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Recuérdese: en 1547 las tropas de Gonzalo Pizarro vencen en Huarina a las de La Gasca, enviado por la Corona para sofocar los conatos de rebeldía entre los conquistadores. Al parecer, como informan varios historiadores, entre ellos López de Gómara, Sebastián Garcilaso prestó a Pizarro su caballo durante esa batalla, lo que influyó en el desenlace. Ese gesto -consignado por la historia- canceló las posibilidades de que fueran atendidas las reclamaciones del Inca ante la Corte y, en cierta medida, es causa remota de su propia escritura historiográfica.
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También
Garcilaso hace exhibición de méritos heredados y
propios en la Relación de la descendencia...:
«A estos casi 80 años que mi
padre y dos hermanos suyos sirvieron a la Corona de España,
quiero yo añadir los míos, esos pocos e
inútiles que en la mocedad serví con espada y los
más inútiles de ahora con la pluma para me jactar y
ufanar de haberlos imitado en el servir a nuestro Rey»
(De la Vega, 1965: 238).
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Sea como sea, no
hay que ignorar que el nombre era bastante común en el
linaje en el que Garcilaso quiere reconocerse y, desde luego, no
pudo dejar de ver en el hijo de Vasco Porcallo a un
«familiar». De Mora (21) dice que el nombre de pila de
Garcilaso lo toma de su bisabuelo paterno; señala
también que, según José Durand, un tío
suyo de Badajoz llevaba el mismo nombre y que por desavenencias con
aquél decidió cambiárselo (De Mora: 24). En la
Relación de la descendencia... aparecen al menos
dos personajes individualizados con el mismo nombre: «Gómez Suárez de Figueroa, primer
conde de Feria»
y «Gómez Suárez de Figueroa, llamado
el Ronco»
(De la Vega, 1965: 236) y a continuación
se señala la existencia de una multiplicidad de primos
«del mismo nombre, el cual nombre ha
sido muy acatado en Extremadura»
. Entre ellos se
encontraba el propio autor, que, en la misma
Relación, tratará de individualizarse por su
origen: «[...] puesto que los
demás, por ser yo Indio Antártico, no me
conozcan»
.
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Al punto de que
cuando ignora los nombres de los protagonistas siente la necesidad
de excusarse: «[...] será justo
queden nombrados y se pongan los nombres de los que la memoria ha
retenido. Los que faltaren me perdonen y reciban mi buena voluntad,
que yo quisiera tener noticia no solamente de ellos, sino de todos
los que fueron en conquistar y ganar el nuevo mundo»
(II/2, 7: 222).
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Siguiendo una idea
de Avalle Arce, Rabasa considera que esta defensa pretende superar
el debate socio-ideológico de la «limpieza de
sangre», del cual el indígena, y por tanto el propio
Garcilaso, quedaría excluido: «Garcilaso's
continued insistence on the nobility of the Indian nation allows us
to read the series of porque-soy-indio
statements as a contribution to the debate
over the Estatutos de Limpieza de Sangre that elevated viejos
cristianos over
conversos»
(1995: 99); «Garcilaso simultaneously
questioned the category of limpieza de
sangre as a criterion of
nobility and elaborated the semblance of Amer-indians that embodied
all the attributes of nobility»
(1995:
100). Sin embargo, todos los indicios que vamos recogiendo parecen
apuntar en sentido contrario: justamente el linaje es el que
garantiza el estatus social del enunciador y la veracidad de su
discurso (de ahí la insistencia en la condición de
«hijodalgo» de Gonzalo Silvestre).
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«Y cuando esta conjunción de los dos padres del
engendrado es ordinaria en la naturaleza, se llama, acerca de los
poetas, matrimonial, y el uno se llama el marido y el otro la
mujer. Pero cuando es extraordinaria, se dice amorosa o
adúltera; y los padres, o sean engendradores, se llaman
amantes»
(Filón, Diálogo II; De la Vega,
1996: 152).
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Así lo ve
Rabasa: «Because Garcilaso
lacked the limpieza de sangre that would have certified him as a trustworthy
subject, he underscored his informant's
trustworthiness»
(1995: 98). «The title,
La Florida del Inca, uderscores the
subjectivity of his knowledge, his incapacity as an Indian to write
trustworthy history»
(Rabasa, 1994:
137).