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Existe una reiterada inexactitud: Las Casas no es el responsable de la introducción de la esclavitud negra en las Indias, pues ésta se hizo realidad años antes. Más aún, nos ha dejado claros y dolorosos testimonios de su arrepentimiento por el desafortunado consejo que dio al respecto en 1516, en los inicios de su lucha por el indio (cfr. p. ej., LASSEGUE, J. B., La larga marcha de Las Casas, Lima 1974, 134-142; LOSADA, A., Fray Bartolomé de Las Casas a la luz de la moderna crítica histórica, Madrid 1970, 206-212; PÉREZ FERNÁNDEZ, I., «Estudio», 118-125).

 

12

LAS CASAS, B. de, Historia, III 438-440.

 

13

LAS CASAS, B. de, Historia, II 441. Según se deducen de sus propias palabras, el clérigo Las Casas no se encontraba en aquellos momentos en la ciudad, ni estuvo presente ni oyó el sermón; sin embargo es muy probable que «la noticia del sermón, predicado ante las más altas autoridades, y altamente escandaloso a los oídos de los oyentes, corrió rápidamente, sin duda por toda la isla (pues corrió hasta España), y llegó hasta La Concepción de la Vega y hasta el Janique [heredad en la que se encontraba él]» (PÉREZ FERNÁNDEZ, I., Cronología, 211).

 

14

En la actualidad algunos historiadores (cfr. BORGES MORÁN, P., «Un drama lascasiano: franciscanos y dominicos en la actuación de Montesinos de 1511 a 1512», en Actas del II Congreso Internacional sobre Los Franciscanos en el Nuevo Mundo [Siglo XVI], Madrid 1988, 755-780; GARCÍA Y GARCÍA, A., «El sentido de las primeras denuncias», en Corpus Hispanorum De Pace, vol. XXV, Madrid 1984, 67-73; ARRÁNZ MÁRQUEZ, A., «Alonso del Espinar, OFM y las Leyes de 1512-1513», en Actas del I Congreso Internacional sobre Los Franciscanos en el Nuevo Mundo, Madrid 1987, 631-651), ponen en duda la exactitud histórica lascasiana de los contenidos del primer sermón limitándolos a negación del derecho del Rey de España a conceder encomiendas así como a poseer las Indias. Aceptando estas conclusiones, lo señalado era ya de por sí «una cosa tan nueva y tan perjudicial en deservicio del rey y daño de todos los vecinos de aquella ciudad y de toda esta isla» (LAS CASAS, B. de, Historia, II 442-443).

 

15

ZEVALLOS, H., «Acerca de un discurso liberador: el sermón de Montesinos», en Páginas 99 (1989) 48-49.

 

16

Cfr. los ejemplos mencionados por GONZÁLEZ, C. I., «La Teología de la Liberación a la luz del magisterio de Juan Pablo II», en América Latina (1979-85), en Gregorianum 67 (1986) 12, n. 9; el Documento Final de Puebla, III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano celebrada en 1979, al final de su número 8 transcribe uno de estos textos y en su reciente Carta Apostólica a los religiosos y religiosas de Latinoamérica (Roma, 29.6.1990) n.º 5.

 

17

Este punto de partida hermenéutico no es mencionado por el Papa, ni por los estudiosos de su magisterio al respecto: cfr. GONZÁLEZ, G. I., La Teología, 5-46; GARCÍA, R. D., La «primera Evangelización» y sus lecturas, desafíos a la «nueva Evangelización». Lectura latinoamericana de los discursos de Juan Pablo II en Zaragoza, Santo Domingo, San Juan de Puerto Rico, Roma (10.11.12.17 de octubre de 1984), Buenos Aires 1990, 36, ss.

 

18

LAS CASAS, B. de, Del único modo de atraer a todos los pueblos a la verdadera Religión, A. Millares Carlo-L. Hanke (ed.), México 19752, 376 (el subrayado es mío).

 

19

LAS CASAS, B. de, Historia III 308-309 (el subrayado es mío).

 

20

LAS CASAS, B. de, Del único, 429.

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