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En Quito en la iglesia tenían establecidas los jesuitas ocho congregaciones piadosas, en Latacunga tres, en Ibarra y en Loja una, y en Cuenca las de Nuestra Señora de los Dolores, San Francisco Javier, Nuestra Señora de Loreto y Santa Rosalía. (N. del A.)
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Daremos aquí una lista o nómina de las haciendas que poseían los jesuitas al tiempo de la expulsión; esta lista no es completa, sino hecha a la ligera.
Provincia de Imbabura.- 1.ª La Concepción con la Loma-gorda y San Judas.- 2.ª Santa Lucía con el Chamanal; esta hacienda principiaba en la quebrada de Santiago.- 3.ª Tumbaviro.- 4.ª Cotacache con la Calera.- 5.ª La Laguna con Agualongo.- 6.ª Cunchi con Chimabí y el pueblecito de Chapi.- 7.ª Carpuela con Chalguayaco y Caldera.- 8.ª Santiago.- 9.ª Cuajara.- 10.ª Pisquer.- 11.ª Chorlaví.- 12.ª Lulunquí.
Provincia de Pichincha.- 13.ª Cayambi.- 14.ª Chillo, con obraje, mil quinientos dependientes, batán, dos molinos, tenería y tahona de aceite.- 15.ª Pinllocoto, en el mismo valle de Chillo; esta hacienda daba por término medio cada año siete mil sacos de maíz.- 16.ª Loreto, en el mismo valle de Chillo.- 17.ª Don Pedro, también en Chillo.- 18.ª El Salto, en el mismo Chillo.- 19.ª Pasochoa.- 20.ª El Pedregal y Vallevicioso; esta hacienda principiaba en las cabeceras de Sangolquí y no tenía, por el Oriente, más límites que las selvas trasandinas; había en ella 8.000 vacas, 20.000 ovejas y se recogían mil arrobas de lana por año, y de sólo la venta de quesos redituaba doscientos pesos por semana.- 21.ª Sacha, con cien mil caballerías de tierra.- 22.ª Ichubamba.- 23.ª Yúrac Compañía.- 24.ª Yánac Compañía.- 25.ª Saguanche.- 26.ª Lloa.- 27.ª Yaruquí.- 28.ª Guachala o Cangagua.- 29.ª Chaquibamba.- 30.ª Tanlagua.- 31.ª Guatos.- 32.ª Conrogal.- 33.ª Nieblí, Pinguilla con Irubí.- 34.ª La cuadra de Panecillo, con dos molinos, el uno de los cuales es el que hasta ahora existe en la quebrada de Jerusalén, casi en frente de la Capilla del Robo.- 35.ª El obraje de Yaruquí. En cuanto a productos, Guachalá rendía mil arrobas de lana, Tanlagua ocho mil sacos de maíz, y Conrogal ochocientos pesos mensuales de sola la venta de aguardiente.
Provincia de León.- 36.ª Cotopilaló.- 37.ª Isinliví.- 38.ª Collas.- 39.ª Tiobamba.- 40.ª Guanaylín.- 41.ª Tontapí.- 42.ª Nagsiche.- 43.ª Tigua.- 44.ª Una cuadra casi dentro de la misma ciudad de Latacunga.
Provincia de Tunguragua.- 45.ª Miraflores.- 46.ª Sabañac.- 47.ª Guaslán.- 48.ª Hipolongo.- 49.ª Chiquicha.- 50.ª Pitula, en el valle de Patate; esta hacienda constaba de otras cinco menores.- 51.ª San Javier, en el mismo valle de Patate; medía tres cuartos de legua de plantíos de caña de azúcar.- 52.ª Guambaló.- 53.ª Cusubamba.- 54.ª Caguají.
Provincia del Chimborazo.- 55.ª Cicalpa.- 56.ª Macají.- 57.ª San Javier.- 58.ª Leito.
Provincia de Cuenca.- 59.ª San Javier.- 60.ª San Pedro.- 61.ª Tortapali.- 62.ª Portete.- 63.ª Gullanschapa.- 64.ª Machángara.- 65.ª Racar.- 66.ª Guarangos.- 67.ª Gualdeleg.
