
Al cuadro de una joven con ciudad al
fondo
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Luis Bagué Quílez
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| Lejana como las aves en la noche | | | | contemplas la ciudad a tus espaldas. | | | | Y quisieras comprender la soledad: | | | | el porqué de este horizonte sin aristas, | | | | la brisa imperceptible que humedece las calles, | | | | las lágrimas altivas de neón en los
párpados. | | |
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| Y no sabes que la lejanía que contemplas | | | | es patria y margen, es destino y exilio. | | | | Me gustaría decirte que tras esa alambrada | | | | hay sombras que te acechan en cada jardín, | | | | en la cola del cine, | | | | en la respiración de los semáforos. | | |
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| Si te detienes a escuchar el turbio murmullo | | | | de unos pasos sobre el gris del asfalto, | | | | igual que nieve enferma, | | | | advertirás que en las avenidas | | | | hay también labios y palomas. | | |
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| Porque la ciudad no es sólo un bosque de ceniza. | | | | Porque la ciudad tiene un alma encendida. | | |
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| Pero al final la soledad no importa, | | | | pues tu vida depende de un pincel | | | | y el lienzo te condena | | | | a esa rara mirada que hiere tus pupilas. | | |
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