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La caída de Sagunto
Tragedia
Philip Frowde
Sir Robert Walpole ,
Caballero de la Muy Noble Orden de la Jarretera, etc.,
etc., etc.
SEÑOR
Si por la osadía de encomendarme
al buen gusto de los más nobles y distinguidos, hubiera
de sufrir la acusación de haber preferido halagar
mi vanidad, mi orgullo y, por supuesto, mi ambición
que encontrar razones para mi tragedia
Sobre Sagunto, tendría que replicar a tales jueces
que no precisan mirar tan atrás en el tiempo para
recordar el destino de los tristes catalanes, descendientes
de los saguntinos y también el de un patriota que
cierta vez se aventuró hasta el extremo por la religión
y el estado, si es que tal expresión resulta adecuada
para alguien que ha sido confinado en la Torre.
Y aunque
mi estilo la haya empalidecido y la mano que ha trazado tal
gesta se muestre en exceso inhábil, me sentiré
seguro y alentado con la generosidad de vuestro mecenazgo,
ya que vos, en defensa de sus bravos descendientes, mostrasteis
toda la fuerza de la elocuencia en un momento crucial, cuando
mostrarnos la vileza de tamaña traición se
convirtió en una cuestión más que decisiva.
De modo que, observando atentamente una y otra circunstancia,
la fama de vuestra intachable conducta debe hacer exultar
de orgullo a todo auténtico británico; y llevarle
al convencimiento de que la naturaleza de nuestros
problemas no podrá nunca expresarse adecuadamente
por medio de las simples reglas del arte o de la retórica,
sino con una visión auténtica y vívida
de sus consecuencias reales. O, lo que es lo mismo, con la
razonable felicidad de la experiencia cotidiana.
Y, por
tanto, que el mejor modo de formarnos un juicio sobre el
prestigio de nuestra nación debe ser observar con
admiración su actual estabilidad, en medio de tanto
ruido de sables y rumores de guerra.
Y, en fin, que siempre
que lo fundamental se relate con la ventaja de la fidelidad
histórica, hasta lo nimio será oído
o acogido, Señor, con tu aprobación.
Pues
aunque no cuento con el favor de ninguna divinidad, puedo
declarar solemnemente, por mi antiguo conocimiento de vuestra
juventud y de la promesa de vuestro genio que pude apreciar
en Eton, que mientras vos seáis el valedor de los
estudios clásicos y del Arte Griego y Romano en el
Gabinete, aquellos para instruirnos en la profundidad de
la razón y éstos para hacerlo en las reglas
del buen gobierno, no habremos de temer daño alguno
de las intrigas y amenazas del poder extranjero.
Pero mientras me extiendo en materia tan grata para mí,
casi olvido contestar debidamente a los críticos que
quizá se estén preguntando por qué ha
de aparecer una amazona de África dentro de las murallas
de Sagunto. Mas si el honroso precedente y la autoridad de
Silio Itálico me evita debatir con ellos semejante
banalidad, de igual modo confío en el escudo de vuestra
ala protectora bajo la cual se encuentran tan plenamente
protegidos y a salvo los intereses de Gran Bretaña.
SEÑOR, Con
el más absoluto celo y entrega,vuestro
más obediente y humilde
siervo PHILIP FROWDE
Escrito por Mr. THE OBALD; y recitado
por Mr. QUIN.
Cuando la temida Roma se convirtió
en feroz botín
cuando el tirano Nerón surgió
de entre las ruinas,
Lucano halló en tal desventura
ocasión para su gloria:
desdeñó la
desgracia provocada por la discordia civil
e inmortalizó
la guerra que había sentado a Nerón en el trono.
Así ¡oh triste
Sagunto! en verdad lamentamos
tu inmenso sacrificio y tu
desventurado fin.
Pero si tan terrible desgracia nos permite
evocar esta noche tu trágica peripecia,
nuestro
arte la inmortalizará representada noblemente.
¡Soberbio
es tu destino llorado por lágrimas británicas!
Compensados quedan tu hambre y el fuego de tu destrucción
cuyo resplandor perdura en el tiempo y en tu fama.
Británicos, se alza
el telón de la inmortal historia
de los terribles
tormentos, dignos de alabanza sin par,
de un pueblo indómito
que despreció el miedo a la muerte;
que, abominando
la traición a sus pactos, defendió la lealtad.
Y que con titánica voluntad prefirió ser digno
de su nombre
y perecer unido a vivir bajo la sombra del
deshonor.
Tan bravo ejemplo, hecho revivir ante vuestros
ojos,
contemplad ecuánimes e imitad en vosotros tamaña
virtud.
PROLOGO Aplaudid al bardo cuya inspiración
ha sabido
encontrar el origen de vuestra antigua dignidad.
El ejército británico reconoce ese orgullo
generoso,
sabe conservar las alianzas y dominar imperios.
Si alguna vez traicionamos nuestra honra,
si alguna
vez prevalecen infaustos consejos
persuadiéndonos
a abandonar a un valiente aliado
¡arrojad a la sombra del
olvido tan desdichada tentación
o, para borrar del
todo pecado tan execrable,
enmendemos, en aras de la gloria,
el error cometido!
Recitado por Mrs. YOUNGER.
¡Qué gozo inesperado!
¿Cómo aquí hoy tal multitud!
¡Parece claro
que si no a conspirar ha venido a condenar la tragedia!
¡Cielos! ¿Cómo puede haber rencor tan mortal en vosotros?
Bien ¿hay algo más que tengáis a bien exigir?
Creo estar en lo cierto -porque me parece haberos oído
decir:
«¡Por favor!, ¿actúa hoy Violante?
Nuestras
comedias, ¡maldición!, son de tal calidad
que nos
basta con Wagner y Abericock.»
El
poeta, empero, aspira a seducirnos con su empeño:
una lección moral emanada de tan trágicas
escenas
y es que, después de todo, existe una suerte
de mérito
en esa cuestión tan pasada de moda
llamada espíritu público.
Séamosle,
al menos, agradecidos; nos ha hecho conocer
que hace dos
mil años aún vivían
tan ingenuos patriotas,
pobres diablos tan virtuosos
que estimaban el bien público
por encima del suyo.
Si hubieran pasado sus noches en nuestras
reuniones sociales
quedándose sin blanca en el casino
del White
no se hubieran mostrado tan firmes los nobles
saguntinos
sino que cada uno, sagazmente, hubiera optado
por su propio interés.
En
cuanto al desdichado Fabio, una vez que lo abandoné
casi hice perderse al general en el amante.
Pues, en efecto,
encontró a su amada tan excitante
que descubrió
ser capaz de algo más que pensar en la lucha.
Igual
podría acontecer aquí si los clarines de guerra
convocaran a nuestros invencibles héroes para empuñar
las armas.
¡Oh Dios! ¡Qué agitación sobrevendría!
¡Qué desordenada fuga!
Y ¿qué hacer, amigos?
¿Qué hacer para evitar tal desastre?
En tal caso
nuestra valiente nobleza podría emular al romano.
¡Ah, señoras! Tales son los soldados para una mujer.
Bien: habéis
contemplado lo mejor de nosotros
para gloria de una obra
que nuestros rivales rechazan.
Aquí la tenéis:
juzgad la causa de un poeta ofendido
y vengadle cumplidamente
con vuestro aplauso.
Contemplad nuestro tesón y empeño
con ojos benévolos
y La caída de Sagunto dará
desquite a este teatro.
HOMBRES
SÍCORIS, Gobernador de SAGUNTO. MR. BOHEME. MURRO,
su hijo , enamorado de CANDACE. MR. WALKER. EURYDAMAS, un
traidor. MR. QUIN. THERON, Sumo Sacerdote de HÉRCULES.
MR. HULETT. LYCORMAS, otro sacerdote , cómplice de EURYDAMAS. MR. DIGGS. FABIO, joven romano , enamorado de TIMANDRA. MR. RYAN. CURCIO, otro romano , su amigo. MR.
MILWARD. SAGUNTINO 1.º MR. OGDEN. [SAGUNTINO 2.º]
[SAGUNTINO 3.º] MUJERES
CANDACE, Reina de las Amazonas, prisionera de FABIO y enamorada
de éste . MRS. BERRIMAN. TIMANDRA, hija de SÍCORIS,
enamorada de FABIO. MRS. BULLOCK. LA ACCIÓN EN
EL INTERIOR DE LAS MURALLAS DE SAGUNTO, SITIADA POR ANÍBAL
FAB[IO]
Vuelve a amanecer, y crece con el día nuestro oprobio,
la eterna infamia de la inicua Roma.
¿Será este
sol, al fin, oh Curcio, el que nos cubra de vergüenza?
Acaso debamos amortajarnos con el oscuro sudario de la noche.
La noche que, incluso al villano, concede el dulce descanso
5
alejando su pensamiento de la más leve vicisitud.
CURC[IO]
Comparto tu pesar y lamento no poder impedir
escuchar
tales palabras en boca de un romano.
Vano es buscar coartadas
a esta inútil espera
para salvar el mancillado honor
de nuestra patria.
10
¿Qué dirán nuestros
enemigos?
FAB.
qué dirán nuestros amigos,
los saguntinos, ominosamente traicionados.
Por los dioses, antes prefiero enfrentarme
a un ejército rival
que soportar la mirada del amigo
traicionado; mas ¡ay! aquí
no queda nadie sino tú
que por tal pueda ser llamado.
15
Incluso tú debes
sentirte traicionado; tu leal amistad
no otra cosa te ha
comportado que innumerables infortunios.
CURC.
Basta ya,
Fabio, te lo suplico, no prosigas.
¿Acaso piensas que de
verdad soy un cobarde?
Amigo mío, ¿vas a negarme
compartir contigo la gloria,
20
la postrer pero mayor recompensa
de un viril comportamiento?
