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Era el dios de las aguas.

 

62

Ya hemos advertido a los lectores que la sílaba zin con que terminaban muchos nombres mejicanos, es una voz de respeto con que se distinguía a los personajes elevados, y especialmente a los reyes.

 

63

La viruela.

 

64

El tecopalli, en nada inferior al incienso de la Arabia, se quemaba únicamente en honor de los dioses.

 

65

Llamábase iztli una piedra singularmente bella, de la que hacían lanzas, cuchillos, etc.

 

66

Hablando de la religión de Méjico, observa Clavijero que el imposible encontrar dogma más propio para excitar al heroísmo. Según las creencias mejicanas, el guerrero que sucumbía en el campo de batalla, el prisionero de guerra inmolado en los altares, y también las mujeres que perecían a consecuencia de leal dolores de la maternidad, eran acogidos por el sol en sus celestes alcázares, en los que ceñidos de inmarchitables palmas, gozaban una eternidad de sublimes regocijos.

 

67

Según las profecías, los aztecas debían fundar su imperio donde encontrasen una águila sobre un nopal. Fugitivos y perseguidos por los coluhuas y otros reyes del Anáhuac, encontraron en efecto al águila predicha en el paraje en que se fundó Tenoxtitlan, y tuvo principio aquel reino, que se hizo en poco tiempo tan poderoso y tan temido.

 

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Copilli era la corona imperial.

 

69

Los frenólogos, que colocan en la cabeza todos los talentos y pasiones, declarándola en consecuencia (lo que ya era de hecho antes que la asistiese el derecho) única parte del cuerpo humano digna de llevar lauros, nos perdonarán si, a fuer de veraces, y a propósito del ingenio que se admira en la invención de algunos bailes, mencionamos las coronas que ha tributado el público madrileño a la célebre bailarina, cuyos pies reconocemos y proclamamos muy dignos de ceñirlas, digan lo que quieran los secuaces de Gall, y por mucho que se indigne la sombra de aquel loco de Tasso, que después de cantar la Jerusalén solo obtuvo la corona sobre el mármol de la tumba.

Aquellas gentes no prodigaban coronas: verdad es que entre ellas no sucedía lo que hoy nos acontece, que haya pies de más valor que muchas cabezas.

 

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Cempoalxochitl quiere decir flor de los muertos. En Europa se conoce dicha flor con el nombre de clavel de India.