El sujeto nómada y la exploración de la memoria en «La travesía» de Luisa Valenzuela1
María Teresa Medeiros-Lichem
Lo más difícil de la escritura no es la página en blanco |
La lectura de un texto de Luisa Valenzuela es un placer que depara sorpresas. Así como ella nos revela que la sorpresa es su «alimento literario» y que «lo que se construye cuando se escribe novela es un laberinto que nos llevará lo más cerca posible del secreto»
(2001b, 1), su última novela La travesía (2001) es una invitación a penetrar en el laberinto de su escritura, de emprender un recorrido por la psiquis de una mujer agobiada por el peso de la memoria para llegar al secreto más íntimo de su alma.
En un andar rizomático en el que ansía olvidar un pasado nefasto, la protagonista yerra por caminos insoldables hasta llegar al centro del laberinto donde se iniciará su transformación liberadora. La travesía de esta mujer es un viaje interior por la zona más oscura de su memoria, por su «pantano interno»
(LT 115) en el que experimentará un «cambio de piel»
(LT 115) que eventualmente la liberará de su abyecta sumisión a Facundo Zuberbühler, su ex marido que 20 años atrás le había costeado viajes de investigación por tierras lejanas a condición de que ella le escribiera cartas eróticas detallando sus aventuras sexuales.
Este deambular psíquico que origina una profunda transformación en la conciencia de la protagonista, convierte a Marcela Osorio en un sujeto nómada (nomadic subject en la terminología braidottiana) por su capacidad de liberarse del dogmatismo falocéntrico que la hostigaba. Su travesía la libera de la dominación sexual y subordinación a la mente perversa de Facundo, y esta trayectoria la llevará a recuperar su identidad ultrajada.
En su obra seminal Nomadic Subjects: Embodiment and Sexual Difference in Contemporary Feminist Theory la filósofa feminista Rosi Braidotti define el nomadismo como la «conciencia crítica que se resiste a asentarse dentro de un modelo de pensamiento y comportamiento codificado socialmente»
(1994a, 5)2. El nomadismo como concepto teórico, implica un proceso de desterritorialización3 de un centro vital a una periferia en que el migrante lleva consigo su marca identitaria y en el que elige la meta de su re-territorialización. Este desplazamiento de identidad a nivel subjetivo abre nuevos espacios para indagar migraciones del sujeto femenino y su relocalización. En este contexto, mi exposición interpreta la novela La travesía (2001) de Luisa Valenzuela como ejemplo del nomadismo braidottiano en la escritura de las mujeres, enfocando al sujeto nómada Marcela Osorio en su tortuoso itinerario por los territorios inexplorados de la memoria.
La protagonista que recibe su nombre en la penúltima página de la novela es una antropóloga argentina que (en 1995) enseña en una célebre universidad en Nueva York. Su cómoda rutina se interrumpe cuando el azar la lleva a conocer al artista polaco Bolek Greczynski que hacía unos años había expuesto su obra en Buenos Aires. Este encuentro fortuito repercute en ella como un sacudón sísmico que abre las grietas de un pasado olvidado en el que ella se sumerge «para tratar de empezar a recuperar lo aparentemente irrecuperable»
(LT 38). Esta mujer:
| (LT 39) | ||
Un caminar sin rumbo por la oscuridad es el inicio de la trayectoria de este personaje nómada que le hace retroceder veinte años atrás a Buenos Aires donde su memoria tropieza con «F, su ex marido secreto»
(42). Facundo representa la hegemonía patriarcal y el dominio falocéntrico que somete al sujeto femenino a las fantasías de su mente pervertida obligándola a prostituirse para otorgarle el placer voyeurístico de su aprendizaje sexual.
Obligada por un «pacto de silencio»
(117), la joven antropóloga sucumbirá durante cuatro años a sus deseos lascivos y le escribirá cartas con minuciosos detalles de «actos inconfesables»
(119) que ella no vivió sino que imaginó para complacerlo.
