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La personalidad de este cardenal marcará, durante muchos años, la vida religiosa y no religiosa de Santiago y de Galicia. En la ofrenda de 1954, Franco había llegado a considerar casi milagroso el apoyo del apóstol en la guerra civil, en Brunete: «en una luminosa mañana, cuando las campanas de nuestros templos pregonaban la festividad del Apóstol Santiago, uniendo una vez más su intervención a nuestra victoria» (ECG, 27.07.1954, 3(7). En la respuesta a la ofrenda nacional, la actitud de Quiroga queda determinada por una aceptación del sistema político vigente, pero con una distancia cierta para que no se les identifique: «Como Prelado de la Santa Iglesia, yo os felicito, Excelencia, por haber sido elegido por Dios para reafirmar nuestra unidad católica y para asentar en España este sistema de relaciones entre la Iglesia y el Estado (se refiere al Concordato entre España y el Vaticano), en las cuales (...) se está tan lejos de una supeditación del Estado con relación a la Iglesia (...) como de una servidumbre o enfeudamiento de la Iglesia con relación al Estado» (la cursiva es nuestra), en ECG 27.07.1954, 3(4). A su muerte, en 1971, fue enterrado junto al Pórtico de la Gloria, en la nave central de la catedral de Santiago. En su lápida, entre otras cosas, está escrito en latín: CVLTVS BEATI IACOBI NECNON PEREGRIN AD EIVS SEPVLCR AMPLIFICAND IMPIGER FAVTOR, en traducción de A(ntonio) F(raguas) F(raguas) «del culto del Bienaventurado Santiago y también de aumentar las Peregrinaciones a su Sepulcro incansable promotor» (en Gran enciclopedia gallega, voz «Quiroga Palacios»). Este cardenal tiene una corta aparición en la película, cuando recibe al orfeón y al P. Mojica en el gran salón, románico, del palacio de Gelmírez.



 

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Las citas textuales de la encíclica están tomadas de Colección de encíclicas y documentos pontificios, Acción católica española, Madrid 1955, 4.ª ed., p. 677a. La traducción es de Pascual Galindo. Pío XI había hablado en otra encíclica, «Divini illius Magistri», en 1929, de que la prensa, la radio, los libros, los espectáculos podían ayudar en la educación de la juventud, pero que «se subordinan, desgraciadamente, muchas veces tan sólo al incentivo de las pasiones y a la codicia de las sórdidas ganancias», p. 676a.



 

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Luigi Civardi, Cine y moral, Acción católica española, Madrid 1951. Es traducción de A. Tapiador, de la 2.ª edición italiana. En el prólogo que A. Bonet hace al libro queda clara la finalidad de la traducción: «El libro tiene un alto valor desde el doble punto de vista que hoy interesa a la conciencia católica española en sus preocupaciones morales sobre el cine: el punto de vista negativo de crítica, de depuración, de repudio de lo turbio y lo malsano, y el de construcción positiva, creación eficaz a base de asimilación de rectos criterios del vivir, de limpieza moral y de exquisita elegancia, espiritual y artística, de acuerdo con los cánones más exigentes de la bondad y de la belleza» (p. V). No es casualidad, el tiempo y las costumbres determinan, que el interés comience por lo censurable y vaya, luego, a lo encomiable. Con posterioridad, otro texto significativo sobre este asunto es el de Salvador Canals, La Iglesia y el cine, Rialp, Madrid 1965. Es traducción de la edición italiana, de 1961, publicación ésta apoyada por la Comisión pontificia de cinematografía, radio y televisión. La labor de la censura española se fijó más, dentro de las películas permitidas, en lo que había que reprobar moralmente (sexualmente, hablando) y por lo tanto suprimir o aligerar, lo que es patente en muchas de las páginas del trabajo de T. González Ballesteros, Aspectos jurídicos de la censura cinematográfica en España. Con especial referencia al período 1936-1977, Universidad Complutense, Madrid 1981.



 

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A. A. Pérez Gómez, J. L. Martínez Montalbán, Cine español 1951-1978. Diccionario de directores, Mensajero, Bilbao 1979, p. 287.

«Supuesto que la película esté bien hecha, yo le atribuyo todo el mérito al que la ha concebido con los ojos cerrados.

»- Al guionista.

»- Exacto.

»- Pero el director es quien la modela.

»- Y es arte -añade Salvia- que debe premiarse con elogios.

»- Dentro de las dificultades de ser director, ¿puede usted explicarnos de qué forma su labor sería más llevadera?

»- Siempre cuando el director se encuentre en la línea que piso yo. Es decir, dirigir los propios guiones de uno.

»- Sin embargo, "Pórtico de la Gloria" es del P. Mojica...

