500. Por cada par de sillas alta y baja se le señalaron 18 ducados o 6,750 maravedís; la guarnición de los pilares debía pagársele aparte. Toda la obra, según Ponz, costó 33,669 reales incluyendo la madera. Según noticias de Ceán Bermúdez, desde Ávila pasó Cornielis a Sevilla en 1548.
501. Trabajólas al parecer Juan Francés, maestro mayor de las obras de fierro, siendo obispo don Alfonso Carrillo.
502. Miéntanse en las cuentas de 1525 veinte y cuatro cargas de alabastro que se trajeron para los altares a Andrés Sánchez, mas no pudimos cerciorarnos si este es el nombre del escultor o el de algún empleado en la fábrica. En el mismo libro se habla de la reja del altar mayor, del bordador Enrique de Holanda y de Tristán iluminador de libros de coro; como pintores y doradores suenan en dicho libro o en los antecedentes Salcedo, Francisco Vázquez, Francisco González y Cristóbal Álvarez.
503. En carta de 18 de junio de dicho año desde el Escorial manifiesta el rey a los regidores � que por su contentamiento y el de sus hijos y por darle a la ciudad olgara mucho de hallarse presente a la traslación del bienaventurado san Segundo, pero que sus indisposiciones no le davan lugar.� De las circunstancias de esta traslación escribió un libro Antonio Cianca, sin contar otras relaciones que hemos visto manuscritas, de las del anterior descubrimiento de las reliquias nos ocuparemos más adelante al tratar de la ermita de San Sebastián en el siguiente capítulo.
504. Autorizó este derribo el rey por cédula de 17 de enero de 1595 que consta en el archivo municipal. Todo el gasto de la capilla lo costeó el obispo Manrique, como expresa su epitafio debajo de un arco de la misma, donde se ve un excelente retrato suyo en traje de inquisidor general.
505. De este retablo dice el episcopologio manuscrito que posee el señor Gayangos �que se estima mas que si fuera de plata, pues los mas diestros escultores obrando en materia mas suave y opuesta a la dureza del alabastro no lo havian de hacer con mas perfeccion, por tener tanta que pueden venir a competencia los más excelentes maestros a estudiar en esta realzada obra.�
506. Tales son un primoroso relicario del siglo XV que contiene una espina del Redentor y otros que encierran un trozo de hábito de san Diego y carne de santa Teresa. Enséñase además un cáliz bellamente esmaltado con figuras, que se supone encontrado con el cuerpo de san Segundo en la iglesia de san Sebastián; pero si estaba en la tumba oculto desde la invasión de los sarracenos, �cómo es que a su alrededor se lee en letras mayúsculas del siglo XIV tan góticas como las labores Andrea Petruci orto da Siena fece chesto cal...? Reparo de poca monta pareció esta contradicción al buen Cianca; pero como pudiera parecer algo más grave a los curiosos del día, bueno sería renunciar o a la pretendida procedencia del cáliz o a la antigüedad de la sepultura de donde se dice extraído.
507. La inscripción de la custodia dice Joannes de Arphe Legion. faciebat hoc opus anno 1571.
508. De estas pinturas habla como subsistentes en su tiempo Bartolomé Fernández Valencia que escribía en 1676 su libro inédito Grandezas del templo de San Vicente: acaso desaparecieron cuando se pintó todo el claustro imitando fábrica de sillería. A su autor, desconocido hasta aquí en el catálogo de los artistas, le hallamos suscrito como testigo con la firma Sansón Pintor en el privilegio concedido al cabildo por el intruso rey Alfonso a 7 de junio de 1465, que citamos en la (**16)pág. 357 nota 2.�
509. Con Piedra de Valenciana, dice el asiento del libro de fábrica. En 1525 todavía trabajaban pedreros en el claustro.