Ella recuerda:
| (LT 119-120) | ||
Un concepto básico de la conciencia nómada [nomadic consciousness] es el de ser capaz de redimirse de las estructuras monolíticas que oprimen. La protagonista, hastiada de la dependencia servil a un marido violento, interioriza su condición abyecta vinculada a «la droga de las cartas»
(120). El primer paso hacia su autonomía personal será un acto de resistencia que lo ejecuta cuando en Barcelona resuelve dar fin con el vil epistolario:
| (LT 119-120) | ||
Esta determinación radical de nunca más escribir a F es una ceremonia de rechazo4 al poder obliterante de Facundo. Simbólicamente ella abandona «los oscuros laberintos»
(121) del barrio gótico de Barcelona y «cruza[r] la Diagonal como quien cruza una frontera para no volver nunca más al territorio prohibido»
(120). No volverá a escribir a F. Y si el contenido de las «misivas de polvo y espanto»
(98) tampoco aparece en el texto de la novela, es evidente que han dejado una profunda huella en la psiquis de este personaje femenino.
En términos teóricos del nomadismo, este incidente marca el inicio de su «proceso de desterritorialización del centro vital» hacia una nueva demarcación territorial en la que el sujeto nómada se desplazará hacia nuevas metas en las que será ella quien bosqueje el mapa de su re-ubicación. Ha sido gracias a un despertar de su «conciencia crítica que se resiste»
(Braidotti) que la joven logra despojarse de la obligación funesta que la agobia.
Las cartas secretas que ella había escrito a F yacen ocultas en el fondo de su memoria, desterradas de su mente, hasta que el amigo Bolek le revela que por una insólita coincidencia (nuevamente el azar), él había tropezado con estas cartas polvorientas deslizadas debajo de la puerta del departamento de la joven en Buenos Aires cuando él preparaba su exposición. Esta circunstancia es la que le provoca el sobresalto inicial cuando ella conoció a Bolek y que desencadenará su travesía interior por el laberinto de sus propias pasiones, sus temores, sus oscuros deseos en un proceso de liberación y reubicación. En este punto de partida, su condición anímica se refleja en la imagen del nómada que se adentra por arenas movedizas, como se lee en la novela:
La protagonista ha llegado al centro de su tembladeral, está sola con su secreto. Necesita despojarse de su carga para llegar a la otra orilla. En el transcurso de su de-territorialización la heroína pasará por varios rituales siguiendo las huellas de su memoria, en los que irá trazando su propio mapa. El primer intento de confiar su ansiedad a la amiga Greta fracasa porque su relato le llega cuando ésta había muerto. Es solamente cuando logra confesarle a Joe su misteriosa historia secreta con F que por fin articula su trauma e inicia su purificación: «todo empieza a manar como lava de su boca, un vómito más bien o una catarata como si se hubiera roto por fin una represa completamente saturada»
(186).