»- Pero algunas escenas, sin dejar de ceñirme a la trama argumental, las he reajustado a las conveniencias del film».

De la entrevista de J. Rey F. Alvite a Salvia, en ECG 9.04.1953, 3(1). La cursiva es nuestra.



 

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O. C., en Enciclopedia universal ilustrada europeo-americana. Suplemento anual 1973-74, Espasa Calpe, Madrid 1980, s.v. Mojica. Los breves datos del personaje están tomados de la biografía redactada por O(scar) C(ollazos). En dos libros hace poco editados, que tratan un aspecto casi desconocido hasta esas publicaciones: el de los hispanos en el cine de Hollywood, hay notas más explícitas sobre José Mojica. J. B. Heinink, R. G. Dickson, Cita en Hollywood. Antología de las películas norteamericanas habladas en castellano, Mensajero, Bilbao, 1990; J. García de Dueñas, ¡Nos vamos a Hollywood!, Nickelodeon, Madrid, 1993 (debo esta última referencia a J. Pérez Perucha). En el Anuario de cine 1955-56 (v. n. 2), se afirma en la entrada José Mojica (p. 422) que «en México rodó "El capitán aventurero" (1938) y "Melodías de América" (1941)». M. Viñas solamente recoge la primera de esas dos películas en su Índice cronológico del cine mexicano 1896-1992, Unam, México 1992.



 

15

En El eco franciscano, VII-VIII, 1952, p. 187.



 

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Id., IX, 1952, p. 231. El P. Isorna mantuvo estrecho contacto con el P. Mojica, durante la filmación de la película en Santiago. En la encíclica «Miranda prorsus», que Pío XII dio a conocer en 1957 (la mencionamos, aunque se trate de algo fuera del estricto ámbito cronológico de nuestro trabajo), se repite nuevamente (señal de que no se han seguido las recomendaciones de su antecesor) la indicación de que «no será posible lograr que el cine sea un instrumento positivo de elevación, de educación y de mejoramiento sin la escrupulosa colaboración de todos los que tienen una parte de responsabilidad en la producción y difusión de los espectáculos cinematográficos», cita tomada de J. Iribarren, El derecho a la verdad. Doctrina de la Iglesia sobre prensa, radio y televisión (1831-1968), B.A.C., Madrid 1968, p. 228.

El Pórtico de la Gloria no está presente en las páginas del estudio de J. A. Martínez-Bretón, Influencia de la iglesia católica en la cinematografía española (1951-1962), Harofarma (Madrid), Paracuellos 1987. Quizá porque el proselitismo católico que existe en el film no se halla en la corriente de productoras «confesionales», como Aspa P. C. (v. pp. 63-69). Y quizá, también, porque se tiende a estudiar lo que ha llamado la atención, y no lo que se encuadra en una «normalidad» religiosa.



 

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Del prólogo justificatorio a Yo pecador..., de Fray José Francisco de Guadalupe Mojica, O.F.M., Jus, México 1957, p. 7 de la 2.ª ed. Ese prólogo comienza con estas palabras: «En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, por obediencia a mis superiores empiezo estos apuntes autobiográficos», id. id. La fecha que figura al pie es la del año 1942. Por tanto, ha sido un libro de dilatada concepción (la primera edición fue, como se dijo arriba, en 1956), y los recuerdos que se recogen terminan en 1947, año de su consagración sacerdotal. Por cierto, y al margen de este trabajo, un dato para aquellos buscadores de personajes que han tenido que marchar de sus pueblos, por razones diversas, y han alcanzado fama en otros lugares: el P. Mojica es, según confesión propia, de ascendencia vasca: «De rodillas ante mi Padre Guardián, el humildísimo Fray Pedro Ganchegui -vascongado como mis antepasados, venido de España en santas ansias de trabajar por los indígenas peruanos y ahora encorvado por los años, trabajos y enfermedades-, (...)», id. id., p. 513, y podría, por ejemplo, tener un lugar en A. López Echevarrieta, Vascos en el cine, Mensajero (Bilbao), Erandio 1988, cuando se haga una nueva edición. En esta línea, el argumento de una de las películas de Mojica, Mi último amor, se desarrollaba originalmente en el País Vasco, v. Heinink, Dickson, ob. cit., p. 204.



 

18

El franciscano P. Isorna me ha declarado, verbalmente, que el colegio terminado con esa ayuda quedó destruido, luego, durante uno de los terremotos que se producen en esa parte de América del Sur.



 

19

Heinink, Dickson, ob. cit., respectivamente, páginas: 136, 195, 204, 220 y 231; 99 y 228; 207, melodrama de aventuras; 190 y 213; finalmente, 127 (drama).



 
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