11
Mart. Cap. III, al parecer, al amparo de la autoridad de Varrón.
12
Lo cierto es que estaba resultando inútil por desaparición del sonido que representaba: el alófono sonoro de s. Esta s sonora había ya caído ante consonante, y se había convertido en r ante vocal (lo que, para el caso, es lo mismo que decir entre vocales: «rotacismo»). Pero, por cierto, seré yo quien niegue la posibilidad de una expresividad visual, dado que, entre mis recuerdos de infancia, figura el de «nombres» -o, si se prefiere, «apodos»- que me forjaba para mí mismo a fin de designar a convecinos mayores cuya denominación auténtica desconocía; junto a otros, debidos e motivaciones varias, había algunos referidos a rasgos de órganos bucales; «la Maria de cal Mu» si siquiera se llamaba María, no sé a ciencia cierta la causa de la mutación: ¿confusión con una hermana suya, mayor, que sí llevaba dicho nombre?), pero sí tenía una boca diminuta de labios muy abocinados: «lu Phirirè» era un señor de labios también prominentes, entre los que parecía escurrirse un soplo (bilabial-fricativo, claro); «lu Pep Gibigè» era, sí, un José que todavía hoy habla a sacudidas y con tics de toda la cara hacia atrás.
13
Traité de Stylistique française, Heidelberg, 21919-1921.
14
L. de Góngora, Polifemo, v. 15, estudiado por Dámaso Alonso en el Curso de poesía española, Madrid, 51966, pp. 328-332. Para la aplicación del requisito de convergencia a los sonidos, véase la obra póstuma de V.-E. Hernández Vista, Principios y estudios de estilística estructural aplicados al latín y al español, editada por su discípulo, el doctor J. González Vázquez, Granada, 1982, especialmente pp. 220.222.
15
Agradezco cordialmente la autorización para incluir en el texto de la comunicación este ejemplo, especialmente valiosa por llevar aneja la declaración de parte.
16
Naturalmente, también, he de confesar que puedo predicar con el ejemplo. Yo siento «ruc!» como insulto más violento que «¡animal!», en tanto que sus respectivas equivalencias castellanas se me invierten («¡animal», más que «burro!», ¡pese al sentido!), a menos que emita «¡burro!» con la multirrepetición destacada de la rr aludida arriba en el texto.
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Cf. M. Bassols de Climent, Fonética latina, Madrid, 1962, pp. 195-196.