141
En nuestro archivo particular poseemos dos mapas, en los cuales se halla trazada prolijamente la ruta que seguían los correos para poner en comunicación el virreinato del Perú con el virreinato del Nuevo Reino de Granada, conduciendo las valijas que llegaban a Cartagena con la correspondencia de la Corte; de esos mapas tomamos las indicaciones siguientes. De Cartagena el correo subía por el Magdalena hasta Honda; en Honda se dividía en dos direcciones: una subía a Bogotá y de Bogotá por Neiva y La Plata venía a Popayán; la otra salía de honda y, pasando por Mariquita, Ibagué, Cartago y Buga, llegaba a Popayán, donde recibía la correspondencia traída de Bogotá.
De Popayán seguía a Pasto y luego a Ibarra y a Quito; de esta ciudad continuaba por Latacunga, Ambato, Riobamba, Cuenca y Loja a Piura; de Piura bajaba al mar y pasaba a Sechura; de Sechura continuaba por tierra y, tocando en Marrope, Lambayeque, San Pedro, Trujillo, Santa, Guarmey, Pativilca, Barranca, Guaura y Chancay llegaba a Lima.
La vía marítima era de Cartagena a Nombre de Dios y de ahí a Portobelo; en Portobelo comenzaba la travesía del Istmo para salir a Panamá, y de Panamá a Guayaquil. (N. del A.)
142
Véase el informe que el presidente de Quito don Pío Montúfar, Marqués de Selva-alegre, presentó al Virrey de Bogotá. Se halla impreso en el tomo 28.º del Semanario erudito de Valladares; se reimprimió en el volumen undécimo de la Colección de libros raros que tratan de América, Madrid, 1894. Para noticias acerca de la fuerza armada durante la segunda mitad del siglo pasado, conviene acudir a la correspondencia oficial de los presidentes de Quito y de los virreyes de Bogotá con el Real Consejo de Indias. La primera compañía de soldados que se organizó en Quito constaba de sólo 21 hombres: 17 soldados rasos, un capitán, un teniente, un alférez y un sargento.
- Don Mariano Pérez de Ubillús, Capitán.
- Don Francisco Javier Arellano, Teniente.
- Don Esteban Silva, Alférez.
- José Paredes, Sargento.
Sueldo: cada soldado raso, diez pesos mensuales; el Teniente, el Alférez y el Sargento: quince; el Capitán no percibía sueldo alguno, era grado y cargo meramente honorífico. Cuando el año de 1740, con motivo de la presencia del vice-almirante inglés Anson en las aguas del Pacífico, fue necesario fortificar a Guayaquil mandando de la sierra algunos cuerpos de tropa improvisados, no se encontraron en Quito más que sesenta armas de fuego, y no de una misma clase todas, sino de distintas clases: escopetas de caza, carabinas cortas y hasta arcabuces viejos; y, para colectar este número de armas, se practicaron diligencias prolijas, pues el mismo Obispo, saliendo de casa en casa, hizo que los eclesiásticos dieran las armas viejas que hubiesen heredado de sus padres o abuelos. Lo más curioso del caso es el modo cómo se servían de los arcabuces; para cada arcabuz viejo se necesitaban dos hombres: mientras el uno sostenía el arma, el otro con una mecha encendida le aplicaba el fuego. Algunos de estos arcabuces se reducían al cañón amarrado con sogas a un palo. En Latacunga no se encontraron más que veinte armas de fuego; y en Guaranda solamente nueve. (N. del A.)
143
El primer censo, hecho en 1779, dio el resultado siguiente:
Territorios enumerados: Ibarra, Otavalo, Quito, Latacunga, Ambato, Riobamba y Guaranda.
- Habitantes: total de ellos: 305.589.
- Varones: 151.220.
- Mujeres: 154.369.
- De este número total eran: Blancos: 37.308.
- Indios: 105.859.
- Esclavos: 1.169.
- Libres: 5.754.
- Matrimonios: 70.498.
- Clérigos seculares: 246.
- Frailes: 1.011.
- Monjas: 308.
El censo de la provincia de Cuenca lo practicó con esmero Vallejo, y los documentos existían en el archivo de la gobernación de esa ciudad, donde los encontramos y estudiamos nosotros el año de 1882. (N. del A.)
144
En 1796 no había en Guayaquil más que una sola bomba, la cual fue costeada por los mismos comerciantes y algunos vecinos ricos. En ese año se pidió licencia para otras dos más; los fondos con que se compraron fueron éstos: desde 1757 el comercio pagaba medio real por cada pieza que entraba o salía embarcada y registrada en buques mercantes, lo cual daba unos tres mil pesos al año, que se empleaban en la conservación del edificio de la aduana; el ramo de sisa por cada res que se mataba en el rastro, producía 200 pesos al año, los cuales estaban destinados para comprar armas. Ambas cantidades fueron aplicadas a las primeras bombas.