Provincia de Guayaquil.- 68.ª San Javier, que era de cacao. (Por el diezmo de esta sola hacienda se pagaron 197 cargas de cacao el año de 1768).- 69.ª El Palmar, hacienda de cría de ganado. (Por diezmo, en el año de 1768 pagó esta hacienda 125 reses vacunas y cinco cabezas de caballunas).- 70.ª Chilintomo, huerta de cacao.- 71.ª Guare.- 72.ª Una huerta pequeña de cacao cerca de Babahoyo.- 73.ª Zarumilla.
Provincia de Loja.- 74.ª La Toma.- 75.ª Alamala.- 76.ª Punsara.- 77.ª Hatillo.
Tenían molinos en Cuenca, en Riobamba y en Ambato; y además en Riobamba, un tejar y un obraje. No enumeramos aquí las haciendas del colegio seminario de San Luis, ni las de la casa de ejercicios de Quito. Debemos añadir los censos que tenían en su favor, los cuales ascendían a una cantidad considerable.
Para calcular, de una manera aproximada y no del todo exacta, los rendimientos de las haciendas de los jesuitas, presentaremos un dato, suministrado por el presidente Diguja. Desde el 20 de agosto de 1767 hasta el 31 de diciembre de 1769, las haciendas produjeron 778.400 pesos, y esto después de la erupción espantosa que en abril de 1768 hizo el Cotopaxi, y con haberse pagado por el diezmo el doble de lo que pagaban los jesuitas; podemos, pues, conjeturar que las entradas anuales de los jesuitas serían unos 350.000 pesos anuales, poco más o menos, en 1757; ahora serían 3.500.000 pesos.
Según el inventario practicado el año de 1783, cuando las haciendas habían sufrido mucho quebranto y atraso, la de la Concepción en el Chota tenía 343 negros esclavos, 208 cuadras, tres solares y 848 varas con caña de toda edad; a esta hacienda pertenecía el páramo de Chiltasón. En la de Chamanal había 148 esclavos y 48 cuadras, 2 solares y 1.799 varas de caña de azúcar; y 1.262 cabezas de ganado mayor en los hatos pertenecientes a ella.
Por esto se calculó en 1767 que los bienes de los jesuitas expulsados ascenderían a unos cuatro millones de pesos.
La renta anual del colegio de Cuenca era de 2.632 pesos, cantidad que consta de las cuentas de aquel Colegio; a esto debe añadirse que, para el mantenimiento de la comunidad, las haciendas producían los principales artículos necesarios para la despensa, los cuales, por lo mismo, no se compraban fuera.
No todas las casas de los jesuitas en el Ecuador eran igualmente ricas; algunas como el colegio máximo de Quito poseían crecidas rentas; y otras, como los colegios de Cuenca y de Loja, vivían con comodidad, pero no gozaban de mucha riqueza.
Las haciendas del colegio de Quito se tasaron en 2.394.000 pesos, según los documentos que se guardan en el Archivo del Cabildo metropolitano, y corresponden al año de 1757.
Desterrados los jesuitas y confiscados todos sus bienes, se conoció que habían solido recibir prendas para prestar dinero, que tenían recibidas algunas sumas en depósito y que reconocían capitales a censo en beneficio de otras casas religiosas, cofradías y personas particulares (Documentos sobre Temporalidades, en el Archivo de la Corte Suprema, en el Archivo de la Tesorería Nacional y en el Archivo de Gobierno). (N. del A.)
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No es oportuno tratar en esta Historia el complicado hecho de la expulsión de los jesuitas de todos los territorios españoles por orden de Carlos tercero, ni menos de la extinción de la Compañía de Jesús, decretada por Clemente decimocuarto; pero convendrá a lo menos citar algunas de las fuentes históricas que sirven para conocer aquel asunto.
Cretineau Joly, Historia de la Compañía de Jesús. (Obra muy conocida y muy generalizada por las traducciones castellanas que de ella se han hecho. En cuanto a su valor histórico, no puede menos de ser calificada como caluroso, y a veces elocuente, panegírico; las cuestiones americanas no están bien tratadas, sin duda por la ignorancia de los documentos originales a esas cuestiones relativos, y en la fecha en que el autor escribió su obra desconocidos).
