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Los hechos que vamos a referir constan de documentos contemporáneos muy dignos de fe. Líbrenos Dios de escribir ni una sola palabra sin la más recta intención; amamos a todas las órdenes religiosas; y habríamos sido muy felices, si de las comunidades establecidas en el Ecuador no hubiéramos tenido que referir más que sucesos edificantes. Cartas y expedientes de personas seculares del distrito de la Audiencia de Quito, vistos en el Consejo: de 1609 a 1615. Cartas y expedientes del Presidente y de los oidores de la Audiencia de Quito: de 1598 a 1613. De 1614 a 1626. Cartas y expedientes del Obispo de Quito, vistos en el Consejo: de 1566 a 1607. De 1608 a 1615. Cartas y expedientes de personas eclesiásticas, vistos en el Consejo: de 1600 a 1618. (Documentos inéditos en el Real Archivo de Indias en Sevilla).
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La fecha de la muerte del señor Ribera consta del Libro tercero de actas del Cabildo eclesiástico de Quito, de 1611 a 1628. (Archivo del Cabildo Metropolitano). Este libro debiera ser el Cuarto, pero no existe el libro anterior, correspondiente al tiempo del gobierno del señor Solís.
En cuanto a la causa de la muerte del obispo Ribera, conviene que expongamos aquí llanamente nuestro juicio. El Obispo era anciano y delicado; pasaba muchos días enfermo, y cuidaba de abrigarse mucho; solía también mantenerse acostado en cama algunas veces; su enfermedad fue rápida, pues apenas llegó a dos días. ¿Moriría envenenado como algunos sospecharon entonces? Nosotros, después de examinar despacio este punto, aseguramos que murió con muerte natural, causada por una inadvertencia del mismo Obispo, el cual bebió un vaso de agua de nieve. Esta bebida le ocasionó, sin duda, una pulmonía aguda, de la que falleció irremediablemente.
Muy fácil era que una muerte tan inesperada se atribuyera a un envenenamiento, sin que hubiese prueba alguna para ello. Cuando arden las pasiones se oscurecen los ojos de la razón.
No será por demás referir aquí que el obispo don fray Salvador de Ribera fue quien impuso el palio al ilustrísimo señor doctor don Bartolomé Lobo Guerrero, que del arzobispado de Bogotá fue trasladado al de Lima. La ceremonia tuvo lugar aquí en la Catedral el segundo día de Pascua de Resurrección del año de 1609. El señor Lobo Guerrero fue el inmediato sucesor de Santo Toribio en el arzobispado de Lima.
13
El grande aprecio que del señor Solís hacía Santo Toribio y el concepto que de sus virtudes había formado, constan de varios hechos y de ciertas palabras del Santo, de lo cual fue testigo en Lima el señor obispo Ribera cuando vivía en aquella ciudad. Véase al padre TORRES, en el Capítulo 20 del Libro primero de su Crónica de la provincia peruana del Orden de San Agustín.
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ZAMORA, Historia de la Provincia de San Antonino del Orden de Predicadores del Nuevo Reino de Granada. [Libro cuarto, capítulo 22.º].
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AZCARAY, Serie cronológica de los presidentes de la Real Audiencia de Quito.
16
La biografía del señor Arias de Ugarte, obispo de Quito y arzobispo de Bogotá, de Charcas y de Lima sucesivamente, ha sido escrita por varios autores; citaremos aquéllos en cuyo testimonio apoyamos nuestra narración.
FLÓREZ DE OCÁRIZ, Genealogías del Nuevo Reino de Granada. (Tomo primero. En el Preludio y en el Árbol 33.º, § 7.º).
ZAMORA, Historia de la provincia de San Antonino del Nuevo Reino de Granada del Orden de Predicadores. (Libro cuarto, capítulo XVII).
GONZÁLEZ DÁVILA, Teatro eclesiástico de las iglesias de las Indias Occidentales. (Tomo segundo. Iglesia de Lima).
AZCARAY, Serie cronológica de los obispos de Quito.
GROOT, Historia eclesiástica y civil de Nueva Granada. (Tomo primero, Capítulo XIV).
MENDIBURU, Diccionario histórico biográfico del Perú.
ODRIOZOLA, Colección de documentos literarios del Perú. (Tomo cuarto. Noticia acerca de los obispos de Quito).
Apuntes para la Historia eclesiástica del Perú. (De autor anónimo. Lima 1873). Entre los inéditos, los datos que se encuentran en DÍEZ DE LA CALLE, SÁNCHEZ SOLMIRÓN y RODRÍGUEZ DE ACAMPO, cuyas obras hemos citado en otros lugares.
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FEIJOO, Relación descriptiva de la ciudad y provincia de Trujillo del Perú. Capítulo quinto.
18
Libro de votos del Real Acuerdo de la Audiencia de Quito. De 1610 a 1630. (Documentos del archivo de la Corte Suprema de Justicia). La Junta se reunió el 6 de agosto de 1615; en el acta se dice que fue Junta de guerra para la defensa de la ciudad de Guayaquil, amenazada por corsarios ingleses. Esto es un error, pues los corsarios eran holandeses. El almirante Jorge Spilbergen fue encargado del mando de la escuadrilla, que para inspeccionar el archipiélago de las Molucas armó en Texel la Compañía holandesa de las Indias Orientales. Véase a BARROS ARANA, Historia general de Chile. (Tomo cuarto. Parte cuarta, Capítulo 3.º). El señor don Diego Barros Arana (acaso el historiador más erudito entre todos los de las Repúblicas de la América meridional) ha hecho notar los numerosos errores en que abunda el Aviso histórico de don Dionisio de Alsedo, reimpreso en Madrid, en 1883, con el título de Piraterías en la América española.
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GONZÁLEZ DÁVILA, Teatro eclesiástico de las iglesias de las Indias Occidentales. (Tomo segundo. Iglesia de Quito).
AZCARAY, Serie cronológica de los obispos de Quito.
ODRIOZOLA, Colección de documentos literarios del Perú. (Tomo cuarto).
RODRÍGUEZ DE OCAMPO, Descripción del obispado de Quito. Ms.
SÁNCHEZ SOLMIRÓN, Noticia acerca de los obispos de Quito. Ms.
La fecha precisa de la llegada del obispo Santillán a Quito no puede fijarse con seguridad; consta solamente que en agosto de 1617 estaba ya en esta ciudad. Libro tercero de actas del Cabildo eclesiástico de Quito. (Archivo del Cabildo Metropolitano).
20
El Ceremonial romano fue publicado por Clemente octavo; pero casi todas las iglesias de España elevaron representaciones a la Santa Sede a fin de que no se les obligara a observarlo, derogando las costumbres antiguas; y la Sagrada Congregación de Ritos resolvió que el Ceremonial se había publicado para extirpar abusos donde los hubiera, y no para abolir costumbres antiguas, legítimas. Coeremoniale praedictum abusus tollere, non autem inmemorabiles Ecclesiarum consuetudines, maxime si consuetudo inmemorabilis legitime praescripta sit. Diez de enero de 1604. Esta resolución se trasmitió, por órgano de la Nunciatura Apostólica, a todas las iglesias de la Península.
En cuanto a las catedrales de América; se mandó por el Consejo de Indias recoger el Ceremonial, y se suplicó de él a la Santa Sede, porque destruía las antiguas y laudables costumbres de las iglesias; pero, a consecuencia de esta determinación, se ocasionó un caos en las ceremonias sagradas.