Cada bombero mayor ganaba 50 pesos de renta por año.
De la primera bomba cuidaban los pulperos. La de la aduana se encargó a la cuadrilla de cargadores de la misma aduana.
La tercera se puso a cargo de los negros libres. Ya hemos dicho en el texto que el presidente don José García de León y Pizarro trabajó para que se hiciera venir a Guayaquil la primera bomba y ésta fue la que costearon los comerciantes. (N. del A.)
145
En 1772 don Pedro Tapia comenzó a trabajar la mina de Condorazo; don Pedro Gortaire, la de Macuchi en Tagualó; estas minas eran de plata. La de Condorazo fue examinada por el Barón de Nordenflicht. A fines del siglo pasado revivió la fama de las de oro en Zaruma. El presidente Món y Velarde formó una compañía para explotar las de oro, llamadas ahora de Cachaví; cada acción era de 500 pesos y se colectaron cincuenta y un mil; pero no se hizo nada, porque faltó lo principal, que fue una persona entendida en el laboreo de las minas. Pidiose un ingeniero a España y fue nombrado don José Ricaurte, el 3 de mayo de 1793; estaba éste preparando ya su viaje, cuando volcose el coche y se fracturó una pierna, a consecuencia de lo cual murió en Rueda, el 7 de mayo de 1795. Véase la Relación histórica política y moral de la ciudad de Cuenca, escrita por don Joaquín de Merizalde y Santistevan en 1765; se halla en el volumen undécimo de la Colección de libros raros que tratan de América, citado ya antes. Merizalde rectifica las noticias que en punto a minas había dado el presidente Montúfar en su informe; pero, respecto a la mina de plata de Sarapullo, advertiremos que en 1787 fue analizada por D'Elhuyar. El resultado fue el siguiente.
Enviáronsele a don Juan José D'Elhuyar tres muestras, extraídas de tres diversos sitios de la misma mina; y, después de analizarlos, dio el informe siguiente:
Primera muestra: mineral de cobre gris con matriz de cuarzo; contiene tres marcos dos onzas por quintal, y veinte libras de cobre.
Segunda muestra: mineral de cobre piritoso en la propia matriz de cuarzo; contiene dos onzas de plata por quintal, y diez y ocho libras de cobre.
Tercera muestra: mineral llamado Blenda; contiene zinc, no tiene nada de plata.
Analizó también muestras de las minas de plata de Malal en la provincia de Cañar y de Sayausí en la del Azuay.
Según el análisis practicado por el Barón de Nordenflicht, las minas de plata de Condorazo daban 89 marcos por un cajón de cincuenta quintales. En punto a minas, juzgamos que nuestro país no es tan rico como algunos piensan.
En las Noticias secretas de don Jorge Juan y de don Antonio de Ulloa se pueden ver también algunas noticias sobre minas, sobre la pesca de perlas en Santa Elena y sobre otros puntos relativos a las riquezas naturales del territorio ecuatoriano. Capítulo último de la obra, antes del Apéndice. (N. del A.)
146
La cédula real sobre construcción de cementerios fuera de poblado se expidió el 27 de marzo de 1789; los cementerios no se hicieron sino a principios de este siglo, en tiempo del obispo Álvarez Cortés y del presidente Carondelet. La causa del retardo en el cumplimiento de la real orden fue la escasez de recursos para construir cementerios. En las otras ciudades de la presidencia se construyeron poco a poco, a medida de los recursos de cada población. (N. del A.)
147
Libro de actas del Cabildo civil de Quito, correspondiente al año de 1800-1806. (N. del A.)
148
Los padres de don Pedro Maldonado fueron don Pedro Atanasio Maldonado Sotomayor y Angulo y doña María Isidora Palomino Flores y Villavicencio, avecindados ambos en la antigua ciudad de Riobamba; don Pedro Atanasio era español y Caballero del hábito de Alcántara. Don Pedro, su hijo, fue natural de Riobamba; en 1725 entró a Canelos, y en 1734 fue Alcalde ordinario de Riobamba; su esposa fue doña Josefa Guerrero y Ontañón.
