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El mismo La Condamine habla de este juicio en su Introducción histórica o Diario del viaje; el expediente, estudiado con imparcialidad, no deja de inspirar algunas sospechas. Practicáronse estas informaciones en febrero de 1737, es decir apenas principió a gobernar el presidente Araujo; y de ellas se deduce lo siguiente. La Condamine se hospedó en el Colegio de los jesuitas de Quito; diéronle dos aposentos, uno para él, y otro para un criado francés que le acompañaba, y en estos aposentos tenía uno como almacén, donde vendía paño grama para capas, chupas de raso de seda bordadas de oro y de plata, medias de varias clases, géneros de seda para trajes de señora, galones de oro, gorros blancos, lienzos para sábanas, encajes, pañuelos, guantes, pañuelos de Holanda finísimos, pistolas, escopetas, estuches, botones, tijeras, cuchillos, agujas, alfileres, joyas de oro y de plata con piedras preciosas, y camisas de Holanda guarnecidas de encajes, por una docena de las cuales pedía 600 pesos. El mismo presidente Alsedo, los jesuitas y muchos individuos notables de la ciudad compraron cuanto quisieron; lo restante se puso a la venta en la tienda de un comerciante francés llamado monsieur Dablanc, que entonces vivía en Quito, y el que fijaba precio a las cosas era don Ramón Maldonado, hermano de don Pedro (Real Archivo de Indias en Sevilla, Secretaría del Perú, Audiencia de Quito, Secular. Cartas y expedientes del Presidente y de los Oidores: años de 1737 a 1739). Es el legajo sexto de esta sección. (N. del A.)

 

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La Condamine, Historia de las pirámides de Quito. (Es un opúsculo en francés). Nosotros nos apoyamos para nuestra narración en el testimonio de La Condamine y de Ulloa y, principalmente, en el Expediente original formado en la antigua Real Audiencia, el cual se guarda actualmente en el Archivo de Gobierno establecido en el palacio presidencial. El señor doctor Menten fue el primero que publicó varias piezas interesantísimas de este proceso, como la Representación de don Jorge Juan, y las de Godín, La Condamine y Bouguer. Este expediente se tenía por perdido. ¿Quién lo descubrió? El honor de haberlo encontrado corresponde a nuestro historiador Cevallos, quien lo halló en el Archivo de la Corte Suprema, y lo tuvo presente al escribir su Resumen de la Historia del Ecuador. Véase la nota de la página 243 del Tomo segundo de la expresada obra, dada a luz en Lima el año de 1870. (N. del A.)

 

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Copiaremos aquí a continuación la inscripción:

AUSPICIIS

PHILIPPI V. HISPANIAR. ET INDIAR. REGIS CATHOLICI.

PROMOVENTE REGIA SCIENTIAR. ACADEMIA PARIS.

FAVENTIBUS

EMIN. HERC. DE FLEURY, SACRAE ROM. ECCL. CARDINALI,

SUPREMO [EUROPA PLAUDENTE] GALLIAR. ADMINISTRO,

CELS. JOAN. FRED. PHELIPEAUX, COM. DE MAUREPAS,

REGI FR. A REBUS MARITIMIS, &C. OMNIGENAE ERUDITIONIS MOECENATE;

LUD. GODIN, PET. BOUGUER, CAR. MARIA DE LA CONDAMINE

EJUSDEM ACAD. SOCII ,

ffimi

LUD. XV. FRANCOR. REGIS CHRIST. JUSSU ET MUNIFICENTIA

IN PERUVIAM MISSI,

AD METIENDOS IN AEQUINOCTIALI PLAGA TERRESTRES GRADUS,

QUO VERA TELLURIS FIGURA CERTIUS INNOTESCERET:

(Affiftentibus, ex mandato Maj. Cath. Georgio Juan, & Antonio de Ulloa,

Navis bellicae vice-Praefectis);

SOLO AD PERTICAN LIBELLAMQUE EXPLORATO

IN HAC YARUQUEENSI PLANITIE,

DISTANTIAM HORIZONTALEM INTRA HUJUS ET ALTERIUS OBELISCI AXES

6272 HEXAPEDARUM PARISS. PEDUM 4; POLL. 7,

EX QUA ELICIETUR BASIS I TRIANGULI LATUS, OPERIS FUNDAMEN,

In Linea Quae Excurrit A BOREA OCCIDENTEM Versus Grad. 19. Min. 25
AB AUSTRO ORIENTEM

STATUERE.

ANN. CHRISTI M.DCCXXXVI. M. NOVEMBRI.

META AUSTRALIS.
BOREALIS.

Ésta es la inscripción que se grabó en las pirámides, y la misma que dio motivo a las disputas y litigios de los dos oficiales marinos españoles con los académicos franceses; pretendían los marinos españoles que se les defraudaba del mérito y de la gloria, que les cabía por su cooperación en los trabajos científicos de la Expedición, y reclamaban el honor debido al Gobierno y al Monarca de España. Sin duda ninguna, merecían ser nombrados en la inscripción, pero la manera como se hablaba de ellos era justa, verídica y exacta, y no tenían derecho para exigir que se trasmitiera a la posteridad una noticia falsa, aunque para ellos fuese más gloriosa. Un historiador imparcial no puede menos de deplorar estas tristes miserias, tan propias de la condición humana, aun en varones dignísimos de honra, como lo eran ciertamente los dos marinos españoles, cuya juventud es, a nuestro juicio, suficiente excusa de su procedimiento en el negocio de las pirámides de Yaruquí, y del texto de la inscripción que en ellas debía grabarse.

