1
Véase las obras citadas para la ficha completa.
2
Definida por Yvan Lissorgues (1981) en términos de «Crisis de valores y desorientación. Hacia un espiritualismo...». (154).
3
«Pero estaba lejos de ser un escéptico, ni de la vida, ni de la ciencia...».
4
Laura de los Ríos señala a este respecto que «la permanencia y presencia simultánea de estos dos sentimientos, al amoroso y el religioso, se anuncia ya desde sus primeras composiciones de adolescencia y se corrobora en los textos anteriormente aducidos... (Cuentos morales)». (188).
5
Utilizamos este término en el sentido que lo hace Gonzalo Sobejano (1984): «Se entiende aquí por compasión no sólo el sentimiento de pena por el padecimiento de otro, con deseo de remediarlo, sino además y principalmente, la capacidad de ponerse dentro de la conciencia del otro (empatía) o de acompañarlo en atenta concordancia (simpatía)...». (35).
6
Esta ironía implica un cierto distanciamiento del narrador respecto de su relato (narra, desde un primer plano, en tercera persona, una historia en la que no está presente).
7
En palabras del propio autor: «Aquí falta algo, que no es del caso para mi tesis...».
8
La evolución del naturalismo al idealismo en la narrativa breve clariniana se opera, particularmente, a partir de las colecciones El Señor y lo demás, son cuentos (1893) y El gallo de Sócrates y otros cuentos (1901). Ya a la altura de 1913, Azorín («Clásicos y Modernos» (1913), en Obras completas (1947)) señalaba el cambio técnico e ideológico que dichas colecciones suponían. En cuanto al primero afirma:
| (787-8) | ||
Por lo que respecta al segundo añade: «Clarín, naturalista convencido al principio, va convirtiéndose poco a poco en un idealista fervoroso».
9
Se trata de un «tiempo comentado», meramente verbal, resuelto a través de silepsis y elipsis, expresado en fórmulas como «años y años», «siglos de siglos», «el cabo de los años mil». El «tiempo vivido» se escapa entre el pensamiento y las miradas.
10
El espacio celeste se halla representado en algunos cuentos anteriores: «El número uno», «El Cristo de la Vega... de Ribadeo», «Protesto, o Doctor Pértina». La caracterización de este espacio, muy poco marcada dado el desconocimiento del mismo, resulta bastante ingenua; parece ser la mera imagen de un estereotipo transmitido por una religión fundada, principalmente, en el culto externo (no obstante, apela al modelo pictórico de Miguel Ángel). La nota humorística se introduce aquí, al intentar forjar esa realidad del más allá, con arreglo a la del «más acá» (e.g., la policía celestial).