El camino de herradura que abrió Maldonado tenía 46 leguas: 24 por tierra y 22 de navegación; se gastaron siete años en la apertura del camino; trabajaron 160 peones con sus respectivos mayordomos; cada peón ganaba dos reales y medio de jornal en las partes fáciles; en las difíciles hasta cuatro reales diarios; a todo peón además del jornal se le abonaba la comida y tabaco para fumar. El auto de la Audiencia se pronunció el 17 de noviembre de 1741, para dar por obra buena la apertura del camino; Maldonado tomó posesión de la gobernación de Esmeraldas el 16 de abril de 1738; en 1740 fue comisionado don José de Astorga para que examinara el camino abierto por Maldonado, y el informe que dio fue muy favorable; el diligente Astorga empleó siete meses enteros en recorrer la provincia, valiéndose de una carta geográfica, manuscrita que había trazado monsieur Bouguer, académico francés. Documentos relativos a la gobernación de Esmeraldas existentes en el Real Archivo de Indias en Sevilla (Audiencia de Quito, Secular, 1730-1760).
Añadiremos aquí algunas noticias más acerca de la provincia de Esmeraldas. La isla de Tumaco, que pertenecía a la provincia de Izcuandé, se agregó al nuevo gobierno de Esmeraldas por cédula de 23 de octubre de 1747.
El camino nuevo, que abrió Maldonado, comenzaba en Cotocollao, de ahí seguía a Nono; el embarcadero se estableció en el punto de la confluencia del río Caone con el río Blanco. Ahí Maldonado construyó tres casas y estableció un herrero con su familia.
Del embarcadero al mar había de bajada día y medio; y de subida cinco, seis y hasta nueve días; el viaje se hacía en canoa.
La ciudad de Esmeraldas, capital ahora de la provincia del mismo nombre, se estableció primitivamente en el punto de la confluencia del río Biche con el río Esmeraldas.
Según el censo que se hizo en tiempo de Maldonado, había en Esmeraldas unos dos mil habitantes; Tumaco tenía 300; La Tola, 215; San Mateo, 50 familias; Atacames, más de 40 familias; Canoa, 50 familias; Lachas, 20 habitantes; Cayapas, 60 familias; Intag, 30 familias; en Nanegal, Mindo, Canzacoto y sus anejos, 200 indios tributarios.
Los productos de la provincia de Esmeraldas eran: cacao, de mejor calidad que el de Guayaquil, plátanos, algodón, cocos, vainilla, achote, zarzaparrilla, añil, brea, cera blanca y cera amarilla, maderas, entre las cuales se distinguían las siguientes: bálsamo, amarillo, cedro, guayacán, guachapelí, cocobolo, roble, laurel, ébano, cascol, moral, negro, ceibo, higerón, colorado, matapalo, mangle, espino, canelo y maría.
Los antiguos embarcaderos estaban en el Caone y en el Silanchi; el camino nuevo se dirigía hacia el río Santiago, que desemboca en el mar.
Maldonado pidió a la Audiencia que le cedieran unos cañones o piezas de artillería, que se guardaban en la oficina de la Tesorería; esas piezas eran seis, y se fundieron en Quito en tiempo del presidente Munive, para enviarlos a Guayaquil, que se quería fortificar contra las invasiones de los piratas; pero, cuando las pidió Maldonado, nadie sabía en Quito cuyas eran; unos sospechaban que serían del Cabildo civil; otros aseguraban que habían de ser del Rey; las piezas fueron costeadas con fondos de particulares, y esto era lo que del todo se había olvidado en Quito. (N. del A.)
149
Maldonado no tuvo más que una hija llamada Juana, la cual se casó en 1750 con don Manuel Díez de la Peña, español, a quien se le concedió por cinco años el corregimiento de Ibarra, en compensación del derecho de la hija de Maldonado a la gobernación de Esmeraldas. Tanto el presidente Montúfar como el virrey Eslaba informaron contra la apertura del camino a Esmeraldas, sosteniendo que era peligroso, porque serviría para introducir contrabando con gran perjuicio para la Real Hacienda. He aquí las palabras del Virrey: «Siendo cierto que lo inculto y poco traficable de los caminos de esta América es su mayor resguardo». ¡Qué ideas en un tan elevado funcionario público!... El atraso de la colonia era para el virrey Eslaba la mejor garantía para la conservación del monopolio de la Metrópoli (Cartagena, 19 de julio de 1748, carta al Rey). A consecuencia de los informes que este mismo don Sebastián de Eslaba dio después en Madrid, se mandó recoger cuanta cédula favorable se hubiese expedido en vida de Maldonado, y aun se dispuso que Astorga fuera juzgado criminalmente como falsario. Esto fue el año de 1751. Don Manuel Díez de la Peña emprendió en Quito en la fabricación de loza, hizo algunos ensayos y al fin desistió por falta de dinero. Díez de la Peña tuvo tres hijos varones llamados Nicolás, José y Manuel respectivamente. (N. del A.)
150
Esto se escribía en 1894. (N. del E.)