(I) |
| Y que sean cavernas tus ojos, | | | | pozos que caen de la fosa silenciosa de tu alma | | | | y se extienden y ramifican | | | | bajo la molicie subterránea de tus huesos y la
carne | | | | en galerías y reductos y manantiales
líquidos | | | | bajo la tierra ciega, donde la luz aún no ha
llegado. | | |
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| Hoy pienso en ti, mi amor, tu boca es | | | | honda, tu boca es como las entrañas de la tierra. | | | | En hondas noches excavo en tu boca. | | | | Y las cavernas de tu tráquea derraman la saliva
líquida | | | | de la tierra. | | |
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| Tu boca es el pórtico en que migran las
generaciones. | | | | Yo poblaré tu boca de multitudes, | | | | y los hombres yacerán en ella | | | | como la noche de su origen. | | |
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| Tus dientes, amor, las almenas | | | | de la ciudad subterránea de tus huesos, | | | | donde aguardan las palabras pálidas como
ejércitos. | | | | Tus dientes son el arrecife, | | | | la empalizada rocosa. | | |
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| Bajo el espeso tapiz de la tierra, | | | | donde sórdidas palpan las raíces, | | | | así son las venas de tu carne. | | | | Así, en el tronco de las vértebras, | | | | se licua la savia lechosa de los árboles. | | |
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—14→
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| Tu cabello es un bosque de sombríos troncos, | | | | perfumado como las maderas de Asia, | | | | oscuro y túrgido como la selva | | | | en que el orfebre trenza pesados metales. | | |
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| Laderas son tus hombros, donde pacen negros
rebaños. | | |
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| Hablaré de los caldos de tu coño, | | | | turbios como la sangre de los peces; | | | | de la zanja de tu coño como las grietas de la
tierra. | | |
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| Todos los pueblos yacen a tus pies, | | | | todos los siglos te pertenecen; | | | | porque he levantado en ti una casa, | | | | la casa donde reposan los huesos de mis padres. | | |
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| Mira, para que llegase hasta mí el aliento | | | | muchas razas nacieron bajo el Sol, | | | | se arruinaron ciudades, pueblos cruzaron | | | | vastas regiones y el abismo de los océanos | | | | y se extinguieron linajes ya olvidados | | | | y los hombres emigraron bajo la faz desolada de la tierra. | | |
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| Yo te ofrezco, amor, la memoria de la tierra, | | | | el naufragio de la carne entre los siglos, | | | | el sudor vertido por las frentes, | | | | el alma de los no nacidos | | | | trepando entre los huesos | | | | y el horror | | | | bajo un abismo de vacío. | | |
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| Hoy te ofrezco esta noche derramada de astros, | | | | el aliento de subterráneo que fluye de las
ciudades, | | | | los metales bajo la tierra, | | | | la oquedad silenciosa del mundo. | | |
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—15→
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| Yo me formé de los altos hijos de la tundra, venidos
del Este, | | | | de los viejos pueblos del mar | | | | que fundaron las ricas ciudades de Tiro y Micenas, | | | | de las fuertes razas del Sur, | | | | de miembros brutales y ojos oscuros. | | |
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| Del Sur vinieron mis padres, | | | | de los áridos desiertos, de las tierras
vacías; | | | | de los valles perdidos para los hombres, | | | | soy un «bedú», un hijo de las nubes, | | | | de ellos aprendí que el hombre levanta su casa ante las
estrellas. | | |
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| Del Este, de la tierra de los ríos | | | | vinieron mis padres; | | | | ellos vieron anegarse la tierra | | | | y forjaron metales para doblegar a los hombres | | | | y eran jóvenes y temían la muerte | | | | y seguían el curso del ocaso; | | | | de ellos aprendí a cultivar la tierra y levantar
ciudades. | | |
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| Del Norte vinieron mis padres, | | | | de los bosques innombrables, | | | | y eran altos como el negro macizo de los montes
huérfanos, | | | | hechos de la misma sustancia de la tierra; | | | | de ellos tengo el gusto por la muerte | | | | y el horror a la noche. | | |
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| Desde lo profundo te deseo, | | | | sólo tú posees las llaves del mundo del
silencio. | | | | Todos los siglos te pertenecen, | | | | tú eres la tierra donde yacen todos los que fueron. | | |
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