11
Cháneton, Abel, op. cit., p. 53.
12
Caillet-Bois, Julio, art. cit., pp. 99-101. En lo relativo a las lecturas de Echeverría durante su estancia parisina, me guío por él, aunque dude de su rigor, por ser el estudio más completo hasta la fecha.
13
Al menos ésta es la opinión de Caillet-Bois. Sin embargo la obra de Echeverría muestra que nunca olvidó las enseñanzas de Chateaubriand. Lo refleja con claridad en «La Cautiva», imitando a Atala. Otros poemas que reflejan el influjo del francés son: «Estancias», escrito en 1831; «El impío» y «Ruegos», escritos ambos el 6 de noviembre de 1831. Todos ellos ratifican las creencias ortodoxas del porteño.
14
Notas biográficas..., t. V, pp. XXIV-XXV. Caillet-Bois sugiere que debió concurrir al «Salón Stapffer» el que fuera traductor de Goethe al francés y, probablemente, familiar del suizo-alemán que inició a Echeverría en el conocimiento de la literatura alemana.
15
De Goethe conoció Fausto (traducido por Stapffer y Saint-Aulaire en 1823) y casi todo su teatro, en la colección Chefs d'oeuvre des théatres étrangers, dirigida por Charles Nodier, 1821. A Schiller lo leyó en la versión de Barante (1821), según Caillet-Bois. De Shakespeare, Romeo y Julieta, Hamlet, Otelo y El mercader de Venecia, que fueron las obras representadas en París por la Compañía Kemble y Miss Smithson, en su gira triunfal de 1827. En cuanto a la influencia manifiesta de Byron, sólo citaremos dos ejemplos de los muchos que se podrían dar: «La Cautiva» y El Ángel Caído, siguen respectivamente al poema Mazeppa y al «don Juan» del poeta inglés.
16
Arrieta, R. A., op. cit., p. 35. El propio Echeverría dice en t. V, p. 449: «Causas independientes de mi voluntad me obligaron a regresar a mi país»
. Palcos y Jitrik sostienen que por razones económicas.
17
Gutiérrez, J. M.ª, cit., t.V, pp. XXXIII-XXXVII.
18
Jitrik, Noé, op. cit., p. 82.
19
Palacio, Ernesto, Historia de la Argentina 1515-1976, Buenos Aires, Abeledo Perot, S. A., 1979 (undécima edición), p. 277. Un testimonio contemporáneo del creciente florecimiento de Buenos Aires durante la 2.ª mitad del siglo XVIII, lo ofrece Carrió de la Vandera en el capítulo II.º de la primera parte de su Lazarillo de ciegos caminantes.
20
Esto se evidencia tanto en el nombre de las instituciones (Asamblea, Trunvirato, Directorio) y en su ideología (racionalismo iluminista), como en el vestuario (uso del frac) o las formas poéticas (neoclásicas).