En el alegato o defensa, que ante la Real Cancillería de Quito presentó La Condamine, desvaneció completamente todos los argumentos y reparos aducidos por don Jorge Juan contra el texto de la inscripción; Godín redactó otra para cortar el pleito; y, por fin, después, el Gobierno español mandó componer una tercera, la cual no se puso nunca en las pirámides. La tercera inscripción puede verse en la obra de Ulloa. (N. del A.)

 

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Don Jorge Juan de Santacilia era Comendador de Aliaga y Caballero de la Orden de San Juan de Jerusalén; nació en Novelda en el Reino de Valencia, el 5 de enero de 1713; de regreso a Europa desempeñó cargos muy honoríficos y llegó a ser Jefe de escuadra; murió en 1773. Don Antonio de Ulloa, oriundo de una noble familia castellana, nació en Sevilla, el 12 de enero de 1716; cuando vino a Quito era Teniente de Navío; mereció destinos elevados en su carrera de marino y falleció en 1795. (N. del A.)

 

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Cartas y expedientes del Presidente y de los Oidores de Quito vistos en el Consejo, Años de 1737-1739, Secretaría del Perú, Secular, Audiencia de Quito, Legajo sexto. En el Archivo de Indias en Sevilla. (N. del A.)

 

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La Condamine, Carta a madama *** sobre el tumulto popular que se levantó en Cuenca contra los académicos, París, 1746. Un opúsculo en francés, con algunos extractos del sumario contra los autores del motín. Según nuestro juicio, el Alcalde de Cuenca no intentó matar a Seniergues, sino ponerlo preso. Un alcalde en aquel tiempo hacía lo que ahora no podría menos de hacer un comisario de policía: reducir a prisión a cualquiera individuo que perturbara el orden público. ¿Y si este individuo resistía a la autoridad? ¿Si en vez de entregarse en manos de ella, le hacía frente con armas? Pues, bien examinado el caso de Seniergues, y ateniéndonos únicamente a la relación de La Condamine, con el conocimiento de las leyes y costumbres de aquella época, se deduce, sin violencia, que no hubo propósito de matar al cirujano, sino de tomarlo preso; el Alcalde pidió para esto auxilio al pueblo, y la gente de Cuenca acudió a la plaza; Seniergues resistió con armas (una blanca y otra de fuego); a pedradas le hicieron soltar las armas, echó a correr; los del pueblo le siguieron, y con una pica le hirieron por atrás. Si hubiera habido resolución de matarlo, cuando estuvo caído en el suelo le habría dado estocadas cualquiera de los que le seguían. Las dos heridas fueron dadas sin intento de matarlo.

El tumulto contra los demás franceses se explica por él odio que le tenían a Seniergues. ¿Este odio sería gratuito? Las tempestades no se forman de repente en la atmósfera, ni los motines de los pueblos estallan sin causa. ¡Viva el Rey! ¡Abajo el mal Gobierno! ¡Mueran los gabachos!, gritaba el pueblo en Cuenca el día del tumulto. Esa frase abajo el mal Gobierno, seguramente no era dirigida contra la Audiencia sino contra el Corregidor.

Podría, tal vez, encontrarse cierta contradicción entre lo que decimos en esta nota y lo que referimos en el texto; pero, en verdad, no la hay; el Alcalde llamó al pueblo en auxilio de la justicia; antes de esta acción del Alcalde, ya muchos del pueblo le habían estimulado a que reprimiera los excesos de Seniergues. En este hecho lo censurable, lo punible, lo malo fueron las heridas que le dieron a Seniergues, cuando el cuitado del cirujano salió corriendo de la plaza.

Para la narración de estos hechos nos hemos fundado además en el Expediente sobre la mortuoria de Seniergues y en el Expediente criminal instruido contra los autores de la muerte y los cómplices de ella. Consta por estos documentos, que el cirujano de la Expedición francesa era hombre orgulloso y de carácter violento; se hizo aborrecible en Cuenca, porque, abusando de la miserable condescendencia del Corregidor, cometió tropelías que se dejaron impunes; una de ellas fue la de haber hecho prender a un mozo blanco; y, en vez de entregarlo en manos de la justicia para que pesquisara el delito de hurto de que lo acusaba, lo mandó llevar a la casa en que vivía hospedado, y allí lo hizo amarrar, desnudar y azotar por manos de dos esclavos negros que tenía a su servicio. ¿Qué hizo entonces el Corregidor? Entregó el joven en manos de Seniergues; y cuando éste sació en aquel desgraciado su venganza, el Corregidor lo hizo conducir de nuevo a la cárcel, yendo tras él y de cuando en cuando punzándole las espaldas con la punta del bastón; este hecho indignó a la sufrida población de Cuenca. También Seniergues se hizo cortar el pelo a manera de cerquillo de fraile, rasgo que da a conocer el carácter del cirujano y sus nada oportunas ocurrencias. La Condamine, aunque disculpó estos hechos, no se atrevió a negarlos.