Si la metáfora del cordón umbilical es lo que la mantuvo atada a Facundo, será la figura del hilo de Ariadna lo que la sacará de su laberinto guiada por sus amigos newyorkinos, en especial por Bolek, que posee las cartas que atestiguan su pasado clandestino. El siguiente paso será un descenso al propio infierno de la protagonista, un intento de ahuyentar sus propias brujas en la «Noche de Walpurgis» (253) que ella pasa en el manicomio donde Bolek trabaja armando una instalación artística con los locos. Bolek le reasegura:
| (LT 258) | ||
Al descender a los intersticios más ocultos de su intimidad, la mujer empieza a reconocer los oscuros deseos que la llevaron a escribir las azarosas cartas. Es Bolek quien la acompaña en esta experiencia epifánica en cuanto la incita a persistir en su búsqueda y a:
recorrer el camino de retorno donde con cada uno de los episodios de las cartas fuiste abandonando pedazos de la que hubieras podido ser o hubieras querido ser y nunca te animaste. |
| (LT 258) | ||
En su proceso de transformación, la protagonista prosigue su travesía recorriendo vías imprevisibles, rizomáticas, como cuando se interna en un bosque y «avanza sin brújula»
(353), a la deriva:
| (LT 353. Mi énfasis) | ||
Esta caminata aparentemente sin rumbo refleja su búsqueda en «la penumbra de [su] bosque interior»
(355), en que atiborrada por el pánico de sentirse perdida y visualizando el peligro de ser devorada por las bestias nocturnas del bosque, ella se imagina engullida:
Hasta que sólo queda el corazón en su jaula de huesos pelados. Esta soy yo. Un puro corazón latiente, sin antifaz alguno. |
| (356. Mi énfasis) | ||
Ceremonias, rituales y múltiples desplazamientos culminan con un solemne espectáculo, mezcla de ritual de duelo y «catarsis colectiva»
(371) en la que se prevé, con gran ceremonia y como ejercicio de purificación, quemar las cartas secretas a vista de todos los personajes de la novela. En el momento crítico, sin embargo, la protagonista las recupera de la boca del horno. Nos vamos acercando al secreto, Jerome quiere saber qué es lo que ella acaba de liberar del fuego. Ella le dice: «Cartas, escritas por mí, todas de falsa calentura, mis cartas a Facundo un ex marido secreto que tuve»
(390), confiesa a gritos y se siente por fin liberada, transformada:
| En un relámpago percibe que ya no necesita coraza ni armadura ni nada, sólo esta sensación de haber encontrado el propio espacio y de haberlo circunscripto. Todo cuaja. Todo está en su lugar. |
| (LT 397) | ||
Al pronunciar el secreto, la protagonista logra emigrar del laberinto de arenas movedizas y liberarse del peso agobiante de su pasado ignominioso. La exploración de su memoria inhibida la lleva al nudo del secreto de su intimidad agraviada, lo que a su vez la conduce al otro Secreto mayor (con mayúscula) y que yace aún más recóndito entre las líneas de esta Travesía.
El sujeto nómada Marcela Osorio ha recobrado su identidad y recibe su nombre. Ha demarcado su propio mapa y es capaz de asumir su nueva subjetividad liberada de la «dominación sexual y subordinación». Este personaje femenino puede ahora poner fin a su exilio, retornar a Buenos Aires, la meta de su re-territorialización, porque «sonó la hora de enfrentar tanto gato encerrado que dejé por allá»
(398) y también de iniciar una nueva travesía, la de asumir su proyecto individual, su escritura.
La interpretación de La travesía como ejemplo del nomadismo braidottiano representado por el sujeto nómada Marcela Osorio en su búsqueda de una identidad liberada de constricciones falocéntricas no estaría completa sin una lectura de la novela a nivel estético del proyecto de escritura femenina de Luisa Valenzuela. Si como nomadismo entendemos la propuesta epistemológica de elaborar una subjetividad alternativa (Braidotti 1994a: 2) o también una redefinición feminista de la subjetividad «repensando las raíces corporales de la subjetividad»
y «buscando escapatorias a la visión falocéntrica del sujeto»
(1994a: 1), este concepto plantea la elaboración de nuevos parámetros de pensamiento basados en el cuestionamiento del sistema logocéntrico como principio regulador que ha perpetuado modelos asimétricos de dominio. En otras palabras, propone una de-territorialización de los centros del poder, lo que implica una «disolución total de la noción de centro»
(1994a: 5) y la consecuente subversión de los códigos dominantes. Braidotti explica el nomadismo como «una vertiginosa progresión hacia la deconstrucción de la identidad, una molecularización del yo»
(1994 a: 16) y también como «una invitación a des-identificarnos del sedentario monologismo falocéntrico del pensamiento filosófico»
(1994a: 30). Ella apunta:
| (1994a: 30) | ||
| (1994a: 30) | ||
En la teoría de Braidotti, el deseo juega un rol central en la constitución del sujeto en cuanto este deseo «no es únicamente un deseo libidinal, sino más bien un deseo ontológico, el deseo de ser, la tendencia del sujeto a ser, la predisposición del sujeto a ser»
(Braidotti 1994b: 160. Mi énfasis).
