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Los hermanos Cayetano Antonio y Luis Antonio de Torres Tuñón, canónigos de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, la cual en 1788 estableció una biblioteca, llamada Turriana en honor de sus fundadores, los canónigos Luis Antonio y Cayetano Antonio Torres, así como su tío Luis Antonio de Torres Quintero, chantre de la misma Catedral. Es considerada la primera biblioteca pública de México. En 1844 tenía aproximadamente 12.295 volúmenes y numerosos manuscritos. PAGAZA GARCÍA, Rafael, Las obras de consulta mexicanas, siglos XVI al XX, México, UNAM, 1990, p. 56). Se conserva el retrato de Cayetano Antonio, obra del pintor Andrés López: «Retrato de don Cayetano Antonio Torres Tuñón», óleo sobre tela, 210 x 125 cm., 1787. BERISTÁIN DE SOUZA, José Mariano, Biblioteca hispanoamericana septentrional, México, UNAM/Instituto de Estudios y Documentos Históricos (INEDOHAC), 1981, Biblioteca del Claustro, Serie Facsimilar, núm. 3, pp. 210-212 y 217-218.

 

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HERVÁS, Cartas, BNM, ms. 22996, fols. 218-221. Carta de José Cistué, Fiscal del Consejo de Indias, a Lorenzo Hervás, fechada en Madrid el 3 de junio de 1800.

 

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José Antonio de Villaseñor y Sánchez, matemático, geógrafo y escritor nacido en la ciudad de México, fue contador general de Azoque y cosmógrafo del reino de Nueva España. En 1746 publicó su hermoso y útil libro Teatro americano, descripción general de los reinos y provincias de la Nueva España y sus jurisdicciones, México, Viuda de Joseph Bernardo de Hogal, 1746. [Editorial Trillas, 1992]. Puede considerarse como la primera enciclopedia mexicana. Otras obras suyas son: VILLASEÑOR, José Antonio, Observaciones del cometa que apareció en el hemisferio de México en los meses de Febrero y Marzo de 1742; Romance lírico en elogio a Fernando VI, rey de España; Calendario y pronósticos lunates para México; Descripción general de los reinos y provincias de Nueva España.

 

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El cuadragésimo virrey de México (1742-1746), don Pedro Cebrián y Agustín (Conde de Fuenclara, caballero de San Genaro y del Toisón de Oro), diplomático distinguido, fue nombrado directamente por el rey Felipe V el 31 de enero de 1742; embarcó para Veracruz, a donde llegó el 5 de octubre. Se puso en marcha hacia la capital y en Jalapa alguien le informó que radicaba en México un caballero italiano llamado Lorenzo Boturini, quien había girado esquelas para coronar públicamente a Nuestra Señora de Guadalupe con una corona de oro, pidiendo ayuda a los obispos. A Fuenclara le causó extrañeza todo eso y llegado a México, donde hizo su entrada solemne el día 3 de noviembre, ordenó se hiciera una investigación, abriéndole causa a Boturini con cargos que nos parecen, por demás, superficiales. Se le redujo a prisión, le recogieron valiosísimos documentos, códices y mucho que tenía escrito sobre las antiguas culturas, que todo se perdió. Fue remitido a España a principios de 1744 junto con su proceso. Se le dio autorización después para que regresara a México, lo que ya no pudo hacer, y en Madrid escribió una historia antigua de México que no vio publicada, puesto que murió en 1753.

Encargó el virrey al geógrafo don José Villaseñor obtener datos para un informe a la Corte sobre las poblaciones de la Nueva España, y con ellos publicó un libro muy interesante al que llamó Teatro Americano, publicado en el año de 1746.

 

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Mariano Fernández de Echeverría y Veytia (Puebla, 1718-id., 1779), historiador mexicano, caballero de la Orden de Santiago, alcalde ordinario en 1758 y regidor honorario de la ciudad de Puebla de los Ángeles. Es autor de Historia antigua de México (1836), Historia de Puebla y Baluartes de México (1820). La obra de Mariano Veytia es una de las más completas sobre el nacionalismo criollo novohispano. Por otro lado, Hervás debía conocer a este autor, porque coincidían en el interés por el estudio del calendario mexicano (Los calendarios mexicanos, por Mariano Fernández de Echeverría y Veytia, edición del Museo Nacional de México, México, Imprenta y taller de fotograbado del Museo Nacional, 1907). MORENO BONETT, Margarita, Nacionalismo Novohispano: Mariano Veytia: Historia Antigua, Fundación de Puebla, Guadalupanismo, México, UNAM, 1983.

 

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Cayetano de Cabrera y Quintero (Ciudad de México, 1698-1775). Se sabe muy poco de su vida, aunque escribió testimonios valiosos para la comprensión de la historia de México. Fue capellán de pajes del virrey y del arzobispo. Estudió en el Seminario Tridentino de México, se graduó de doctor en Derecho en la Real y Pontificia Universidad en 1730, y desempeñó la cátedra de Derecho civil y canónico. Logrado humanista, dominó el latín, griego y hebreo. Escribió varias obras en latín y tradujo a los clásicos, sobre todo a Horacio y a Juvenal, en verso español. Entre sus numerosos escritos destaca el aludido por Cistué, el libro Escudo de Armas de México (México, por la Viuda de D. Joseph Bernardo de Hogal, impresora del Real y Apostólico Tribunal de la Santa Cruzada, en todo este Reyno. Año de 1746), con motivo de la proclamación de la Virgen de Guadalupe como Patrona Principal de México, en el año de 1737.

