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Sancho de la Carrera vino al Echador con Alvarado desembarcó sin caballo, porque el suyo se le murió en la navegación: en el río Daule descubrió una balsa con nueve indios, a los cuales hizo prisioneros y, por medio de ellos, la expedición del adelantado de Guatemala tuvo noticia del camino que conducía a Quito: acompañó a Benalcázar en la conquista de estas provincias y recibió en encomienda los indios de Machachi. Fue casado en Quito con doña Ana de Valverde, de la cual no tuvo más que un hijo, el cual quedó de dos años de edad cuando Gonzalo Pizarro hizo decapitar al padre, después de la batalla de Iñaquito.- Informaciones de méritos y servicios de Sancho de la Carrera y de su hijo Francisco de la Carrera.- (Inéditos, en el Archivo de Indias en Sevilla).

 

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Don Pedro de La Gasca nació en un pueblo pequeño de Castilla la vieja, llamado Navarragadilla; hizo sus estudios en las dos célebres universidades de Alcalá y de Salamanca y desempeñó cargos muy importantes en el arzobispado de Toledo y comisiones difíciles en el reino de Valencia, antes de ser escogido para la ardua comisión de pacificador del Perú. Han escrito su biografía varios autores, como Gil González Dávila en su Teatro eclesiástico de las iglesias de España, y Sánchez Portocarrero en su Catálogo de los obispos de Sigüenza.- Por lo que respecta a su gobierno del Perú, además de los autores citados en el capítulo anterior, nos apoyamos en la autoridad de los escritores y documentos siguientes.- Las alteraciones del Perú a causa de las nuevas ordenanzas, la rebelión de Gonzalo Pizarro y la pacificación y gobierno del presidente La Gasca son hechos íntima y necesariamente enlazados entre sí, y los autores que han hablado de uno de ellos, han tratado también de los demás.

CARO DE TORRES, Historia de las Órdenes militares, (Libro tercero, parágrafo XXXIII), Edición de 1628.- El autor se muestra muy favorable a Gonzalo Pizarro, cuyos hechos presenta bajo un aspecto diverso de aquel, con que generalmente los han referido los escritores contemporáneos.

Cartas de indias, las publicó en Madrid, el año de 1877, el Real Ministerio de Fomento.- Contiene diez cartas de La Gasca y una del Cabildo de la ciudad de Lima sobre el estado en que La Gasca dejaba el Perú a su regreso para España.- En la misma colección, en la sección que se intitula Datos biográficos, el artículo relativo a La Gasca.

Documentos relativos al licenciado Pedro La Gasca, (en los Tomos XLIX y L de la Colección de Documentos inéditos para la historia de España).

 

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Gonzalo Pizarro fue reconocido en Quito por Gobernador general de todo el Perú el 8 de julio de 1545.- El 12 de junio del año siguiente nombró por su teniente de gobernador a Pedro de Puelles. De los documentos auténticos, que existen en Quito sobre estos hechos, se deduce que Pizarro invocaba en todos sus actos de gobierno el nombre y la autoridad real, fundándose para esto, sin duda ninguna, en la cédula, en que, a nombre de Carlos V y de la reina doña Juana, su madre, le declararon los Oidores Gobernador general de todo el Perú. De este curioso documento se conserva en Quito una copia del tiempo de Pizarro.- Libro segundo de actas de la Municipalidad de Quito desde 1544 hasta 1551.

 

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Cuando publicamos nuestra Historia Eclesiástica del Ecuador, se nos censuró de muy severos en punto a la moral social del estado eclesiástico, al cual, se decía, que habíamos juzgado con excesivo rigor: ahora, al dar a luz esta parte de nuestra Historia general del Ecuador, no hemos mitigado en nada nuestros juicios; y, para manifestar los fundamentos en que nos apoyamos, reproducimos aquí las siguientes cartas originales de Pedro de Puelles, copiadas de la Colección de Documentos inéditos referentes a La Gasca, que posee la Real Academia de la Historia en Madrid. Por ellas se verá que había grande división entre los religiosos, de los cuales unos habían abrazado descaradamente el partido de los rebeldes, y otros servían a la causa del soberano.

