21
Nos parece que confunde la causa con el efecto M. Criado de Val, «Lenguaje y cortesanía en el Siglo de Oro español», en Árbor, 23 (1952), págs. 244-48, estudio que sólo se basa en un conocimiento muy superficial de los libros de caballerías. Por otra parte, choca ver que un erudito de la altura de Criado de Val cita a Tristán de Leonís por la edición de Anzoátegui, plagio descuidado de la primera -no la segunda- edición de este texto de Bonilla.
22
Nos apartamos aquí del juicio de Helmut Hatzfeld, quien, en El Quijote como obra de arte del lenguaje, trad. [M. Cardona], 2.ª ed. (Madrid, RFE [anejo 83], 1966), pág. 250, ve fuerte influjo del estilo pastoril.
23
Damos la documentación en nuestro trabajo «The Pseudo-Historicity of the Romances of Chivalry», próximo a salir en la revista Quaderni Ibero-Americani.
24
Ibíd.
25
El supuesto ciclo de los Palmerines, en cuanto a España se refiere, apenas merece tal nombre. Sólo consta de tres libros (Palmerín de Olivia, Primaleón y Platir) y éstos no están numerados. Con mayor justificación se pudiera hablar de un ciclo de los Clarianes.
26
Véanse III, pág. 223, ls. 22-25; pág. 224, ls. 27-29 y página 263, ls. 18-26; V, pág. 43, ls. 28-29 y pág. 48, ls. 33-34. El matiz desfavorable es evidente.
27
Véase III, pág. 223, ls. 17-19.
28
Todo personaje malo, pero sobre todo los gigantes, son casi invariablemente «soberbios» (cfr. Amadís, págs. 12, l. 60; 51, l. 183; 59, l. 153; 79, l. 254, etc.). En el capítulo I, 52, una muchacha enamoradísima de su hermosura es censurada.
29
IV, pág. 33, ls. 7-10. «Las
fuerças de sus braços»
parece ser
alusión específica a la belicosa Claridiana
(véase III, pág.
302, ls. 6-12).
30
Véase VI, pág. 219, ls. 13-18, donde dice que lo hace de propósito.