Cretineau Joly, Clemente XIV y los jesuitas o sea Historia de la destrucción de los Jesuitas. (Esta obra tiene cosas que un católico sincero no puede aceptar, pues muy bien podía hacerse la defensa de los jesuitas sin denigrar a la Santa Sede).
Theiner, Historia del pontificado de Clemente XIV. (Esta historia fue compuesta con el objeto de rectificar los juicios de Cretineau Joly contra Clemente decimocuarto, y el autor aprovechó de los documentos de los archivos secretos del Vaticano. Tenemos a la vista la traducción italiana de esta obra, publicada en Milán en 1853, cuatro volúmenes).
Ravignan, Clemente XIII y Clemente XIV. (Obra escrita en francés por el célebre padre Ravignan, y publicada en 1854; consta de dos volúmenes, de los cuales el uno contiene la exposición narrativa de los hechos, y el otro los documentos en que se apoya la narración. Según el padre Ponlevoy, biógrafo del padre Ravignan, éste compuso su obra obedeciendo a la insinuación que le hizo de escribirla el padre Roothaan, Prepósito General de la Compañía de Jesús, para corregir las apreciaciones de Theiner. El padre Ponlevoy cita textualmente la carta del padre Roothaan, en la cual se leen estas hermosas palabras: «La Compañía de Jesús existe para la Iglesia y para la Santa Sede; luego las injurias irrogadas a la Santa Sede deben dolernos a los jesuitas más que las que se hacen contra nuestra Compañía» (Ponlevoy, Vida del reverendo padre Xavier de Ravignan de la Compañía de Jesús, Tomo 2.º, Capítulo XXII).
Collombet, Historia crítica general de la supresión de los jesuitas. En francés. Dos tomos, Lyon, 1846.
Ferrer del Río, Historia del reinado de Carlos tercero en España (Tomo segundo, Libro 2.º, Capítulo 4.º y Libro 3.º, Capítulo 3.º, 4.º y 5.º).
La-Fuente (Modesto), Historia general de España (Libro octavo, Capítulos 6.º, 7.º, y 8.º).
La-Fuente (Vicente), Historia eclesiástica de España (Segunda edición, Tomo 6.º, Capítulo 3.º).
La-Fuente (Vicente), Historia de las Sociedades secretas antiguas y modernas de España (Tomo 1.º, § 20.º).
La-Fuente (el aragonés) ha hecho justicia a Carlos tercero, reconociendo en él tanto sus defectos como sus virtudes, y hoy no es razonable hablar de este Rey como se solía hablar hasta hace poco tiempo.
Sánchez, Extracto puntual de todas las Pragmáticas, Cédulas, Provisiones, Circulares y Autos acordados, publicados por Carlos tercero (Tres volúmenes, 1792). (N. del A.)
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Expidiose una real orden, por la cual se mandaba guardar silencio sobre las disposiciones del Rey, contra quien era prohibida toda censura y murmuración; impúsose precepto de no sostener, ni siquiera como probable, la teoría del regicidio y tiranicidio, atribuida injustamente a los jesuitas. Uno de los que en Quito se señalaron más en exhortar a los fieles a la obediencia al Soberano fue el padre fray Juan Casco, Vicario Provincial de los franciscanos, el cual, predicando y en conversaciones privadas, sostenía que, estando el corazón de los reyes en manos de Dios, eran indefectibles y no podían errar nunca en las órdenes que daban. Con semejante teología, ¿qué no se podría justificar? (N. del A.)