Carta de Pedro de Puelles a Gonzalo Pizarro.

De Quito, a 28 de noviembre de 1546.

Supe venían tres frailes, los dos de la Merced y el uno de San Francisco. Los de la Merced con poder de S. M. y de su prelado, y a quitar a los que acá están y enviarlos a Castilla, porque el mal tirano de Blasco Núñez escribió al Rey que Fr. Pedro andaba con cien arcabuceros y peleaba en las batallas y en todo lo demás. Envié frailes de sus órdenes a tomarles los despachos y catarlos hasta las tablas de sus breviarios, y al capitán Marmolejo que los llevase a la costa y los embarcase para Castilla o para donde Vuestra Señoría está; porque Vuestra Señoría crea que, si daño ha de venir a la tierra, han de ser los portadores frailes y personas en hábitos de buenos y cristianos que de España enviarán, porque piensan, que los que acá estamos, no sabemos dónde nos mata el zapato, y podríase enviar de acá como mejor ellos gobernasen el estado de Su Majestad.

Del mismo al mismo.- De Quito, a 2 de diciembre de 1546.

También me envía a rogar que reciba un fraile de la Merced, con despachos que aquí vino y que es muy bueno; yo lo tuve por muy malo, y le tomé los despachos y eché de la tierra, que no hay otro fraile bueno si no es fray Pedro.

También el Teniente de Puertoviejo me escribió como un fraile francisco trajo una carta del de La Gasca para el Cabildo de esta ciudad. Estoy dado a la ira mala con estos hombres, que reciban cartas y den favores a nuestros enemigos.

El fraile francisco vino a esta ciudad de esta manera, que envié a Diego Dovando a que le aguardase en el camino y le catase hasta las tablas de los breviarios, y aun otras cosas más secretas; y así me lo trajo preso, que más quisiera el fraile verse en poder del diablo que en el mío: apremiele por la carta, juró haberla rompido, desde que supo lo que había pasado con los de la Merced, como lo verá V. S. por una probanza que hoy le envío: luego eché al francisco de la tierra: allá van con todos los diablos que los lleven: certifico a V. S. que ellos van tales de mis manos, que no osen volver ellos ni otros acá. No piense V. S. que estoy poco enojado de esos tenientes de la costa, que V. S. les envíe a mandar expresamente no dejen entrar de los puertos acá a ningún fraile ni clérigo, aunque digan que hacen milagros, que mientras más mojigatillos vinieren, más bellaquerías traen, ni tampoco a hombre que no sea de nuestra compañía, y así lo envíe V. S. a mandar que harto trabajo tengo acá, pues tengo la gobernación de Benalcázar y Cartagena y Bogotá y este pueblo, y no crea V. S. que tengo poco trabajo, sin que me den otros trabajos nuevos quien los puede excusar que son los tenientes de las costas.

Del mismo al mismo.- De Quito, a 11 de diciembre de 1546.

Ya envié a V. S. relación de unos frailes de la Merced y otro de San Francisco, y los de la Merced habían dado al de San Francisco una carta o cierto despacho del de La Gasca; a los mercenarios yo les hice tomar los papeles que traían y echarlos de la tierra con el capitán Marmolejo. El de San Francisco juró haber roto lo que traía del de La Gasca, y que se lo habían dado los de la Merced. Hechas las diligencias con el fraile francisco, como V. S. verá, le eché al francisco de la tierra con Padilla, y con el mayordomo que iba a los Cañares y con otro español que yo envié a que trajera los pedazos de las cartas, porque el fraile dijo que los daría, y si no los diese, que el mayordomo se fuese a su hacienda y el otro español que yo envié me volviese acá el fraile, el cual me volvieron a traer, porque halló los pedazos de la carta. El mayordomo de V. S. me escribió una carta que V. S. verá, que va con ésta. Yo tengo al fraile preso en un cepo y mandado por Fr. Jodoco, so pena de excomunión, que no hable a nadie, ni nadie a él. Fray Jodoco en este negocio le va mucho, porque traen instrucciones que lo eche de la tierra a él y a cuantos frailes hay en ella. V. S. envíe a mandar lo que se haga de este fraile, porque, si diera los pedazos de la carta, fray Jodoco le daba poder para ir a Panamá y que detuviese allí todos los frailes que viniesen de Castilla para que no pasasen acá, pero no los dio, y así está como a V. S. digo. Nuestro Señor la muy ilustre persona, casa y estado de V. S. por largos tiempos prospere. Gabinete de Quito, a once de diciembre de 1546. Muy ilustre Señor.- Besa las manos ilustres de V. S..- Pedro de Puelles, Expediente, mandado instruir por Pedro de Puelles contra un fraile de San Francisco y remitido desde Quito a Gonzalo Pizarro que estaba en Lima. Primero día de diciembre de 1546.- (Se halla una copia de este expediente en la Real Academia de la Historia entre los papeles de La Gasca).- El fraile se llamaba Fr. Francisco de Écija. El teniente de gobernador en Portoviejo, que lo era un tal Ayala, fue quien denunció a Puelles que el fraile llevaba a Quito cartas de La Gasca para el Cabildo.

