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El expediente relativo a la pesquisa de los delitos e infracciones de que fue acusado el presidente Araujo se halla en el Real Archivo de Indias en Sevilla, y consta de dos cuerpos: el uno manuscrito, y el otro impreso. El manuscrito contiene las denuncias, las quejas y las acusaciones; las cédulas reales, órdenes e instrucciones expedidas por el Gobierno para la pesquisa; las declaraciones de los testigos y acusadores y los autos dictados por el juez de la comisión. El impreso es un volumen grueso, en folio mayor, y en él se halla la defensa de Araujo, sus alegatos y sus pruebas.
El oidor Rubio de Arévalo desterró a Araujo de Quito fuera de los términos de la Audiencia, dándole por lugar de confinio la Plata al Norte, o Tumbez al Sur; Araujo escogió Tumbez, y de ahí se vino a Patate, donde se mantuvo retirado hasta que pasó a España. Como el Consejo ordenó que en el término preciso de tres meses había de concluir el juicio, Araujo esperó tres meses cinco días. El oidor Rubio de Arévalo dice, en una comunicación escrita al Gobierno: que Araujo le quiso comprar y sobornar ofreciéndole, por medio de un jesuita muy autorizado, mil doblones, los cuales Arévalo rechazó y no quiso admitir. La calumnia del Oidor era alusiva al padre Brentano (Real Archivo de Indias en Sevilla, Escribanías de Cámara, Comisiones, Legajos 914 y 915). Entre los testigos que declararon contra el presidente Araujo, estaban don Ignacio Cabueñas y don Francisco Martínez; el primero gozaba de la fama de mentiroso, y era muy conocida su manía de esparcir noticias falsas, y fingir cartas supuestas, de modo que en Quito, para dar a entender que una cosa era falsa, se decía noticia de Cabueñas. El segundo, como vivía públicamente amancebado con una mujerzuela, a quien llamaban la priorita, era conocido con el apodo de don Pacho pecador. (N. del A.)
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Quien deseare leer una copia auténtica de la sentencia pronunciada en favor del presidente Araujo, la hallará en el volumen de cédulas reales y títulos desde el año de 1743 hasta el de 1752, en el Archivo de la Tesorería Nacional. El 26 de diciembre de 1736 llegó Araujo en Quito, y el 31, es decir cinco días después, ya elevó Alsedo las quejas y las denuncias contra él; esto prueba la pasión con que procedía. Hállase también otra copia en la colección de Actas del Cabildo civil de Quito, volumen correspondiente al año de 1748 (Archivo de la Municipalidad de Quito). Pondremos aquí algunos de los principales puntos de esta sentencia. Vistos por los señores del Consejo en Sala de justicia los autos de la pesquisa formados contra don José de Araujo y Río, Presidente de la Audiencia de Quito, Gobernador y Capitán General en dicha ciudad y su provincia, en virtud de especial cédula despachada en veintidós de abril de mil setecientos cuarenta y dos... y teniendo presentes todos los antecedentes. Fallaron, atento a los autos y méritos del proceso, que debían de absolver y absolvían y dieron por libre al referido don José de Araujo de los veinte llamados cargos que, con irregularidad de derecho, se le hicieron; y en su consecuencia mandaron se levanten cualesquier embargos que por esta causa se le hayan hecho, y chancelen las fianzas que haya dado; y le declararon por buen ministro, íntegro, celoso y observante de las leyes, órdenes y cédulas de Su Majestad, y que como tal debía ser restituido inmediatamente a sus empleos de Presidente de la expresada Audiencia y de Gobernador y Capitán General de aquella provincia, para que le sirva con los honores y exenciones concedidas a dicho empleo por el tiempo que le faltaba para cumplir los ocho años, porque Su Majestad se le concedió. Y asimismo declararon por temeraria, falsa, injusta y calumniosa la capitulación que en carta de ocho de marzo de 1737 hicieron los referidos siete regidores, por cuya razón dijeron los debían condenar y condenaron, y en su defecto a sus fiadores, en los doce mil pesos con que afianzaron de calumnia su delación... Y en consideración a lo que resulta de autos contra el Marqués de Maenza, testigo de esta pesquisa, le condenaron en dos años de destierro, treinta leguas de dicha ciudad de Quito, a voluntad del Consejo, y en mil pesos de multa con la misma aplicación que los antecedentes, apercibiéndole que de mezclarse en adelante en coligaciones y parcialidades