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Carta de 5 de febrero de 1760. En la Historia de la Inquisición de Lima se verán los antecedentes del proceso de Lagrange que pueden servir de norma para apreciar lo que se contaba de las ceremonias masónicas.

Sáenz de Bustamante luego de concluido su gobierno en Valdivia, se regresó a España. Hallándose en Madrid, dio poder, en 8 de mayo de 1764, a un individuo de Santiago para que le patrocinase en su juicio de residencia, que se ventilaba entonces, y del cual salió absuelto. Véase el tomo 215 de los Manuscritos de la Biblioteca Nacional.

 

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Sobre esta biblia, cuyos ejemplares son hoy rarísimos y alcanzan en el mercado de libros un precio fabuloso, véase a Menéndez y Pelayo, Heterodoxos españoles, t. II, pág.468.

 

393

Carta del Consejo de 20 de abril de 1572.

 

394

Carta de 13 de marzo de 1583.

 

395

Carta de Gutiérrez de Ulloa, de 21 de febrero de 1583.

 

396

Carta de Juan de Saracho, de 4 de octubre de 1583.

 

397

Cartas de 20 de abril y de 4 de mayo de 1622.

 

398

Cartas de los inquisidores de 4 de mayo citada y 1º de junio de 1625. Según estos documentos, la tirada había sido de quinientos ochenta ejemplares, de los cuales ha escapado sólo uno, que sepamos, que poseía en Madrid don M. Murillo, director del Boletín de la librería, y que acaba de adquirir la Real Academia de la Historia.

 

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[«...(roto)» en el original (N. del E.)]

 

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A propósito de estas prohibiciones, debemos recordar aquí el caso que le ocurrió a don Pedro de Peralta Barnuevo, autor de la Relación del auto de fe de 12 de julio de 1733 que había escrito por encargo el virrey Marqués de Castelfuerte,   —[642]→   que estuvo a punto de caer en las manos de los inquisidores cuya fama colocaba tan alto, con ocasión de haberse notado en la relación algunas proposiciones que «se habían hecho reparables»; debiendo su salvación sólo a que por haber trabajado de orden del Virrey, los jueces no se atrevieron a procesarlo, temiendo se siguiesen «perniciosas consecuencias, por no haber de persuadirse se hacía por causa de las proposiciones, sino en odio de que corran públicos sus simulados aplausos». Carta de 18 de noviembre de 1733. En el Consejo se ordenó, sin embargo, que las proposiciones se calificasen y votasen, y sin pasar a vías de hecho, se enviase el expediente a Madrid. Carta de los inquisidores de 16 de febrero de 1735.