El fin es el principio
Luis Alberto de Cuenca
Al final no pensamos ni recordamos nada
que no sea el principio. La memoria es así.
Huyen los nombres propios del presente, las fechas
próximas en el tiempo, y regresan los nombres
del pasado, las frases que en la niñez remota
hirieron o salvaron. Y vuelve aquella niña
de las trenzas de oro a quien contabas cuentos
en el sillón de orejas del salón, y los naipes
con figuras de músicos ilustres que tu padre
te trajo de Alemania, y la caja de música
en la que Cenicienta y su príncipe azul
bailaban incansablemente, y las cicatrices
que honraban tus rodillas de tanto gatear
detrás de aquellas chapas con nombres de ciclistas,
y las alineaciones con tres defensas, dos
medios y nada menos que cinco delanteros,
y el día en que encontraste el tebeo imposible
de encontrar en la tienda de don César Cobelo,
y la bici BH con que ibas por el mundo
(que era entonces pequeño) las tardes de verano...
Estos días azules y este sol de la infancia:
al final solo importan las cosas del principio.
Madrid, 11 de octubre de 2017