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51

Documentos sobre la fundación del convento de carmelitas descalzas de Latacunga (Archivo del mismo monasterio). El convento se fundó en tiempo del señor obispo Montenegro, quien ayudó al efecto con 20 mil pesos; la iglesia se principió a edificar bajo los auspicios del señor Romero, y la terminó el señor Paredes. (N. del A.)

 

52

A don Pedro de Zumárraga dedicó el padre Jacinto Morán de Butrón el libro de la Vida de Mariana de Jesús, el año de 1721. Este Deán donó a la Catedral los cuatro enormes candeleros de plata que existieron hasta hace como 20 años; también él mismo fue quien mandó trabajar la estatua de Santa Rosa de Lima y la de Nuestra Señora de los Dolores, una de las más preciosas que hay actualmente en la Catedral. Débesele además la fundación del altar y el establecimiento del culto a los Dolores de la Santísima Virgen. (N. del A.)

 

53

Libro de actas del Cabildo eclesiástico, Volumen de 1723-1753 (Archivo del Cabildo metropolitano). (N. del A.)

 

54

Libro de actas del Cabildo civil de Quito, Volumen de 1747. Relación de los funerales de Felipe quinto y de las fiestas y ceremonias de la jura de Fernando sexto. (N. del A.)

 

55

Cartas y expedientes de los Cabildos seculares (Archivo de Indias en Sevilla). (N. del A.)

 

56

Azcaray, Serie cronológica de los Obispos de Quito.

Odriozola, Documentos literarios del Perú (Tomo cuarto, Relación y serie de los Obispos de Quito. El autor de esta relación es anónimo; pero, sin duda ninguna, fue contemporáneo del señor Nieto Polo).

Memoriales, provisiones de obispados y otras piezas eclesiásticas relativas a la Catedral de Quito. (Ésta es una colección de documentos oficiales que comprende más de medio siglo, y se halla en el Archivo de Indias en Sevilla). Groot parece haber ignorado que el obispo Polo era natural de Popayán, pues lo hace equivocadamente canónigo de Quito, y no menciona el lugar de su nacimiento. (N. del A.)

 

57

Expediente sobre la visita de Cuenca, que practicó don Pedro Martínez de Arízala. 1737-1751 (Archivo de Indias en Sevilla, Secretaría del Perú, Secular, Audiencia de Quito).

Compte, Varones ilustres de la Orden seráfica en el Ecuador, Tomo segundo (página 128). (N. del A.)

 

58

El padre Alácano fue declarado excomulgado nominatim o vitando; decían el padre Montenegro y el padre Ibáñez Cuevas, que el padre Alácano era excomulgado a jure, y así lo declaró también el señor obispo Nieto Polo; pero el padre Alácano sostenía que ni el Comisario tenía jurisdicción sobre los franciscanos de Quito, ni el Visitador autoridad alguna legítima, y, por esto, no quiso pedir la absolución de la excomunión, alegando que no había incurrido en ella. Murió el 22 de octubre de 1750 en el pueblo de Chillogallo, después de haberse confesado con otro fraile franciscano. No obstante, el Obispo declaró por excomulgados a los que al cadáver del padre dieron sepultura sagrada. El ilustrísimo señor Polo estaba en Ibarra. Éste es un asunto oscuro, y no podemos formar acerca de él un juicio exacto por falta de los documentos suficientes para ello (Autos sobre las providencias que se tomaron para retirar de esta ciudad al reverendo padre fray Bartolomé Alácano, &., 1750. En el Archivo de la Notaría eclesiástica en la Curia metropolitana). Advertiremos que en la narración no hemos seguido rigurosamente el orden del tiempo en los varios lances de este suceso. (N. del A.)

 

59

Expediente de los religiosos de San Francisco sobre los alborotos acaecidos en la ciudad de Quito. Años de 1738 a 1749. Consta de dos legajos (Archivo de Indias en Sevilla).