Sabe que me honra resistir aquí
contigo
y que me llenará de orgullo el caer junto
a ti
pues escrito está el morir combatiendo; y que
tu amor
por la hermosa Timandra no te tiente con otro pensamiento.
25
No viviremos para ver el estrago de la ciudad saqueada
sino que caeremos bravamente por la causa de Sagunto,
expiando
acaso nuestra sangre la deshonra de nuestra patria.
FAB.
Mi vida y mi honor se hallan en el estrecho filo de la balanza:
no será menester recordarte hacia qué lado
se inclina mi voluntad.
30
Mas tus palabras levantan tempestades
en mi pecho:
una tormenta que derrota y hace añicos
mi razón.
¿Hablas, Curcio, de una ciudad vencida
y saqueada?
¿Habrá de vivir Fabio para contemplar
tan tenebrosa escena?
Oh, no. Y, sin embargo, así
lo deseo. ¿Dónde si no
35
la infeliz Timandra, tierna
y desdichada doncella,
podrá refugiarse de la depravada
lujuria de los libios?
¡Oh, qué tortura! ¡Qué
insoportable tormento!
¿Acaso entonces, anegada su alma
de amargura,
en la afilada angustia de un corazón
sangrante,
40
cuando el libidinoso esclavo, encendido por
el roce de su carne,
la arrastre desde la pureza a la inmundicia
no gritará inútilmente invocando a Fabio?
(Se arroja a sus brazos.)
CURC.
Cesa de
torturarte, corazón valiente y aguerrido,
con imaginarias
desdichas que los dioses,
45
si merecen tal nombre, jamás
consentirán.
No permitirán que esa joven,
pues bien conocen su nobleza,
conserve su vida para sufrir
tal afrenta.
Pues es cierto que un suave temple envuelve
con frecuencia
la casa heroica de un alma varonil; los ilustres nombres
50
de Clelia y de Lucrecia brillan en nuestros anales.
Su ejemplo, memorable para la noble estirpe de Roma,
fortalecerá
el corazón de la tierna Timandra
y enardecerá
su espíritu para emularlas dignamente.
Y de igual
modo, a mi parecer, actuaría tu noble cautiva,
55
la famosa Candace, Reina de las Amazonas;
ella que logró
en solitario someter a tu ejército
mientras el enemigo
la cercaba como una jauría de perros.
Pero dime ¿cómo
soporta su espíritu indomable
las dobles cadenas
de la prisión y del amor?
60
FAB.
Tal es también
el origen de que mi acrecentada desdicha
y mi tristeza se
debatan en terrible encrucijada.
Amar y ser amado pero no
alcanzar la posesión
es dolor indomable para el corazón
que adora;
pero ser amado y no poder corresponder
65
es
aún mayor tormento para un corazón generoso.
Tal es, empero, mi tortura. Y es claro que la Reina,
aun
tolerando su triste cautiverio, no oculta un amor
que, más
allá de toda pasión, absorbe y nubla su razón:
el amor, ese turbulento e ingobernable huésped
70
que se muestra tan dulce entre las de su sexo,
es en ella
una suerte de violento delirio.
Con creciente soberbia que
pone a prueba mi contención
me confiesa una pasión
que me niego a admitir.
CURC.
Mas ya vemos abrirse el templo
de Alcides,
75
fundador de Sagunto y su dios tutelar.
FAB.
También nosotros lo proclamamos con orgullo
poderoso
progenitor de la estirpe de Fabio;
entremos para alzar nuestra
plegaria matutina.
CURC.
Detente, Fabio; los sacerdotes se
aproximan
80
acercándose en una lenta y solemne procesión
que precede al Sumo Sacerdote.
(Entra, haciendo
como que sale del templo, THERON , aguardado por los sacerdotes;
estos, tras recibirlo, se retiran de nuevo al interior del
templo.)
FAB.
desde que comenzó el asedio, orando sin tregua
o
esgrimiendo las armas, valiente y piadoso sacerdote,
se
ha entregado a la causa de su patria; su elevada estatura
85
hace honor a las insignias de su dios; contempla
las
que hoy muestra, de muchos africanos
anunciando la segura
destrucción. Aquí se acerca.
THER[ON]
Buen día a los dos, nobles romanos.
90
De haber acompañado los dos a Héctor y
a Eneas
en la defensa de las murallas de Ilión
otro
hubiera sido su destino fatal pues contra Grecia
habría
vuelto la bélica destrucción; pero dioses hostiles,
como entonces en Troya, persiguen ahora la derrota de Sagunto.
95
Y la altiva Juno, la cruel e irascible madrastra
del
gran dios cuyas memorables hazañas
llenan las cien
bocas de la Fama, nuestro egregio fundador,
estrella su
insaciable maldad sobre nuestro pueblo.
FAB.
Cabalmente has
descrito a la vengativa diosa,
100
ancestral enemiga de
toda la raza de los dárdanos
e injusta protectora
de la impía Cartago.
Mas si de impiedad hablo, ¿cómo,
Theron,
cómo oso mirarte a la cara, cómo eludir
el amargo reproche que, con merecidas palabras,
105
podrías
dirigir sobre el nombre de Roma?
THER.
No deseo ofender de
ese modo tu virtud,
noble y valiente joven. ¿Acaso tu mortífera
espada
no ha sembrado la destrucción entre los enemigos
de Sagunto?
¿No has elegido permanecer junto a un pueblo
desdichado
110
y ser, por tu sola voluntad, indómito
defensor de la ciudad
invocando inútilmente a un
general ausente?
Insultar tan noble naturaleza sería
una injuria
que mi alma desdeña; rebajaría
mi humana condición:
el reproche y la calumnia venganzas
son de mujer.
115
CURC.
¡Con qué elegancia soslaya
cuestión tan enojosa,
convirtiendo en juicio sereno tamaña aflicción!
Si un valiente se complace en escuchar sus propios elogios
los que de tu boca provienen, suenan doblemente estimables.
FAB.
Theron, bien conoces la inocencia de mi alma,
120
incapaz
de hacer parecer noble lo que en verdad es injusto,
por
tanto ¿será suficiente con que dos de nosotros
enmendemos
la brutal deslealtad de Roma?
¿Qué dirían
nuestros padres, Léntulo y Fabio,
qué dirían
los antepasados de la otrora gloriosa Roma,
125
y qué
dice el Senado? ¿A dónde, en adelante,
las extensas
naciones, los dioses poderosos,
reclamarán justicia
de la espada opresora
cuando ahora...? ¡Oh, cielos! Proseguir
me sonroja...
THER.
Tus antepasados, para deshonra de tu
nombre,
130
han traicionado, bien lo sé, el honor
de su raza.
Testigos de ella son el severo Manlio y el más
que justo Bruto;
y otros vástagos que proliferaron
en su obediencia
y que, fieles a su honra, ofrendaron por
ella sus vidas.
Pero nada de aquello puede, valientes amigos,
135
sernos imputado por nuestra aliada Roma; en nada
hemos
traicionado los firmes principios de la lealtad.
Si es que
permanecer fieles a nuestros pactos
es una ofensa, entonces
sí os hemos ofendido gravemente.
Si es que resistir
hasta la extenuación
140
la guerra y el hambre merece
el desprecio,
entonces justamente nos vemos abandonados.
FAB.
venerable Theron, calla; tus palabras son dardos
que atraviesan un corazón afligido, que arrasan mis
ojos
de lágrimas, testigos crueles de tan gran calamidad.
145
THER.
Si en la contemplación de nuestros infortunios
mientras siento que Sagunto se anega en la miseria
mi lengua
dio pábulo a palabras crueles,
ruego perdones tal
fragilidad ante la destrucción de mi patria,
nunca
quise decir tal cosa...
CURC.
y justo en tus palabras; ni por un
momento has ofendido a Roma.
Sin embargo, si he de atender
lo que dicta mi triste corazón,
quizá tales noticias ni siquiera
han llegado a sus costas.
THER.
¡Sí, por supuesto!
Una bien pertrechada nave
ha surcado, con viento favorable,
su ruta
155
y hace tiempo debe haber surcado la bahía
del Tíber.
Pero me temo, perdonadme, romanos,
que
malditos leguleyos y conspicuos politicastros
incansables
siempre en su juego sucio
y, naturalmente, sobornados por
el oro cartaginés
160
manejan al Senado cubriéndole
de oprobio.
FAB.
¿Puede suceder eso en asamblea tan augusta?
Si es así, de quienes a fines tan siniestros,
a
tan sórdidos propósitos someten nuestra dignidad
el genio de Roma, lo juro, llegado el momento,
165
desenmascarará
la perfidia, y proclamará
en tiempos venideros la
ignominia de su nombre.
THER.
Mas entretanto entreguémonos
a la virtuosa tarea
que nos cumple, como soldados y como
hombres.
Creo que veníais a orar; veamos, las puertas
170
están abierta y los sacerdotes esperan junto
al altar.
Entremos a suplicar la protección de nuestro
dios.
EUR[YDAMAS]
Theron con seguridad no me ha visto; si tal fuera
me habría
instado a asistir a los ritos.
Pero tengo un asunto secreto
que resolver
175
y secretos han de ser los pasos para hacerlo.
El alba se avecina; y justo a esta hora
un sacerdote, mi
cómplice, del campo enemigo
ha de tornar con las
últimas noticias de los tirios.
¡Honor!¿por qué
atormentas en vano mi pecho?
180
¡Bello, seductor y hueco
nombre cuya sola mención
envanece el cerebro haciendo
necios a los hombres!
Esa maldita peste ha dado en poseer
a todo un pueblo
que precipitado ciegamente a su propia
destrucción
se muestra ávido de su propia
ruina y disfruta del hambre.
185
¿Qué me va a mi
la honra? En punto de lealtades
no me atan los escrúpulos.
¿Acaso yo no nací saguntino?