se tomará otra mayor providencia, &. &. El juicio contra Araujo principió por orden de Felipe quinto, y fue sentenciado al cabo de seis años por Fernando sexto. El padre Carlos Brentano, Provincial de los jesuitas, escribió al rey don Felipe quinto, en defensa del presidente Araujo, una carta, en la cual se leen los párrafos siguientes: Señor: Habiendo servido la presidencia de esta Real Audiencia don José de Araujo y Río, y arreglado sus operaciones a lo que juzgó ser justo por el bien de la República, y esmerádose en utilidad y alivio de los indios; se me hace preciso poner en la alta comprehensión de Vuestra Majestad esta noticia, y el común sentimiento que ha causado en la ciudad, viéndolo padecer por tan dilatado tiempo, lo que ha sufrido con ejemplar resignación. Y, pues Dios así lo ha permitido, espero de su misericordia que hará manifestar la verdad en el supremo tribunal de Vuestra Majestad, donde el afligido halla consuelo, para que con su gran piedad le recompense sus trabajos y premie su mérito. Nuestro Señor guarde la Católica Real Persona de Vuestra Majestad los muchos años que la cristiandad ha menester.- Quito y junio 17 de 1745. Carlos Brentano. También el Cabildo civil de Lima escribió al Rey, el 26 de noviembre de 1745, una carta en defensa del mismo calumniado Araujo. (N. del A.)
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Cédula real fechada en Buenretiro el 6 de abril de 1748 (Cedulario de la Corte Suprema, Tomo 7.º de 1740 a 1750). Hay también otra cédula relativa a las denuncias de Alsedo contra el presidente Araujo, fechada en Buenretiro el 31 de diciembre de 1738, y en ella manda Felipe quinto que Alsedo pague la multa de 200 doblones, porque, siendo él quien debiera haber impedido la introducción del contrabando llevado por Araujo, no lo había impedido (Cedulario de la misma Corte Suprema, Tomo 6.º). (N. del A.)
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El convento de las Nazarenas de Lima, en el que vistió el hábito de carmelita y profesó doña María Rosa Larrea, viuda del presidente Araujo, fue fundado por una señora nativa de Guayaquil, reputada como insigne sierva de Dios. Fue ésta doña Antonia Maldonado y Mendoza; nació en Guayaquil el doce de junio de 1646; sus padres fueron don Antonio Maldonado y Mendoza y doña María Verdugo y Gaitán, vecinos de la misma ciudad. Véase la curiosa obrita titulada Relación del origen y fundación del monasterio del Señor San Joaquín de religiosas nazarenas carmelitas descalzas de Lima (Lima, 1793). La autora de este libro fue una de las primeras monjas del convento, discípula de la fundadora, la cual en el claustro se llamó la madre Antonia Lucía del Espíritu Santo. En cuanto al fiscal Balparda, falleció en Quito, y su viuda doña María Leonor de Alsedo se trasladó a Panamá, donde estaba entonces su padre ejerciendo el cargo de Presidente de la Audiencia del Istmo. (N. del A.)
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Cedulario de la antigua Real Audiencia, Vol. 6.º 1721-1739. Cuando esta cédula llegó a Quito, el presidente Araujo estaba ausente de esta ciudad, en Guaranda, a donde había ido para asegurar los caudales del Rey; el 27 de agosto de 1740, estando de regreso en Quito, dio cumplimiento a la cédula, según consta del Cedulario de los presidentes, Volumen de cédulas del presidente Araujo (Archivo del Ministerio de Gobierno. Hállanse coleccionadas en un solo volumen todas las cédulas reales recibidas y ejecutadas por el presidente Araujo). (N. del A.)
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Groot, Historia eclesiástica y civil de Nueva Granada (Tomo segundo, Capítulo 24). Don Sebastián de Eslaba era Teniente General de los reales ejércitos, Comendador de Calatrava y Gentilhombre del Rey. Es el segundo Virrey de Bogotá o el tercero, si se cuenta a Pedrosa en el número de los virreyes; unos sostienen que Pedrosa no fue propiamente Virrey, sino organizador del virreinato restablecido. Sin embargo, hay alguna oscuridad en este punto, por los documentos contradictorios que se encuentran; tal vez cédula de nombramiento de Virrey para Pedrosa no se hallará, pero sí varios documentos públicos, en los cuales aquí, en las ciudades del virreinato, se le daba el título de Virrey. De este modo nos ha parecido indispensable aclarar lo que respecto al número y a la serie de los virreyes de Bogotá dijimos anteriormente. (N. del A.)