He aquí los nombres y los apellidos de los principales personajes que intervinieron en el alzamiento de Cuenca contra Seniergues.

El Corregidor era don Matías Dávila y Orduña, español; consta que era deudor de Seniergues, a quien había comprado algunas botijas de vino.

El Alcalde ordinario era el capitán don Sebastián Serrano, vecino de Cuenca, casado en la misma ciudad y padre de una familia numerosa.

Don Nicolás Neira, Capitán, amigo de Seniergues y después uno de los principales cabecillas del levantamiento.

Diego León, joven, natural de Cuenca, émulo de Seniergues en la cuestión de la Quesada; Diego León y Román tuvo pocos días antes un desafío con el francés, a consecuencia de que una negra esclava del primero insultó a la Quesada.

Manuel Velasco, hombre del pueblo, conocido por el apodo de el Allcurrucu, o perro viejo, fue quien le dio a Seniergues la pedrada en la mano. No consta de una manera segura quién fue el que le metió la estocada.

Seniergues se llamaba Juan, y era natural de Bonneville, aunque no hemos logrado descubrir cuál de los lugares que llevan ese nombre en Francia era el en que nació Seniergues. Parece que éste tenía en Cuenca negocios mercantiles de contrabando, según se deduce de su testamento.

Debemos a la generosidad del Excelentísimo Señor Presidente de la República, doctor don Luis Cordero, una copia de los dos Expedientes, cuyos originales se guardan en Cuenca, el uno en la Biblioteca pública, y el otro en una de las Escribanías de la ciudad. Sea éste el lugar en que dejemos consignada una palabra de reconocimiento al ilustrado Jefe del Estado y a su digno Ministro de Instrucción Pública, el señor don Roberto Espinosa; apenas manifestamos nuestro deseo de que se nos permitiera estudiar esos documentos, cuando el excelentísimo señor Cordero mandó que se sacara de ellos una copia autorizada, la cual nos fue obsequiada a nombre del Supremo Gobierno. Otro literato cuencano, el señor doctor don Manuel Coronel, fue quien descubrió estos Expedientes; y a su bondad le somos deudores del cuidado con que han sido hechas las copias. Por desgracia, ninguno de los dos Expedientes se encuentra completo; pero, con todo, los fragmentos que todavía se conservan bastan para justificar lo que en el texto de la narración hemos aseverado, a saber, que no hubo propósito deliberado de matar a Seniergues, y que el levantamiento de Cuenca contra los académicos no habría sucedido si la colonia en aquella época hubiera estado bien gobernada. (N. del A.)

 

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Viaje de Jorge Anson alrededor del mundo, (Historia general de los viajes, Tomo decimoctavo de la traducción castellana de la colección del abate Prevost). (N. del A.)

 

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José Jussieu fue hermano de los dos renombrados naturalistas Bernardo y Antonio; nació en Lyon en 1704; regresó a Francia en 1771, y ocho años después murió en París, el 11 de abril de 1779. (N. del A.)

 

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Michaud, Biografía universal. (En el artículo relativo a madama Godín ha recopilado cuantos datos seguros hay sobre estos sucesos).

Nuestro querido amigo, el señor doctor don Manuel María Pólit, publicó un artículo acerca de madama Godín y su novelesco viaje en la Revista de la Escuela de Literatura (Tomo primero, Número 2.º), periódico que varios jóvenes ecuatorianos editaban en Quito el año de 1886. En ese mismo artículo se dio a luz la siguiente partida de matrimonio, sacada de los libros parroquiales de la capilla del Sagrario por el señor doctor don Pablo Herrera. «En 29 de diciembre de 1741, casó en Quito monsieur Juan Godín con doña Isabel Grandmaison. Fueron sus padrinos el doctor don Pedro Fernández Salvador y doña Dionisia Donoso. testigos, don Tomás Fernández Salvador, don Luis Fernández Salvador, don Francisco de Ante y Mendoza, don Carlos María de La Condamine, don José Jussieu y don Juan José Verguín. Presenció el matrimonio, con licencia del párroco don Sancho de Segura, el reverendo padre fray Domingo Terol, Rector del Colegio de San Fernando». (N. del A.)

 

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La noticia de la suspensión del presidente Araujo se supo de la manera siguiente. La comisión vino dirigida al oidor don Pedro Martínez de Arízala, el cual estaba de novicio en el convento de los franciscanos en Pomasqui; aunque el pliego venía cerrado y sellado con el sello del Real Consejo de Indias, lo abrió primero el padre maestro de novicios y se impuso de todo su contenido, y luego lo comunicó a Araujo, con quien tenía relaciones de parentesco; la noticia no tardó en divulgarse por todas partes. Esto sucedía en Quito a mediados del año 1739. (N. del A.)

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