La sangre de los dánaos
no fluye por mis venas,
mi sangre se remonta a antepasados griegos,
la
raza generosa que, tras el noble Alcides
190
fijó
aquí su linaje levantando estas altas murallas.
Ardo
en deseos de que regrese el sacerdote.
Pero ¡silencio!,
oigo pasos... ¿Lycormas?
LYC[ORMAS]
Cambio mi atuendo para ser de nuevo sacerdote.
LYC.
una prueba de la sinceridad de nuestro celo:
debemos
rescatar a la Reina cautiva
y serle devuelto tan valioso
rehén.
EUR.
Así se hará... Mas le delata
tal respuesta:
se debaten en ella el soldado y el amante.
200
Aunque encara un reto peligroso y difícil:
¡rendir
Candace a sus deseos!
Mas ¿qué no intentarán
deseos tan indómitos?
LYC.
Y además con éxito.
Pero, aun si fracasara,
habremos, con astucia, jugado nuestra
estratagema.
205
He vertido un denso veneno en el pecho
del tirio:
que su pérfida dama ha probado ya las
caricias del que la rindió
y que el romano es correspondido
en su fogosa pasión.
De modo que cuando Fabio salga
de nuevo a combatir
intentando, como suele, volver victorioso
a la ciudad,
210
sin duda caerá víctima de
este perverso engaño.
EUR.
Has tejido, me temo, una
sutil tela de araña
que envuelve su destino; ciertamente
fingir
tal amor en Candace resulta verosímil.
Pero
su más que probable correspondencia
215
no debieras
habérsela revelado.
Quizá así el indómito
espíritu del tirio se incline
a apartar de su corazón
veleidoso la constancia.
LYC.
¿Cómo puedes ser tan
ciego en tales pasiones?
Bien poco te conoces a ti mismo.
220
Examina tu pecho y dime, en verdad,
¿dónde se
engendra tu odio hacia el noble Fabio?
¿no es acaso el amor de Timandra su origen
verdadero?
Por tanto ¿es que la misma causa en el corazón
del tirio
no provocará idéntico efecto? Desde
luego, lo hará.
225
Te lo aseguro, amigo mío;
si el mismísimo Aníbal
en pie de guerra y
al frente de lo mejor de su ejército
hace morder
el polvo a ese romano, la suerte estará echada.
EUR.
Tus palabras convencen; en efecto, si hay un placer
mayor
incluso que el arrebato de un amor correspondido
230
es
cuando nuestra pasión humillada en el rechazo
halla
venganza contra su odiado rival
y acierta con su puñal
en el favorecido por una bella ingrata.
LYC.
Goza con tal
deseo que los hechos habrán de confirmarte;
el poderoso
caudillo, inflamado por mis palabras,
235
preguntó
el modo de reconocerle en el fragor de la batalla,
pues,
aunque su belicosa fama ya había llegado a sus oídos
y conocía que su mortífera espada había
reducido a Candace
no había querido el destino ni
los lances de la guerra
enfrentarlos en el campo sangriento.
240
Respondí, por ser breve, que le delatarían
sus armas:
el níveo penacho que corona su yelmo
y el águila romana que adorna su escudo.
Mas, por
encima de todo, su poderosa espada
abriéndose paso
entre la más sólida formación
245
y
sembrando la muerte es lo que a Fabio hace inconfundible.
EUR.
Si estuvieras loco de amor por el romano
tu lengua
no se hubiera prodigado más en su elogio:
me asombra
que Aníbal haya soportado tales palabras.
LYC.
A duras
penas ¿mas no es tu propósito infectar de ese mal
al tirio?
250
Mis palabras, sin duda, han encolerizado su
espíritu
prendiendo en él una vigorosa llama
para el combate:
sin duda perdurará infatigable el
resto de su vida
poniendo a prueba su valor en el campo
de batalla
para conquistar los honores que su virtud merece.
255
En tales principios se forjan sus convicciones
y por
ello, creo, mencionó a Murro.
EUR.
¿Has dicho Murro?
¿Se refirió a él?
LYC.
Lo hizo y con el tono más sublime
pues lo distinguió como el más noble de sus
adversarios,
260
elogió del joven su elegante apostura
deseando contarle entre sus amigos, y de contar con su favor
aseguró poder vencer la obstinación de la
ciudad,
dejando en sus manos nuestros designios
si no es
que algún siniestro infortunio
265
no acaba sumiéndole
en la catástrofe final.
EUR.
Lo tendré en cuenta:
sondearé a Murro.
Me quiere bien y me desea
para su hermana
pues odia sin tregua a Fabio;
es, además,
audaz, vengativo e impetuoso,
270
ni en el amor ni en la
gloria tolera un rival;
y la celebridad es pareja a su poder.
Ganado a nuestra causa, la meta sería más
fácil.
Mas no le desvelaré la conspiración
de inmediato
ni nuestro intento; jugando con su ambición
275
le iré persuadiendo, de modo que soliviantado
por el pueblo
él mismo reclame Candace a su padre
obteniendo nosotros de este modo su libertad.
LYC.
Que el
éxito corone tal intento, como excelente augurio
de nuestros propósitos; si la fortuna nos favorece
280
tuyo será el gobierno de la ciudad,
de Aníbal
el botín y mío el grado de Sumo Sacerdote.
EUR.
Quizá sea así; ojalá Murro
comparta la aventura
de nuestra oscura y arriesgada empresa
puesta al servicio y a favor del tirio,
285
pero no concibo
forjar un átomo de esperanza
de que a tal precio
pueda comprar su honor.
Habrá, no obstante, que intentarlo
ya que, muy a propósito, aquí llega.
MUR[RO]
Bien hallado, Eurydamas; en
tu busca venía,
290
mas ¿quién es el que se
va de este lugar?
LYC.
Lycormas, el sacerdote; aunque no
lo sepas
pertenece a mi linaje y cuenta con toda mi amistad;
es hombre leal y ha sufrido con coraje
el expolio de honores que tu injusto
padre
295
otorgó, pese a ser menor en virtud y méritos,
a Theron.
Ese Theron favorecedor de romanos desleales,
ese Theron que disimula su felonía infame
vitoreando
a Fabio como un nuevo Alcides.
MUR.
¡Maldita sea esa lengua
mendaz! ¡Sus palabras arteras
300
convierten la más
nimia acción en hazaña de gigante!
Las cegadoras
luces con que envuelve y pondera
los méritos del
romano, deslumbran los ojos saguntinos
velándolos
ante los propios esfuerzos de su patria.
¿Qué ha
hecho su espada que en el combate no haya hecho la mía?
305
¿Cuándo fui a su zaga en el fragor de la batalla
sino a la vuelta de la fatigosa contienda?
La lista de
enemigos abatidos, si el cálculo no engaña,
abruma con su número la ventaja de Murro,
y si la
fama de ambos pudiera pesarse en la balanza de la gloria
310
el fútil platillo de Fabio apenas movería
el filo de la balanza.
EUR.
Herido queda su orgullo; avivemos
ahora el fuego del amor.
Murro, sabes que te quiero
como a un hermano,
al extremo que mi corazón soñó
una vez en así llamarte
hasta que el maldito Fabio
me robó tal esperanza.
315
Ten por seguro, pues,
que, como tú, odio al romano,
nuestro rival común
que ha arruinado nuestros deseos.
Verdad es que asegura
amar sólo a Timandra
y que, vehemente, rechaza a
la cautiva Reina
EUR.
Bueno,
tan sólo son rumores...
EUR.
Fabio,
al que no niego su bravura,
¿no puede ser acaso, como romano,
un embaucador
que ponderando los hechos y presintiendo
la terrible amenaza que sobre nosotros pende
decida huir
con su prisionera al campo de los tirios
325
y negociar,
con tal rehén, una paz deshonrosa?
Sólo sugiero
que tal vez podría ser...
MUR.
esa cuerda estridente que me sume en la rabia,
perturba mi espíritu y estremece el curso de mi sangre.
Día aciago aquel en el que la Amazona vino a combatir
330
y fortuna nefasta la que la sometió a su espada
y no, como era justo, a la mía: paralelo es nuestro
destino
y, en justicia, de los dos hubiera sido tal conquista:
ella presa de mis armas habría quedado; yo de su
belleza.
¿Qué puedo hacer Eurydamas?
EUR.
propagar el rumor de que la Reina no está
a salvo
bajo el techo de Fabio. Si tal cosa se da por cierta
ella puede pasar a nuestro poder...
EUR.
La del pueblo. ¿No fuiste en un tiempo
su adalid?
Adelante, comprueba lo que con halagos puede
conseguirse,
340
doblega tu orgullo y suplica sus favores,
insinúa como verdad irrebatible
lo que sólo
presumimos, la supuesta fuga;
coléricos, la reclamarán
a tu padre.
Yo cuidaré de todo y, con ingenio, me
sumaré a la treta.
345
MUR.
Así se hará.
No perderé un instante.
Pero luego apresúrate: porque para estar con ellos
apenas hay tiempo; me reclama la rebelión contra
mi padre.
EUR.
Se ha tragado el anzuelo; la fiebre
de la juventud
no ha dado vado alguno a su pensamiento.
350
Sedición: ha llegado tu hora, y en semejante
extremo
¿a qué no puede llegar la insania del populacho,
una muchedumbre amotinada sin razón que la frene,
una masa que murmura bajo el peso de la desgracia
a qué
no será arrastrada? Incluso a entregar la ciudad.
355
Como donde los Alpes elevan sus diáfanas cumbres
y la nieve, lentamente al principio, líquida desciende
deslizándose por las espaciosas riberas con entrecortado
rumor
y baja, en suaves meandros, desde las montañas;
pero, ya allí,
transformada en corriente, arrasando la tierra
360
se precipita
impetuosamente roca tras roca
hasta que, abandonándose
en el cóncavo lecho del Ródano,
con renovado
ímpetu, se arroja con premura
para, rugiendo sobre
el áspero acantilado, morir en el mar.
