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Según los datos que el estudio de los documentos antiguos nos ha suministrado, la obra de la portada de la iglesia de Quito se principió a trabajar en 1753; en 1767 no estaba concluida todavía, y se habían gastado 41.986 pesos, cuatro reales. Las piedras se sacaron de una cantera que los mismos jesuitas descubrieron en Panecillo, cuyo cerro era casi todo de ellos. La plata labrada de la iglesia de Quito pesó 6.529 marcos; la de la iglesia de Cuenca, 175 marcos, 6 onzas y media. Entre otras joyas, la iglesia de Quito poseía un relicario de plata, guarnecido de piedras preciosas, fabricado en Roma, y dos láminas o planchas de oro, incrustadas de esmeraldas.

El edificio del Colegio máximo de Quito no estaba enteramente concluido. La iglesia de Ibarra estaba terminada, aunque no todos los altares; la casa no tenía concluidos más que tres lienzos, y le faltaba el de la portería. En Cuenca no había casa bien construida. La iglesia de Riobamba era pequeña y mala; y en Loja y en Ambato no había iglesias, sino capillas provisionales.

Una de las cosas en que los jesuitas gastaban sumas considerables era en sus viajes, y sobre todo en los sujetos que traían de Europa. En 1757 estuvieron en España como procuradores de la provincia quitense los padres Jaime de Torres y José Baca. En 1751 estuvo el padre Tomás Nieto Polo, y alcanzó licencia del rey Fernando sexto para traer a Quito noventa jesuitas; de estos noventa, el 25 de julio de 1754, se embarcaron en Cádiz catorce con el padre Francisco Arzoni; el 30 de septiembre se embarcaron ocho; el 15 de enero de 1756 se embarcaron tres; a fines de 1758 se embarcaron nueve, el mayor de los cuales no pasaba de 25 años; los otros eran jovencitos hasta de 18 de edad, estudiantes recién de retórica. Para la venida de estos jesuitas se endeudó la procura de la provincia en 60.000 pesos.

Para conceder licencia para la venida de estos noventa jesuitas, exigió la Corte un informe sobre la necesidad que la provincia tenía de ellos, y el padre Brentano hizo presente que eran necesarios 174 sacerdotes y 86 coadjutores (Exposición del padre Carlos Brentano al Cabildo eclesiástico de Quito, Año de 1797, Archivo de la Notaría eclesiástica).

En cuanto a limosnas, los jesuitas no podían dar a los pobres más que el uno por ciento anual de sus rentas, según lo preceptuado, en carta de 30 de agosto de 1673, por el padre general Juan Pablo de Oliva a los jesuitas de Quito (Órdenes de los padres provinciales dadas en las visitas practicadas en la Casa de Noviciado, inédito. En nuestro archivo privado).

La Misión llamada de los Gaimíes, que tenían los jesuitas de Quito en el distrito de Panamá, terminó algunos años antes de la expulsión. Comenzó en 1700 con la entrada que hizo el padre Ferriol, jesuita panameño; el segundo misionero fue el padre Balburger, alemán; y el último, el padre Aspergalo, italiano. Las noticias acerca de estas misiones las hemos tomado de la Historia que de la provincia quitense de la antigua Compañía de Jesús escribió el padre Juan de Velasco, la cual, según se nos ha informado, se conserva inédita en Roma; nosotros debimos un extracto de ella en lo relativo a estas misiones al señor marqués don Fernando de Lorenzana, quien lo había poseído en su archivo particular y nos lo obsequió a nosotros, cuando estuvimos en la misma ciudad de Roma. (N. del A.)