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Sobre el asunto de los diezmos de las haciendas de los jesuitas, hay dos cédulas reales: la primera, expedida en Buenretiro el 17 de enero de 1760; por ella mandó Carlos tercero que se tuvieran por nulos los pactos o contratos que para el pago de diezmos hubiesen celebrado los jesuitas con los obispos, cabildos y catedrales de América. Como los diezmos eran de la Corona por concesión de la Sede Apostólica, claro es que semejantes contratos no podían celebrarse sin previo permiso del Rey. La segunda cédula fue expedida en Madrid, el 4 de diciembre de 1766; en ella se declaró nulo y de ningún valor el decreto de transacción, expedido por Fernando sexto en 1750, en el pleito sobre diezmos de los obispados de América con los jesuitas (Hállase la cédula original, duplicada en dos ejemplares impresos, en el Archivo de la Tesorería Nacional, Volumen de cédulas reales, decretos, & de 1750 a 1768). La cédula se recibió en Quito en junio de 1767. (N. del A.)
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Los cabildos civiles, en tiempo de la colonia, tenían obligación de cuidar que todos los artículos necesarios para la vida se vendieran en el mercado público a un precio justo y equitativo; semejante obligación era desempeñada por un empleado especial nombrado por el Cabildo, y conocido con el nombre de Fiel Ejecutor. He aquí lo que sucedió en Quito, con motivo del reclamo que el Fiel Ejecutor hizo para que los jesuitas rebajaran el precio del azúcar. «Certificación.- Yo, Domingo López de Urquía, Escribano de Cabildo y Real Hacienda de esta ciudad, certifico y doy fe, en cuanto puedo, debo y ha lugar en Derecho, a los señores y demás personas que la presente vieren, cómo habiendo el Comisario de la caballería, don Agustín Sandoval Portocarrero, Fiel Ejecutor del Cabildo de esta dicha ciudad, en cumplimiento de la obligación de su oficio, pasado al poner en moderado precio la venta del azúcar, que, por el injurioso temporal, lograban sus intereses los dueños de trapiches, vendiendo la arroba de azúcar por seis y cinco pesos y medio; por lo que dicho Fiel Ejecutor, atendiendo al beneficio común y causa pública, solicitó su reparo, y con el más cortesano modo, pasó en mi compañía a pedir al reverendo padre Baltasar de Moncada, que a la sazón se hallaba de Provincial en el mismo Colegio de la Compañía de Jesús de esta ciudad, a quien le dijo ordenase el que se vendiese dicha azúcar por moderado precio y en la tienda pública, donde acostumbraban venderlo, para que el público ocurriese a comprarlo, y no a lo interior de dicho máximo Colegio, a donde se había retirado todo el azúcar; a lo que el referido Reverendo Padre Provincial, con molesto desabrimiento, le respondió: que la compañía vendería los efectos de sus haciendas, según le fuese más útil su expendio, por no estar subordinada al fuero real, o que mandaría que no se labrasen azúcares; con cuya respuesta nos despedimos, bastantemente sonrojados. Y a los dos o tres días se tuvo noticia cómo dicho Reverendo Padre Provincial había conseguido decreto del Gobierno de esta Real Audiencia para que la Compañía, por medio de su tendero, vendiese el azúcar por aquel precio subido y en la parte que quisiese expenderlo, &., &.», Quito, diciembre 10 de 1753, Domingo López Urquía, escribano de Cabildo y Real Hacienda.
Esta certificación se dio con motivo de la residencia que, por comisión real, tomó al Cabildo civil de Quito el oidor don Luis de Santa Cruz y Zenteno (Archivo de Indias en Sevilla, Escribanías de Cámara, Legajo 3.º. Los autos de la residencia del Cabildo están con los de la residencia del presidente Orellana).
Entre las entradas de los jesuitas no es para olvidada la que les producía su botica, pues ellos fueron los primeros que la establecieron en Quito no sólo para las necesidades de su comunidad, sino también para satisfacer a las del público con la venta de drogas y medicinas confiada ordinariamente a uno de los mismos padres. (N. del A.)
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Para el expendio de los paños que fabricaban en sus obrajes, tenían constantemente los jesuitas de Quito un procurador en Lima; este procurador era un sacerdote jesuita. El que desempeñaba ese oficio cuando la expulsión era el padre Tomás Falcón, a quien lo mandó regresar acá el virrey Amat. Dice este gobernante en su Informe oficial a la Corte, que los jesuitas de Quito tenían inundada la plaza mercantil de Lima con sus paños y otros artículos, y añade que semejante negocio desedificaba hasta a los más amigos de los jesuitas. Sobre la riqueza de los jesuitas de Quito son bien explícitos don Jorge Juan y don Antonio de Ulloa en sus Noticias secretas. Véase además el Informe del virrey Amat publicado en las Memorias de los Virreyes del Perú, Edición de Lima. (N. del A.)