FIN DEL PRIMER ACTO
CAN[DACE]
¡Qué mísero es el poder! ¡Y cuán inútil
365
envanecernos con la brevedad de su gloria!
Los monarcas
más insignes del habitado orbe
no son sino juguetes
en manos de la inconstante Fortuna.
Y cuando ésta
frunce el ceño, las altas torres donde los encumbró
se derrumban en una trágica y cruel caída.
370
Me ofrezco al mundo como fatal ejemplo:
yo, una Reina,
hija del gran Yarbas.
Mas ¿de qué le sirvieron sus
extensos dominios?
¿De qué haber sido descendiente
de Ammón?
Muerto yace sobre una hostil y lejana llanura,
375
y su hija, prisionera en un país ignorado.
Pero
no es éste todo el peso de mi amargura
porque, para
confusión de mi orgullo... mas aquí llega él...
FAB.
Perdona mi intrusión,
mas no procede sino del gozo,
de la alegría de ofrecerte
buenas nuevas:
380
el gobernador propone a tu caudillo
libertarte en honorables condiciones.
Si yo fuera Aníbal
no habría de perder
en meditarlo un instante, cansado
como está
de nuestra resistencia y de esta guerra larga en demasía.
385
CAN.
Si tú fueras él, no serías
tan dulcemente amable.
¡Sin duda! ¡Y Candace sería
mucho más poderosa!
Hablas de supuestos, ¿de qué
si no ibas a hacerlo?
¡Terrible muro levantas a mi amordazada
pasión
zafándote en retóricas de mera
gratitud!
390
Con justicia pueden los saguntinos maldecir
a tu patria
si ella, como tú, no sabe corresponder
en la dignidad.
FAB.
Mucho me ofendes con tales palabras,
hermosa princesa,
apenas conoces los sentimientos de mi
alma.
Mi corazón se esponja en la gratitud de tu
amistad
395
y la juzga un honor recibido de los dioses
que el destino me depara en tan duro conflicto
para protegerte
de los avatares de la guerra.
CAN.
¡Ojalá hubiera
perecido en ella! ¡Oh, cruel!
¿Te permites jugar con el
sentido de mis palabras?
400
¡Yo hablo
de amor! ¿Qué pretendes hablando de amistad?
Aunque
trates de ocultar tu rostro, tus ojos te delatan
incapaces
de mirar cara a cara la belleza de la que huyen.
Los encantos
que han hecho de Aníbal tierno amante
mientras purpurados
monarcas engrosan su séquito
405
caen ahora en el
vacío; ¡y tú,
una reina, una amazona, obligada
a humillarme!
Pero ¿por qué desesperarse? ¿Puede
el sonido de la trompeta
hacer llegar su noble ardor a oídos
tercamente sordos?
El glorioso sol, que matiza el rostro
de la naturaleza
410
oscurece su brillo para los ojos preñados
de ceguera.
¿Es esta tu nobleza? ¿Estas son tus virtudes
romanas?
¿Vosotros llamáis bárbaras a las
naciones que no se os someten?
¡Insensato, imprudente! Buscaré
medios para mi venganza.
FAB.
¿Qué puedo decir, ilustre
doncella, para calmar
415
tal vendaval de pasión,
tal huracán dentro de tu alma?
Parezco seguramente
ingrato a tus ojos,
casi un imbécil, un esclavo vil
carente de razón y sordo al grito de tu belleza.
Pero los cielos
te confirmarán cuánto estimo
420
y admiro
la perfecta armonía de tu alma y tu cuerpo.
No pienses
que un romano desdeña, enemigo, al amor:
conocemos
su poder y su cálida luz
no menos intensa brilla
sobre nuestras costas.
Extasiado contemplo tu belleza,
425
tu grácil figura, la delicia de tus encantos;
incluso
desarmada, superas la majestad de la divina Juno
cuando
en la batalla con Palas osas combatir.
Y, de haber poseído
la diosa tu incomparable gracia
a no dudar hubiera recibido
el premio del joven troyano.
430
CAN.
De haber sido yo Palas,
y tú el agreste Paris
-papel que ciertamente te acomoda
la dulce Citerea hubiera comprometido tu elección
como ahora Timandra es la rival de Candace.
¡Ah! ¿Te sonrojas? ¿Acaso me equivoco?
435
FAB.
Bien, acabemos
con la farsa, con ese secreto que, para tu sosiego
mi diligente
lengua se esforzó en ocultar;
pero, si así
lo quieres, proclamaré mi pasión,
la profunda
e inextinguible llama
que sus dulces ojos y exquisitas virtudes
440
han prendido en el leal pecho de Fabio.
CAN.
¿Y he de
verme yo rechazada por esa pimpante jovencita?
Un suave,
dócil y melifluo animal de compañía
cuyo maravilloso talento y perfección alcanza
a
bordar alguna hermosa historia en el telar
445
o aserenarte,
con su laúd, apaciblemente, el espíritu.
¡Una
tórtola que arrulla, lloriqueando por su compañero,
una criatura insulsa, sin agallas ni bravura!
FAB.
Por supuesto
que no son varoniles sus encantos.
Empuñar la espada,
tensar el arco,
450
tensar de los caballos las espumosas
bridas y conducir los carros
de fugitivas ruedas y castigados
ejes
son ejercicios que desconoce: corresponden a una amazona.
Empero, no sustenta su honra con menor orgullo
ni conforman
su espíritu menos nobles sentimientos.
455
Si con
ternura de mujer llora por su patria
con varonil entereza soporta sus sufrimientos,
come del mísero sustento, generosamente repartido
para enfrentarse al terrible espectro del hambre
y, piadosamente,
lo comparte con el soldado moribundo.
460
CAN.
Inútil
es luchar contra el destino,
mas mi pasión aún
resiste y lo intenta;
óyeme, Fabio, mide bien mis
palabras:
las condiciones que dices impone el gobernador
¿suponen, junto a la mía, tu propia libertad?
465
FAB.
¡Curioso pacto! ¿Puedes creer realmente
que tal pudo
ofrecer? ¿Y Aníbal aceptarlo?
CAN.
Claro es entonces
que tu artimaña, tu estúpido teatro
no buscan
sino librarte de un amor que detestas.
Pero ya que no puedo
persuadir tu ánimo,
470
considera las desgracias
que te acechan,
estas murallas que tiemblan en su inminente
ruina;
no está lejano el día de la total destrucción.
Y si no es el peligro que sea la ambición la que
te inflame.
De reinos aguerridos, de caudillos de Getulia
que cabalgan
475
con vértigo y sin brida, de las
tierras marmáricas
tu cautiva es la Reina; de todo
ello soy dueña
y de un corazón virgen ofrendado
en su día
a la casta Diana Cazadora. Atiende pues
mi súplica:
huyamos juntos de esta ciudad condenada.
480
Disfrazado, yo te conduciré a través de
la tropas de Sidón
y al tiempo que tu pie huelle
la costa africana
sólo habrás de ascender
al trono que te aguarda.
FAB.
Escucha ahora la palabra de
un romano: el trono que me ofreces
y aún más,
tu propia y valiosa gloria
485
aún libre mi corazón,
desconociendo a Timandra,
jamás empujarían
a Fabio a tal traición
¡ya en demasía ha sido
mi patria deshonrada!
¿Cómo añadirle un nuevo
oprobio con mi fuga?
¡Qué mezquina traición!
No: aquí me hallará el destino
490
y entregaré
leal, por una noble causa, mi último suspiro.
Muriendo,
acaso muestre lo que un romano puede llegar a ser.
Pero
ante ti me inclino agradecido
y suplico a los dioses que
te colmen de dicha:
que regreses, a salvo, al suelo de tus lares,
495
que puedas gobernarlo cual poderosa Reina,
y que un noble
monarca comparta tu lecho
gozando de la belleza que a mí
me niega el destino.
CAN.
¿Tales son tus plegarias? Suenan
a maldiciones.
¿Cuáles serían así las
mías para ti?
500
Mas mi corazón deplora proseguir
este diálogo,
tu vana insensatez te nubla la razón;
si tal no fuera mi amor ablandaría tu pétrea
indiferencia;
al menos queda a la luz tu mezquindad de ánimo
que desprecia un imperio y rechaza su corona.
505
FAB.
Cierto es: jamás la ambición fue mi guía
aunque persigo afanoso y constante la gloria.
Y quiero,
disponiendo acciones nobles a tal fin,
merecer los egregios
honores de mi patria;
no menos alto quieren llegar mis pensamientos.
510
A un alma generosa, conducirse en la virtud leal
y
a la libertad de su patria prestar fiel obediencia
otorga
un gozo más eterno y sublime
que entregarse a la
mísera ambición del instante.
Pero ahora es
mi deber el que me requiere:
515
demasiado tiempo me ha
retenido el palacio.
El gobernador, presa de la inquietud,
acudirá presto
a sosegar al pueblo invocando a los
dioses
y a enardecer a los soldados con su sola presencia.
(Sale .)
(Muda la escena al palacio del gobernador.)
(Entran SÍCORIS , MURRO y TIMANDRA .)
SÍC[ORIS]
Dos veces cuatro lunas hace que el tirio
sitia
520
con tropas tan sin número como sus africanas
arenas
nuestro muros que, heridos, aún en pie se
sostienen;
las torres, embestidas con acritud, se yerguen
orgullosas
y amenazan, en su caída, aplastar al enemigo.
MUR.
En tal extremo de dolor y abatido por el hambre
525
nuestro pueblo se aferra a su antiguo valor:
soporta estoicamente las duras condiciones
trocados en olvido el regalo, el reposo, la paz.
TIM[ANDRA]
Con leves pasos, asiendo espadas ya oxidadas
los ancianos
acuden al pie de las murallas
530
y allí derraman
lluvia de sagradas plegarias
alentando con la ventura de
sus preces a sus hijos exagües.
