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Huésped de un tiempo sombrío

Fanny Rubio

Que el poeta Leopoldo de Luis, amante de las revistas literarias de la sombría posguerra y antólogo de la poesía social española, reciba un premio como este es una noticia que, aunque demorada hasta el límite de la edad, no deja de ser consoladora para sus lectores. Nunca es demasiado tarde para el reconocimiento de un escritor que, aunque perdió guerras (la incivil, la de las modas y la del artificio de los decenios últimos) puso a salvo en la dignidad de la palabra, la de sí mismo y de cuanto representaba, el sentimiento de otredad que lo alienta desde su primer libro, Alba del hijo hasta la edición última de sus poesías completas recientemente editadas por Visor. Especialista en soledades, ha logrado fijar en la renuncia a esto y aquello su decálogo, y en la corriente nutrida por las poéticas unamuniana y machadiana, verbalizar la compensadora balanza simbolista: «Vivir es morir un día / sobre la tierra desnuda». Poeta de la herida, ahonda en elegías donde se miran seres a la impávida luz de la amargura. Compañero de impulso de Blas de Otero y José Hierro por trascender el pronombre de primera persona hacia el «nosotros» en un intento por vitalizar, si no cerrar, la tradición garcilasiana, mereció ser atacado por quienes agotaron sus poéticas de amores no correspondidos o amores rutinarios, o autismos de salón, que veían en la poesía solo un escaparate de sus espasmos sentimentales.

Durante el medio siglo de escritura transcurrido, Leopoldo de Luis ha construido una obra que ha florecido en terreno de espinos, consciente de su necesidad diaria, como escribe en el poema «Patria oscura»: «A diario la patria se fabrica». Con sus miles de versos libres y también en sonetos, cuartetos, décimas y liras, Leopoldo de Luis entrega ante el lector sus claves: «Con los míos estoy, he aquí mis cartas». Unas cartas que salen de la noche, (no en balde el adjetivo del poeta por antonomasia es «oscuro»), cartas-reflejo de lo compartido, cartas-espejo de la condición humana, pero también carta-aforismo con la que el poeta filosofa sin olvidarse de la piedad o del sentido del humor. Así De Luis nos avisa desesperanzado de que «aunque nos confinasen en lo oscuro / nadie puede apagar la luz del todo». He aquí un brioso poeta moral para los nuevos tiempos desolados.