Este deseo o aspiración a redefinir la subjetividad femenina desde nuevos parámetros abre múltiples posibilidades a nuevas figuraciones o modos de imaginar diferentes marcos de pensamiento, según la noción de Braidotti (1994a: 1). El nómada no es un migrante forzoso, sino más bien «el sujeto que ha renunciado a toda idea, deseo, o nostalgia por una posición fija»
(1994a: 22). Su desplazamiento no tiene una meta precisa y su identidad la construye en un devenir hecho de transiciones, mutaciones y permutaciones.
Llevadas al terreno de la escritura, esas concepciones implican un apartarse de modelos tradicionales, el cruzar fronteras y la elaboración de cartografías nómadas en busca de nuevos derroteros del lenguaje. Para Braidotti, la escritura nomádica «añora el desierto: áreas de silencio, en medio de las cacofonías oficiales»
(1994a: 16).
En su escritura, Luisa Valenzuela va en pos de esas «áreas de silencio»
, de lo no verbalizado, va en busca de nuevos niveles de significado, que vayan más allá de la palabra impresa. Sus palabras traspasan las barreras del lenguaje convencional para decir algo más o vislumbrar lo desconocido, lo que ella llama el secreto. Según ella, hay novelas que son un «Viaje hacia la trama, hacia el significado, hacia la revelación de un mundo desconocido»
(Valenzuela 2001c: 146). Viaje y escritura están íntimamente ligados, como lo explica en su ensayo «La búsqueda, la escritora y la Tierra sin mal»5
, publicado en Peligrosas palabras (2001c):
| (2001c: 145) | ||
Y la autora se pregunta: «¿Qué estamos buscando tan desesperadamente? ¿Vamos a extremos para encontrar qué? ¿Acaso el conocimiento?»
(2001c: 146).
En una entrevista acerca de La travesía, Luisa Valenzuela dijo:
| (2001b: 1) | ||
Un asomo del secreto se percibe en La travesía en el diálogo de la protagonista con Jerome cuando, despojados ambos de sus máscaras, él le dice:
| (LT 292) | ||
La trama no nos devela el secreto. La autora juega con sus lectores y nos desafía, con esta insinuación de Jerome a ahondar más en los terrenos subterráneos de su texto. En su libro de conferencias Escritura y secreto, Luisa Valenzuela nos advierte:
Escribir ficción es una búsqueda de tácitos secretos que nos irán acercando al calor del invalorable e inalcanzable secreto... |
| (Valenzuela 2002: 18-19) | ||
¿Qué secreto? A otro nivel, esta novela puede leerse como una travesía por la psiquis del país en épocas turbulentas de opresión y de desplazamientos múltiples para descifrar el Secreto con mayúscula. Más allá de la historia secreta de Marcela Osorio, La travesía deja entrever situaciones de represión incrustadas en su historia íntima. En un contexto aparentemente ajeno a la trama de la novela, surgen marcas de esa realidad ofuscante que ha dejado huellas indelebles en el alma de las personas. Hundido en el fondo de la memoria de Marcela yace el recuerdo de Juancho, el compañero de estudios que un buen día desapareció «bajo circunstancias desconocidas»
(LT 295), sin dejar rastro de su paradero. El nombre de Facundo, que en la novela personifica la violencia patriarcal a nivel erótico y que a su vez representa en nuestro imaginario la barbarie decimonona, puede también representar en el plano político al poder arbitrario que ha victimizado a sujetos disidentes o sospechosos en épocas de la dictadura argentina. Al recibir Marcela un «mensaje» del nuevo inquilino del departamento de Juancho, la memoria del espanto aflora en su mente:
El torrente de lágrimas sólo se justifica y acrecienta cuando ella por fin vislumbra el horror y cree comprender la desaparición de Juancho, las palabras de F reduciéndolo todo a un improbable viaje. |
| (LT 297) | ||
