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1

Las perturbaciones producidas por diferencias léxicas pueden originarse en los siguientes tipos, de mayor a menor: A) diferencia semántica entre los significados de un mismo vocablo en distintas áreas; B) diferencias de vocabulario tales que a) un vocablo no existente en una de las áreas sería por su forma relacionado en ella con los de un campo semántico diferente, o b) con ningún otro campo, o c) con los de un campo análogo. En los casos A y B a), el oyente entendía mal, sin sentir la impresión de que no entendía (ej.: hispanorrom. femina «hembra», galorrom. femina «mujer»). En los casos B b) y C c) el oyente o advertía que no entendía y podía pedir explicación o «adivinaba» por el contexto el significado de la voz desconocida: tanto en uno como en otro caso quedaba ley muy limitada la posibilidad de otra comprensión errónea (ej.: hispanorrom. *capro «macho cabrío», sardorrom. caper «íd.»).

 

2

La valoración del testimonio de la epigrafía como fuente de conocimiento del latín hablado ha sufrido un cierto descenso al irse afirmando la convicción de que, por el mero hecho de ponerse a escribir, ya se procura hacerlo como a uno le han enseñado. Es cierto que, aun con esta reserva, otras partes de la lingüística latina, especialmente la fonética, encuentran abundantes datos en los textos epigráficos; pero existen razones especiales que determinan que los datos léxicos sean mucho menos numerosos. La mayor «corporeidad» de una substitución de vocabulario o de un desplazamiento semántico hace que la posible falta de corrección léxica sea mejor advertida y más fácilmente evitada que la incorrección gráfica reveladora de un cambio fonético. Por otro lado, el hablante es más consciente de su vocabulario que de sus peculiaridades en la emisión de sonidos, por lo menos en lo que se refiere a quien piensa que habla diciendo «palabras», como era el caso de quien había «aprendido a escribir» en latín.

 

3

A. Carnoy, Le latin d'après les inscriptions, 2. ª ed., Bruselas, 1906, pp. 255-266.

 

4

J. Soler, Lateinisches and romaniches aus den Etymologiae des Isidorus von Sevilla, Göttingen, 1930, pp. 163-164.

 

5

J. Jud, Probleme der altromanischen Wortgeographic, en ZRPh, XXXVIII, 1914-1917, pp. 1-75.

 

6

Compárese la existencia de un área ininterrumpida continuadora de fauus desde Lusitania a Castilla deducida por el propio Jud, Probleme, pp. 24-25, a base de la presencia de este vocablo en vasco aba.

 

7

Los glosarios con voces mozárabes ya fueron recogidos en la obra clásica de E. Simonet, Glosario de voces ibéricas y latinas usadas entre los mozárabes, Madrid, 1888. Para una mayor información sobre las hablas mozárabes de la Península, véase más abajo M. Sanchís Guarner, El mozárabe peninsular.

 

8

Un ejemplo de esta compenetración, importante para la historia de un vocablo del latín hispánico, es lo ocurrido a propósito de formare «abonar con estiércol». Este verbo, en su forma de perfecto fimauit, ha sido restituido por A. S. Pease, AJ, XLI, 1940, p. 80, a un pasaje de S. Isidoro, Etymologiae XVII, 1, 3, donde se leía que el dios Sterculus... primus... agros... firmauit. La restitución fue apoyada inmediatamente por L. Spitzer, AJ, LXI, 3, 1940, pp. 357-358, con el hecho de que este verbo había sido conjeturado por comparación (REW núm. 3307) a base de la existencia de femar con idéntico sentido en prov. y en cat.; también femer en fr. antiguo.

 

9

G. Rohlfs, Die lexikalische Differenzierung der romanischen Sprachen, en Sitzungsberichter der Bayer. Akad. der Wiss. Philos.-hist. Klasse, München, 1954, pp. 94-95.

 

10

Este carácter no necesita ser aquí sino aludido, por tratarse ex profeso en el siguiente artículo sobre Dialectismos. Por lo demás, aun en la época en que estuvo más en boga la hipótesis de que muchas de las diferencias entre las lenguas románicas se explicaban por la distinta procedencia dialectal de los romanizadores y por la índole de koiné itálica atribuida al habla de los colonos (esto es, a fines del siglo pasado, con la obra de G. Mohl, Introduction à la chronologie du latin vulgaire, París, 1899), los rasgos hispánicos a que se supuso origen dialectal fueron sobre todo fonéticos y morfológicos, que no de vocabulario.

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