21
Sólo he visto un ejemplar: lo posee la Biblioteca del Consejo Nacional de Educación de Buenos Aires y debo su conocimiento al ex-director de la misma, el escritor Nicolás Coronado.
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«... Tú, yo, cada joven de nuestros amigos, cada hombre de la generación a que pertenecemos y que ha sido educado en la Universidad de Buenos Aires, es un compromiso vivo, palpitante, elocuente del Dr. Alcorta, somos sus ideas en acción, somos la reproducción multiplicada de su virtud práctica, de su conciencia humanitaria, de su pensamiento filosófico. Desde la cátedra, él ha encendido en nuestro corazón el entusiasmo por todo lo que es grande; por el bien, por la libertad, por la justicia...».
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«Señor: Profundamente agradecidos los alumnos de Vd. y leales a su buena memoria, deben precaverse del tiempo y de la distancia, procurándose un objeto que les despierte incesantemente sus lecciones, sus virtudes y sus ejemplos. Permítanos Vd., pues, señor, hacer sacar su retrato como una victoria de nuestro cariño sobre su modestia. Él será siempre para nosotros un objeto de verdadero culto.
»Si Vd., señor, se digna consagrar algunos momentos al cumplimiento de tan sinceros votos, no hará más que aumentar nuestra gratitud y acceder a la más justa e inocente de las pretensiones. Buenos Aires, diciembre 21 de 1835.
»Florencio G. Balcarce, José Domínguez, José T. Guido, Juan A. de Ureta, Antonio Obligado, Félix G. Frías, Claudio Silva, Luis Domínguez, Marcelino Aguirre, Julián Fernández, Salustiano Cuenca, por mi hermano José R. Pérez, S. Calzadilla, José Manuel Luparte, Manuel de Irigoyen, Fermín de Irigoyen, Felipe Coronell, Víctor Silva, Manuel Acuña, Fabián Cueli, Avelino de la Sierra, Pastor J. Obligado, por Nicolás González, Julián Zarrosa, Luis Dorrego, José Gaffarot».
24
Discursos pronunciados el día de la apertura del Salón Literario fundado por D. Marcos Sastre. Buenos Aires, imprenta de la Independencia, 1837.
25
Publicada por primera vez en Antecedentes de la Asociación de Mayo. (Homenaje del Concejo Deliberante de Buenos Aires, 1937). Nota, p. 15.
26
Fue dada a conocer por Gregorio F. Rodríguez en su Contribución histórica y documental, t. III, pp. 175-77. Buenos Aires, 1922.
27
Véase el libro del autor de estas líneas, Florencio Balcarce, editado por Julio Suárez. Buenos Aires, 1939.
28
Dos trabajos minuciosos y sagaces de José A. Oría agotan el análisis de estos puntos: Alberdi «Figarillo». Contribución al estudio de la influencia de Larra en el Río de la Plata, (Humanidades, t. XXV, segunda parte, La Plata, 1936) y el prólogo y notas a la reimpresión facsimilar de La Moda, publicada por la Academia nacional de la historia, (Buenos Aires, 1938).
29
Las fechas correspondientes a las fundaciones del Salón Literario y de la Joven Generación Argentina, confundidas por quienes tuvieron preponderante participación en dichos actos, fueron definitivamente aclaradas hace pocos años, con motivo de su celebración centenaria.
El historiador López había escrito en el único fragmento conocido de su Autobiografía que el Salón «continuó muy concurrido durante los años 1835 y 1836»
y que «en los años 1837 y 1838... comenzó a decaer»
. Juan María Gutiérrez, en su nota a la Introducción de las lecturas de Echeverría en el Salón (Obras, V, p. 309), refiriéndose al Dogma de Mayo, nos informó con la mayor naturalidad: «... como es sabido, así se titula el plan de organización política propuesto en 1835 al pueblo argentino por una reunión de jóvenes»
. Pero fue el propio Echeverría quien sembró el error con impávidas repeticiones en su documento trascendental. Efectivamente, al bosquejar el «movimiento intelectual en el Plata, desde 1837»
al frente de su Dogma socialista (1846), omitió la existencia del Salón y atribuyó su año de nacimiento a la asociación que lo sucedió, como se verá en las siguientes citas tomadas de la primera edición en volumen, dirigida por el autor: «A fines de Mayo del año 1837 se propuso el que suscribe promover el establecimiento de una asociación de jóvenes»
(p. I). «Era efecto, el 23 de junio de 1837 por la noche se reunieron en un vasto local, casi espontáneamente, de treinta a treinta y cinco jóvenes»
(p. IV). «Hubiéramos querido que no olvidasen que el año 37 formulamos un Dogma»
(p. LXVIII). «... ese dogma, que no os han enseñado, desde el año 37 lo predicamos nosotros»
(p. LXXXIII). «Cuando en el año 37 la juventud levantó cabeza y publicó su dogma social»
(p. XCI). «... queríamos el año 37 encarnar el Credo por el cual nos preparábamos a combatir»
(p. XCI). El año se repite dos veces más, con la misma aplicación, en el corto prefacio que precede al Dogma en el mismo volumen (p. 3 y 7). Pero lo más curioso es que la proclama A la Juventud Argentina, con su anatema y su glorificación bíblicas (pieza agregada a la edición de 1846 que originariamente no tuvo fecha), tiene esta data al pie: Buenos Ayres, Agosto de 1837
. Deben sumarse aún las afirmaciones coincidentes que se encuentran en las Cartas a De Angelis (1847). Gutiérrez, por su parte, reprodujo esas fechas sin observación e indudablemente sin malicia, en el tomo III de las Obras completas. Tampoco advirtió que él mismo aparece en el «movimiento intelectual»
como laureado «en el certamen del 25 de Mayo del año 42»
, error que en la misma página (LXII) se repite al referirse la actuación en el mismo de Luis L. Domínguez y que se subsana en la LXV al citarse a José Mármol como participante en el «certamen del año 41»
, que es el año exacto. No cabe duda tampoco de que el diligente compilador descuidó la corrección de las pruebas: las tremendas erratas, omisiones y alteraciones de las obras poéticas lo revelan.
El primero en denunciar el anacronismo de las mencionadas fundaciones fue el profesor de la Universidad de La Plata, don Pascual Guaglianone (1882-1938), guiado por el comienzo del discurso de Alberdi en el Salón, tan claro en su alusión cronológica como oscuro en su gramática: «No hace muchas mañanas que el cañón de Mayo vino a quitarnos el sueño para advertirnos que estaban cumplidos 27 años a que nosotros entramos en un movimiento nuevo y fecundo»
. De la disertación del profesor Guglianone, pronunciada en el Centro de estudios históricos de la Facultad de Humanidades de la mencionada Universidad, no ha quedado texto. Un buen resumen apareció en Publicaciones de la Universidad, sección II, t. XXI, n.º 10, La Plata, 1937. Sucesivamente se aportaron diversas pruebas roborativas. El autor de estas líneas contribuyó con las referencias, hasta entonces desconocidas, de la carta de Florencio Balcarce. La mayor parte de esas pruebas se hallan reunidas en el Apéndice de la edición del Dogma socialista que realizó aquella Universidad bajo la dirección de Alberto Palcos.
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Obras completas, IV.