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Esta segunda espedicion del rey á la isla en 1231 duró dos meses poco mas ó menos, pues llegó antes de pascua como observamos, y no partió hasta fines de la primavera. A 21 de mayo, estando aun en Mallorca, concedió á los dominicos para construir su iglesia y convento un solar de la Almudaina «situado en la gran plaza, que por un lado mira á la calle ancha llamada Benanet, por otro á la Almudaina misma, y cuyo ángulo linda con las torres del palacio real». El primer cuidado del rey, luego que pisó el continente, fué verse otra vez en Tudela con el de Navarra para disponer la guerra contra Castilla; pero hallándole remiso en emprenderla, volvió á Cataluña dirigiendo su atencion á nuevas conquistas de sarracenos.
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No es menos notable el fiero orgullo de los refugiados sarracenos que reducidos al estremo apuro no querian rendirse sino al mismo rey en persona á quien por dos veces habian rehusado someterse, que la diligente y bondadosa solicitud del conquistador en pasar nuevamente el mar para recibir el homenage de aquellas hordas montañesas y pacificar completamente la isla.
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Para lo que restaba que someter de la isla no se consideraban ya necesarias gentes de armas y caudillos cuyos servicios hubieran debido retribuirse á gran costa; bastaba el nombre y la autoridad del rey, cuya persona, como dice su crónica, valia por mil caballeros. Algunos sin embargo le acompañaron de su mesnada, nombrando Zurita á Fernan Perez de Pina, Atorella, Lope Sanchez de Roda y otros varios que mas adelante se citan, con algunas compañías de soldados para quedar en la isla.
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Fué la tercer venida del rey á Mallorca en 1232 á fines de mayo ó principios de junio, y permaneció en ella todo el verano, ocupándose del repartimiento definitivo de las tierras y propiedades que lleva la fecha de 1.º de julio, y de la rendicion de Menorca. Antes de partir de Salou otorgó en Tarragona á 6 de mayo su testamento en el cual instituyó heredero de todos sus dominios al infante don Alfonso, entonces su único hijo, que se criaba en Castilla al lado de su madre la repudiada Leonor, testamento que varió luego á favor de los hijos de su segundo enlace con Violante de Hungría, causando graves disturbios en el reino.
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Estos y los que anteriormente se habian sometido son los cautivos que se bautizaron y cuya descendencia existia aun en tiempo de Marsilio, como indicamos en la nota 86, emancipándose lentamente y fundiéndose sus restos con las clases ínfimas del pueblo; pues los esclavos que en el siglo XIV tanto se empleaban en el cultivo y en toda clase de oficios mecánicos, eran en su mayor parte advenedizos.
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El rey dice en su crónica que salieron á recibirle los caballeros todos del Temple y del Hospital, y que al apearse en su casa de la Almudaina, Ramon de Serra le llamó aparte para comunicarle su proyecto.
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Aquí omite Marsilio el nombre de Asaldo de Gudar mencionado en la crónica real, quien justamente con Bernardo de Santa Eugenia y el comendador Serra fué uno de los tres enviados á Menorca, pues Pedro Maza quedó en la ciudad encargado del gobierno. Asaldo era uno de los mas ilustres y fieles mesnaderos del rey, que iba en su compañía cuando su refriega con Ahonés y cuando su fuga de Huesca, é intervino por su integridad y pericia en el repartimiento de la ciudad de Valencia y sus contornos entre los conquistadores.
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Ignoramos como llamarian los moros á Ciudadela, pues su nombre es evidentemente latino, bien que nunca se la encuentra con él en la época anterior á los sarracenos, sino con el de Jama ó Jamnon. La palabra arábiga correspondiente á Ciudadela seria Almudaina. Segun el testo de Conde citado en la nota 112, la isla de Menorca se dividia entonces en cuatro distritos, á saber, Hasnaljud aque es Torrellefuda, Alcayor (hoy pueblo de Alayor), Benifabin y Benisaida (en el dia simples predios), mandado cada uno por un sahib ó prefecto; pero en Ciudadela poblacion principal residian el alcaide ó gobernador y demás autoridades de la isla dependientes del jeque de Mallorca.
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Tal vez por la mayor confianza que mereció al monarca de Aragon, tal vez porque las funciones de almojarife ó administrador de rentas reales eran las únicas que se dejaban al gefe de Menorca, una vez reconocido el señorío del conquistador y entregados á él los castillos. Los gobernadores sarracenos de aquella isla continuaron llevando el título de Almojarifes, hasta su conquista por Alfonso III en 1286.
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La menor Balear habia seguido en todos tiempos la suerte de la mayor, no menos que las Pitiusas Iviza y Formentera, y en aquella época no solo recibia las órdenes del jeque de Mallorca, sino que le rendia tributo, el mismo que luego ofreció á Jaime I. La rendicion de Menorca era una consecuencia necesaria de la conquista de su metrópoli y una empresa ya resuelta de antemano, pues juntamente con aquella se hallaba ya cedida al infante de Portugal en cambio del condado de Urgel.