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Véanse las Primicias de la cultura de Quito, Número primero. (Éste es el título del primer periódico que se publicó en Quito; la colección forma un cuaderno delgado en octavo). Los socios fueron los siguientes: don Luis Muñoz de Guzmán, Presidente; el ilustrísimo Calama, Director; Estanislao de Andino, Lucas Muñoz y Cubero, Juan Moreno y Avendaño, el Marqués de Villa-orellana, el Marqués de Selva-alegre, Juan Bernardo Delgado y Guzmán, Jerónimo Pizana, Juan de Larrea, Gabriel Zenitagoya, José Javier Ascásubi, Mariano Maldonado, Pedro Quiñones Cienfuegos, Justino Martín de Blas, Antonio Romero de Tejada, Nicolás Cabezas Merizalde, Francisco Villasís, Joaquín Arteta, Carlos Pezentí, Pedro José Aguilar, Pedro Calisto y Muñoz, Ramón Yépez, Melchor Ribadeneira, Juan José Boniche, José Aguirre y Antonio Azpiazu; éstos eran los principales. Don Antonio Marcos era socio supernumerario; don Eugenio Espejo, Secretario; don Ramón Yépez, Censor. Los Estatutos fueron trabajados por Espejo, Yépez y don Andrés Salvador, el cual era también socio de número (Cartas y Expedientes del Obispo de Quito vistos en el Consejo, Secretaría del Perú, Real Archivo de Indias en Sevilla). (N. del A.)
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Azcaray, Serie cronológica de los Obispos de Quito (En el obispo Madrid acaba la obra de Azcaray).
Groot, Historia eclesiástica y civil de Nueva Granada (El historiador Groot cita el testimonio que respecto de las virtudes y merecimientos del obispo Madrid ha consignado Nieto en su Geografía de Cartagena, testimonio que está de acuerdo con los documentos inéditos que se conservan en el Real Archivo de Indias en Sevilla), Capítulo XXXIII. La obra de Nieto se titula Geografía histórica de la provincia de Cartagena, 1839.
Compte, Varones ilustres de la Orden Seráfica en el Ecuador (Tomo segundo, Siglo decimoctavo). El padre Compte asegura que el señor Madrid no fue nunca Provincial de los franciscanos de Quito, y en esto dice la verdad; pero manifiesta que no conocía a fondo la historia de la provincia franciscana de Quito, o que, a sabiendas, negaba la verdad, cuando le parecía que el confesarla ingenuamente podía desdorar a los que llamaba con tanta confianza varones ilustres seráficos. Claro es que en los libros de actas de los capítulos no ha de aparecer la elección del señor Madrid, porque el señor Madrid no llegó a ser nunca Provincial; pero, de ahí no puede deducirse, en buena lógica, que el viaje del señor Madrid a España no haya sido motivado por disputas capitulares. Azcaray y Roa, contemporáneos del obispo Madrid, no tenían interés ninguno en desfigurar la verdad.
Roa, Memorias o Anales de Quito. (Trabajo histórico manuscrito, del cual poseemos una copia. Son apuntes que hacía este eclesiástico, año por año, de cuanto iba sucediendo en Quito y su provincia).
Cartas y Expedientes del Obispo de Quito vistos en el Consejo (Real Archivo de Indias en Sevilla, Secretaría del Perú). El señor Madrid visitó personalmente todo su obispado de Cartagena, en los dos veranos de 1779 y de 1780, sin dejar ni un solo pueblo, por pequeño que fuera, que no lo visitara; administró la Confirmación a 30.800 almas; en el primer verano murió el Capellán, que lo era un franciscano fray Pedro de Nava; en el segundo verano falleció, asimismo durante la visita, el secretario don José Vargas Machuca, el cual fue sepultado en el sitio del Corozal. La Audiencia de Bogotá desairó varias veces al señor Madrid, quien renunció su obispado; y, como no se le admitiese la renuncia, pidió su traslación a otra diócesis (Cartas y Expedientes del Obispo de Cartagena, 1753-1820, Archivo de Indias en Sevilla). (N. del A.)