 

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Libro segundo de actas de la Municipalidad de Quito.- (Actas de los días 30 de mayo y 9 de junio de 1547).- Pedro de Puelles fue asesinado el 29 de mayo del mismo año.

 

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La casa de Pedro de Puelles era en la calle; quede la plazuela de San Francisco va directamente a San Juan, en la manzana que se halla enfrente de la escuela de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, y estaba situada en la esquina meridional de dicha manzana, porque entonces en cada cuadra no había más que dos casas. En el plano actual de la ciudad corresponde a la quinta manzana, a contar desde la plazuela de San Francisco, entre las carreras de Pichincha y de Mejía. Hasta hace poco se conservaba en esa esquina, hincada en el suelo contra la pared una piedra grande con un letrero, que decía: «Ésta fue la casa del traidor Pedro de Puelles». Aunque Puelles no fue casado, dejó dos hijos, un varón y una hembra.

 

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Este Fr. Pedro arcabucero es el religioso mercenario, de quien habla tan bien Pedro de Puelles en las cartas que copiamos poco antes, diciendo de él, que era el único fraile bueno que había en la Merced. Este mismo es el P. Pedro Núñez, del cual hicimos mención nosotros en el capítulo anterior, refiriendo las escenas de la batalla de Iñaquito.

 

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En 1881 dimos a luz el Tomo primero de la Historia eclesiástica del Ecuador, y, al año siguiente, un religioso franciscano del convento de Quito, el R. P. Francisco María Compte, publicó contra nosotros un opúsculo titulado Defensa del P. Fr. Jodoco Ricke; en el cual hizo esfuerzos para probar que el P. Jodoco no había tenido participación alguna en los planes de monarquía, formados por Gonzalo Pizarro. Leímos ese opúsculo con muchísima atención, deseando encontrar pruebas con que poder limpiar al P. Jodoco de la mancha, con que, muy a pesar nuestro, le habíamos presentado en nuestra narración; pero no encontramos ninguna, absolutamente ninguna. El P. Compte no desvirtúa ni uno solo de los documentos, en que nosotros nos habíamos apoyado; antes demuestra que no conocía a fondo ni la historia del Perú ni los escritores que han narrado el suceso de la rebelión de Pizarro. Abrió los libros de los historiadores y cronistas castellanos del Perú y los consultó (por la primera vez sin duda ninguna), cuando quiso escribir su Defensa del P. Jodoco. Entre el R. P. Compte y nosotros hay una divergencia notable, la cual ha provenido de que él escritor franciscano vio a los hombres del pasado, tales como debieron ser; y nosotros, los vimos tales como en realidad fueron.

Ahora, después de diez años y de mayores y más detenidos estudios históricos, no borramos ni podemos borrar una sola de las líneas que entonces escribimos, ni nos es lícito en nuestro ministerio de historiador reformar ni un solo concepto de los que antes habíamos formado y expresado en punto a la participación que tuvieron los sacerdotes seculares y los religiosos, y principalmente Fr. Jodoco, en la rebelión de Gonzalo Pizarro. Las cartas de Puelles, publicadas en una de las notas anteriores, no necesitan comentario.

