61
Ob. cit., pág. 364.
62
Cit. por Víctor Pérez Petit, ob. cit., pág. 365.
63
Copia fotográfica de la primera, procedente de Santos, y el texto, estrictamente convencional, de todas, han sido publicados en el N.º 1 de la revista Fuentes.
64
Los grandes de Hispanoamérica, en ABC, Madrid, 4 de octubre 1929. Cit. por Glicerio Albarrán Puente, ob. cit., p. 27.
65
En Españoles de tres mundos, Buenos Aires, Editorial Losada, 1942, págs. 61-63.
66
En realidad, hace sobre ellas una referencia al pasar: «De las dos ciudades que pueden disputarle el principado del Mediterráneo y que he visto después: Marsella y Génova, la provenzal me pareció más populosa y activa; la ligur, de más típica originalidad; pero Barcelona, es la más pulcra, más primorosa, más compuesta»
.
67
Revista Fuentes, N.º 1, pág. 92.
68
Cit. por Emir Rodríguez Monegal, Introducción a O. C., sin mencionar el nombre del remitente. En realidad, esta carta fue publicada, sin firma, en un diario de la época.
69
Dice allí Rodó: «Para la mirada europea, toda la América española es una sola entidad, una sola imagen, un solo valor. La distancia desvanece límites políticos, disimilitudes geográficas, grados diversos de organización y cultura, y deja subsistente un simple contorno, una única idea: la idea de una América que procede históricamente de España y que habla en el idioma español. Esta relativa ilusión de la distancia, que a cada paso induce a falsas generalizaciones, a enormes errores de lugar, a juicios de que no aprovechan, por cierto, las mejores entre nuestras repúblicas, tiene, sin embargo, la virtud de corresponder a un fondo verdadero, a un hecho fundamental y trascendente, que acaso los hispanoamericanos no sentimos todavía en toda su fuerza y toda su eficacia: el hecho fundamental de que somos esencialmente 'unos'; de que lo somos a pesar de las diferencias, más abultadas que profundas, en que es fácil reparar de cerca, y de que lo seremos aún más en el futuro, hasta que nuestra unidad espiritual rebose sobre las fronteras nacionales y prevalezca en realidad política»
.
70
El tono que había tenido la oposición crítica de Roxlo puede verse en este fragmento de su Historia crítica de la literatura uruguaya (Montevideo, 1916, Barreiro y Ramos, tomo VII, págs. 246-47): «El autor de Ariel tiende, en todas sus obras, a que se confundan y se unifiquen los rayos de los soles de las repúblicas sudamericanas. Diríase que sueña, cándidamente, lo que soñó el imperialismo aventurero y romántico de Bolívar. Mi diminuto espíritu, mi espíritu de chingolo del monte, se pierde en la amplitud del espíritu de Rodó. En primer lugar, no creo en la raza. La historia nos enseña que no hay razas puras. También enseñómelo, disecando a Europa, un libro de Renan. En segundo lugar, no siento en mí un adarme de americanismo. Soy cigarra charrúa, chingolo uruguayo, claves de mis sierras»
, etc., etcétera.