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La erupción de 1660 es la cuarta y también la última que hizo el Pichincha, y debe considerarse como la más espantosa de todas; la describen las actas del Cabildo secular de Quito y el presbítero Juan Romero. La descripción hecha por Romero se conserva manuscrita en el Libro de actas del Cabildo secular de Quito, en el volumen correspondiente al año de 1660. (Archivo de la Municipalidad de Quito).
Hablan también de esta erupción COLETI en su Diccionario histórico-geográfico de América; VELASCO en su Historia antigua del Reino de Quito; MORÁN DE BUTRÓN y el doctor JIJÓN en la Vida que cada uno de ellos publicó de Mariana de Jesús; el padre RODRÍGUEZ en el Marañón y Amazonas. (Libro cuarto, Capítulo 2.º); también ALSEDO en su Diccionario.
Dos antiguos poetas peruanos del tiempo de la colonia han descrito en verso esta erupción. Peralta y Barnuevo en la octava XXIX.ª del canto octavo de su Lima fundada, dice así:
Oviedo [El Conde de la Granja] en el canto sexto de su Poema heroico sobre Santa Rosa de Lima, compuesto en octavas reales de estilo conceptuoso y pésimo gusto literario.
Entre los modernos Humboldt en sus Misceláneas de Geología, y Wolf en su Crónica de los terremotos en el Ecuador y en su Geografía y Geología de la República del Ecuador.
El acta de la renovación del voto hecho a la Virgen Santísima de la Merced se halla el día 15 de diciembre de 1660, porque ese día fue ratificado por el Cabildo civil de Quito. En esta sesión se determinó que todos los años, de los fondos propios de la ciudad, se habían de dar veinticinco pesos para que se costeara la cera, que el día de la fiesta había de arder delante de la imagen de la Virgen.
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Muy escasas son las noticias biográficas que tenemos acerca del presidente Fernández de Heredia. Por lo que respecta a su gobierno, pudiéramos asegurar que fue acertado; pero el informe de la Audiencia y las cartas del Cabildo secular, en que tanto se recomienda su conducta, fueron enviados al Consejo estando todavía Heredia mandando en Quito; por lo cual, semejantes documentos no nos merecen mucho crédito. Este Presidente, en el corto período de mando, queda como desadvertido en la historia.
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Actas del Cabildo secular de Quito. Vol. de 1666-1667. Sesión del 22 de mayo de 1666. En esta ocasión no se recibió en Quito noticia ninguna oficial de la muerte del Rey, sino solamente noticias particulares fidedignas. [Archivo de la Municipalidad de Quito].
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Consultas del Consejo y Cámara para el distrito de la Audiencia de Quito. 1660-1679. (Inéditos. Archivo de Indias en Sevilla).
MENDIBURU. Diccionario histórico-biográfico del Perú. Mendiburu padeció equivocación, asegurando que don Álvaro de Ibarra vino a Quito y ejerció la presidencia; lo contrario consta de una carta escrita por el mismo Ibarra al inquisidor general de España; Lima, 20 de marzo de 1669. (Correspondencia de los inquisidores. Inédita en el Archivo General de Simancas).
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Cédula expedida por la Reina Gobernadora: Madrid, 23 de junio de 1673. Cédula real; Madrid 23 de marzo de 1680. [Cedulario de la Curia eclesiástica Metropolitana; en su Archivo. Tomos 1.º y 2.º].
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FLÓREZ DE OCARIZ, Genealogías del Nuevo Reino de Granada. (Tomo primero. Preludio. Número 88). Cédula expedida por la Reina Gobernadora; Madrid, 23 de junio de 1673, en ella nombra a Corro Carrascal gobernador, capitán general y presidente en ínterin para el Nuevo Reino. (Cedulario de la antigua Real Audiencia. Tomo 3.º. 1661-1680. Archivo de la Corte Suprema de Justicia).
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BARROS ARANA, Historia General de Chile. (Parte cuarta. Tomo 5.º, capítulo 19.º).
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AZCARAY, Serie cronológica de los presidentes de Quito. Azcaray cuenta a Munive como el decimosexto en el orden de sucesión de los presidentes; pero está equivocado, porque el obispo Montenegro no fue presidente propietario, sino interino. Corro Carrascal falleció cuando estaba nombrado para ir a Bogotá, también como presidente interino de esa Audiencia; y el señor Montenegro debía gobernar solamente mientras estuviera ausente el propietario; la muerte de Corro Carrascal dio una nueva dirección al gobierno.
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Todo cuanto hemos dicho en la narración consta de documentos auténticos contemporáneos. Sobre este suceso se practicaron informaciones e hicieron procesos y expedientes voluminosos, y todo se conserva actualmente original en el Archivo de Indias en Sevilla. Autos sobre el despojo hecho a la religión de Santo Domingo de la prelacía del convento de monjas de Santa Catalina de Sena. 1676-1681. Un grueso legajo.
El cronista dominicano del Perú, fray Juan Meléndez, habla de este suceso; pero lo ha narrado de una manera poco ajustada a la verdad, a consecuencia de los informes apasionados que recibió del padre Cevallos y del padre Quesada, a quienes conoció y trató en Madrid y en Roma.
MELÉNDEZ, Tesoros verdaderos de las Indias. [Tomo primero. Libro quinto, cap. 13.º]. Copia el padre Meléndez las cédulas, que el año de 1680 expidió el Rey sobre este asunto. Nosotros, para nuestra narración, hemos estudiado, con el más imparcial criterio, todos los documentos originales; las cédulas copiadas por el padre Meléndez no fueron las que pusieron término definitivo a este asunto; hubo algunas gestiones más, y la resolución de Roma fue la que restableció las cosas a su antiguo estado.
En las cédulas expedidas el año de 1680, se menciona a la madre Leonor de San Martín expresamente, y se le atribuye la principal culpa en la sublevación de las monjas; ahora bien, cuando el escribano leyó estas cédulas delante de la comunidad, la madre Leonor de San Martín protestó contra aquella imputación e invocó el testimonio de todas las religiosas que estaban presentes, y todas contestaron ratificando la protesta de la monja. La madre Leonor de San Martín protestó contra los malos informes dados a la Audiencia y al Consejo. Véase también el Cedulario de la antigua Real Audiencia. Vol. 3.º de 1681 a 1689. Cédulas, de Madrid, 24 de marzo de 1688; 10 de abril de 1692. [Archivo de la Corte Suprema de Justicia].
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Copiaremos aquí un párrafo de una carta privada que el padre Barrera, dominicano, escribió desde Quito al padre Quesada, que estaba en Madrid: También nos ha costado gotas de sangre el haber apeado dos Provisores sobre el caso, el uno Morejón, y el otro un gallego de los mayores pícaros que he conocido. (Documentos inéditos en el Archivo de Indias en Sevilla). El lenguaje de esta carta no hace honor ni al que la escribió, ni al que la recibió.