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Estudio esta adaptación, situada en un contexto tan cambiante para su director, en mi ensayo Una simpatía arrolladora: Edgar Neville, Barcelona, Ariel, 2007.
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Juan Antonio Bardem contaba todavía con la colaboración de Alfonso Goda, que murió el 5 de agosto de 2003.
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Dora Doll (Berlín, 1922) es el nombre artístico de Dorothée Herminia Feinberg, actriz que después de haber protagonizado una prolongada trayectoria cinematográfica bajo la dirección de Claude Chabrol, Ettore Scola, Fred Zinnerman, Jean Renoir y otros cineastas todavía se encuentra en activo.
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Alguna interesante sorpresa cabe imaginar si dispusiéramos del testimonio aportado por la actriz nacida en Alemania que, con su aspecto, se daría cuenta de lo excepcional de su imagen en la Cuenca y el Logroño de 1956.
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El club aparece como «Venus, el reposo del guerrero». Es evidente que Juan Antonio Bardem, en el año 2000, no estaba al tanto de los rótulos de neón más o menos verosímiles para un puticlub y lo eligió con un sentido irónico algo desfasado.
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Cuando leí el ensayo de Jordi Balló Imágenes del silencio. Los motivos visuales en el cine (Barcelona, Anagrama, 2000) quedé sorprendido al comprobar que había prescindido de Calle Mayor a la hora de explicar algunas de esas imágenes -la mujer ante el espejo y tras la ventana, por ejemplo- cuya utilización por parte de Juan Antonio Bardem resulta modélica y clarificadora.
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Véase su polémico libro Autobiografía de Federico Sánchez, Barcelona, Planeta, 1977. La única alusión a la película de Juan Antonio Bardem y la utilización en la misma de su nombre en la clandestinidad la encontramos en las páginas 235-236. Le parece «algo exagerado».
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Al margen de la utilización peyorativa del término, Juan Antonio Bardem acertó en este caso a tenor de lo leído en Federico Sánchez se despide de ustedes (Barcelona, Tusquets, 1993), donde Jorge Semprún relata su etapa como ministro para ajustar cuentas con los «guerristas» y proclamar su adscripción al «felipismo». Una supuesta dialéctica que le permite callar acerca de casi todo lo relacionado con sus tareas ministeriales.
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El guión de Regreso a Calle Mayor añade el dato de que era un exiliado republicano, resignado y silencioso tras su regreso a España: «se había autocondenado al ostracismo». Federico había ido a la ciudad provinciana para que recuperara un papel activo. Resulta, no obstante, más creíble la imagen que nos da Calle Mayor, pues en aquellas dependencias del casino y en 1956 era difícil imaginar el tranquilo reposo de alguien que hubiera sido algo más que un exiliado del interior. El papel de Don Tomás fue interpretado por el actor francés René Blancard (1897-1965).
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Es curiosa la
coincidencia con la caracterización que da Manolito:
«Juan era un buen chico, un buenazo.
Tonto, pero echao palante. Un inocente...»
Pepe el calvo,
por su parte, piensa que era «un
blandengue»
, influido por «el
intelectual de los cojones»
y «el putón de la Tonia»
.