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Klee

Ricardo Gullón





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El pintor suizo Paul Klee fue uno de los más conspicuos renovadores de la pintura moderna. El editor Insel acaba de dedicarle uno de los libros de su popular colección -los Insel-Bucherei-, otra vez en marcha (es admirable la recuperación alemana; el tomito dedicado a Klee, con magníficos grabados, papel excelente, presentación cuidada, no cede en nada a lo que en análogas series están realizando editores de otros países). Éste es uno entre los muchos testimonios que pudieran alegarse para testimoniar el interés suscitado por el arte de Klee. Exposiciones de su pintura se suceden, con enorme éxito, en Europa y en los Estados Unidos; museos y coleccionistas se disputan sus obras.

En la pintura de Klee se da una mezcla de inocencia y magia que satisface inconfesados anhelos del hombre moderno. La destrucción de la realidad en su apariencia, iniciada por el impresionismo, tenía una finalidad clara: sustituir las formas inexpresivas y caducas de esa apariencia por un conjunto de signos reveladores   —343→   de lo real en su autenticidad. La pesquisa se organizó en profundidad, y la imaginación, liberada de servidumbres convencionales, reconstruyó el mundo a su manera, expresándolo en niveles diferentes a través de formas de considerable riqueza. Klee poseía una rara capacidad de deslumbramiento; como los niños, sabía dejarse sorprender por la maravilla del mundo: plantas, animales, aguas... Es conocida la impresión que le produjo la visita al acuario de Nápoles, donde una realidad fantástica satisfacía al mismo tiempo sus deseos de verdad y novedad. Las flores, por ejemplo, rompían de pronto su inmovilidad para convertirse en animales voraces, malignos.

Klee pintó y dibujó sin apartarse de la figuración. Arrastrado por un humor vagabundo y curioso, buscó en las formas semejanzas con los objetos del mundo real. Formas en principio desconectadas de toda alusión, adquieren, por la sugerencia implícita en un rasgo, en una mancha, contornos familiares, perfiles que recuerdan la realidad. Herbert Read dice que el mundo de Klee es un mundo gótico. Más bien, me atrevería a decir, un mundo irónico, creado por una imaginación tan viva como natural en sus movimientos. Quizá tal es la razón de su triunfo: el espectador encuentra en las obras de este artista una transcripción del universo empapada de lirismo y cercana al mundo de los sueños, al mundo de esas sorprendentes realidades que halagan la imaginación del hombre dejándole entrever, como posibles, transmutaciones mágicas de lo cotidiano en que se halla inmerso.





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