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Lo que el padre Velasco refiere respecto de Carrera, y de la elección de rey, etc.; no vacilamos en asegurar que es una pura fábula, la cual debe ser borrada de la historia. Para que los quiteños hayan puesto los ojos en Carrera, e intentado coronarlo por rey, era necesario que Carrera fuese un hombre distinguido, y no un mestizo oscuro; ahora bien, en aquella época no había en Quito más que una sola familia Carrera, cuyo estado era el siguiente. Sancho de la Carrera, nativo de la ciudad de Toro en España, se casó en Quito con doña Ana de Valverde, y fue el progenitor de la familia Carrera en esta ciudad. El año de 1592 era ya muerto. El 25 de agosto de ese mismo año murió en Quitó don Francisco de la Carrera, hijo del anterior. Este don Francisco fue casado con doña Luisa de Ribadeneyra, hija legítima del capitán Antonio Morán, el viejo, alguacil mayor de Quito: los hijos de don Francisco eran todos menores de edad, y, por eso, cuando falleció su padre, quedaron bajo tutela, y fue curador de ellos un don Alonso de Moreta: ¿Cuál de estos niños pudo ser el héroe del cuento referido por el padre Velasco? Lo que decimos de la familia Carrera consta de documentos oficiales, existentes en las Escribanías públicas de esta capital.
Añade el padre Velasco que Carrera fue premiado con escudo de nobleza y con el cargo de alférez real, y asegura que no aceptó lo primero, y que el cargo de alférez se perpetuó en la familia de Carrera: contra esto deponen los documentos de aquella época, por los cuales se sabe que don Diego Sancho de la Carrera compró el cargo de alférez real mayor: este Diego Sancho de la Carrera fue hijo de don Francisco de la Carrera. Si el hecho de Carrera hubiera sido cierto, ¿habrían guardado acerca de él un tan absoluto silencio los documentos originales de aquella época?...
Una palabra más sobre don Sancho de la Carrera. Vino éste al Ecuador en la expedición de don Pedro de Alvarado, desembarcó sin caballo porque el suyo se le murió en la navegación; fue el primero que salió al río Daule, donde encontró una balsa con nueve indios, a algunos de los cuales logró hacer prisioneros para que sirviesen de guías en la expedición. Después de la batalla de Iñaquito, se le cortó la cabeza por orden de Gonzalo Pizarro en esta ciudad su hijo Francisco en, aquel entonces no tenía más que dos años de edad. Don Sancho, según consta de sus informaciones, estuvo en la fundación de las ciudades de Portoviejo y de Guayaquil.
Don Diego Sancho de la Carrera, nieto del conquistador, tenía apenas veintiún años cumplidos de edad y había solicitado el cargo de alférez real, cuando la revolución de las alcabalas, y estuvo siempre de parte de los Oidores. Alegó después los méritos, que en esta ocasión tenía contraídos; pero no dijo ni una sola palabra de la elección de rey, cosa, que, a ser cierta, no la habría callado.
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El Cabildo secular de Quito dirigió al general Pedro de Arana varias cartas, en las cuales le pedía, en términos comedidos y dignos, que se retirara, para que esta ciudad pudiera tranquilizarse. Estas cartas fueron tres. También le escribieron en el mismo sentido algunos canónigos. Arana juzgaría, acaso, que no había buena fe de parte de los que se las escribían. (Las cartas existen entre los manuscritos de la Biblioteca nacional de Madrid).
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Pondremos aquí algunas de las octavas, en que el poeta Oña, en su Arauco domado, describe el cuerpo de tropa auxiliar que de Loja vino a juntarse en Riobamba con el general Arana. Dicen así:
Este Heredia, de quien habla aquí Oña, es don Lorenzo Fernández de Heredia, corregidor de Loja y de Zamora, hijo del maese de campo Gonzalo Fernández de Heredia, descendiente de la casa del conde de Fuentes.
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Informaciones sobre los servicios de Diego de Arcos, (Documentos del Patronato, Informaciones relativas a los conquistadores del Perú).- El año de 1555 hacía 22 ha que había pasado a América: parece haber nacido en 1499. Estuvo en las conquistas de Popayán, de la Canela con Gonzalo Díaz de Pineda, y de Macas con Rodrigo Núñez de Bonilla: fue uno de los primeros pobladores y vecinos de Pasto; cayó prisionero en la batalla de Iñaquito; se halló dos veces en capilla, una cuando lo sentenció a muerte Pedro de Puelles, y otra cuando quiso matarlo Diego de Urbina, por denuncios de que proyectaba con otros asesinar a Puelles: ayudó a Rodrigo de Salazar en su conjuración contra Puelles en Iñaquito recibió una lanzada en el pecho y respiraba por la herida.
