (Mira al lado de la tienda y por la puerta de ella, que está abierta, ve cruzar mucha gente.) 

Pero Wilson. ¡Mas qué alcanzo
a ver! ¡Cuánta gente! ¡Ay, Dios!
Lo que aquí quieren sepamos.
 
(Va hacia la puerta de la tienda y salen el ESCRIBANO seguido de seis ALGUACILES.)

 
ESCRIBANO
¿No está aquí el señor Wilson?
ROBERTO
No, señor.
ESCRIBANO
Ya. No lo extraño.
250
Esperaría este golpe
y tal vez se habrá escapado.
ROBERTO
¿Pues qué queréis, señor?
ESCRIBANO
He,
cosa de poco cuidado:
tres mil libras esterlinas 255
en estas letras de cambio
se libraron por Wilson
a pagarlas de contado
contra Enrique Fling, banquero
en Norbie.
ROBERTO
Cierto es el caso.
260
ESCRIBANO
Y a favor de Jorge Astur.
ROBERTO
Supongo que se aceptaron.
ESCRIBANO
Pues supone usted muy mal.
De este Enrique era asociado
Sudmer. Pero aquel quebró 265
y este por él ha faltado.
Con que viendo Jorge Astur,
legítimo interesado
en las letras, que Wilson
debe pagarlas, este auto 270
sacó del juez, y venimos,
señor mío, a practicarlo;
que se reduce a embargarle
y venderle todo cuanto
hallemos, si no pagare 275
al punto. Ya os he enterado.
 
(ROBERTO queda confundido sin poder hablar y sale por la izquierda MADAMA SAMBRIG con la letra que dio a FANIA WILSON. Al ver a tanta gente se sorprende.)

 
MADAMA SAMBRIG
¡Ay, Dios! Roberto, ¿qué gentes
son estas? Tú estás turbado.
¿Qué quieren esos señores?
Mas ya aliento, pues alcanzo 280
a ver que aquí Wilson llega,
y qué triste y agitado.
 
(ROBERTO va junto al ESCRIBANO y ALGUACIL, MADAMA SAMBRIG se dirige a la derecha y por su bastidor sale WILSON que, acelerado e inquieto, ve a la justicia y queda sorprendido.)

 
MADAMA SAMBRIG
Perded, querido Wilson,
esa inquietud. Consolaos,
la pérdida tan ligera 285
que habéis experimentado
en este mismo momento,
por esto feliz pagamos.
Ved aquí ya satisfecha
la otra letra.

 (Se la enseña y la ve con admiración.) 

WILSON
¡Qué he mirado!
290
¿Pues quién lo pagó? ¿Con qué?
  -14-  
MADAMA SAMBRIG
Con los diamantes que ha dado.
Fania.
WILSON
¿Fania? ¿Qué oigo, Cielos?
MADAMA SAMBRIG
A ella le ha sido más grato
cederlos por vuestro honor 295
que no en su adorno gastarlos.
En esto, ¿qué hay que admirar?
Venid, que sus tiernos brazos
os esperan.
WILSON
Fania... Fania...
¡Ah, qué golpe tan amargo! 300
Lo que hicisteis por salvarme
fomenta mayor naufragio.
¡Yo, señora, sin remedio
estoy del todo arruinado!
Mirad esos hombres. Ellos 305
vienen. Mas corred al cuarto
de Fania. ¡No la dejéis,
acompañadla, estorbando
que aquí venga a ser testigo
de este contratiempo infausto! 310
MADAMA SAMBRIG
¿Pero qué es esto, Wilson?
WILSON
¡Ah, señora! Es el quebranto
mayor que... Pero id con Dios.
Yo ahora no estoy en estado
de seguiros.

 (La conduce a la puerta de la izquierda.) 

MADAMA SAMBRIG

 (Exclama con un ímpetu de dolor.) 

¡Ah, Wilson!
315
WILSON
En fin, ella va llorando.
¡Qué horrible momento! Tengo
mi corazón traspasado
de aflicción.
 
(Vuelve a la escena, se sienta junto a el bufete, sobre el que apoya su cabeza, y queda en un profundo silencio. ROBERTO se pone a su lado, lleno del mayor sentimiento.)

 
ALGUACIL 1º
Tiempo perdemos
aquí, señor secretario, 320
porque hoy es día de venta,
y si pronto despachamos,
puede llevarse a la plaza
lo que se vaya embargando.
ESCRIBANO
Es verdad; mas de la caja 325
debemos apoderarnos
antes. Señor, por mi oficio

 (A WILSON.) 

ya veis que estoy obligado
a hacer lo que se me encarga
por el juez. Mirad este auto. 330
WILSON
Sé lo que contiene.
ESCRIBANO
¿Y qué
respondéis?
WILSON
Que vuestro encargo
cumpláis, pues con qué pagar
no tengo.
ESCRIBANO
Pues, señor, dadnos
las llaves del escritorio 335
y la caja.
 
(WILSON levanta la cabeza y con voz débil dice lo siguiente.)