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Libro de actas del Venerable Cabildo eclesiástico de Quito (Libro vigésimo, de 1790 a 1802). En el archivo del Cabildo metropolitano, Cartas y Expedientes del Presidente de Quito. Cartas y Expedientes de personas eclesiásticas vistos en el Consejo (Real Archivo de Indias en Sevilla). (N. del A.)
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Donoso (el continuador de Azcaray), La serie cronológica de los Obispos de Quito, escrita por Azcaray, termina, como ya lo dijimos, en el señor Madrid; fue continuada por el señor don Bartolomé Donoso, caballero honorable de Quito, testigo contemporáneo de algunos hechos y presencial también de muchos acontecimientos. El manuscrito de Donoso se conservaba inédito en poder de su nieto el señor don Manuel Larrea; ahora está publicado y corre impreso en los Anales de la Universidad de Quito.
Con el obispo Álvarez Cortés termina el siglo decimoctavo. Nosotros hemos tomado los datos biográficos que de este Obispo referimos en la narración del Libro de memorias de los varones ilustres del Sacro Monte de Granada, que se guarda inédito en el archivo de aquella célebre colegiata, y que a nosotros nos fue franqueado generosamente por el Abad que gobernaba la Comunidad de canónigos en 1886.
Roa, Memorias o Anales de Quito. Inédito. Este escritor termina la historia del año de 1799 con estas palabras relativas al ilustrísimo señor Cortés: «A tres de noviembre del mismo año de 1799, de dos a tres de la tarde, murió el sobredicho Obispo, sin dejar memoria alguna de cosa sobresaliente, sino la de su santa simplicidad».
Libro de actas del Cabildo eclesiástico de Quito (Libro vigésimo, Archivo del Cabildo metropolitano). Sirve casi solamente para fijar fechas; pues, por lo demás, no contiene cosa ninguna de verdadero interés histórico.
Cartas y Expedientes del Obispo de Quito vistos en el Consejo (Real Archivo de Indias en Sevilla). (N. del A.)
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Sobre el terremoto de Riobamba de 1797 se conservan extensos y prolijos memoriales remitidos de Quito al Consejo de Indias por el presidente don Luis Muñoz de Guzmán, y contienen noticias circunstanciadas de aquella espantosa catástrofe; encuéntrase también entre aquellos documentos la lista de todos los que fallecieron. El plano de los ríos contenidos, que acompañaba a los informes del presidente Muñoz de Guzmán, se halla ahora en el Archivo de la Real Academia de la Historia, entre los papeles de Muñoz (Volumen 91, de los grandes). De estos informes oficiales hemos tomado todas las noticias que damos en el texto (Cartas y Expedientes del Presidente de Quito vistos en el Consejo).
Hay un plano topográfico de la antigua ciudad de Riobamba, trabajado por don Pedro Nolasco Yépez, del cual poseemos una copia hecha en 1894. También conservamos una copia del mismo plano sacada en 1828.
Justificación hecha por la villa de San Pedro Apóstol de Riobamba en la provincia de Quito y reino del Perú, de sus calidades, circunstancias y otras cosas. Este documento se conserva original en el Real Archivo de Indias en Sevilla; fue presentado a Fernando sexto por don Pedro Maldonado, como procurador de Riobamba; el 17 de marzo de 1745, en Madrid, sustituyó Maldonado sus poderes de procurador en don Antonio Pérez. En la información declaran varios testigos, y entre ellos un don Diego Rodríguez de Rivas, Arcediano de Guatemala, el cual dijo que era nativo de Riobamba.
Expediente y Representación de Ambato (En el mismo Archivo), es del año de 1758.
La hacienda de don Baltasar Carriedo, llamada el obraje de San Ildefonso, estaba en el valle de Yataquí; murieron en ella más de ochenta personas; días después se veían algunos cadáveres nadando en un lago de lodo en el río de Patate. Hablando de esta hacienda de Carriedo, decía el presidente Muñoz de Guzmán en su informe al Gobierno español, que era: «Edificio, a la verdad, digno de un monarca, ya por su hermosa distribución, como por su soberbio menaje». Este don Baltasar Carriedo es el tan conocido en nuestra historia popular con el nombre de Mazorra, hombre avaro, injusto y cruel, cuya riqueza era mal adquirida, defraudando los jornales de peones y trabajadores, y cuya catástrofe se cita como un castigo ejemplar de la Providencia divina, para escarmiento de los que abusan de la fortuna. El número de los que fallecieron en el terremoto de Riobamba pasó de diez y seis mil, y a pesar de las listas de los muertos, creemos que se puede fijar en más de veinte mil el número de las víctimas. En Quero y en Tanicuchí se perdieron las fuentes de agua dulce; el sitio de Llimbi cerca de Quero se inflamó y despidió llamaradas; lo mismo sucedió en la llamada Moya de Pelileo. (N. del A.)