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Todos estos datos y los demás que nos han servido en esta narración están sacados de los documentos originales, que se conservan en el Archivo de Indias en Sevilla. He aquí la indicación de las secciones, en que se encuentran. Documentos existentes en el patronato, Escribanías de Cámara, Expedientes de Visitas, 1593, Cartas y Expedientes del Presidente y de los Oidores, Cartas y expedientes de personas eclesiásticas, Cartas y expedientes del Cabildo secular y de personas seculares del distrito de la Audiencia de Quito, Comunicaciones del virrey de Lima, informaciones de oficio y parte del distrito de la Audiencia de Quito. Consultas originales del distrito de la misma Audiencia. Debemos recordar que para el examen de estos documentos se ha de tener presente el año en que sucedieron los hechos, cuyas circunstancias se trate de averiguar: para las alcabalas desde 1586 a 1600.- En Lima se dio a la estampa un opúsculo sobre la revolución de las alcabalas de Quito, poco después de este acontecimiento: aunque no hemos logrado verlo, sospechamos que debe ser obra del mismo Arana. De este opúsculo, sin duda ninguna, es del que habla Mendiburu, calificándolo de Memoria, presentada por el general Arana, en 1598 al virrey don Luis de Velasco.
MENDIBURU, Diccionario histórico-biográfico del Perú, (Tomos 1.º y 4.º).
Para coger preso a Vega fue despachado de Quito en comisión un tal Gabriel Cordero; iba éste por orden de Marañón, y en cuatro días estuvo de Quito en Cuenca; llevaba orden de que se le cortara la cabeza a Vega allí donde lo alcanzaran; mas, como Arana contradijo esta orden, el perseguido huyó a Lima.
La casa, en que estuvo alojado Arana con su tropa, es el actual palacio de los arzobispos; entonces no había portal, y la galería de frente a la plaza era bastante baja. En el plano de la ciudad: carrera de Venezuela de Norte a Sur, y carrera de Chile de Oriente a Occidente, número 14.
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El día 17 de julio de 1593, el Cabildo mandó dar 200 pesos de albricias a un tal Gaspar Sánchez, criado de Arana, por haber sido el primero que publicó la noticia del perdón que el virrey Mendoza concedía a la ciudad de Quito. Pedro de Arana era vizcaíno y en Quito había no pocos paisanos suyos, que le apoyaban decididamente.- (Libro tercero de actas del Cabildo de Quito. Desde 1593 a 1597).
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Desde Chillo escribía Barros al virrey del Perú, en estos términos. «En estos campos o desiertos de Quito hago mi vida, esperando el día de los siete pies, que debe ser alegre y de mucho contento a los que están confirmados con tanta tristeza y calamidades como yo tengo». Esta carta es de 6 de julio de 1594, porque la visita tardó más de un año.
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Este incidente se halla certificado por el Ayuntamiento de Quito, en la instrucción que formuló para capitular al presidente Barros. Los jesuitas debían tomar posesión de los solares, que, para edificar su colegio, habían comprado en la plaza mayor, al frente de la Catedral; los agustinos estaban en el punto donde actualmente se hallan su iglesia y convento, y tenían derecho para impedir, por las vías legales, que se construyera otra casa religiosa a una cuadra de distancia de su convento; porque, por disposiciones expresas, los conventos debían estar distantes unos de otros en las nuevas ciudades. He aquí las propias palabras del
Cabildo de Quito, sobre este incidente. «Por ser (el doctor Barros); tan amigo de las dichas inquietudes y promovedor de ellas, queriendo los religiosos de la Compañía de Jesús mudar la casa que tenían, por no estar en tan buen sitio y otras causas, le fueron a pedir licencia para pasarla en ciertas casas, que le dijeron les vendían; y el dicho doctor Barros les dijo, que era muy bien, y que lo hiciesen con presteza y secreto, porque los religiosos de San Agustín, que estaban cerca de donde se querían pasar, no lo supiesen y contradijesen: y, por ser hombre de poco secreto y constancia, envió a llamar a los religiosos de San Agustín (que estaban cerca de adonde se querían pasar), y les dio el aviso, y mandó se entrasen en él delante; y, al mismo tiempo, concurrieron los religiosos de entrambas órdenes, y se descompusieron de palabras y de obras, y hubo
grandísimo escándalo dos días, que se entendió hubiera muy ruin suceso; y unas veces mostraba favorecer a los unos, y otras a los otros, y dilató este negocio muchos días, y en todo este tiempo se holgaba y reía a contento, por ver que esta dicha ciudad estaba partida en dos bandos, los unos por los unos religiosos y los otros por los otros, y decía que entonces andaba bueno el negocio, pues, con esto, dejarían de tratar de él y de su gobierno»
. Es
el capítulo 53 de la instrucción: el apoderado del Cabildo fue Francisco de Corcuera.