 

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Los documentos relativos a este asunto se guardan en los archivos siguientes. En el Archivo de la Notaría eclesiástica en la Curia metropolitana, un legajo, que contiene copia autorizada de varias cédulas reales del tiempo del obispo Ponce y Carrasco. En el Archivo del Cabildo metropolitano, en el libro Becerro, una relación documentada de todos los incidentes ocurridos entre el Obispo, el Deán y los canónigos, hasta que terminó el asunto; en el volumen de actas capitulares, hay varias sobre estas mismas desavenencias. En el Archivo de la Curia metropolitana, en el Cedulario de los antiguos obispos, se encuentran las siguientes cédulas: de Madrid, el 4 de julio de 1768, sobre ceremonias, cuando pontifica o mediopontifica el Obispo; de Madrid, el 12 de julio de 1770, sobre el mismo asunto y las discordias con el Obispo; del Pardo, el 11 de marzo de 1767, sobre la buena armonía que debía guardarse entre el Cabildo y el Prelado. Todas tres se hallan en el volumen 7.º del expresado Cedulario. Esta cuestión del señor Ponce y Carrasco con los canónigos duró por casi ocho años seguidos. (N. del A.)

 

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Existe en el Archivo de la antigua Real Audiencia, que ahora pertenece a la Corte Suprema de Justicia, el expediente seguido sobre los expolios del obispo Ponce y Carrasco, pues los expolios de los obispos en tiempo de la colonia le tocaban al Rey y los recaudaban los oficiales de la Real Hacienda. (N. del A.)

 

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Poseemos una colección curiosa de documentos oficiales referentes al tiempo que el señor Carrasco estuvo en La Habana como auxiliar del obispo Lasso de la Vega. Además, en el Archivo de la Notaría eclesiástica se encuentra un legajo, en el cual hay copias auténticas de documentos originales relativos a las desavenencias que tuvo el obispo Carrasco con los canónigos de La Habana; cuando se escriba una biografía circunstanciada de este Obispo, deben estudiarse todos estos documentos, pues en una Historia general del Ecuador no es conveniente ocuparse en referir hechos individuales, que no ejercieron influencia ninguna en la vida social de la colonia, y basta con lo que hemos referido en el texto. Véanse también las Cartas y Expedientes de personas eclesiásticas de Cuba vistos en el Consejo de Indias (Archivo de Indias en Sevilla). (N. del A.)

 

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Cédula real, fechada en el Pardo el 14 de marzo de 1771 (Cedulario de los Obispos de Quito, Volumen 5.º, Archivo de la Curia metropolitana). El Rey le amenazó al padre León hacerlo llevar preso a España bajo partida de registro, si no daba al Obispo una satisfacción cumplida. El destierro de Quito se declaró que no lo podría alzar sino el Consejo de Indias. (N. del A.)

 

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Azcaray, Serie cronológica de los Presidentes de Quito en tiempo de la colonia. El título de Presidente y Regente de la Audiencia fue expedido en San Lorenzo el real, el 18 de noviembre de 1776; la comisión para visitar los tribunales de justicia y los de la Real Hacienda se le dio por cédula fechada, en el Pardo, el 20 de febrero de 1777 (Colección de cédulas reales y títulos, existente en el Archivo de la Tesorería Nacional, Volumen de 1777 a 1780). (N. del A.)

 

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En cuanto a la epidemia, tenemos el testimonio de las Actas del Cabildo civil correspondientes a aquel año y la relación del presbítero Roa en sus apuntes o recuerdos cronológicos.

Por lo que respecta a la erupción del Cotopaxi en 1768, hay una relación hecha por los vecinos de Latacunga, y varias cartas de los curas de algunos pueblos de esa provincia escritas al Corregidor, y una carta del mismo presidente Diguja al Rey; todos estos documentos los tuvo presentes el señor doctor don Teodoro Wolf al escribir su Crónica de los fenómenos volcánicos en el Ecuador, obra que se publicó en Quito en 1873. Nosotros hemos leído también todos esos documentos y apoyamos en ellos nuestra narración. Hablan de esta erupción el padre Velasco en su Historia del Reino de Quito (Parte 3.ª, Libro 2.º, § 9.º); Alcedo y el padre Coleti, cada uno en su Diccionario, palabra Cotopaxi. Wolf, Geografía y geología del Ecuador.