Este es apenas un breve ejemplo de pasajes similares que a lo largo de la novela ponen en relieve, de manera casi imperceptible, episodios dolorosos de la realidad de su país, abriendo grietas en el tejido de la historia de Marcela Osorio. La autora misma sugiere en una entrevista con Guillermo Saavedra que en La travesía se leen:
Cuestiones delicadas que han dejado su marca en la sociedad argentina, como la obediencia debida. Aquello que no se quiere conocer, y, sin embargo, es absolutamente necesario saber para crecer. |
| (Saavedra 2001: 2) | ||
Y al referirse a la crisis actual de la Argentina, la autora está consciente que la travesía personal por las zonas oscuras de la memoria individual de su protagonista Marcela Osorio corre paralelamente con la doble voz sumergida de la memoria colectiva:
| (Saavedra 2001: 5) | ||
Siguiendo las pautas que nos da la autora sobre su arte poética, en Escritura y secreto Valenzuela recalca la importancia del Secreto con mayúscula en la elaboración del texto novelístico. Nos dice:
| (2002: 63) | ||
Si la travesía individual de Marcela Osorio ha sido un «mirar hacia atrás, revolver el montón de escombros para ir encontrando las piedritas que marcarán el camino de retorno»
(LT 74), y así ir develando el secreto de su «remolino»
(74) interno, a nivel político esta obra de ficción de Luisa Valenzuela reproduce centelleos del Secreto con mayúscula, es decir del enigma de la realidad argentina, de esa travesía del «lento aprendizaje de ir pisando terreno minado»
(LT 103), que lleva a «enfrentar lo invisible y cubierto por la bruma del miedo»
(103). Nos aproximamos al Secreto por la ruta del camino minado que brota entretejido en la trama del aprendizaje de la protagonista.
Por lo expuesto anteriormente, la escritura de Luisa Valenzuela puede interpretarse en múltiples planos de significado en que lo erótico va íntimamente ligado a lo político, y donde los personajes femeninos juegan un rol determinante en la redefinición del sujeto. Analizada dentro del marco del nomadismo, su ficción elabora una subjetividad alternativa en la búsqueda de una identidad femenina por territorios inexplorados del ser. En tanto que su estética no responde a un proyecto lineal y fijo, sino que es más bien un «sumergirse en lo desconocido»
(Valenzuela 2001c: 150), un sondeo por la «zona más oscura»
, o una «búsqueda de tácitos secretos»
(2002: 18), su escritura es un deambular nómada, como ella misma nos confía que cuando escribe:
| (2001c: 148) | ||
Lima, agosto 2006
- Braidotti, Rossi (1994a). Nomadic Subjects: Embodiment and Sexual Difference in Contemporary Feminist Theory. New York: Columbia UP.
- —— (1994b). «Toward a New Nomadism: Feminist Deleuzian Tracks; or Metaphysics and Metabolism». En Gilles Deleuze and the Theater of Philosophy. Ed. Constantin V. Boundas and Dorothea Olkowski. London: Routledge. 159-186.
- Kaplan, Caren (1987). «Deterritorializations: The Rewriting of Home and Exile in Western Feminist Discourse». Cultural Critique 6. 187-198.
- Martínez, Z. Nelly (2004). «Luisa Valenzuela's La travesía: The Vagina Monologues and the Experience of Wholeness». Letras Femeninas 30.1: 92-105.
- Saavedra, Guillermo (2001). «En busca del deseo». Entrevista con Luisa Valenzuela. Para La Nación. Buenos Aires, s/f.
- Valenzuela, Luisa (1982). Cambio de armas. Hanover, NH: Ediciones del Norte. Reproducido en Cuentos completos y uno más. Buenos Aires, Alfaguara: 1999.
- —— (2001 a). La travesía. Buenos Aires: Norma.
- —— (2001b). «Sobre la travesía». Entrevistas. La voz del interior: Julio 2001. http://www.luisavalenzuela.com/ entrevistas.
- —— (2001c). Peligrosas palabras. Reflexiones de una escritora. Buenos Aires: Temas.
- —— (2002). Escritura y Secreto. México: Planeta Mexicana.