 

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Juan Antonio de Vizarrón y Eguiarreta, arzobispo y virrey de México (1734-1740). Al morir el marqués de Casafuerte se reunió en Acuerdo Extraordinario la Audiencia, para abrir el pliego de mortaja en el que se encontró el nombramiento del arzobispo don Juan Antonio de Vizarrón para sucederle en el Gobierno hasta la decisión de la Corona.

El virrey acudió a la Capitanía General de Guatemala a combatir a unos grupos indígenas armados y apoyados por los ingleses de Belice, que cometían asaltos y robos contra las poblaciones de la costa. Asimismo tuvo que mandar socorros a California donde los indios rebeldes asesinaron a dos misioneros jesuitas y a varios soldados. Colaboró, a nombre de la Nueva España, con dos millones de pesos en plata, a la reconstrucción del Palacio Real de Madrid que se había incendiado en 1734. En 1736 se declaró una terrible epidemia de fiebre amarilla que mató a miles de indígenas y el virrey se ocupó en ayudar a miles de enfermos, sobre todo con alimentos. En 1739 los ingleses declararon la guerra a España, amenazando con la invasión de las posesiones españolas en América, por lo que se dieron al virrey amplias facultades para gastos de guerra. El 25 de enero de 1747 falleció don Juan Antonio de Vizarrón, arzobispo-virrey, y fue enterrado en la Catedral Metropolitana.

 

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Cistué se refiere a Escudo de armas de México, celestial protección de esta nobilísima ciudad de la Nueva España y de casi todo el Nuevo Mundo, México, Instituto Mexicano del Seguro Social, 1981.

 

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HERVÁS, Cartas, BNM, ms. 22996, fols. 218-221. Carta de José Cistué, Fiscal del Consejo de Indias, a Lorenzo Hervás, fechada en Madrid el 3 de junio de 1800.

 

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Según narra el P. Cayetano Cabrera (Escudo de Armas de México, Libro IV, cap. I, n.os 786-788, pp. 400-402), en agosto de 1736 empezaron a llegar a la Ciudad de México enfermos procedentes de Tacuba, aquejados de una grave enfermedad que los indios llamaron matlalzáhuatl («roña verde»), tal vez la fiebre amarilla. Según Cabrera, el número de entierros, sólo en la ciudad de México, fue de 40.157 y aun mayor en Puebla, de 54.000, y en todo el reino cosa de 200.000, número gigantesco para la población de aquel entonces. Ante esa catástrofe se habló de traer a la ciudad la imagen de Santa María de Guadalupe, y, con más insistencia, se proponía jurarla por Patrona de la ciudad. El arzobispo de entonces, José Antonio Vizarrón y Eguiarrieta, gastó enormes fortunas en socorrer a los enfermos, y, antes de acceder a la súplica que se le hacía de que la Ciudad la jurase como su Patrona principal, aconsejó oraciones y novenarios. La peste, sin embargo, no decrecía, por lo que el 11 de febrero de 1737, el Ayuntamiento secular de la ciudad, reunido en cabildo, en voto secreto, dispuso unánimemente que se jurase como «Patrona principal de esta nobilísima Ciudad a Nuestra Señora la Virgen Santísima en su admirable, milagrosa imagen de Guadalupe». El 26 de mayo de 1737, el arzobispo proclamó dicho juramento en su Catedral. Como cosa claramente providencial, cesó instantáneamente la epidemia. Las comunicaciones y trámites de entonces eran lentos, y no fue hasta casi 10 años después, en 1746, que todo estuvo listo. El día 4 de diciembre de 1746, el anciano Arzobispo recibió a los podatarios de todos los Ayuntamientos de la Nueva España y tomó su juramento a nivel totalmente nacional. El juramento también comprometía a que la nación entera procurase la aprobación pontificia, que se logró 8 años después, en 1754. La historia de su obtención es larga y emotiva. La debemos al jesuita P. Juan Francisco López, reseñado por Hervás (BJE, pp. 338-340), quien, después de mil angustias y dificultades casi milagrosamente resueltas, compareció personalmente ante el Santo Padre Benedicto XIV, llevando una copia de la imagen en sus manos en lienzo enrollado. Véase CABRERA y QUINTERO, Cayetano, Escudo de Armas de México, Impresa en México, por la Viuda de D. Joseph Bernardo de Hogal, Impresora del Real y Apostólico Tribunal de la Santa Cruzada, en todo este Reyno, Año de 1746, Libro IV, cap. I, n.os 786-788, pp. 400-402. FELICIANO VELÁSQUEZ, Primo, La aparición de la Virgen de Guadalupe, México, Jus, 1981, cap. XII. ESCALADA, Xavier, Enciclopedia Guadalupana, México, 1995, voz «Patronato Guadalupano sobre la Ciudad de México», p. 602.