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RODRÍGUEZ DE OCAMPO, Descripción del Obispado de Quito, Ms. Párrafo cuyo título es de los Castigos que padecieron los que tuvieron parte en la prisión del obispo Coruña.- El oidor Auncibay salió de Quito para regresar a España a mediados del año de 1589, según se colige de ciertas escrituras de poder que se otorgaron en su favor (Archivos de las escribanías públicas de esta Capital).

 

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Véanse algunos párrafos de la cédula real relativa a las alcabalas.- «Considerando los grandes daños, que de algunos años a esta parte han hecho y hacen los enemigos y corsarios en el mar Océano y particularmente en la carrera de las Indias no sólo robando lo que se llena y trae de ellas, con navíos y personas, pero infestando algunos de los puertos de ellas, saqueando las ciudades y quemando los templos... En ninguna manera se ha podido sustentar una gruesa, armada, que conviene ande de ordinario navegando para obviar los dichos daños y conseguir otros muy grandes efectos, que de su conservación pueden resultar, etc.». Añade el Rey, que los gastos se habían hecho hasta entonces con su real patrimonio y con los auxilios, que le daban siempre con muy buena voluntad los reinos de España, y recuerda que la alcabala era un derecho antiguo y justificado de los reyes de Castilla, y que en Méjico se estaba pagando ya desde el año de 1574.- El arancel para el Perú se imprimió en Lima, y tiene la fecha del 13 de junio de 1592.

 

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En el distrito de la ciudad de Quito este donativo fue tasado en ciento cuarenta y un mil pesos, de a nueve reales cada uno, y en febrero de 1592 aún no se había pagado toda esta cantidad.

 

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Los documentos impresos, que tratan de la rebelión de las alcabalas son los siguientes:

SUÁREZ DE FIGUEROA, Hechos de don García Hurtado de Mendoza, cuarto marqués de Cañete, (Libro cuarto).- Nos servimos de la edición chilena, Santiago, 1864. Colección de historiadores de Chile, Tomo quinto.

ORDÓÑEZ DE ZEVALLOS, Viaje del mundo, (Libro segundo, Capítulos XXXVI y XXXVII).- El autor, a quien se conoce con el nombre de «El clérigo agradecido», estuvo en esta ciudad durante todo el suceso de las alcabalas.

TORRES (el padre Diego de), Breve relación histórica de lo que en beneficio de los indios han hecho en el Perú los padres de la Compañía de Jesús, (Opúsculo pequeño, compuesto por el padre Diego de Torres, el mismo que era superior de los jesuitas de Quito cuando sucedió la revolución de las alcabalas: lo escribió en Roma el año de 1604, y se imprimió primero en italiano y después en latín. Citamos la edición latina, Maguncia, 1604).

OÑA, Arauco domado, (Poema histórico, compuesto en elogio del Marqués de Cañete, Primera parte, Cantos XIV, XV y XVI).

HERRERA (El Excmo. Sr. Dr. D. Pablo), Ensayo histórico-biográfico sobre la literatura ecuatoriana durante la colonia, (Capítulo primero).

VELASCO, Historia del Reino de Quito, (Parte tercera, Libro 2.º, parágrafo 7.º).- La narración, que de la revolución de las alcabalas hace el padre Velasco, es muy poco conforme con la verdad de los hechos, según aparece de los expedientes originales que se conservan sobre el caso.

Principalmente, algunas cosas, como lo que cuenta de Carrera, carecen de todo fundamento y son una pura invención, ciertos otros pormenores acerca de la permanencia de los Oidores en el convento de San Francisco no merecen crédito. Nuestro compatriota careció de documentos, y su memoria era el único archivo que podía consultar en la tierra de su proscripción; pero esa memoria suya no atesoraba la verdad, sino las relaciones populares, que en el siglo pasado se repetían en esta ciudad acerca de los acontecimientos antiguos - Esas relaciones son las que ha recogido el padre Velasco en su obra.

CEVALLOS (El Sr. Dr. D. Pedro Fermín), Resumen de la Historia del Ecuador, (Tomo segundo, Capítulo segundo).

LORENTE, Historia del Perú, (El Perú bajo la dinastía de Austria, Libro cuarto, Capítulo séptimo).- Lo que leemos en este historiador es una copia de lo mismo que escribió el padre Velasco, y por tanto no merece recomendación ninguna.

