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Aparte del citado dirigente comunista, en 1963 también fueron ejecutados dos anarquistas acusados de un atentado que no cometieron, tal y como se ha sabido al ser emitido por televisión el testimonio de quienes lo realizaron. En cualquier caso, en 1963 la pena de muerte distaba mucho de ser algo lejano para los españoles.
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Esta coproducción de Teatro de la Danza, Barbotegui y La Llave Maestra, dirigida por Luis Olmos, tuvo un clamoroso éxito a partir de su estreno en la temporada 2000-2001. Véase Mª Teresa García-Abad (2002) y Francisco Ernesto Puertas Moya (2002).
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Defino dicho concepto genérico en la Introducción a mi edición de la citada obra arnichesca (1997).
4
Carlos Arniches concibió varias de sus tragedias grotescas para Valeriano León, que las estrenó en colaboración con su esposa, la actriz Aurora Redondo.
5
En este sentido
resultan reveladoras las palabras del director sobre el personaje
de Enma Penella: «recuerdo que
había pensado alguna vez en perfilar el personaje de ella
como un personaje mucho más maquiavélico y
manipulador, que llegaba a quedarse embarazada de forma consciente.
En aquella época [...] una mujer que consiguiera quedarse
embarazada tenía un ochenta por ciento de probabilidades de
llevar al altar al señor en cuestión. Lo que sucede
es que esa opción la hubiera hecho culpable y a mí no
me gusta culpar tan claramente a nadie. En mis películas
nadie es culpable. Sólo el grupo, insisto, y de una forma
inconsciente, es el gran colectivo devorador»
, en Carlos
Cañeque y Maite Grau (1991:61).
6
Este concepto ha sido a menudo utilizado por Berlanga en las numerosas entrevistas que ha concedido para hablar de sus películas. Véanse, fundamentalmente, Juan Hernández y Manuel Hidalgo, 1981; Carlos Cañeque y Maite Grau, 1991; Antonio Gómez Rufo, 1990 y el número monográfico de Nickel Odeon (1996).
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Película con guión de Rafael Azcona a partir de una novela suya publicada en 1957. Berlanga pudo haberla dirigido y, en cualquier caso, ha manifestado en varias ocasiones su identificación con ella. Véase Azcona, 2005.
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J. M. Pérez
Lozano en 1964 escribió: «Salvo la
ventaja que, en orden al contraste -hombre pacífico,
profesión espeluznante- tiene el que José Luis sea
verdugo, la tesis del film habría quedado sensiblemente
igual si José Luis fuese obligado a ser carnicero,
carabinero o funcionario del servicio de limpiezas. Pues no es la
pena de muerte el tema de la película, sino más bien
el de la imposible libertad del hombre, la libertad coaccionada, la
imposibilidad de elegir. Y es aquí donde Berlanga [y Azcona]
carga toda su desalentada filosofía novitalista»
,
en Benito Herrera y Víctor Iglesias (eds.), 1997: 81.
9
M. Vidal
Estévez: «El verdugo no
es ni mucho menos en primera instancia una diatriba contra la pena
de muerte. Es indudable que la cuestiona, aunque sólo
indirectamente. Lo que en realidad propone, y articula todas sus
estrategias de sentido, es el minucioso relato de una ominosa
integración a una sociedad acomodaticia y opresiva, cuyo
mayor desafuero es el asesinato legal. Que sea la profesión
de verdugo la actividad a ejercer dentro de esa sociedad no es sino
la hipérbole significante de sus funestas exigencias, pero
muy similares efectos habría producido si se tratase de la
desembocadura mediante idénticas estratagemas en el
ejercicio de cualquier otro empleo al servicio del
Estado»
, en Julio Pérez Perucha (ed.), 1997:548.
10
Rafael Azcona llegó a Madrid en 1951 siendo un poeta y pronto se convirtió en un «humorista» tras iniciar sus colaboraciones en La Codorniz (véase José Antonio Llera Ruiz, «Rafael Azcona en La Codorniz», en cervantesvirtual.com y Bernardo Sánchez Salas, 2006). «Me quité de poeta para meterme a humorista» (Cuando el toro se llama Felipe, Tetuán, Ed. Cremades, 1956, p. 21). Pero, tras una breve etapa como tal con títulos destacados como Vida del repelente niño Vicente (Madrid, Taurus, 1955), su obra literaria rompe con este encorsetamiento y se adentra por caminos creativos similares a los de sus primeras películas.