SIC.
Si algo queda por
probar no es ya su fortaleza
quebrantada por el ansia del
natural sustento.
Sólo tienen ya vigoroso el corazón
y con él buscan al enemigo
535
sobre el que, al encontrarlo,
arrojan el peso de su extenuación.
TIM.
¡Gloriosa
pasión por la verdad y por la libertad!
¡Poderoso
valor de una fe inquebrantable y pura!
Contémplalo,
deidad venerada por Sagunto,
concede misericordia, oh Diosa,
a tus devotos
540
y desde tu sagrada morada, muéstranos
piedad.
SIC.
Tú, fuerza divina, nacida antes que Júpiter,
glorificada por todos, los hombres y los dioses,
consorte
de la justicia, venerada deidad
en todo pecho que te dignas
habitar.
545
¿Puedes, impasible, contemplar tu amado Sagunto
sometido a dolores más allá de lo humano,
a desgracias que arrostra sólo por tu causa?
Por
ti se dispone a morir todo un pueblo, a ti clama
el afligido
padre, la madre enloquecida
550
y sus hijos que, hambrientos,
aún pronuncian tu nombre.
¡Oh! Permite que esos inocentes
y piadosos gemidos
siembren la venganza sobre nuestro enemigo
cruel.
TIM.
Mi padre ha dispuesto que hoy los sacerdotes
guiados por su maestro, el piadoso Theron,
555
en procesión
solemne recorran la ciudad
llenándola de ritos y
sagradas ceremonias
para implorar el favor del hijo de Alcmena.
Y a un tiempo, rodeada de una multitud
de nobles doncellas,
acudiré yo, Timandra
560
al casto santuario de Fides:
allí, postradas en tierra,
cabezas y manos cubiertas
por un lienzo del blanco más puro
nos uniremos humildemente
al sacrificio de los orantes
suplicando a la diosa su piadosa protección.
MUR.
Temo que en vano se eleven las oraciones
565
pues un
hado siniestro se abate sobre el estado
abandonado a su
desdicha por los traidores romanos.
Nos aguarda la misma
destrucción que a nuestro fundador
que, tras fatigosas
desventuras y trabajos sin cuento
fue víctima de
la ominosa perfidia.
570
SIC.
Esta guerra, en efecto, es
más suya que nuestra:
el odio de Aníbal no
a nosotros sino a ellos apunta;
con ritos horribles, ante
el sombrío altar de Proserpina,
le obligó
su padre a jurarles eterna enemistad,
así que implacable
medita la guerra sin tregua;
575
en su pensamiento, ya ha
cruzado los Alpes
cubierto los campos latinos de atroz desolación
mientras flotan cadáveres espesando los ríos;
en su sed de sangre y delirio salvaje
sueña una
Roma sometida a su furia febril
580
y ve ascender, sobre
las siete colinas, el fuego de los tirios
que él
mismo lleva presto al propio Capitolio.
MUR.
¡Verá
pronto, por Hércules, colmada su esperanza
si todo
acontece como merece la perfidia
de quienes sentados ignominiosamente
ven todo un pueblo
585
luchando por su causa, sujetos dócilmente
a un pacto
para someterse a las infames condiciones del
cruel vencedor!
SIC.
No dejes al rebosante amor por tu patria
llevar tan lejos
tus justos sentimientos, hijo mío;
lograremos
que los romanos, al fin, renueven su alianza
590
y que firmes observen los pactos sagrados
manteniendo,
pues así nos fue dada, su palabra.
¿Puede acaso el
orbe producir otro ejemplo
superior al que diera el más
que leal Régulo?
¡Ser inmortal que aventajas con
creces
595
al resto de héroes, como el sol a una
estrella!
MUR.
Cierto; y en ello está el sonrojo de
su estirpe de hoy:
habría de haber sido, en verdad,
un saguntino
SIC.
Frena tu afilada lengua, joven inmoderado,
¿pretendes hacer mofa del augusto ancestro de Roma?
600
Los secretos designios
que mueven los ejes del imperio
se evidencian sutiles para
los atolondrados ojos de un imberbe.
No pretendas juzgar
lo que está ordenado por encima de ti
ni creas que
una lengua que infamia puede hacer a un patriota.
Tu paso apresurado y tu semblante
nos anuncian
605
una nueva inquietud ¿acaso ésta
obedece
a que los enemigos se aprestan a atacamos?
THER.
El enemigo, señor, quizá está entre
nosotros;
un enemigo dentro: la infame sedición;
el pueblo se amotina y por todas las calles
610
los rumores
ensucian con traiciones a Fabio
que cautivó a la
Reina; y mentiras ociosas
a las que no atendí, reclaman
que a ti acuda
a prevenirte contra tal desafuero:
aplasta
pronto el monstruo antes que se agigante.
615
TIM.
Oh, señor,
nunca juzgues como culpable a Fabio
del más pequeño
atisbo de deslealtad a su honor.
La virtud es el todo que
en su mundo ambiciona
y son sus firmes reglas las que guían
su acción:
todo son vil calumnias, difamación
rastrera,
620
vástago venenoso de la villana envidia
que al joven noble odia sólo por ser romano.
SIC.
Vana es tu prevención respecto a mis recelos,
por
entero conozco y aprecio su valía:
retírate,
hija mía, mientras acallo al pueblo;
625
sosiégate
pues Fabio cuenta con mi favor.
(Salen THERON , SÍCORIS
y MURRO .)
TIM.
También vosotros, oh dioses
poderosos, atendedle
pues protegéis con ello vuestro
vivo retrato:
a un bravo, bondadoso, hombre justo y benéfico.
Es Fabio: es bien seguro que
ignora lo que ocurre.
630
FAB.
La multitud me mira torvamente
al pasar
y fruncen agriamente sus cejas indignadas.
No
es esa su costumbre; antes, las madres a sus hijos
con gentiles palabras,
severamente dulces,
me mostraban diciendo: he ahí
un romano.
635
No acierto a comprender; pero aquí
está Timandra
y en su presencia no hay sombra de
inquietud.
TIM.
¿No encontraste a mi padre mientras te acercabas?
FAB.
Sí; me dijo que asuntos de escasa relevancia
requerían su presencia en el Foro; y me dijo
640
que sola y pensativa quedabas; permíteme cuidar
de darte compañía en tanto que él regresa.
TIM.
Con ello pretendía alejarte del tumulto...
¿Qué mejor ocasión podría su ausencia
depararme?
Debo aferrarme a ella... ¿A cuidarme dices que
vienes?
645
FAB.
¡Ay Timandra! ¿Podrá tal vez mi lengua
confiarte lo que ignora mi abrumado corazón?
Huye
de ti, triste Fabio, toda humana elocuencia
y la ternura
abre para contigo un insondable abismo.
Sólo tu amor
consuela amable mi espíritu
650
abatido por la pesadumbre
con dulce melancolía.
TIM.
Tus palabras, aun tristes,
con poder me confortan.
Calman serenamente mis oscuros temores.
Sólo el hablar contigo pone en fuga mi pena
y pasiones
más gratas ocupan su lugar
655
dan alivio a mi pecho
y toda me poseen.
FAB.
A duras penas puedo echarte sin estremecimiento;
tan dulces palabras arrebatan mi corazón de delirio,
alcanzan mis oídos en armonía suavísima
y un gozo irrefrenable se extiende por mis venas:
660
mas,
cesado el murmullo, aún quedan tus encantos,
hablando
o en silencio te envuelve la belleza,
la perfección
modela cada uno de tus gestos.
TIM.
Puede que así
parezca a tus amables ojos.
En verdad es tu pasión
la que así me describe;
665
cuando del corazón
triunfa el fogoso Amor
contagia en su ceguera a sus pobres
cautivos:
mas, sea como fuere, soy tuya ciertamente.
tuya hasta el postrer
suspiro de mi alma.
FAB.
¿Podré escuchar acaso palabras
tan dichosas
670
mientras el cruel destino me niega su favor?
¡Vamos, mis compatriotas, restaurad vuestra honra
y acudid
a vencer al infiel africano!
TIM.
Es mi propio deseo: si
todavía acudieran
y lo harán, ciertamente,
aún seríamos felices.
675
FAB.
¡Que tus deseos
se cumplan! Oh, dioses, permitidme
ver el glorioso día
en que el poder de Roma
agrupe en las llanuras sus belicosas
huestes;
y al instante, ya libre de temores, que con gozo
contemple
los tirios derrotados y huyendo ante nosotros.
680
Como el tigre que acecha a una cabra montés
y apenas rozando los arbustos se abate sobre ella
ya habiéndola
atrapado con sus ávidos ojos;
y, desde el refugio
rocoso de su segura madriguera
perseguida en el llano, jadeante
criatura
685
apenas, temerosa y exhausta, se atreve a respirar;
pero si ante el horror de las terribles garras
la majestad
grandiosa de un león aparece
no osa aquél
proseguir la avidez de la caza,
rabioso y con soberbia se
retira iracundo
690
y ha de rendir la presa al más
noble animal.
FIN DEL SEGUNDO ACTO
Entran EURYDAMAS y varios SAGUNTINOS
1.º SAG[UNTINO]
Eurydamas,
mucho te debe nuestra patria
por tu atento desvelo y alerta
alerta
frente a las asechanzas que contra ella se urden.
3.º SAG.
Si el Gobernador se niega a hacer justicia
695
será despojado del poder investido
y en tus manos
y en las de su hijo será depositado.
EUR.
Fervor tan
presuroso puede arruinar mis planes:
no han de ser ellos
quienes me den el trono
y Murro parece interponerse en mis
designios.
700
¿Qué pretendéis,
amigos? ¿Cuál es vuestro propósito
confundiendo
la limpia voluntad que me mueve?
En exceso apreciáis
mis humildes acciones,
temeraria sospecha levantáis
contra Sícoris
vuestro prudente, audaz y noble defensor.