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Briseño, Estudios cronológico-históricos sobre Chile, Santiago, 1884.
Barros Arana, Historia general de Chile (Tomo séptimo, capítulo XXII).
En cuanto a los elogios tributados al presidente Muñoz de Guzmán por el doctor don Mariano Zambrano, cura de Colchagua, los tenemos por exagerados, y, como tales, por contrarios a la verdad; Muñoz de Guzmán no hizo nada en favor de Riobamba, y las disposiciones que dio y los informes que remitió a la Corte no fueron sino el cumplimiento de sus deberes, puesto por obra de una manera ordinaria, y nada más. Acción ninguna generosa, no la hubo. (N. del A.)
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Cartas y Expedientes del Presidente de Quito, Libro de títulos y reales cédulas (Colección de documentos oficiales citados ya muchas veces). Del presidente Carondelet se conserva un muy buen retrato, de cuerpo entero y de dimensiones naturales, en la Catedral de Quito; actualmente, 1894, está en la antesacristía de la iglesia. Fue mandado trabajar por los canónigos de Quito. (N. del A.)
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No consta con toda precisión el día en que se verificó la fundación de la nueva ciudad de Riobamba en la llanura de Tapi; se puede fijar el año, pero no el mes ni el día. El año fue el de 1799, último del siglo pasado. Sobre la fundación de la nueva Riobamba se deben consultar las Cartas y Expedientes de los dos presidentes de Quito, don Luis Muñoz de Guzmán y el Barón de Carondelet, que se conservan en el Real Archivo de Indias en Sevilla. Además, el Expediente formado en Quito y en la misma ciudad de Riobamba, en el cual constan las diligencias practicadas por Darquea, y el plano que éste dibujó para la nueva ciudad. Este expediente pertenece al Archivo de la Municipalidad de Riobamba y actualmente (1894) lo tenemos en nuestro poder. El plano trazado por Darquea es hermoso, y no podemos menos de deplorar que no se haya seguido para la construcción de la nueva Riobamba; nótase en el plano de Darquea la importancia que él daba a la plantación de árboles en los alrededores de la nueva ciudad.
Para la ciudad nueva obsequió don José Miguel Vallejo, abogado, una cruz de jaspe, en cuyo pedestal se grabaron las octavas siguientes:
El pedestal de la cruz tenía cuatro caras, y en cada una de ellas se esculpió una octava real; el mérito poético de éstas es ninguno, y las ponemos aquí solamente como una manifestación de las ideas y sentimientos de que los riobambeños hacían alarde en aquella época.
Riobamba está llamada a ser con el tiempo la ciudad más importante entre todas las del Ecuador; si algún día un ferrocarril llegara a unir a Riobamba con Guayaquil, ese día Riobamba comenzará a prosperar rápidamente. (N. del A.)