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Azcaray, Serie cronológica de los Presidentes de la Real Audiencia de Quito. Una copia auténtica del título de Presidente, expedido a Sánchez de Orellana, se halla en el Libro de copias de títulos y cédulas reales perteneciente a la antigua oficina de las Cajas Reales, Volumen de 1752-1768. Ahora se guardan estos volúmenes en el Archivo de la Tesorería Nacional. Los documentos relativos a la familia Sánchez de Orellana se encuentran en el Real Archivo de Indias en Sevilla, entre la Colección de Cartas y Expedientes de personas seculares de la Audiencia de Quito, Secretaría del Perú, Secular. El lugar del nacimiento del segundo Marqués de Solanda consta de una declaración dada por él mismo en el Expediente sobre la causa de beatificación de Mariana de Jesús (Archivo de la Notaría eclesiástica en la Curia metropolitana). (N. del A.)
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Tomamos esta noticia de un documento contemporáneo que es una especie de Anales de Quito, que comienzan el año de 1740. Su autor, según se nos ha informado, fue un individuo curioso en apuntar noticias y verídico en lo que escribía. (N. del A.)
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Libro de actas del Cabildo eclesiástico de Quito, Volumen de 1723-1753 (Archivo del Cabildo metropolitano). Milanesio, Oración fúnebre predicada en las honras que celebró el convento de carmelitas llamadas de Latacunga al corazón del ilustrísimo y reverendísimo señor don Andrés de Paredes, Obispo de Quito, Sevilla, Año de 1753. La familia del ilustrísimo señor Paredes parece que tenía deudo con la de la Bienaventurada Mariana de Jesús, cuyos apellidos eran Flores y Paredes. Cartas y expedientes de los Gobernadores. De 1701-1756 (Archivo de Indias en Sevilla, Audiencia de Quito, Secular, Secretaría del Perú). Memoriales, nominaciones, propuestas de obispados y otras piezas eclesiásticas de la Catedral de Quito (En el mismo Archivo). El Marqués de Villagarcía, Virrey del Perú, escribiendo al Consejo de Indias, decía del obispo Paredes: El reverendo Obispo de Quito, doctor don Andrés de Paredes, sobre muy sobresalientes prendas de virtud, suficiencia teológica y moral, singular facundia y elocuencia en el púlpito, ha hecho distinguir mucho su caritativa piedad en cuanto al socorro de los pobres, consumiendo sus rentas en continuadas limosnas, y atendiendo a facilitarles los demás auxilios que necesitan. Esto escribía en 1739, proponiendo en segundo lugar al señor Paredes para Arzobispo de Lima, después de la muerte del señor Escandón; más tarde volvía a informar que el ilustrísimo señor Paredes, con muy constante y continuada aplicación procuraba ajustarse a las leyes de su sagrado ministerio, dando ejemplos de muy encendida y piadosa caridad, Lima, 27 de enero de 1745. (N. del A.)
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Libro de actas del Cabildo eclesiástico, Volumen de 1723-1753 (Archivo del Cabildo metropolitano). Pastrana tenía amigos y favorecedores entre los mismos canónigos de Quito. Era éste un comerciante que estaba en peligro de quebrar en 1740; después quebró efectivamente. La cédula de reposición se expidió en 11 de diciembre de 1742; la que revocó ésta fue despachada en Buenretiro el 11 de abril de 1746. Véase el Cedulario de la Audiencia, Volumen 7.º y el de los Obispos de Quito, Volumen 2.º (Archivo de la Corte Suprema, Archivo de la Curia eclesiástica). Pastrana era hombre tan desvergonzado en negociar con las rentas eclesiásticas, que aun las mesadas del Hospital las pagaba en géneros de su tienda de comercio, dando a 20 pesos lo que no valía ni cinco; lo mismo hacía con los canónigos que no eran amigos de él. Al Obispo nunca le daba su mesada completa, y después lo recusó en el juicio de cuentas, alegando que el ilustrísimo señor Paredes era su enemigo, cosa que sorprendió por lo atrevida en el Consejo de Indias. (N. del A.)