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A pesar de que, como se ve, Oña da a ambos hermanos como incorporados al ejército de don García en Chile, en la carta que Rodrigo de Quiroga, siendo gobernador, escribió a Felipe II, en 6 de mayo de 1577, en aprobación de la información de servicios de Gaspar, que se remitía en esa ocasión al Consejo de Indias, expresamente afirma que «vino a este reino cuando el Licenciado Castro envió gente de socorro a él con Jerónimo de Costilla [...]». Documentos inéditos, XXV, 100. Según esto, el arribo de Verdugo a Chile habría tenido lugar en 1565- Thayer Ojeda, basado, sin duda, en el pasaje de Oña citado, o en algún otro documento que se nos escapa, opina que ya antes había venido con don García; y de ahí nuestra afirmación de que bien pudiera tocarle la alusión del poema; pero el mismo autor, en su recordado artículo de los Anales de la Universidad, t. 139, p. 385, se pronuncia por que esa alusión se refiere a Baltasar, de quien, en efecto, obran antecedentes precisos para asegurar su presencia en Chile en tiempo de Hurtado de Mendoza. Esos antecedentes constan de la pregunta octava del interrogatorio del dominico fray Baltasar Verdugo, que dice así:

«Ítem, si saben que el dicho capitán Baltasar Verdugo entró en este reino en compañía del marqués don García de Mendoza cuando vino por gobernador de él, donde sirvió a S. M. en la guerra e pacificación de los indios rebelados contra la Real Corona, a su costa e minción, ansí en el tiempo de su gobierno como en el de los demás gobernadores que le sucedieron en tiempo de más de cuarenta años».



Conviene advertir desde luego que debemos fijarnos en esta última frase, porque servirá para señalar con alguna aproximación la fecha de la muerte de Verdugo.

Al tenor de aquella pregunta declararon en Santiago, en febrero de 1607, algunos testigos que aseveraron serles el hecho notorio por lo que les constaba de oídas, y uno de vista, el capitán Hernando Vallejo de Tobar, quien se expresó así: «que la sabe como en ella se contiene, porque este testigo en el dicho tiempo y ocasiones vido e conoció al dicho capitán Gaspar Verdugo, porque anduvieron juntos en la guerra de los dichos rebelados, donde le vido servir a S. M., a su costa e minción, con lustre de caballero hijodalgo y buenas armas e caballos e criados». (XXVII, 470).

 

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Tal es la patria que asignamos a los Verdugos en nuestro Diccionario biográfico, sin que podamos ahora recordar el documento en que bebimos el dato, y hacemos esta advertencia porque Thayer Ojeda (III, 186) los hace oriundos de Bañares.

 

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Marino de Lobera es quien trae la noticia de una de esas correrías de Verdugo, que referimos, por lo que queda dicho, a los primeros días de enero 1581. «En este tiempo andaba el capitán Baltasar Verdugo en la tierra de Ancud, términos de la ciudad de Osorno, corriendo el campo con cuarenta hombres, donde padeció muchos trabajos por la dificultad y aspereza de los caminos y frecuentes encuentros que tenía con los enemigos, sin cesar de perseguirlos de día y de noche [...]». Crónica del Reino de Chile, p. 404.

 

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Thayer Ojeda (lug. cit.) señala el año de 1580 como el de la fecha de la muerte de Verdugo, sin darnos la fuente de donde tomara el dato. Marino de Lobera en el párrafo trascrito en la nota precedente, refiere aquella correría de Verdugo a los primeros días de enero de 1581, pues la coloca después de hablar de la salida que ciertos españoles hicieron del fuerte de San Pedro el 9 de ese mes y año, cuando dos apartes más adelante entra a referirla, diciendo: «En este tiempo».

Por otra parte, fray Baltasar Verdugo en su citado interrogatorio, que es de 1.° de febrero de 1607, dice, según cuidamos de advertirlo, que su padre había llegado con Hurtado de Mendoza a Chile, en 1557, por consiguiente, y servido aquí durante más de cuarenta años, esto es, hasta 1597 por lo menos; y respecto a la muerte, sólo que era ya Verdugo difunto en la fecha en que presentaba su memorial.

Tales son los motivos que tenemos para poner en duda la exactitud de !a que apunta el señor Thayer Ojeda.

De su mujer doña Catalina de la Vega, Verdugo dejó nueve hijos, cuya enumeración nos da ese autor en las pp. 186-187 del tomo III de su citada obra.

 

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Es fácil la prueba de este aserto, y la tenemos de boca del mismo Vergara. Preguntado por Alonso de Córdoba el Viejo «si sabía que, venido don García de Mendoza por gobernador de este reino, se halló con él en todas las batallas y recuentros que los naturales dieron a los españoles en términos de esta ciudad de la Concepción y del estado de Arauco y provincias de Tucapel. y en las guazábaras que se dieron a los naturales en el río Biobío y en el valle de Millarapue», respondió (XIV, 444): que «se halló en las batallas e recuentros que la pregunta dice; preguntado cómo lo sabe, dijo que porque lo vido e se halló este testigo en la dicha guerra con el dicho gobernador don García e lo vido como la pregunta lo dice, e por esto dijo que lo sabe».

En términos parecidos declaró también cuando contestó a la pregunta 35 del interrogatorio de Juan Gómez (XIV, 85).

 

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Al primero de esos años alude en sus declaraciones del proceso de Villagra (XX, 341), y de la información de doña Esperanza de Rueda (IX, 318); al segundo, en las de Juan Gómez(XIV, 81), y de Alonso de Córdoba el Viejo (XIV, 443). Y adviértase que todavía podrían señalarse cifras aún más extremas en cuanto a postergar esa fecha.

 

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Hay varios anacronismos aparentes en la exposición que Vergara hace de su actuación en el viaje de descubrimiento, pues al paso que dice que fue de los primeros que se juntaron a Valdivia, en otro lugar declara que se le reunió en Copiapó; contradicción que se explicaría por la comisión que recibió para ir a Porco, desempeñada la cual, alcanzaría a su jefe en aquel valle; y otro tanto pudiera decirse de que figurara en algunas de las correrías dirigidas por Gómez, quien murió antes de llegar a Copiapó.

 

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Él nos dice también que a las órdenes de Pedro de Villagra estuvo más de ocho meses en la sustentación del fuerte que Valdivia mandó hacer a orillas del Maule (XIII, 170).

 

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No se trata, al valemos de esa expresión, de una figura retórica, conviene advertirlo. Requerido Vergara para que abandonara la ciudad, contestó que no podía hacerlo, «con tanta gente que tenía en su casa, porque no tenía cabalgaduras en que poderlas llevar, que las había dejado todas en Arauco [...]; e que la noche antes, el dicho Francisco de Villagra quitó a este testigo un caballo que tenía [...]» (XX, 343).

 

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Tenernos declaración suya en la información de doña Esperanza de Rueda, prestada en Lima en octubre de 1556 (IX, 318). ¿Cuándo pudo hacer ese viaje? Si se marchó al sur con Villagra en 2 de noviembre de 1554 y no regresó a Santiago hasta principios de agosto del año siguiente, es necesario, para explicar su presencia en Lima, que bien pronto se embarcara para el Perú, quizás en compañía de Pedro de Villagra. En Lima habría sido él uno de los que con más instancias pidieron al Virrey el que enviase a su hijo don García de gobernador a Chile. Así lo asevera Gabriel de la Cruz en la información de servicios de éste (XXVII, p. 19, pregunta tercera).