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Daremos aquí algunas indicaciones biográficas respecto de Darquea, el comisionado para elegir el punto en que, al fin, se edificó Riobamba. Darquea era casado con doña Tomasa Endara y Cruzat, natural de Cádiz; tuvo de ella dos hijos legítimos, ambos varones: Secundino, que fue el mayor, se casó en Madrid; Pedro, el segundo hijo, quedó también en Madrid con su madre, cuando Darquea vino desterrado a Quito. Don Bernardo Darquea era francés de nación, pues había nacido en Bañeras en el territorio de Francia, y su apellido era D'Arquea; estuvo empleado en la Contraloría del Palacio Real de Madrid; fue después Secretario de don Pablo Olavide en la superintendencia de las nuevas poblaciones de Sierra Morena. El 30 de abril de 1777, por la noche, fue puesto preso en las cárceles secretas de la Inquisición; tenía entonces 39 años de edad. Siguiósele un juicio largo; la Inquisición de Córdoba lo condenó como hereje formal, y por la de Madrid fue sentenciado a abjurar de vehementi, a ocho años de destierro y a seis meses de prisión en el convento de franciscanos de la Salceda; se le impuso como penitencia hacer confesión general, tener un mes de ejercicios espirituales, ayunar todos los viernes durante un año, rezar todos los días una parte del Rosario y leer media hora en la Guía de Pecadores de fray Luis de Granada. Se le probaron a Darquea las acusaciones siguientes: haber leído las obras de Voltaire, haber vertido proposiciones malsonantes y heréticas y haber puesto obstáculos a la jurisdicción del Santo Oficio en la causa seguida contra Olavide. En la sala del Tribunal de Madrid, Darquea fue sacado públicamente en traje de penitente, con sambenito de una aspa, el 5 de marzo de 1778 (Documentos relativos a la Inquisición de Madrid, en el Archivo Nacional de Simancas). Don Bernardo Darquea era católico sincero, y sus faltas contra la religión fueron efecto de la muy escasa instrucción que había recibido en su niñez en materias religiosas, y una consecuencia de su amistad íntima con don Pablo Olavide, quien no se recataba de entretenerse diciendo chistes obscenos y donaires impíos; Darquea cumplió estrictamente las penitencias que se le impusieron; desterrado de España, vino a Quito y mereció desempeñar en estas provincias algunos cargos de consideración. Darquea vino a Quito en compañía del presidente don José García y Pizarro, a quien le servía en calidad de Secretario. (N. del A.)
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Respecto de Vallejo haremos las indicaciones siguientes.
En 1787 tomó posesión del cargo de Gobernador de Cuenca; el 23 de agosto de aquel año prestó en Quito el juramento de estilo.
En 1793 fue suspendido en el ejercicio de su cargo para que se continuara el juicio por el asesinato de Zabala. Cédula de 3 de julio de 1792.
La causa por el asesinato de Zabala se mandó seguir por cédula de 8 de abril de 1791.
El 18 de agosto de 1793 se expidió una cédula, por la cual Vallejo fue restituido a su empleo; cuando esta cédula llegó a Quito, el presidente Muñoz de Guzmán la obedeció, pero no la cumplió; Vallejo se quejó al Consejo de Indias, y el 7 de junio de 1794 obtuvo que el Fiscal emitiera dictamen favorable a su demanda. Mientras Vallejo estuvo suspendido de la gobernación, desempeñó provisionalmente ese cargo don Víctor Salcedo y Somodevilla.
Vallejo se casó en Cuenca con doña Jacoba Polo, hija legítima de don Felipe Nieto Polo y de doña Ignacia Echegaray; los casó el doctor don Mariano José Toral y Abad, cura teniente de la Catedral, el 22 de julio de 1796; tuvo cinco hijos. La primera murió en tierna edad; del último quedó en cinta su esposa cuando murió Vallejo; los otros tres fueron José Miguel, Remigio y Manuela. La primera fue una niña llamada Magdalena de Pazzis. Vallejo murió el 22 de agosto de 1803.
El 27 de agosto de 1801 tomó posesión del gobierno de Cuenca don Ignacio Fortich, Teniente Coronel de ejército e inmediato sucesor de Vallejo; éste fue privado de su cargo por una real orden de 18 de noviembre de 1799; se le dejó el medio sueldo.
Don Juan Pérez Monte fue nombrado Gobernador interino de Cuenca por el virrey Mendinueta. Pérez Monte era Gobernador de la provincia de Mariquita en Colombia y tenía el grado de Teniente Coronel de infantería, pero no llegó a tomar posesión de su destino.
Juan Mariano Zabala, el asesinado por Vallejo, era un joven pobre, de 22 años de edad, hijo natural de don Juan Ignacio Zabala y de Josefa Alvarado, mujer soltera, la cual murió cuando su hijo tenía recién tres años. (Acerca de Vallejo hay documentos curiosos no sólo en el Real Archivo de Indias en Sevilla, sino también en el de Simancas, Secretaría de Guerra. De 1787 a 1800). (N. del A.)