1
Valladolid, Imprenta de la Casa Social Católica, 1926.
2
Con mención de impresor (n.º 1037-1693) y sin ella (n.º 2062-2596).
3
Sin año (n.º 1694-1890) y sin pie de imprenta (n.º 1891-1993).
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Ver J. M. Palomares, Imprenta e impresores de Valladolid en el siglo XVIII (Valladolid, Universidad, 1974); C. Almuiña, Teatro y cultura en el Valladolid de la Ilustración. Los medios de difusión en la segunda mitad del siglo XVIII (Valladolid, Ayuntamiento, 1974); VV. AA. Valladolid en el siglo XVIII, t. V de la Historia de Valladolid (Valladolid, Ateneo, 1984), en especial los trabajos de L. M. Enciso, «La Valladolid ilustrada» (pp. 13-156), T. Egidio, «La religiosidad colectiva de los vallisoletanos» (pp. 157-260) e I. Vallejo, «Ambiente cultural y literario en Valladolid durante el siglo XVIII» (pp. 373-406).
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Siete de romances (n.º 1586, 1782, 1783, 1784, 1866, 1867 y 1885) y dos de coplas (n.º 1895 y 1915).
6
R. Floranes, por ejemplo, predica de Alonso del Riego, el más notable de los impresores vallisoletanos de los dos primeros tercios, que «se hizo famoso y conocido en los rincones más apartados del Reyno por el torrente de coplas y romances que le inundó»
(Memoria de los impresores de Valladolid desde el principio de la imprenta en la Ciudad hasta oy, Biblioteca Nacional, Ms. n.º 10.501). De todo ese «torrente»
sólo reseña Alcocer cinco pliegos de romances. En el testamento de este mismo empresario, extractado por J. M. Palomares (OC, p. 54), figuran, como parte de «las impresiones de la casa en papel»
que debe recibir su hija María, «73 resmas y 8 manos de 'Romances'»
. Asimismo constan, entre los impresos de la misma categoría «146 resmas y 17 manos de 'Comedias'»
.
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N.º 1714, 1717 y 1853. Dejamos fuera la edición de La juventud triunfante (Valladolid, Imprenta de la Congregación de la Buena Muerte, 1746), porque se resiste a ser considerada como las otras, aunque contiene algunos diálogos (n.º 1219).
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Vid. infra, p. 283, donde se habla de los números de serie existentes en algunas de las ediciones conocidas.
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En atención a los ejemplares hoy conocidos, la palma se la lleva Salamanca, merced a la dilatada producción de la Imprenta de la Santa Cruz. De sus tórculos salió una difundida serie numerada de comedias -brillantemente reconstruida y analizada por Julián Martín Abad («Series numeradas de la Imprenta salmantina de la San Cruz», Revista Provincial de Estudios (Salamanca), n.º 20-21 (1986), pp. 147-200)-, amén de sendas colecciones de entremeses y autos, y otras ediciones extrasecuenciales. En el panorama castellano, fuera de estas dos ciudades -y de Burgos, escasamente representada por las sueltas salidas de la Imprenta de la Santa Iglesia-, el volumen de impresos teatrales localizados es mínimo.
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En otro lugar hemos intentado analizar las relaciones que se establecen entre los dos canales de difusión de los textos dramáticos -los escenarios y las prensas- en Valladolid. La ciudad castellana ofrece buenas posibilidades para un estudio de este tipo, al contar con la información suficiente sobre fechas y títulos de todas las comedias representadas «oficialmente» en el Patio de Comedias durante la etapa en que se produce la emisión de sueltas («El teatro barroco en los escenarios y en las prensas de Valladolid durante el siglo XVIII», en Teatro del Siglo de Oro. Homenaje a Alberto Navarro González, Kassel, Reichenberger [en prensa]).