705
Ciertamente es proclive al desleal aliado
e, ingenuamente
ciego, cree en el honor de Fabio,
quien a su bella hija
profesa amor oculto;
una vez que logremos arrancarle la
máscara
no dudéis que reciba un ejemplar castigo.
710
Pero ved como llegan; mostradles claro juicio
y resuelta
firmeza en vuestra pretensión.
(Entran SÍCORIS ,
THERON y MURRO .)
SIC.
en este tumulto os mostráis, ciudadanos,
con rostro taciturno, y
en severa asamblea
hacéis aún más terrible
el horror de la guerra?
715
¿Qué os turba? ¿Qué
os produce tamaño descontento?
1.º SAG.
Nuestros temores,
como las desdichas, son innumerables
y cada amanecer, al
despertar del sueño
-si es que cabe decir que es
sueño el que gozamos
un nuevo teatro de desgracias
se alza ante nosotros.
720
2.º SAG.
¿Cuánto hemos
de esperar a los tibios romanos?
¿Cuánto más,
con ávidos ojos, vanamente otearemos
un mar que jamás
blanquearán sus altivas velas?
¡Tales son su lealtad
y la constancia de sus promesas!
SIC.
Si ello es así,
que a los dioses respondan.
725
Pero ¿a dónde nos
lleva vuestro amargo reproche?
¿Tan molesta es la carga
que en nuestros hombros deja la libertad?
¿Dais por hecho
entregar la ciudad si no es con su ayuda?
3.º SAG.
¡Maldito
el corazón que abrigue tal maldad!
Mas ojalá
que nadie nos lleve a la traición
730
ni perezcamos,
como Amycla, cautivos del silencio.
SIC.
Señalad al
culpable y en él se hará justicia.
2.º SAG.
Acusamos a Fabio, ese pérfido huésped.
SIC.
Torpemente podéis acomodar su nombre al de un traidor,
mas hablad, explicaos, ¿qué tenéis contra
él?
735
2.º SAG.
Le sabemos ser cómplice de
la Reina cautiva
a la que confiando en su mendaz palabra
en custodia entregaste y aún así permanece,
ambos a una conspiran en contra del estado.
1.º SAG.
Y ahora
pretenden, si nada peor maquinan,
740
escapar y entregarse
a los cartagineses.
SIC.
¡Qué fútiles engendros
de una vana quimera!
Mentiras me ofrecéis de todo
punto insanas.
¿Acaso no fue Fabio, a quien ahora acusáis,
parte de la embajada que enviamos a Roma
745
como nuestro
emisario? ¿No pudo acaso entonces
quedar allí seguro
y sin merma de honra
consciente del peligro que aquí a todos acecha?
¿Quién de todos vosotros negará el sacrificio
que ha soportado firme en nuestra misma patria?
750
¡Canalla
plebe ingrata, mezquina, olvidadiza!
EUR.
¡Por los cielos
que logra hacer vacilar su furia!
Debo hacer algo
y pronto que reavive su ira.
¿Qué ingratitud te atreves
a verter en reproches?
Sólo aquí lo retiene
de tu hija la belleza,
755
encantos que desdeña ahora
por la amazona
y en cómplice traición con
ella planea huir.
SIC.
¡Enmudezca, Eurydamas, a tu voz la
vergüenza!
Que la terrible envidia de un superior rival
es dolorosa llaga que ulcera tus sentidos.
760
¡Ojalá
que no creas lo que osas afirmar!
La verdad se ha dormido
de pudor en tu pecho.
¿Éstas son vuestras pruebas
y éstas vuestras sospechas?
1.º SAG.
Bastante nos parecen: las tenemos
por ciertas;
sin reparación justa no cabe irnos de
aquí.
765
MUR.
Amigos confiad, la tendréis;
mi noble padre
reina para vengar ecuánime la justicia
ultrajada.
Exponed vuestras súplicas ante él
sin temor.
EUR.
Ofrécesela a Eurydamas como nuevo
guardián,
en sus manos, creemos, estará más
segura.
770
MUR.
Concédelo: parece más justo
y conveniente.
SIC.
¿Te atreves, jovencito, a imponerte a
tu padre
y unir tu voz al coro de la vil sedición?
Al respeto te invoco de esta doble obediencia:
de tu patria
y tu padre. ¡A mí la guardia, pronto!
775
EUR.
No
amenaces en vano: hemos de protegerle.
1.º SAG.
Injusto es
que castigues su defensa del pueblo.
THER.
Murro, sin dilaciones,
implora su perdón.
Su arrebato también debes
perdonar, Sícoris:
es fruto del ardor de su excesivo
celo.
780
Olvida la imprudencia de tu pueblo afligido
y,
en el horror, cansado por la guerra y el hambre
que en constancia infinita
duramente soporta:
ciegamente empujados por arteras palabras
de la liviana lengua de un villano vulgar
785
ha osado
murmurar de tu recta conducta;
vosotros, ciudadanos, advertid
vuestro error:
mirad serenamente vuestro noble caudillo
y el respeto de su autoridad. ¿O es que no se ha mostrado
para vosotros padre más que gobernador?
790
¿No
ha velado en las noches vuestro mismo tormento?
¿No ha consumido
el día en afanosa búsqueda
de los que requerían
su humanidad clemente?
Entregado a vosotros, ajeno de sí
mismo,
cada día renueva su exquisita bondad
795
¿así pagáis acaso su amorosa fatiga?
EUR.
¡Que
la lepra devore la lengua de ese entrometido!
Su cháchara
les vuelve a su tibio vacilar.
THER.
Sólo
con la unidad podemos ofrecer
coraje a nuestra causa y a
la ciudad valor.
800
Atended mi propuesta: ¿no vais a confiar
en quien como yo sirvo a vuestro dios, Hércules?
Permitid que la Reina sea conducida al templo
a mi cuidado
y al de mis hermanos sacerdotes.
EUR.
¡Maldito
sea! Otra vez ha echado abajo mi propósito:
805
bien
lo leo en sus caras; ha ganado de nuevo.
1.º SAG.
Estamos
de acuerdo: si así se hace procede retiramos.
SIC.
Theron, a tu cargo la ponemos ahora;
conduce hasta el templo a la real cautiva;
810
y del joven
romano yo seré el garante.
(Salen SÍCORIS ,
MURRO , EURYDAMAS y LA MULTITUD .)
THER.
No será
cosa fácil tratar de sosegar
el justo rencor que
ahora arderá en su alma:
ojalá que otro hubiera
arrostrado tan ingrata tarea.
FAB.
Te agradezco,
Curcio, tu amistoso consejo:
815
si del honor se trata que
se bata el amor en retirada.
Mas observa ¡el Foro vacío!
¿huyen quienes me acusan?
CURC.
No osaron quedarse a reconocer
tu inocencia.
THER.
Paciencia, amigos; lo que la razón
tiene por justo
carece de poder ante una plebe empujada
a la ira.
820
Ven con ojos ajenos; no confiarán si
quiera
tan falazmente persuadidos, en sus propios sentidos.
Se han ido, en efecto, mas bajo condiciones
tales que ofenderán,
me temo, la virtud de tu ánimo.
FAB.
¡Oh Theron! Si
alguna vez en mi ánimo albergara
825
el bajo pensamiento
del que soy acusado
que tú y los hombres de bien
me execren aquí mismo
y que jamás mi espíritu
repose en la paz de los Campos Elíseos.
THER.
Por
demás son tus juramentos para mi persona,
tu inocencia
no puede resplandecer más clara
830
ni tu nombre
más limpio que la primera nieve.
Con todo he de darte
una terrible nueva:
para acallar del todo el clamor de la
turba
(que en ninguna otra forma podía ser aplacada)
por mi consejo Sícoris te reclama a la Reina.
835
A ti, ingrata tarea, tengo que arrebatarla
para ser custodiada
en el templo de Alcides.
FAB.
Condescendiente Sícoris
me parece. ¡Ay, ingratos!
Habéis herido mi alma con
la más dura llaga
y mi honor profanado sin posible
venganza.
840
Nadie me escucha, un villano les merece más
crédito.
Pues de las formas en que la ingratitud
se muestra
ninguna es más ruin que la insana sospecha.
THER.
No dejes que te irrite el juicio de la chusma;
culpan
o premian con inconstantes muestras.
845
¡Seres irresponsables!
Mirados uno a uno
muy pocos se merecen ser llamados humanos.
Pero juntos se muestran infame turbamulta
y es así
como a Sícoris obligan sin nobleza.
FAB.
Dado que ahora la Reina es a ti confiada
850
con menores escrúpulos renuncio a su custodia.
Pero mi corazón, lastimado, la afrenta no soporta.
Ve Curcio tú y evita a tu amigo la vergüenza.
Amordazo mi rabia
contra esta buena gente,
pues llegado el momento, comprenderán
su error.
855
Aquí
llega Murro y en su semblante airado,
como oscura tormenta,
bien se revela su irritación.
Me ha visto y me evita.
¡Eh!¿Qué hay Murro?
MUR.
Puedes ver que me marcho,
¿qué me quieres, romano?
FAB.
Me has llamado romano
y tal soy, en efecto,
860
y me muestro orgulloso ostentar
ese nombre,
pero advierto en tu acento un matiz de reproche.
Bien quisiera por ello que olvidaras mi origen
puesto que
a ti me acerco en tono de amistad.
MUR.
¿Que yo olvide tu
patria? ¡Ojalá nunca la hubiese conocido
865
ni visto
en ti un espejo de su falsa amistad!
Tú, en quien
confiamos y que, alojado en nuestro seno,
capaz has sido
de maquinar una fuga miserable,
llevándote contigo
nuestra rehén más valiosa.
FAB.
No puedes,
en verdad, pensar así de Fabio:
870
las infamias
que dices en tu lengua descansan,
livianas ocurrencias fruto
de tus recelos.
