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1181

En los términos siguientes, que, acaso, el lector deseará conocer. Habla, pues, el Amor, y dice:

«En tanto, gusto le mires ocupado en los sangrientos exercicios de Marte, mi vasallo, en la parte que viene a estar contrapuesta a la tuya. Hay en ella una indómita gente, que muchas veces con temerarios intentos han procurado hurtase a las invictas armas que los sujetan. Temblaron los Araucanos Montes (que esta es la belicosa provincia de quien trato) al estruendo de los instrumentos marciales; resonaron en las concavidades de sus peñas los gemidos de los despedazados mortales. Peleó la obstinación contra el justo valor. Crecieron las raudas de los ríos con las corrientes del sangriento humor; y viose en varios y lastimosos aspectos triunfar la cruel, que, como yo, a ninguna perdona. Acudieron a estos alborotos los nobles antecesores de Menandro [D. García], mi caro súbdito, y vuestro gallardo mayoral. Fueron, vieron y vencieron; alcanzando en diferentes batallas gloriosos trofeos, fixando el estandarte de Austria en los encumbrados cerros jamás domados, y poniendo con heroica virtud las invencibles plantas sobre las esentas cervices. Volvieron ricos de bárbaros despojos, dexando por el tiempo que allá residieron, sosegados los tumultos. El furor es fuego, y, como tal, es fuerza reviente por ojos, narices, bocas y manos. Levantaron, pues, estos arrogantes nuevas máquinas de motines y contrastes: han sido en ellos a veces vencidos, y a veces vitoriosos, mostrando hasta en las adversas fortunas vivamente su ira y coraje. Mas los cielos tienen reservadas para Menandro las finales y últimas vitorias destos soberbios».


La constante Amarilis, pp. 125-127.                


 

1182

«... Mas advirtiendo (como en el discurso de la obra alguna vez se hace) que muchos de los disfrazados pastores della lo eran sólo en el hábito...»

 

1183

Fernández de Navarrete, Vida de Miguel de Cervantes Saavedra, Madrid, 1819, p. 66. «No puede caber duda, son sus palabras, de que ésta fue la verdadera Galatea, así como tampoco puede haberla de que bajo los nombres de Tirsi, Damón, Meliso, Siralvo, Lauso, Larsileo y Artidoro introdujo en aquella fábula a Francisco de Figueroa, Pedro Laínes, D. Diego Hurtado de Mendoza, Luis Gálvez de Montalvo, Luis Barahona de Soto, D. Alonso de Ercilla y micer Andrés Rey de Artieda, todos amigos suyos y muy celebrados poetas de aquel siglo».

 

1184

Rodríguez Marín, Luis Barahona de Soto, p. 118, nota 1.

 

1185

«... otros poetas intentaron disfrazar la sociedad con el traje de pastores. Cervantes quiso, además, retratar de intento a determinados personales. Bajo los nombres de ... Larsileo quiso celebrar a don Alonso de Ercilla...» Prólogo al tomo 1 de la Colección de autores españoles de Rivadeneyra.

 

1186

El Loaysa del Celoso extremeño, p. 317: «Persuadido estoy también ... de que Larsileo y Artidoro son Ercilla y Rey de Artieda...» Barahona de Soto, p. 119, nota 1.

 

1187

En la nota 145 de su citado libro, Fernández de Navarrete ofreció que en el análisis que se proponía hacer de Galatea tendría ocasión de «correr el velo a los hechos y personajes verdaderos que se ocultan ingeniosamente entre las aventuras y pastores de aquella novela», lo que al fin no verificó.

 

1188

Página 137 de la edición de Baudry, París, 1841, que es la de que disponemos y seguiremos citando

 

1189

Barahona de Soto, lugar citado.

 

1190

Esta alusión al Asia y, en general, a las peregrinaciones de Lauso (en la hipótesis de que bajo tal nombre aparezca designado Ercilla), nos trae a la memoria aquella otra que Belmonte Bermúdez le dedica, nombrándole con todas sus letras, en la Hispálica, (citada por don Justo Zaragoza en su prólogo a los Viajes de Pedro Fernández de Quirós, t. I, p. lxvi):


El pecho puse a la mayor jornada,
llegando al sol los pensamientos míos,
y tocando en la tierra, en van arriada,
nombre dimos al rasar, nombre a los ríos;
como de Arauco en la jamás domada
región, notaba los soberbios bríos
Arcila, de los bárbaros chilenos,
si bien yo anduve más y escribí menos.