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Dada la escasez de obras técnicas en la literatura hispanolatina, y por tener continuadores en vocablos románicos de la Península, merecen ser citados algunos fenómenos léxicos comprobados en escritores técnicos no hispánicos: no es gratuita la suposición de que también el léxico latino de Hispania los ofreció. Así, en las versiones de Oribasio (J. Svennung, Wortstudien zu den spätlateinischen Oribasiusrezensionen, Uppsela, 1933, pp. 96 y 98, respectivamente), se hallan atestiguados massare (port. amasar, cast. amasar) y minimare (cast. y ca. mermas), este último no conocido en ningún otro texto latino. La restricción semántica de pars al sentido de «región, comarca» es frecuente en Paladio (J. Svennung, Untersuchungen zu Palladius, Luna, 1936, p. 593), en cuya obra aparece incluso en pasajes donde la fuente, el hispanolatino Columela, tiene regio. De éste cita Svennung, Untersuchungen, p. 585) un uso que ha persistido en amplias áreas románicas: medius por dimidius.

 

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En J. Vives, Inscripciones cristianas, citado en nota 49 al § 17.

 

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Un matiz difícil de precisar en una invocación dirigida a Cristo: hic sanctus semper sedito, hic abitator adesto.

 

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La oportunidad de la atención concedida al léxico de Egeria a este respecto se justifica por la falta de una obra de valor estilístico similar al suyo dentro de las producciones ciertamente hispanolatinas de la época. Justamente a la polémica sobre su origen hispano o galo se debe el haberse puesto en clara que, en su relato, junto a tipos bien continuados en la Península y, por así decir, característicos de sus romances (p. ej.: sedera = esse), los hay que mejor concuerdan con el léxico galonomávico (p. ej.: manducare).

 

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Los datos numéricos de frecuencia de vocablos, sentidos y empleos que van a citarse proceden de W. van Oorde, Lexicon Aerherianum. Thesis, Amsterdam, 1929. La primera de las características que van a mencionarse, a saber, la aversión a ciertos verbos deponentes, está tomada también de dicha obra (p. 9).

 

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M. Lavarenne, Étude sur la langue du poète Prudence, París, 1933, pp. 133-178, 281-308 y 349-470, especialmente 395-442.

 

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Arisfifer, aurifluus, bifestus, centifidus, christicola, christigena, christipotens, columnifer, crueifer, cunctiparens, cunctipotens, dulcimodus, flauicomans, frondicomus, lucisator, millifformis, Nilicola, nocticola, omnipater, omnipollens, paradisicola, primoplastus, quadrifluus, sanctiloquus, saxigenus, semicombustus, septicollis, tabifluus, tauricomis, Tibericola, tripictus, uerbigena, ubicremus.

El panorama de estos compuestos, donde los destinados a conceptos específicamente cristianos (tipo cunctipotens, uerbigena, etc.) son numerosos, cobra su debida importancia si se atiende a la variedad de los tipos a que pertenecen las nuevas creaciones, y a que su número representa más de la quinta parte del total de compuestos empleados por Prudencio (148).

 

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G. Schepss, Die Sprache Priscillians, en ALL, III, 1886, pp. 309-318, especialmente p. 324: abseratio (=adseratio? o por adsertio?), addiscipulus, aesternutatio, agnoscentia, apparabilis, circumuersura, detestabilitas, ducatorium («anillo atravesado en la nariz de un dragón para conducirle»), exspectaculum, intemporabilis, impraesens, inuictiacus (=inuecticius?), litterare, occallatio, operabilis, psalmidicus, uirtutificatio.

 

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D. Norberg, Spéculation dans la langue latine médievale, en ALMA, XXII, 1952, pp. 516.

 

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En la obra de San Isidoro se señalan: frondua por abundans frondibus; pars por regio; proprius por suus; reditus «renta»; relicta por uidua.

En la de San Julián: auster por australis; belligerosus por bellicosus, comtalis «condal»; defensatio por defensio; euenturum por euentus; fretosus «pantanoso»; gardingatus «dignidad palatina germánica»; opopumpeus (¿del gr. apopompatos?); percircumeo por el simple sin per; perfidiare «ser pérfido»; primiclerius «el clérigo de mayor dignidad», renotare por adnotare; subsequiua por subsequentia; subsequalens por el simple correspondiente; sufflectus por abundantia.

En las Vitas: actuarius «receptor»; ambigere por nescire; anhelabundus por anhelans; apostatare transitivo; circumcinctus por circumdatus; commentia «detalles»; compadiatim «¿a trozos?», posible cruce de *copadatim (derivado de copadium «trozo de carne») con el prefijo com-; concinatio por machinatio; contumelium por contumelia; conuexatus = uexatas; cothurnus por superbia; crapulatus por plenus; episcopium «casa del obispo»; euectiuncula «acémila» (M. Díaz, Notes lexicographiques espagnoles, en ALMA, XXII, 1952, pp. 77-85); exponere por disponere; grillo «frasco para vino»; inpostmodum = postmodum; locupleo por locupelo; matrona por uxor; occursus «homenaje»; peroneratus, «muy cargado» (cf. perpraeceps); praespicuus por perspicuus; stigma por stemma; sypprestis por superstes; ualefactio «despedida»; uiuariolum «huerto»; voluptas, por uoluntas.

El contraste es aleccionador. A una menor categoría literaria de los autores no corresponde una menor vitalidad innovadora, sino sólo un menor acierto en las innovaciones, que se corresponde exactamente con la «falta de posesión léxica» de que se viene hablando.

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