Tu pecho ha de eximirme de sufrir la calumnia.
Bien sabes del amor que siento por tu hermana
pero es Candace
el fuego que hace tu desventura.
875
¿Por qué frunces
el ceño? El amor no se pliega al humano poder.
No,
aunque resulte extraño, nos permite elección:
sólo amamos si el hado tiene a bien ordenarlo;
ciegamente
atrapados incluso a alguien sin mérito.
Tal es el
caso: no permitas que tal pasión inútil
880
aparte tus afectos de quien te busca como amigo,
de quien sólo
desea a la vez contemplarte
como joven apuesto, hermano
de mi amada Timandra.
MUR.
Debería escuchar ella ese
bello discurso
sobre dulces pasiones; bien lo agradecería
885
pues gran deuda al amable destino reconoce
por haberle
ofrecido tu imperturbable amor.
FAB.
Tal cosa no desees;
no hablaba de mí mismo
ni, cosa que aún más
me importa, hablaba de Timandra.
¡Oh! Ella es todo ternura
y suavísimo gozo,
890
cuando sonríe el amor
flota sobre sus labios
y una inefable luz camina por sus
ojos.
Pero si acaso engalanada así, con la naturaleza
con mano generosa colmándola de gracias,
en Fabio
reparara y en sus escasos méritos
895
bien podría
proclamar que el destino me hizo venturoso;
mas habrá
que esperar a hacer firme esa dicha.
El desgraciado asedio
impide la alegría,
tu amable bendición que
aguardamos en vano.
Tu noble hermano que hoy como héroe
reposa
900
me tuvo por amigo y tal honra conservo.
Sé
como él o dime por qué no quieres serlo.
MUR.
Debes saber que fuimos nacidos de dos madres:
rútula
fue la suya, la mía de griega estirpe,
de la misma
familia que Eurydamas,
905
y aunque no fueras, lo que deploro,
nacido tú de Roma
sólo por tal razón
deseo que sea suya mi hermana.
FAB.
¿Y por eso tal odio?
¿Ser mi sangre romana
me arranca, al no ser digno, de Timandra
y sus brazos?
¿No llena Roma de glorias todo el orbe
910
rivalizando con la fama de Grecia?
Cierto es que mi país
se muestra hoy con perfidia
(aunque llegará el día
en que expíe tal crimen).
Habla ecuánimemente
y reconoce al menos,
aunque a pesar de todo prefieras mi
rival,
915
¿ha luchado alguien más que yo por Sagunto?
MUR.
De bélicas
hazañas mucho gustas jactarte.
¿Pero acaso cualquiera
de las de un valiente saguntino
no permiten a tu espada
sino un lugar oscuro
en la lista de honores? Por mí
cayó Hiempsal
920
quien, con pies vigorosos, holló
nuestras arenas
y cuyos despojos arrojé al mar furibundo.
Por mí cayó Chermes y Masulo y Athyr
que
logró privar a la serpiente de su veneno
y, asiéndola,
logró encantar a la funesta víbora.
925
Luego
Kartalo, el que con mano intrépida
había descuartizado
la pregnante leona.
Ningún caudillo libio de virtud
temeraria
ni el mismo Yarbas, el más grande entre
ellos, pudo
escapar a mi espada, aun descendiendo del poderoso
Júpiter.
930
Y ahora tú te envaneces de encadenar
a su hija,
en mentida conquista, en triunfo ignominioso.
FAB.
De mis méritos hechos, no he de ser yo el que
hable,
y tu lengua, con pueril elocuencia, proclama tus
hazañas.
Mas dime, Murro, ¿acaso el rubor de tener
que vencer
935
una amazona cuyo brazo mortífero
había derramado, confiesa, la sangre de tu hermano
proscribió tu venganza o contuvo tu espada?
¡Bien
extraña manera de medir el honor! ¡Amor fraterno!
¿Cuál es, en ese caso, la ignominia que guardas
940
para mí? ¿Quién logró someterla en
el campo de batalla?
¿Y por qué, desdeñoso,
te mantuviste lejos?
MUR.
Vio primero a un romano y al instante
conoció su perfidia.
Al entregarse a ti, granjeaba
allanarse la huida
que de tu vil traición pronto
habría de lograr.
945
Y pensó bien: los hechos
lo han probado.
FAB.
¿Qué han demostrado? ¿Acaso es
prueba la calumnia?
Grave ha de ser entonces el quedar inocente.
¿Tiene la burda afirmación más fuerza que
la pura verdad
doblegándose el peso de las mismas
acciones?
950
De ellas tendrán que requerir las pruebas
para forjar un juicio más sereno y honesto.
Aunque estés
engañado, tal vez decirte no sea vano
de mí
que tu padre me juzga como lo que soy:
amigo de su patria
y de ella defensor no pequeño.
955
MUR.
¿Tú
un defensor? ¡Insufrible soberbia!
¡Insensata arrogancia!
¿Qué habré de ser yo entonces?
¿Qué
ha de ser Eurydamas o el valiente Theron?
¿Quedamos desterrados
de la primera línea de batalla?
¡Por los cielos que
ardo en deseos de combate
960
y mi gran corazón late
en una oscura furia!
No habré jamás de confiar
en ti, nunca en toda tu vida.
FAB.
Créeme que me sonrío
ante tu pueril ira.
No está el coraje en los espíritus
atolondrados
que remontan una turbia y violenta corriente;
965
el alma es su verdadero asiento; y allí es sólo
la razón
la que, en severa mesura, atempera los sentimientos:
tu fingido furor, como de una apagada hoguera
las removidas
brasas, se desvanece en falaz crepitar;
no me conmueven
a mí más que al cielo tan ardientes burbujas.
970
MUR.
Bien se ha mostrado ahora tu magnanimidad;
deja
pues que tu brazo, y no vanas palabras, contengan mi furor
que tan inicuo se muestra a tus valientes razones.
justo
en este lugar hemos de ver muy pronto
si tu prudente espada
protegerá a su dueño.
975
FAB.
Conozco bien tu destreza; tú conoces la mía:
mejor será emplearla contra nuestro enemigo;
ciñe
otra vez, Murro, en paz, tu espada
si no por ti, sí
al menos por amor a tu patria.
justos serían los
rumores vertidos sobre Fabio
980
si en esta escaramuza de
estúpidos rivales
mi espada les robara uno de sus
más bravos hijos.
MUR.
Pronto he de libertarte de
un escrúpulo tal;
saca la espada; mi patria, si muero,
te disculpará.
FAB.
He de contenerme. Si no es así,
Timandra, mi amada
985
MUR.
¡Su amor hacia un romano cubre
la patria de vergüenza!
Ese abyecto recuerdo espesa
aún más mi cólera:
no malgastaré
ni un solo instante más.
FAB.
Bien, de acuerdo
entonces solo...
EUR.
Si uno o ambos mueren mis planes se verán favorecidos.
990
Les dejaré a su suerte...
CUR.
Tú mismo has provocado el fuego:
abrásate con él.
(Entra THERON en el
momento en que se unen al duelo.)
THER.
Alguna de
las Furias se ha apoderado de vuestra razón.
¿Es
momento de luchas intestinas y de discordias?
(Hace
bajar las espadas a CURCIO y EURYDAMAS mientras FABIO logra
desarmar a MURRO .)
FAB.
Aprende a usar mejor de tu
lengua y de tu espada;
995
ahora debes tu vida, aunque bien
le desprecies, a un romano.
MUR.
¡Maldito sea mi sino y maldita
la debilidad de mi brazo,
ministro desleal de un aguerrido
espíritu!
Has mancillado, miserable, mi fama de otro
tiempo
y ensombrecido en un instante sus preclaras hazañas.
1000
THER.
Sosiégate, Murro, tal es la paga de un
soldado:
a veces arrostrar la adversidad, otras el sonreír
de la fortuna
incierta siempre, sea en el duelo o la guerra.
¿Dónde está el héroe que alguna vez
encontró rival?
¿Qué nación puede blasonar
de tener un caudillo
1005
que siempre vuelva invicto del
campo de batalla?
No lo fue Pirro, nuestro enemigo poderoso,
ni el propio gran Aníbal lo ha podido lograr.
El
consuelo que el destino permite a nuestro orgullo herido
es recibir tal afrenta de las manos más nobles.
1010
En cuanto a ti, Eurydamas, ¿que tendré que decirte,
sucio instigador de intrigas fratricidas?
EUR.
¿A mí?
¡Habla por ti mismo, blasfemo sacerdote!
No injuries a los
otros: mas bien mira tus actos.
Modera los modales de tu
procaz ralea,
1015
limpia tu pecho de ese establo augeo,
somete de tu espíritu
la hidra de las pasiones
y sigue en tus trabajos el rastro
de tu dios.
THER.
Si alguien como tú ofende nuestra
sagrada orden
no queda otra respuesta que una digna ignorancia.
1020
Pues mientras la soez plebe ladra a la silente luna
ella serena se desliza, apenas rozada por las nubes.
MEN[SAJERO]
El gobernador en
tu busca me envía, Theron;
desde las torres nuestros
vigías han divisado al enemigo
que, dispuesto para
la batalla, avanza contra la ciudad.
1025
THER.
Algo ya había
escuchado cuando llegaba; juzga tú mismo Murro
tu
extrema intemperancia en esta situación:
súmala
al menos a nuestra fuerza y nuestros corazones
y llueva
venganza redoblada sobre los enemigos.
(Salen THERON ,
MURRO y EURYDAMAS .)
CUR.
¿Por qué, amigo mío,
dudas ahora en empuñar las armas?
1030
No solía
tu ardorosa marcialidad mostrarse de ese modo.
FAB.
¿Y tú
has de preguntarme cuál es la causa, Curcio?
Mi virtud
afrentada por infames sospechas,
negado mi derecho al botín
de la hermosa cautiva:
habrías de comprender la lucha
de mi espíritu.
