761
Postea sacerdos digito accipiat de saliva oris sui, et tangat aures et nares infantis; tangendo vero aurem dexteram et sinistram, dicat: EPHPHETHA, quod est, Adaperire; deinde tangit nares, dicens: In odorem suavitatis. Tu autem effugare, diabole: appropinquabit enim judicium Dei. (Ritual. rom., ibid., pág. 20.)
762
La antigua Paneade, situada en las fuentes del Jordán. El tetrarca Filipo la había hecho reconstruir, y la había dado el nombre de Cesarea, en honor del César Tiberio.
763
Matth., XVI, 13-20; Marc., VIII, 27-30; Luc., IX, 8-21.
764
Sería superfluo insistir sobre el carácter esencialmente local de la palabra Puerta. En Oriente, servía en tiempo de Nuestro Señor Jesucristo para designar el poder, el imperium. Por esta razón se da en nuestros días al gobierno de Constantinopla el nombre de Puerta Otomana. Es, pues, indudable la autenticidad de esta palabra. Jamás hubiera usado un legendario griego o romano, semejante locución. En cuanto a la explicación del racionalismo, se limita a decir que «Jesús sobresalía en extremo en el arte del equívoco». Un equívoco que funda un imperio inmortal admirará a todos los espíritus razonables en despecho de todos los racionalistas.
765
Matth., XVI, 21-28; Marc., VIII, 31-39; Luc., IX, 22-27.
766
Luc., IX, 28-36; Matth., XVII, 1-9; Marc., IX, 1-8.
767
Antonio de Ulloa, Relación del viaje a la América Meridional, 1770. Lib. VI, capítulo IX, núm. 1012.
768
Véase la respuesta a las dificultades propuestas contra esta identificación de la montaña designada por el Evangelio con el monte de Tabor. (M. Mislin, Los Santos Lugares, tom. III, pág. 406-410.)
769
Cántic. de los Cántic., IV, 8.
770
II Petr., I, 16-18.