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Ante la decisión de suicidarse, que toma Esclavitud, la voz narradora comenta: «Si consultamos sobre este drama a don Gabriel Pardo, que es amigo de generalidades pedantescas y se paga de malas razones por el afán de pretender explicarse todo, nos dirá que el extravío mental que conduce a la muerte voluntaria es muy propio del sombrío humor de la raza céltica, esa gran vencida de la Historia; como si cada día y en cada provincia de España no trajese la prensa suicidios así»
(534). Véase Barroso, F.: 177.
12
Véase Mayoral, M., «De Insolación a Dulce sueño. Notas sobre el erotismo en la obra de Emilia Pardo Bazán», en Eros literario. Madrid: Universidad Complutense, 1989: 127-36.
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«Ese andaluz es uno de los tipos que mejor patentizan la decadencia de la raza española [...] Perezoso, ignorante, sensual, sin energía ni vigor, juguete de las pasiones, incapaz de trabajar y de servir a su patria, mujeriego, pendenciero [...]»
(166).
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Pardo Bazán, como fiel seguidora del signo literario de su época, pone en práctica el dialogismo bajtiniano. La heterofonía de múltiples voces que se cruzan (las del narrador, Asís, Pacheco, Pardo...), la heterología de la alternancia de registros coloquiales (como el humorístico de la joven viuda) o formales (el del comandante, por ejemplo) y heteroglosía de la variedad de niveles lingüísticos cultos (el del narrador, Gabriel Pardo, la protagonista...) y vulgares (el de las gitanas, cigarreras...) enriquecen, apreciablemente, la novela.
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«Asís oía, oía con toda su alma, pareciéndole que nunca había tenido su paisano momentos tan felices como aquella noche, ni hablado tan discreta y profundamente. Los dichos del comandante, que al punto lastimaban sus convicciones adquiridas, entraban, sin embargo, como bien disparadas saetas hasta el fondo de su entendimiento y encendían en él una especie de hoguera incendiaria, a cuya destructora luz veía tambalearse infinitas ideas de las que había creído más sólidas y firmes hasta entonces»
(123).
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N. Clèmessy (323) y M. Mayoral (25-26) han subrayado cómo estas precauciones del narrador, Junto a otras, están motivadas más por solventar posibles problemas de censura que por las creencias de doña Emilia.
17
M. Hemingway lo ha expresado en muy justos términos: lo importante en la novela es mostrar «a respectable Catholic lady attempting to dealwith unfamiliar feelings she is not supposed to have»
(52).
18
Opinando, en la misma obra, sobre los Goncourt, afirma: «De todos los territorios que puede explorar el novelista realista reflexivo, el más vivo, el más variado e interesante es sin duda el psicológico, y la influencia innegable del cuerpo en el alma y viceversa»
(322-323).
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Véase los comentarios que M. Hemingway dedica al amor ideal en relación a las críticas de Clarín (45 y ss.). Es de notar que la severa censura de Alas («Emilia Pardo Bazán y sus últimas obras», Museum (Mi revista). Madrid: Fernando Fe, 1890: 51-88), personalismos aparte, no sólo revela una falta de entendimiento general de la novela, sino una concepción muy dispar en cuestiones de estética y tratamiento literario de ciertos temas.
20
Esto es lo que para ella tan bien reflejaban los hermanos Goncourt (La cuestión palpitante, 240). Nótese que en Morriña, aparecida casi al tiempo que Insolación, Asís Taboada luce un enigmático brazalete que a la viuda de Pardiñas le hace pensar: «Esta anda otra vez con intención de maridar [...] ¿Quién será el galán? Dios se la depare buena»
(530).