31
Ver J. M. Palomares (OC), pp. 36 y ss.
32
Ver K. Reichenberger «El "Jardín Ameno". Primeros pasos hacia la reconstrucción de una colección de comedias de finales del siglo XVII hasta comienzos del siglo XVIII», en El teatro español a fines del siglo XVII. Historia, Cultura y Teatro en la España de Carlos II (Amsterdam, Rodopi, 1989) vol. II, pp. 287-97.
33
Así ocurre, por ejemplo, con la mencionada imprenta salmantina de la Santa Cruz, o con la sevillana de los Hermosilla. Por contra, hay imprentas de las que únicamente conocemos sueltas numeradas: la de los Leefdael, la de Padrino, la de los Orga, etc.
34
En cambio, dos ediciones de comedias diferentes llevan el número 21.
35
Parece más adecuado pensar que nuestro impresor -no demasiado escrupuloso en ninguno de los niveles de su trabajo- utilizó los números un poco caprichosamente, salteándolos o utilizando algunos tramos de numeración y renunciando a otros. Todo ello en un afán de acomodarse superficialmente a los usos vigentes.
36
Para un mayor desarrollo de los distintos puntos, consúltese G. Vega, l. c.
37
Ver I. Vallejo, «El teatro en Valladolid durante el siglo XVIII: Autores y obras más representados», Castilla, n.º 6-7 (1983-1984), pp. 143-150.
38
El resto de las ediciones vallisoletanas, por contra, manifiestan una notable autonomía, como se ha ido apuntando.
39
En la difusión impresa del teatro parece cobrar importancia la mención de la autoría, frente a los usos que en la esfera de las exhibiciones tienden a primar como reclamo los títulos y la clasificación genérica de las piezas.
40
Así los de Bainton, Bergman-Szmuk, Boyer, Profeti, Reichenberger, Soave, que hemos ido citando o citaremos en este trabajo.