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Expediente de quejas del procurador del Colegio de Cuenca contra los vecinos de la ciudad, Año de 1715. Era procurador el padre Francisco Javier de León, y su escrito de quejas es curioso por lo gerundiano del estilo; el recurso a los jueces de Cuenca dice el padre que «era dar con violentas pelotas de quejas en mullidas sacas de lana» (Archivo de la Corte Suprema; es el que fue de la antigua Audiencia real). (N. del A.)
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Véase cómo se expresaban los vecinos de Guayaquil en la Exposición que, con fecha 5 de marzo de 1767, elevaron al Rey en favor de los jesuitas: «No podemos negar (porque nuestra gratitud procede ajena de toda pasión que se oponga a la evidencia), que en esta dilatada Compañía de Jesús, que se compone de miles de soldados, de diversas naciones, de genios diferentes y ocupados en distintos empleos, no faltan algunos que, arrastrados de la humanidad que visten y vencidos del heredado universal fomes peccati, quebrantan los divinos preceptos, atropellan sus constituciones y venden a su Maestro, como Judas, uno de los doce discípulos en aquella santa y sagrada compañía; es cierto, no se puede negar; pero también es evidente, público y notorio, que tales transgresores y delincuentes manifiestan la gravedad de su culpa con la misma pena que sufren por haberla cometido» (Archivo de Indias, Cartas y expedientes del Presidente de Quito, vistos en el Consejo, 1760-1768). (N. del A.)
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Expediente relativo a la publicación del Breve en que Clemente decimocuarto declara extinguida la Orden regular llamada la Compañía de Jesús (Archivo de la Notaría eclesiástica en la Curia metropolitana)
Pondremos aquí la serie de los provinciales que tuvo la provincia quitense:
- Padre Pedro Calderón.- 1698.
- Padre Francisco Daza.- 1700.
- Padre Juan de Tovar.- 1704.
- Padre Luis de Andrade.- 1707.
- Padre Sebastián Luis Abad.- 1710.
- Padre Nicolás de Arauz.- 1716.
- Padre Juan Bautista Mújica.- 1726.
- Padre Ignacio Ormaegui.- 1728.
- Padre Pedro de Campos.- 1733.
- Padre Baltasar de Moncada.- 1739.
- Padre Carlos Brentano.- 1744.
- Padre Guillermo Grebmer.- 1748.
- Padre Ángel María Manca.- 1750.
- Padre Tomás Nieto Polo.- 1754.
- Padre Jerónimo Herze.- 1759.
- Padre José Baca.- 1761.
- Padre Miguel Manosalvas.- 1766.
Los visitadores que vinieron a esta provincia de Quito fueron los siguientes:
- Padre Francisco Sierra.- 1712.
- Padre Ignacio Menurio.- 1731.
- Padre Andrés de Zárate.- 1736.
El padre Manca ejerció dos veces el cargo de Provincial, pues, después del padre Herze fue designado segunda vez. La duración ordinaria del gobierno de los provinciales era de cuatro a cinco años, y los nombraba desde Roma el Padre General.
Cada seis años celebraban Congregación Provincial, y elegían dos padres, para que fueran a Roma y a Madrid, como procuradores de la provincia. En junio de 1765 se reunió en Quito la última Congregación Provincial, y el día 12 eligieron por procuradores a los padres Bernardo Recio y Tomás de Larrain; el 4 de julio de 1765 les dio permiso la Audiencia para hacer el viaje a la Corte; y el 16 de diciembre de 1766, obtuvieron licencia del Consejo para pasar de Madrid a Roma. El padre Larrain era hijo de don Santiago Larrain, el mismo que fue Presidente de Quito. La cédula de expulsión debió haber sorprendido a estos dos padres en Roma. (N. del A.)