Groot, en su Historia eclesiástica y civil de Nueva Granada, equivoca la fecha de esta erupción del Cotopaxi, poniéndola en 1763, y refiriendo que estuvo acompañada de un fuerte terremoto, lo cual no es exacto, porque en las erupciones del Cotopaxi no ha habido terremotos y lo único que se experimentó en la de 1768 fue un temblor ligero, antes del día cuatro de abril.

La erupción del Tunguragua consta por una relación inédita contemporánea encontrada por nosotros en el Archivo de la Notaría eclesiástica, y por una carta escrita por el presidente Diguja al Rey sobre este asunto, acompañada con una lámina de colores, en que se ve representado el Tunguragua en el momento de la erupción. La carta y la lámina se guardan originales en la Biblioteca Nacional de Santiago de Chile (Legajo XII, Documento número 237). (N. del A.)

 

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Carta del presidente don José García de León y Pizarro al ministro Gálvez, Quito, 18 de junio de 1779 (Real Archivo de Indias en Sevilla, Cartas y Expedientes del Presidente de Quito, Secretaría del Perú). (N. del A.)

 

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Azcaray, Serie cronológica de los Obispos de Quito.

Odriozola, en el tomo cuarto de los Documentos literarios del Perú se halla la noticia acerca de los obispos de Quito escrita por un autor anónimo, a la que nos hemos estado refiriendo hasta ahora. El autor termina con el obispo don Blas Sobrino y Minayo, de quien fue indudablemente contemporáneo.

Libro de actas del Cabildo eclesiástico de Quito, Volumen de 1764 a 1783 (Archivo del Cabildo metropolitano). El señor Minayo salió de Cartagena el 22 de enero de 1777; el 13 de abril llegó a Guayaquil, donde se detuvo hasta el primero de agosto, y entró en Quito el 18 de septiembre. Confirmó en el camino treinta y dos mil personas. El obispo Nieto Polo administró la Confirmación a más de doscientos mil. (N. del A.)

 

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Los hechos recordados en la narración constan del expediente que por orden de Carlos tercero se formó después, para pesquisar de una manera reservada y secreta la conducta del presidente Pizarro, contra quien se habían recibido quejas y denuncias que no podían menos de ser atendidas. Este expediente se guarda original en el Archivo de Indias en Sevilla. Se deduce, pues, que Pizarro no merecía castigo ninguno, porque sus cosas habían sido hechas con una sagacidad admirable, pesando sobre él tan sólo responsabilidad moral, pero no legal.

Con motivo de la codicia del Presidente y de su señora sucedieron algunos casos curiosos. Reconvenido el clérigo Aguilar por una persona respetable que le reprobaba sus muchos regalos a la esposa de Pizarro, se excusó diciendo: ¿Qué quiere usted?... ¡Esta señora es capaz de sacar las muelas a un horcado!

El sermón del padre Calisto se publicó por la prensa, en un folleto impreso aquel mismo año en Quito; se hallan publicadas en el mismo las censuras para su aprobación, la carta de Pizarro al Cabildo civil y la dedicatoria que del sermón hizo el Cabildo al ministro Gálvez. Este sermón fue juzgado, muy atinadamente, por el ingenio agudo de los quiteños, que cantaban la siguiente redondilla:


El reverendo Calisto
un gran sermón predicó;
mucho habló del mal ladrón,
y nada dijo de Cristo.



La proposición del sermón fue ésta: María desempeñando la confianza del Rey de España por medio del presidente Pizarro; el presidente Pizarro cumpliendo sus votos a María.

Pizarro obsequió a la imagen de Nuestra Señora de Guápulo un bastón de marfil con empuñadura y cadenilla de oro, y mandó que en el templo se pusiera un cuadro votivo para recuerdo de la fiesta del 5 de agosto de 1783. Véase el Libro de actas del Cabildo civil de Quito, Volumen de 1783 (Archivo de la Municipalidad de Quito). (N. del A.)

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