91
Por ejemplo, en carta a Juan Francisco Piquet: «¡Yo me moriré con la nostalgia de los pueblos que no haya visto!... En estos últimos tiempos se me ha desarrollado una súbita curiosidad y vivo interés por conocer, también, la América del Norte, a la que no amo, pero admiro»
. En una carta anterior, dirigida también a Piquet, Rodó había mencionado «la América sajona, a la que, como Ud. sabe, yo no amo, pero sí admiro»
.
92
Prólogo cit., pág. CXV.
93
Ob. cit., pág. 123.
94
Verde y dorado en las letras americanas, Madrid, 1947, Ed. Aguilar, pág. 290.
95
Barreiro y Ramos, Montevideo, 1945, 286 págs. Los cinco poemas son: 1) «¡Espero!»; 2) «La prensa»; 3) «Lecturas»; 4) «A...»; 5) «Al noble señor don Carlos Beyles».
96
José Pedro Segundo, Introducción al vol. I de la edición oficial de las Obras completas de José Enrique Rodó, pág. LXXIV.
97
«¿Qué actitud más rodoniana -se pregunta Carlos Real de Azúa- que ésta que mueve la parábola, que esta leve frenada del ritmo discursivo, y éste ponen grave la voz, y subido el estilo, cuando llega el momento de emitir verdades esenciales? Porque, si de algún don careció Rodó, fue el de decir cosas importantes de modo natural, informal casi distraído»
(Prólogo cit., pág. LXXXII).
98
«Sobre Motivos de Proteo», en Anales del Ateneo N.º 2, Montevideo, junio 1947, págs. 133-139.
99
Páginas escogidas, Madrid, 1947, ed. Javier Morata, pág. 406.
100
El propio Rodó, en sus «Notas sobre crítica», publicadas en 1896 en la Revista Nacional de Literatura y Ciencias Sociales, reconoce el margen de error que existe en todo crítico: «El crítico que al cabo de dos lustros de observación y de labor no encuentre, en aquella parte de su obra que señala el punto de partida de su pensamiento, un juicio o una idea a rectificar, una página siquiera de que arrepentirse, habrá logrado sólo dar prueba, cuando no de una presuntuosa obstinación, de un espíritu naturalmente estacionario o de un aislamiento intelectual absoluto»
. Y también dice: «Sin cierta flexibilidad del gusto no hay buen gusto. Sin cierta amplitud tolerante del criterio, no hay crítica literaria que pueda aspirar a ser algo superior al eco transitorio de una escuela y merezca la atención de la más cercana posteridad»
.