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61

«Sobre el arte de la poesía», en t. V, p. 123.

 

62

Arrieta, R. A., op. cit., pp. 55-56; y Carilla, Emilio, «Las ideas estéticas de Echeverría», en Revista de Educación (La Plata) III, n.º 1, 1958, pp. 1-13.

 

63

Recordemos la polémica que sostuvo con Alcalá Galiano, en la que preguntaba irónicamente al crítico español, cómo podía ser español en literatura no siéndolo políticamente.

 

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La despedida de éste recuerda por su engolamiento al discurso de Brian en el momento de su muerte: «Mire usted si tendrá sentimientos elevados Alberto: estábamos en vísperas de casarnos cuando llegó a sus manos una proclama del gobierno a los habitantes de la campaña anunciándoles la próxima incursión de los indios [...]. Ese mismo día escojió sus mejores caballos, preparó su equipaje y me dijo: La Patria, tu vida y la de mi familia peligran, los indios están próximos; éstos son deberes sagrados para un hombre de honor, yo no puedo desconocerlos. Cuando haya servido a mi Patria vendré a consagrarte mi mano y mi corazón. Ya tu hermano me precedió, voy a seguirlo: adiós, volveré glorioso y enamorado».

 

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Además del opúsculo en prosa dedicado a la figura del don Juan, publicado en el t. V, El Ángel Caído recoge sistemáticamente, en su segunda parte («El baile») los «don Juan» de Tirso, Zamora, Molière, Byron, Balzac, Dumas, Mozart, Hoffman, Corneille, Zorrilla y Espronceda. Todos ellos, según Echeverría, «hijos de un padre y parecidos». El suyo será «de alma, de genio, educación distinta», pero los tendrá presentes a todos.

 

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Op. cit., p. 134.

 

67

Dumas, Claude, «Contribución al estudio del romanticismo hispanoamericano: el caso de La Cautiva del argentino Echeverría», en Hommage des hispanistes français a Nöel Salomón, T/ 1979, pp. 237-249.

 

68

Ya lo vieron sagazmente Nydia Lamarque, Echeverría el poeta, Buenos Aires, Cervantes Talleres Gráficos, 1951, y Juan Collantes de Terán, «El romanticismo de Esteban Echeverría», en Anuario de Estudios Americanos, Sevilla, t. XXIV, 1967, pp. 1739-1783. Para este punto concreto, p. 1751.

 

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Destacan sobre todo las dos octavillas agudas del canto IV.º («La alborada») y algunas estrofas del canto VII.º («La quemazón»). Más dudosas son las décimas 2.ª, 3.ª, 7.ª y 8.ª del canto I.º («El desierto»).

 

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Aunque toda la acción transcurre en la inmensidad de la pampa, el narrador nos remite a tres lugares específicos: el de la acampada nocturna de la tribu; el «pajonal amigo» y la tumba de María. Pero sus descripciones son bastante generalizadas y no se perciben diferencias entre ellos; más bien quedan englobados en el magno e inhóspito escenario.