He aquí los autores, en cuyo testimonio nos hemos apoyado nosotros: Cieza de León, Calvete de Estrella, Herrera, Fernández, y las Cartas de La Gasca: todos estos documentos están impresos: añadimos los siguientes, que permanecen inéditos todavía: Gutiérrez de Santa Clara, Montesinos y Alonso de Barragán. El testimonio de ocho autores, que están acordes en aseverar una misma cosa, no puede ser desmentido, con solas consideraciones especulativas. Finalmente, cuando el R. P. Compte manifestaba tener en muy poco la autoridad del Palentino, ignoraba, sin duda ninguna, que esa parte de la Historia del Perú de Fernández, se juzga, con mucho fundamento, que es obra del mismo La Gasca. Y el célebre pacificador del Perú ¿no merecerá crédito en lo que refiere? Todos somos muy aficionados a Vuestra Señoría, y le deseamos todo bien, decía Fr. Francisco de Santa Ana, hablando de los franciscanos residentes en el Perú y Quito, en una carta escrita a Gonzalo Pizarro, desde Paita, el 21 de diciembre de 1546.- (Real Academia de la Historia, Papeles de La Gasca, Legajo 2.º).

 

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Benalcázar murió el 30 de abril de 1551, a los sesenta y más años de edad.- El l.º de mayo redactó Andigno el testamento. Declaró que dejaba Benalcázar los hijos siguientes: Sebastián, Francisco, Lázaro, Magdalena y otros. Con esta frase y otros manifestó Benalcázar que dejaba más hijos, aludiendo, sin duda, a los dos naturales que vivían en esta ciudad, y de los cuales tendremos ocasión de hablar más tarde en nuestra historia. Los que moraban en Popayán eran también naturales, porque Benalcázar murió soltero pero gozaban de todos los derechos civiles de legítimos por una gracia del Emperador, concedida en favor de ellos. Consta del testamento que Andigno gastó un peso y dos reales en la mortaja, y que por la sepultura pagó veinte pesos.

Benalcázar presentó, el año de 1539 y el año de 1545, dos informaciones sobre sus servicios en América: la primera estaba en poder del secretario Sámano, y después fue reclamada por el hijo del conquistador con el intento de vindicar la memoria de su padre, contra las narraciones inexactas de los historiadores de las cosas de Indias.- (Expediente del pleito seguido entre don Sebastián Benalcázar (hijo) y el fiscal de su Majestad: año de 1560.- Hállase entre los documentos del Real Archivo de Indias en Sevilla. Testamento del Adelantado y otros autos relativos a su familia, en el mismo Archivo).

En su sepulcro se puso el siguiente epitafio en dísticos latinos:


Ista Benalcázar potuit concludere tumba;
ipsius at famam claudere non valuit:
succubuit fatis, quae passim candida turbant,
gesta tamen calamo sunt celebranda pio.



Esta tumba pudo encerrar a Benalcázar, pero no fue poderosa para encerrar su fama: sucumbió a la muerte, que todo lo temporal trastorna; mas pluma piadosa celebrará sus hechos.

El apellido propio de don Sebastián de Benalcázar era Moyano, como aseguran el historiador Piedrahíta y el Inca Garcilaso.

CASTELLANOS, Elegías de varones ilustres de Indias, (Parte tercera, Elegía a Benalcázar, canto décimo).

PIEDRAHÍTA, Historia general de las conquistas del Nuevo Reino de Granada, (Parte primera, Libro XI, Capítulo VIII).

GARCILASO DE LA VEGA, Comentarios reales del Perú, (Segunda parte, Libro primero, Capítulo XV).- Según dice este autor, Benalcázar fue tergémino, pues nació de un parto juntamente, con una hermana y un hermano.

 

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Expediente del pleito seguido entre la viuda de Rodrigo de Salazar y el Fiscal de la Real Audiencia de Quito.- (Inédito en el Real Archivo de Indias en Sevilla).- Los indios de Otavalo eran de la encomienda de este Rodrigo de Salazar: y se la quitó la Audiencia, en pena del maltratamiento que les hacía, y la puso en la corona real a la muerte del poseedor, el cual, por esto, perdió el derecho de legarla a sus herederos.