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Evangelio de San Mateo (Capítulo 12, ver. 411. Del padre Torres habla el padre Olivares en su Historia militar, civil y sagrada de Chile, (Libro quinto, Cap. 16.º)
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Declaración judicial del doctor Barros sobre la participación de los religiosos en la revolución de las alcabalas. «Dijo que de la Orden de San Francisco conoció buen celo en Fr. Diego Bonifaz y Fr. Juan de Paz, y todos los
demás procedían mal, acudiendo a la opinión del pueblo alborotado; y el Provincial, que se llamaba Fr. Juan de Vergara y otro fraile, fulano Martínez, que era Guardián, fueron por ello suspendidos y castigados de un Visitador, que envió el Comisario de aquí (de Lima); y conforme a esto
procedían los demás muy comuneramente, diciendo que los padres de los vecinos de entonces eran los que habían ganado la tierra; y en particular no puede decir otra cosa de ellos más de que hablándoles este testigo les conoció
cierta afición».
«Y los de la Compañía de Jesús, en él principió un padre Cabello que era Rector, no anduvo bien, porque era muy amigo del Depositario, y acudía a sus cosas en sus sermones; y en su favor vino a esta ciudad por la comunidad a negociar con el señor Virrey; y la Orden proveyó en su lugar al padre Diego de Torres, y él y los demás, procedieron muy al contrario y en servicio de Su Majestad, y sirvió mucho en ello, porque tomó firmas de más de ochenta personas que consentían en las alcabalas, y en esto y en las pláticas y sermones han procedido muy bien, de manera que están muy odiados y no les quieren oír sermones por esta razón». |
| (Párrafos textuales de la declaración, que prestó el doctor Barros ante el señor Bonilla, en Lima, en el Cercado, el 24 de setiembre de 1594). | ||
La carta de Arana al Provincial y la cédula del Rey están en las Annuas de 1595. El padre Provincial de los jesuitas, escribiendo al Rey sobre este mismo asunto le decía: «Nosotros, Señor, por la gracia de Dios hemos siempre procurado, así en Quito como en todas las demás partes de
estos reinos; que los que habitan en ellos entiendan la obligación que tienen a recibir los arbitrios de hacienda, que, tan justamente y para tan cristianos fines, se les imponen; y en todas las ocasiones les hemos advertido y encarecidamente intimado el religiosísimo intento de Vuestra Majestad, y la obligación que tienen de acudir a la ejecución de él no sólo con la parte de haciendas que con antiguo y justo título se les piden sino también con sus vidas, si
fuese menester; y juntamente les habemos tratado en la merced que han recibido en no se les haber echado las alcabalas por lo pasado»
. (Carta del padre Juan Sebastián al Rey, Lima, 12 de abril de 1598). Estas cartas son notables principalmente porque ponen de manifiesto las ideas, que sobre los derechos de la autoridad civil tenía el clero ilustrado de la colonia en aquella época.
Fr. doctor Barros murió soltero, instituyendo por herederas a tres hermanas suyas, a cada una de las cuales legó diez mil maravedíes de renta. Muertas estas hermanas, los bienes pasaron a la Universidad de Osuna, para que se fundara una cátedra de Instituta in voce, según lo había, determinado el testador. La cátedra se fundó, y Barros fue reconocido como uno de los benefactores de la Universidad.
MERRI Y COLÓN, Del origen, fundación, privilegios y excelencias de la Universidad de Osuna, Madrid, 1869. Además los documentos de la misma Universidad, que citamos antes.