 
WILSON
Roberto amado,
da las llaves.
ROBERTO
Ahí están.

 (Suspira y, volviendo su cara al bastidor por encubre sus lágrimas, saca las llaves de su bolsillo y se las da.) 

ESCRIBANO
Al almacén los dos vamos
y a los telares. Tú ves
a la tienda y al despacho; 340
y los dos subid arriba
y formar el inventario.
ALGUACIL 1º
Para conducir los muebles
a la puerta hemos dejado
los mozos.
ESCRIBANO
Bien. Despachemos,
345
y la vigilancia encargo.
 
(El ESCRIBANO y otro ALGUACIL entran por la puerta del almacén, otros dos por la de la tienda y los restantes por la de la izquierda.)

 
WILSON
Y esperaba mi desgracia
a que formase este lazo
para ponerme en el seno
del horror. No siento tanto 350
mi aflicción, como la de ellas.
Esta es quien causa mi llanto.
 
(ROBERTO estará retirado en el fondo del teatro con sumo sentimiento y en el mismo habla. Después se oirá un gran movimiento de arrojar fardos de paño de los anaqueles al suelo de la tienda; en los cuartos interiores, ruido de descolgar trastos, y a poco tiempo cruzarán la escena varios mozos cargados con fardos, espejos y otros muebles.)

 
WILSON

 (Levantándose.) 

Hoy me casé, y hoy las dos
por mí han dado todo cuanto
tenían, ninguna cosa 355
para sí se ha reservado
perdiéndolo todo. ¡Se hallan
sin asilo y sin amparo!
¡Pues cómo podré yo verlas
-15-
en tan infeliz estado 360
por mi causa, sin morir!
¡Ay, Dios! Horror da pensarlo.

 (Vuelve a sentarse.) 

ROBERTO
Aquí morir esperaba
tranquilo sin sobresalto;
pero me oprime el aliento 365
este golpe tan amargo.
 
(Queda confundido de dolor. Sale un LACAYO con botas y látigo en la mano, atraviesa la escena y se para en el fondo del teatro, dando señales de la mayor admiración viendo la catástrofe desastrada de aquella casa. WILSON vuelve la cabeza tristemente, ve al LACAYO en la escena y le dice esto en tono áspero.)

 
WILSON
¿A quién buscáis?
LACAYO
A Madama
Sambrig, pues darla un recado
quiero.
WILSON
¿De quién?
LACAYO
De Milord
Orcey, porque está esperando 370
la respuesta de una carta
que la envió ayer por mi mano.
WILSON

 (Fuerte e incorporándose.) 

¿Milord Orcey?
LACAYO
Sí, señor.
WILSON

 (Con terneza y vuelve a sentarse. Aparte.) 

¡Su dicha las he quitado!
Él a Fania quiso dar 375
su fortuna, dicha aplauso,
y todo, todo por mí,
¡ay, Dios! Supo renunciarlo.
ROBERTO

 (Mirando con eficacia al LACAYO.) 

Tendré, Dios mío, valor
para lo que he pensado 380
pueda ejecutar; pues vos
me le habéis de dar.

 (Queda pensativo.) 

LACAYO
¡Qué cambio
desde ayer tarde se ve
en esta casa tan raro!
ROBERTO
Yo me determino; puede 385
que así remedie este daño.

 (Va al LACAYO con pasos lentos, le ase de la mano y le conduce lejos de WILSON.) 

Con que es Milord Orcey
el que aquí os envía.
LACAYO
Andando.
ROBERTO
¿Luego está en Londres?
LACAYO
No está;
mas de su casa de campo 390
una hora después que yo
debió salir.
ROBERTO
Sin reparo,
quiero que de su carácter
me informes: ¿su genio es blando
o tremendo?
LACAYO
Es muy amable
395
por compasivo y humano.
ROBERTO

 (Aparte con regocijo.) 

Basta. Para mi proyecto
tenemos adelantado
muchísimo. Él ama a Fania,
y al oír su infeliz estado, 400
es fuerza la compadezca
y la remedie. Sigamos
que a Milord es necesario
hablarle yo.
LACAYO
¿Y la respuesta
de madama?
ROBERTO
Está a mi cargo
405
llevársela. Ven. Dios mío,
¡dadles consuelo a mis amos!

 (Vase con el LACAYO.) 

WILSON
Sin mí, sin mí, ella sería
Lady. ¡Por mí ha despreciado
esta grandeza, y se ve 410
cercada de males tantos!
 
(Los seis OFICIALES DE LA FÁBRICA DE WILSON salen por la puerta del almacén con delantales y cruzan la escena para ir a la tienda, caminando con los brazos caídos, las cabezas bajas y con una profunda tristeza.)

 
OFICIAL 1º
¡Qué lástima de señor!
¡Mas qué veo! Allí postrado
al dolor está. Mirad,
amigos, nuestro buen amo. 415
 
(Quedan consternados de dolor viendo a WILSON y, por la puerta de la tienda, salen dos mozos cargados de muebles y se dirigen a salir por la derecha. A pocos pasos que dan, sale el ESCRIBANO con un reloj de sobremesa.)

