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Citaremos aquí un documento, que abona mucho la conducta de Gil Ramírez Dávalos. Es una carta dirigida al Rey por un religioso y dice así: «Entre otros proveimientos de gobernadores cristianamente proveídos, que ha proveído el marqués de Cañete, visorrey de Vuestra Majestad, ha sido las provincias de Quito a un escudero, que se dice Gil Ramírez Dávalos, el cual después de haber puesto en concierto aquella provincia, así en la retasa de los encomenderos, como tasa de caciques, de lo que sus súbditos les han de dar, como en reducir los indios en pueblos y ponerlos en toda buena policía, con el favor de Dios principalmente y la buena maña que se ha dado, tal cual nunca se ha visto en estas partes de Indias, sin haber necesidad de espada ni de arcabuz; hase traído de paz una provincia de indios y ha poblado en ella una ciudad, que se dice la nueva Baeza, y cada día vienen indios a dar la obediencia a V. M. y así se tiene confianza de los buenos principios con que en aquella provincia se empieza a predicar el Evangelio de Jesucristo, que se ha de servir mucho, etc.». Lima, 15 de agosto de 1553.- Carta de Fr. Francisco de Morales, escrita al Rey.- (I. en el Archivo de Indias).- Informaciones de servicios de Gil Ramírez Dávalos practicadas en el Cuzco y en Quito, también inéditas en el mismo Archivo.
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Descripciones geográficas de Indias, Perú, (Tomo primero).- Contiene la descripción que el mismo Villasante, hizo en Madrid, de todo el Perú, para presentarla en el Real Consejo de Indias.
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La bula de la erección del obispado de Quito se publicó por la imprenta en esta ciudad, el año de 1863, pero traducida al castellano, sin el texto latino.- Asimismo sin el texto latino, se halla copiada en la colección eclesiástica del P. Hernáez.
HERNÁEZ, Colección de bulas, breves y otros documentos relativos a la iglesia de América y de Filipinas, (Tomo segundo, sección quinta).
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Carta de Antonio Quiñones a Gonzalo Pizarro, fechada en el Cuzco, a 6 de junio de 1547.- Carta del mismo obispo de Quito a Gonzalo Pizarro, en la cual le da cuenta de su consagración. Se alojó en el Cuzco, en la casa que en esa ciudad tenía entonces Gonzalo Pizarro, y allí mismo se dio el banquete para festejar la consagración episcopal.- Documentos relativos a La Gasca.- (Entre los manuscritos del Archivo de la Real Academia de la Historia en Madrid).- El P. Hernáez dice que el señor Garcí Díaz Arias se consagró en Lima, lo cual no es exacto, porque el año de 1547 no estaba en Lima el señor Loaysa sino en la armada real en compañía del presidente La Gasca.- El primer obispo de Quito fue consagrado en el Cuzco por el P. don Fr. Juan Solano segundo obispo de esa ciudad. El P. Hernáez tomó la noticia sin duda ninguna del Diccionario de don Antonio de Alsedo.
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Libro segundo de actas del Cabildo de Quito. Años de 1544 a 1551.
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Un autor contemporáneo, que conoció a nuestro primer obispo, hace de él la descripción siguiente: «El obispo primero de aquella ciudad (de Quito), fue el Rmo. don García Días Arias, clérigo, de cuya mano recibí siendo muchacho la primera tonsura: varón no muy docto, amicísimo del coro; todos los días no faltaba de misa mayor y vísperas, a cuya causa venían los pocos prebendados, que a la sazón había en la ciudad e iglesia, y le acompañaban a ella y le volvían a su casa; los sábados jamás faltaba de la misa de Nuestra Señora; gran eclesiástico, su iglesia muy bien servida, con mucha música y muy buena de canto de órgano. En esta sazón el obispo era muy pobre; ahora han subido los diezmos y tiene bastante renta. Era alto de cuerpo, bien proporcionado, buen rostro, blanco y representaba autoridad, y la guardaba con una llaneza y humildad que le adornaba mucho, murió en buena vejez».- FR. BALTAZAR DE OVANDO, Descripción histórico-geográfica del Perú, (Libro segundo, Capítulo primero). Obra inédita, de la cual hay una copia en la Biblioteca Nacional de Madrid. El original existía en un convento de dominicos de Zaragoza. El autor fue religioso de Santo Domingo y murió de obispo de la Imperial en Chile.
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Los documentos relativos a los primeros tiempos de la erección del obispado de Quito son muy escasos. En la Curia eclesiástica faltan enteramente documentos pertenecientes al primer siglo de la fundación del obispado: en el archivo del Cabildo eclesiástico hemos hallado sólo un libro antiguo, el primero de las actas capitulares, que principia el 4 de mayo de 1562; y este libro y el expediente formado por el señor Solís, cuarto obispo de Quito, sobre la erección de la Catedral, son los documentos más antiguos que existen de aquel tiempo. Como hemos dicho en la narración, el primer Obispo murió en Quito: es, pues; inexacto, por lo mismo, lo que acerca de este Prelado dice Gil González Dávila en su Teatro eclesiástico de las catedrales de Indias, porque el señor Garcí Díaz Arias ni vino con La Gasca, ni murió antes de consagrarse: se consagró en el Cuzco, murió en Quito y fue sepultado bajo del altar mayor de la iglesia Catedral antigua. Tuvo en la ciudad una casa propia, cuyas tiendas dejó a la Catedral; para que con el arrendamiento de él las hiciesen cada año sufragios por su alma. Por los documentos que citamos antes y por una carta del presidente La Gasca al Consejo de Indias, fecha el 27 de diciembre de 1547, consta que se consagró aquel mismo año en el Cuzco: por donde hay equivocación en Alsedo, que dice que fue consagrado en Lima. Menos digna de fe es todavía la inscripción que tiene el retrato, que de este señor Obispo se conserva en la Sala Capitular de Quito.
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En este punto está ahora modificada por un Breve de Pío IX la erección de la iglesia Catedral: dignidades y canónigos turnan con racioneros y medio-racioneros en la celebración de la misa conventual; y por el mismo Breve los racioneros y medio-racioneros se llaman canónigos de segunda institución. De este privilegio gozan todas las catedrales del Ecuador.
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En el archivo de la Municipalidad de Quito se conserva original, en pergamino, la cédula de Carlos V, traída por Vaca de Castro, en la cual concede el Emperador a Quito el escudo de armas, que también está pintado con sus colores en el encabezamiento de la expresada cédula.
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Acerca de esta tradición hablamos ya en el capítulo séptimo de nuestro libro primero de esta Historia general del Ecuador.