Nuestra narración se funda en el testimonio de los documentos oficiales, que se guardan originales en el Real Archivo de Indias en Sevilla: son muchísimos y contienen datos y pormenores muy circunstanciados, y a estos documentos nos iremos refiriendo en adelante. Superfluo es decir con cuánta cautela los habremos estudiado, para descubrir en ellos la verdad, muchas veces desfigurada por la pasión o traicionada por el interés.- Estos documentos los citaremos en su respectivo lugar.

 

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Cartas y expedientes de personas seculares.- (Archivo de Indias en Sevilla, Audiencia de Quito, Simancas, Secular, 1616-1620). Después del Corregidor el más entusiasta por las alcabalas fue el Tesorero, don Alonso Solano.

 

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A este Bellido, unas veces le llamaba simplemente el cacique, y otras el cacique de Turmequé, aludiendo al pueblo de donde se decía que era nativo el depositario, y también a su raza, no muy española. Alonso Moreno Bellido era natural de un pueblo de Colombia, y en Quito no tenía miembro alguno de familia. A Juan de la Vega le llamaba Barros, Juan de la Calceta; y a Martín Jimeno, doña Catalina.

 

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Cartas annuas de los padres de la Compañía de Jesús, año de 1596. (Provincia peruana, colegio de Quito). En latín.

 

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Cartas y expedientes de personas eclesiásticas, Archivo de Indias en Sevilla, Audiencia de Quito, Simancas, Eclesiástico, 1587-1595. Freile tuvo una hija, la cual se casó con un español de apellido La puente; y tres hijos, a quienes puso los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar, respectivamente. Era natural de Santiago de Galicia: en 1592 tenía 45 años de edad y nueve de sacerdocio; principió por ser notario del Cabildo eclesiástico. Cuando andaba caballero en su mula reprendiendo a los amotinados, éstos, a la fuerza, le quitaron los estribos, y viéndose mal montado no pudo menos de retirarse a su casa.

 

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En apoyo de su opinión, cita el padre Bedón a Santo Tomás de Aquino, en su Comentario sobre el Libro segundo de las sentencias: Distinción 44.ª, Cuestión 2.ª, Artículo 2.º y a Orellana, De homicidio.

Fr. Pedro Bedón dio tres pareceres, firmados de su mano: el padre no reprueba las alcabalas en sí mismas como ilícitas, lo que condena esta manera de imponerlas en Quito, y el tiempo en que iban a cobrarlas: sostiene que el pueblo tiene derecho a que se oigan las representaciones que hace; y acaba desaprobando la conducta del presidente Barros.

El padre Diego de Torres, jesuita y Fr. Domingo de los Reyes, dominicano, examinaron la cuestión desde otro punto de vista, a saber sobre la justicia de la guerra, y opinaron que en la que los quiteños querían hacer contra Arana, no concurría ninguna de las tres causas que exige Santo Tomás para que la guerra sea justa, y así declararon que los que se oponían a Arana pecaban mortalmente, estaban obligados a la restitución y no podían ser absueltos. Estos dos padres hacen hincapié en los planes de emancipación completa y alianza con Inglaterra, de que se acusaba a los conjurados. Los padres Reyes y Torres eran españoles: el padre Bedón era quiteño. (Documentos inéditos del Archivo de Indias en Sevilla, Audiencia de Quito, Autos fiscales, Simancas.- En un cuerpo con el expediente de los hijos de Benalcázar).

 

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He aquí algunos de los versos, que se pusieron entonces en las esquinas de la ciudad:


   Cabildo fuerte de Quito,
que os habéis tan bien mostrado
por aqueste pueblo aflito,
mirá bien que os trae engañado
aqueste eunuco maldito.


   Si el segundo mandón es malo,
dejaldos que en su rincón
están los que el corazón
le sacarán por un lado
a los cuatro como son.



Estos versos estaban escritos con letras gordas en unos papeles que amanecieron pegados en una de las esquinas de la ciudad. La literatura de estas piezas no podía ser más chabacana.

Damos aquí la copia de otra inscripción en prosa. «Cabildo de Quito, ten fuerte, que nosotros te seguiremos y defenderemos con nuestras vidas, aunque cuesten las suyas a quien pretendiere estorbar tu buen intento; y, si te faltare el ánimo, irás por un rasero con ellos».

Algunos de estos carteles llevaban dibujado groseramente, con tinta y pluma, un corazón, traspasado por un puñal, (Documentos originales del Archivo de Indias en Sevilla, Escribanías de Cámara, Legajo 912, en el cual se halla un grueso expediente sobre la revolución de las alcabalas en Quito).