 
ESCRIBANO
Esperad mozos. Conduce
tú este reloj de la mano.

 (Se lo da a uno.) 

Id derechos a la plaza
y descargad con cuidado.
 
(Vanse los mozos, WILSON se incorpora viendo a sus oficiales y que el ESCRIBANO se vuelve a la tienda, le dice esto.)

 
WILSON
Señor secretario, oídme 420
dos palabras.
ESCRIBANO
Despachaos
a decirlas, que no puedo
perder tiempo.  (Aparte.) Qué pesado.
WILSON
A esos pobres oficiales,
-16-
a quienes debo el salario 425
de esta semana, que a diez
guineas asciende, aguardo
os dignéis satisfacerles;
que aunque habréis muy poco hallado
en mi caja, creo que habrá 430
bastante para pagarlos.
ESCRIBANO
No puedo. Cuanto hay aquí
no es bastante para el pago
de Jaime Ancur, si otra vez
tenéis fortuna, portaos, 435
Wilson, con mejor conducta
y no habrá acreedores tantos.

 (Vase.) 

OFICIALES
¡Qué compasión!
 
(Sale ISABELA, ve a WILSON y se hecha en sus brazos.)

 
ISABELA
Padre mío,
que se llevan todo cuanto
hay en la casa. Mi abuela, 440
mamá y Betzi, están llorando.
Venga usted a consolarlas
por Dios, papá mío, vamos.
WILSON
¡Hija de mi corazón!
Ya a tu padre desgraciado 445
cubre la miseria. Amigos,
ya veis mi destino amargo
y lastimoso; yo os debo,
pero no puedo pagaros.
OFICIAL 1º
¡Oh, mi querido señor! 450
Nosotros solo lloramos
por vos, vuestra situación
produce nuestro quebranto.
 
(WILSON, mirando con atención a su hija, pone la vista sobre la rosa de diamantes que pende de su collar y abrazándola le dice esto.)

 
WILSON
¡Quién pudiera introducirte
en mi corazón, amado 455
objeto de mi tristeza!
¿Me darás tú sin reparo,
hija mía, ese collar
que no te es necesario?
ISABELA

 (Quitándoselo con prisa.) 

Papá mío, mi collar 460
la sangre que circulando
está en mis venas, mi tierno
corazón, mi vida, cuanto
tengo, y puedo tener,
es todo vuestro. Tomadlo; 465

 (Se le da.) 

pero no lloréis por Dios.
Puede que otra vez seamos
ricos; Dios que da los bienes,
también nos los quita cuando
quiere, y con su voluntad 470
es preciso resignarnos.
WILSON
¡Ah, dulce embeleso mío!
Si la escucho más yo acabo.
Amigos míos, esto es
lo único que me ha quedado; 475
más vale de diez guineas,
que es lo que os debo; yo os hago
gracia del resto. Tomad
y perdonad a vuestro amo.
 
(Los OFICIALES se retiran con señales de horror.)

 
OFICIAL 1º
¿Qué hacéis, Señor? ¡Ojalá 480
pudiéramos remediaros!
Si cuanto hay en nuestras casas
os sirve, iremos volando
a traerlo. Qué dicha fuera
remediar vuestros quebrantos. 485
 
(Se van. WILSON los mira con dolor, se apoya sobre la mesa, dejando caer los brazos y el collar que alza ISABELA.)

 
ISABELA
Estos pobres oficiales
no, no son como el malvado
de Villianz. Yo creo que él
no me le hubiera dejado,
pues se llevó los pendientes 490
de mi mamá.
WILSON
Un medio extraño
me ha ocurrido. Él es seguro;
mi partido está tomado.

 (Se levanta y pasea muy agitado.) 

ISABELA
Papá, vámonos arriba
y daréis algún descanso 495
con vuestra vista a mi abuela
y a mamá.
WILSON
Sí, es necesario...
Mas procuremos que no
sepan lo determinado
en mi corazón. Apenas 500
la noche extienda su manto,
haré lo que debo hacer.
Isabela, vete a tu cuarto.

 (Lo hace y él va hacia la puerta de la izquierda, pero su marcha será lenta y temblorosa, parándose muchas veces.) 

-17-
Yo voy derecho a la muerte;
por lo mismo, en cada paso 505
que muevo levanto un monte.
¡Ay, Dios! ¡Todo estoy temblando!
¿Cómo las veré? Su vista
duplicará mis amargos
sentimientos y la mía 510
los suyos. Pero si aguardo

 (Fuerte.) 

poner esta noche fin
a mis ansias y quebrantos
para que dichosas sean,
¿para qué me detengo? Hagamos, 515
corazón mío, un esfuerzo
grande, atrevido y bizarro,
para que concluyan tantas
penas, males y cuidados.

Arriba
Anterior Indice Siguiente