El padre fray Bartolomé Alácano de Gamboa era español y había sido dos veces Provincial. El padre Compte no conocía bien, indudablemente, la historia de la provincia franciscana de Quito, cuando, por rectificar un hecho recordado por el señor doctor don Pablo Herrera en su Ensayo histórico sobre la literatura ecuatoriana, confunde las cosas, aduciendo documentos que no vienen al caso. En efecto, el padre Alácano tuvo dos cuestiones: la primera el año de 1716, y la segunda el año de 1747. La primera cuestión no tiene nada que ver con una Historia general del Ecuador, pues fue cuestión meramente doméstica entre los frailes, y se redujo a que entre el padre Alácano y el padre Juan del Rosario disputaron sobre la validez de la elección de Definidor, pretendiendo cada cual poseer aquel cargo legítimamente. En esta ocasión persiguió al padre Alácano el padre comisario fray Juan Cuadros, y lo excomulgó; elevado el asunto al Comisario General de Indias, pronunció éste la sentencia, que copia el padre Compte (en la página 58 del Tomo segundo de su obra). En virtud de la sentencia del Comisario general, el padre Alácano fue absuelto y declarado libre de los cargos que se habían hecho contra él.

La segunda cuestión es la que hemos referido en el texto, y de ésta y no de la primera habla el señor doctor Herrera en el citado opúsculo. Gustosos concedemos que el padre Compte ignoraba la historia de su Orden en el Ecuador, pues no es posible que, conociéndola bien, haya caído en tan groseras equivocaciones.

Una palabra más. El padre Compte pone, y con justicia, al padre fray José Morrón entre los varones ilustres de la Orden franciscana en el Ecuador. ¿Conoció los sucesos del padre Ibáñez Cuevas, a cuyas manos pereció el padre Morrón?... Si los conoció, ¿por qué ese tan absoluto silencio sobre hechos tan públicos y notorios? ¿Los ignoró?... En el artículo que el padre Compte consagra a fray Bartolomé Alácano dice que «Éste fue el blanco contra quien se asestaron, más de una vez, los tiros de lo que quiso llamarse justicia». ¿Sería justa la persecución contra el padre Morrón? Séanos lícito hacerle al padre Compte el honor de creer que ignoró mucho de lo relativo a la historia de su Orden en el Ecuador, pues no nos atrevemos a sospechar siquiera que haya sacrificado a sabiendas la verdad. ¿Qué sería entonces de su buena fe?... Esa expresión de más de una vez, puesta ahí, como al descuido, ¿nos dará fundamento para pensar que el padre Compte supo muy bien los hechos del padre Ibáñez Cuevas?... Fray Bartolomé de Alácano no fue excomulgado más que dos veces: una por el comisario Cuadros y otra por el comisario Ibáñez Cuevas, y ambas injustamente, según se deduce así de la sentencia que copia el padre Compte, como de la resolución del Real Consejo de Indias. ¿Cómo podremos explicar este silencio en un historiador?

Parece necesario hacer también al libro del reverendo padre Compte otra rectificación. Dice el reverendo padre Compte que en 1739 era Presidente de la Audiencia de Quito el señor don Jacinto Sánchez de Orellana, Marqués de Villa-Orellana... No, Reverendo Padre. En 1739 era Presidente don José de Araujo y Río; en 1739 todavía no se había fundado con todas las formalidades el Marquesado de Villa-Orellana; el presidente Sánchez de Orellana no se llamaba Jacinto, sino Fernando Félix; éste no fue Marqués de Villa-Orellana sino de Solanda; en 1739 era muy joven y no heredó el marquesado, sino cuando era ya Deán de la Catedral de Quito.

En cuanto a la resolución del obispo Nieto Polo, que citamos en la nota anterior, es claro que estaba fundada en el supuesto de que tanto el Comisario como el Visitador eran superiores legítimos, con autoridad canónica competente; así se deduce del informe que precede al auto del Obispo. Sobre el estado de las comunidades religiosas en el Perú y sobre los escándalos que causaban de ordinario los comisarios franciscanos y los vicarios de la Merced, puede verse la Carta que con fecha del 20 de diciembre de 1730 escribía desde el Callao al Consejo de Indias el Virrey Marqués de Castell-fuerte (Cartas y Expedientes del Virrey de Lima, Archivo de Indias en Sevilla). (N. del A.)

 

60

Cédula de Buenretiro, del 14 de julio de 1751, dirigida al obispo Nieto Polo. Cédula de Aranjuez, del 30 de mayo de 1753, dirigida al Presidente. Otra de la misma fecha, dirigida al Obispo. Cédula de Aranjuez, del 11 de junio de 1753 (Cedulario de los Obispos de Quito, Volumen 4.º, Archivo de la Curia metropolitana). (N. del A.)

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