1
vv. 1-4. Indudablemente es un estribillo popular; así, en el Baile de las mudanzas de Gila se repiten los mismos versos, también cantados por músicos (ms. 16.291, BN, pp. 304-309). Calderón utiliza asimismo la estrofa, junto con su continuación en los vv. 8-12, en «El encanto sin encanto» (XII). La expresión «¿Cómo ha de sanar si es ella / la cura y la enfermedad?» es usual en letrillas y canciones. Cf. E. M. Wilson y J. Sage, op. cit., pp. 34-37, núm, 50. (N. del E.)
2
En Laurel, 1660, y la edición de Valencia, Laborda, s.a., esta intervención se da también en boca del CRIADO 1º. (N. del E.)
3
Según Laurel, 1660. (N. del E.)
4
Ser un juicio: frase que se pondera el exceso del algo (DA). Vid, también vv. 155 y 172. (N. del E.)
5
Ms. 46826, BITB, añade: «¿Y las mulas? / Están aderezadas.» (N. del E.)
6
vv. 105-108. Estos versos son un reflejo de las ideas neoplatónicas de notable influencia en Calderón y en todos sus contemporáneos. En su Tratado defendiendo la nobleza de la pintura (publicado en 1781, pero compuesto en 1677) se insiste en que la pintura «es remedo de las obras de Dios, pues Dios, en cierto modo pintor, se retrató en sus mejores obras». Lo que conecta, en cierto modo, con la tradicional concepción del «Deus pictor» -a la vez pintor del universo y configurador del hombre-. Cf. Ernest R. Curtius, «La teoría del arte en Calderón y las artes liberales», en Literatura europea y Edad Media latina, Madrid, Fondo de Cultura Económica, 1976. vol. 11, pp. 776-790. (N. del E.)
7
vv. 113-115. Parodia del «servicio caballeresco». Como cita un viajero francés de la época (Carel de Saint Garde, 1665), no era raro encontrar entre los caballeros torcadores a galanes que corrían tal riesgo por agradar a sus damas aunque -añadía- «hoy esta generosidad es menos frecuente». Cit. por J. Deleito, También se divierte el pueblo, Madrid, Espasa-Calpe, 1954, p. 117. (N. del E.)
8
Eran cinco las puertas de la Plaza Mayor (donde, como proponemos más adelante, parece tener lugar el festejo), custodiadas por alguaciles en las corridas de toros: la de Guadalajara, la de Toledo, la de Atocha, la de los Boteros y la de la Carnicería. Cf. Deleito y Piñuela, J., op. cit., p. 113, n. 4. (N. del E.)
9
vv.137-142. La suerte más gallarda para un caballero era la del rejoneo a caballo. Gregorio Tapia (Exercicios de la Gineta, 1642, cap. VIII, «De torear a rejón», pp. 62-63) describe minuciosamente la suerte de manera semejante: «Terciando la capa y previniendo el sombrero, se ha de ir en busca del toro sin tomar el rejón hasta que esté muy cerca, porque parece mal llevarlo mucho tiempo en la mano... el lugar donde se ha de poner al toro el rejón es en la nuca... y cuanto más cerca fuera a la nuca le matará más presto.» José María de Cossío. (Los toros. Tratado técnico e histórico, Madrid, Espasa, 1943 y ss.) cita numerosas obras de preceptiva taurina, de las que destacamos las Advertencias para el torear con rejón (1659), de Gallo y Jerónimo de Villasante, y la que el propio Felipe IV recomendó escribir a Nicolás de Menacho, Advertencias para los caballeros que salieren a torear a la Plaza en las Fiestas Reales... en ocasión de venir a España la Reina nuestra señora doña Mariana de Austria. Cossío (op. cit., t. II, 1961, p. 479) glosa esta obrita de Calderón por su temática taurina. Creemos que se equivoca al enjuiciarla corno poco consistente literaria y teatralmente hablando, ya que, como indicamos en la nota introductoria, se trata de un entremés con un espléndido juego escénico, lo que tratamos de probar en las notas a la acotación de los vv. 153 y ss. (N. del E.)
10
Hierbas: suelen contarse así los años de las caballerías (DA). (N. del E.)