1035
Mi espada nunca más por
pueblo tan ingrato
se ha de teñir de la sangre africana;
dejemos que sus héroes defiendan sus murallas
y
que Murro compruebe el flaco coraje de Fabio.
CUR.
Justas,
dignas de ti, parecen tus palabras;
1040
si en su carne
sienten la ofensa, habrán de retractarse,
puestos
en fuga sobre la llanura por el fiero enemigo
aniquilando
con ferocidad la maltrecha retaguardia.
Les abatirá
un sincero aunque tardío remordimiento
mientras desde
las almenas contemples su derrota,
1045
los confusos horrores
de su desesperada caída;
igual el obstinado Pélida,
cuando, en vano, los griegos
con lágrimas y dones
suplicaban su auxilio
airado se entregó a una dulce
venganza
al ver, con lóbrega sonrisa, a Héctor
poner fuego a la flota.
1050
FIN
DEL TERCER ACTO
Entran CANDACE y LYCORMAS
CAN.
En mucho, por tu extrema gentileza, oh noble sacerdote
te
quedo agradecida: acompañarme en esta adversidad,
serenar mis pensamientos y calmar mi inquietud
son dádivas
que aquilatan tu sagrado ministerio.
Con gran sabiduría,
para este digno fin, te has retirado
1055
ajeno a las perturbaciones
de un mundo enloquecido
enseñando a aceptar a los
simples mortales
los infortunios que los dioses nos hacen
afrontar;
por tan pías acciones los hombres te respetan.
LYC.
Me complace, augusta princesa, ver como la tormenta
1060
que violentamente agitaba tu iracundo pecho
amaina
ya serena a una calma de alcíone.
Dime ¿hay algo
más en que pueda servirte?
CAN.
Feliz ofrecimiento;
bien he disimulado
ocultando el salvaje estertor de mi espíritu.
1065
Sí, hay algo... Mas temo que te niegues...
LYC.
Estoy a tus órdenes; toma a Lycormas como un
amigo.
CAN.
¿Llega tu amistad al punto de traer hasta aquí
a Fabio?
¿Al punto de arrastrar hasta el templo a ese ingrato
a quien, pese a mis pecados, persisto en amar?
1070
LYC.
Para alejarte de Fabio has sido aquí recluida
y entregada
a nuestra custodia: traicionaría
la confianza que
el pueblo nos ha otorgado,
y por tal felonía habría
de responder con mi cabeza.
CAN.
¡Ah! ¿Qué puedo decir? Temía tal
respuesta.
1075
No debería haberte juzgado de modo
tan ligero.
Mas ¿qué puede ofrecerte una cautiva?
juro por Ammón,
mi gran progenitor, que si está
mi destino
en ocupar el trono de los Garamantes
te ofrecería
toda una provincia como recompensa.
1080
LYC.
Con soborno
menos costoso lograría su propósito.
Si Aníbal
triunfa sin ayuda nuestra
el interés de ella me dejaría
en situación excelente...
CAN.
Parece que
lo piensa... tal vez aún sea posible...
LYC.
He considerado
tu tentador requerimiento
1085
que ha de ponerme en gravísimo
riesgo;
a cambio, sólo una cosa habré de pedirte;
que el día (que el destino cada vez anuncia más
cercano)
en que al poder de los tirios se entregue la ciudad
no te muestres desagradecida con Lycormas.
1090
CAN.
¡Que
los dioses me abandonen si llego a olvidar
tu magnanimidad
para una cautiva desventurada!
Mas date prisa, tráelo
ante mis ojos impacientes.
LYC.
No te anticipes con avidez
a disfrutar tal dicha,
pues el destino puede ser aún
hostil a tu loca vehemencia;
1095
quizá a estas horas
yace muerto sobre el campo de batalla
porque, justo en el
instante en que aquí eras conducida
corrían
todas nuestras fuerzas al encuentro del enemigo
y estoy
a la espera de conocer lo sucedido.
CAN.
¡Cielos, impedidlo!
¡Impedidlo, poderes todos!
1100
Proteged ese valiente, semejante
a un dios
al que la altiva Candace todavía pertenece.
LYC.
Dentro del templo, en su más recóndito
rincón
se dispone la más sombría y
tenebrosa celda;
a ella nunca acceden los sacerdotes de
rango inferior,
1105
sólo a Theron y a mí
nos permiten entrar;
hasta allí, si sobrevive, conduciré
a Fabio
con mis propias ropas disfrazado; allí libremente
podrás revelarle todo lo que te dicte tu lastimado
corazón.
Pero no te demores, pues en los tensos minutos
1110
de tan breve intervalo yo me mantendré en vilo;
porque el mayor mal que un hombre puede conocer
no resiste la comparación
con una espera desasosegada.
CAN.
¡Cuán breves se
mostrarán para mí los minutos
pues el destino
ni siquiera me consiente la desdicha de ese estado!
1115
Sólo puede haber desasosiego si existen esperanzas
y de éstas, ¡ay!, apenas guardo alguna; así
pues, en su lugar,
franquearé el paso a la desesperación
y endureceré mi pecho
para afrontar mi destino y
que, en silencio, la muerte
pueda al fin liberarme del peso
de mis desgracias.
1120
Como el viajero extraviado que,
al final del día,
desconsolado, a través de
Libia, prosigue su camino
y, aterrado frente al ancho desierto
donde ni árboles ni colinas se alzan,
ante la desolada
inmensidad que se confunde con el cielo
no alcanza a rastrear
señal de tierra alguna ni las huellas de pasos
1125
borrados sobre las volubles arenas peinadas por el viento
que deja, como en un mar silencioso, la superficie impenetrable.
Y, sin hallar el fin de su infructuosa búsqueda,
allí mismo se arroja de bruces sobre el suelo
y
espera, con entereza, la llegada de su hora
1130
que ve
como una bendición para su mísero estado.
LYC.
Bien: se va; ahora me corresponde cumplir mi promesa.
¿Qué se sabe del combate? ¿Cómo
nos ha ido?
EUR.
Nuestro plan ha fracasado y se vuelve contra
nosotros:
1135
de nuevo su dios tutelar ha protegido al
romano;
pero aún hay más: humillado el pueblo,
perseguido con horrísono estruendo por el fiero enemigo
hasta las mismas puertas de la ciudad, se maldice a sí
mismo
y atribuye a la ausencia de Fabio la nueva desgracia.
1140
LYC.
¡A la ausencia de Fabio! Luego ¿se ha negado a
combatir?
EUR.
Desdeñado y ofendido por nuestra grave
acusación
y puestos en duda su dignidad y buen nombre
al habérsele arrebatado por ello su prisionera,
ya desarmado, desde las altas almenas
1145
complacido e impávido contempló
el espantoso estrago.
LYC.
Presiento que tú mismo,
no menos indolente,
también sólo de lejos
divisaste el rostro de la guerra.
EUR.
En efecto; lo cual
me dio espacio para contemplar
los altibajos que la fortuna
ofrece en la batalla;
1150
ora avanzaban los tirios, ora
los saguntinos
y en este filo se mantuvo largo tiempo el
combate.
LYC.
¿Y a quién dio la victoria al final
la fortuna?
EUR.
Furioso se abalanzó el general de
Cartago
gritando a voces por todo el campo el nombre de
Fabio
1155
y sembrando la destrucción por donde pasaba.
Paralizados por tal ímpetu y hostigados los nuestros
retrocedieron y puestos en fuga, llegaron hasta la ciudad
en donde, a no ser por Theron, se hubieran refugiado.
LYC.
¿Como nos procuró tan inesperado bien?
1160
Ambos,
amigo mío, somos en mucho sus deudores.
Mas ¿cómo
frustró el propósito del tirio?
EUR.
Imagina
todo un enjambre de abejas
que, ante la inminente tormenta,
se precipita a la colmena
y, arracimándose ante su
puerta,
1165
empujándose, a duras penas logran entrar.
Tal era el terror de la multitud fugitiva y tal su angustia
por llegar a las murallas; y ni allí se sentía
segura
ante el enemigo que le alcanzaba; fue entonces cuando
Theron
avanzando en solitario, cual nuevo Cocles,
1170
salió furioso a su encuentro; y sus brazos musculosos
le arrojaron con fuerza hercúlea su poderosa maza,
voló por los aires con violencia, hendió la
armadura del tirio
rechinando horrísonamente y rebotó
en su pecho.
Tambaleándose sobre el caballo, fue
auxiliado por sus compañeros.
1175
El sacerdote retrocedió
y pudieron cerrarse las puertas.
LYC.
En cierta ocasión,
creo, reprochaste a Lycormas
ser en exceso pródigo
alabando a su rival;
EUR.
decisiones prontas; y aunque hemos fracasado
1180
en lo que, en honor a la verdad, se pretendía
nuestro inmediato
éxito ha de compensarnos con hartura.
Esta noche,
por la muerte de Dauno y Metisco,
muertos en la incursión,
las puertas están a mi cuidado.
Tal golpe de suerte
permite poner en marcha nuestro plan
1185
antes del momento
concertado con el tirio;
no debemos dejar escapar tal ocasión
de nuestros manos;
y cuando las sombras de la noche envuelvan
la tierra
te has de enfrentar a otra peligrosa aventura
al haber de volver con sigilo al campamento sidonio.
1190
Aún nos queda poder reducir a la guardia.
LYC.
Hace
tiempo preparé, con otras intenciones,
en mi propia
celda una dosis somnífera
tan potente en sus efectos
que provoca al instante
un mortal letargo que nubla, raudo,
los sentidos.
1195
Este providencial tesoro del destino,
como rico cordial a la guardia, ya muy debilitada
casi
agotada por las fatigas del combate, puedes suministrar
y, de buen grado, han de beber elixir tan preciado.
En cuanto
percibamos que la argucia ha tenido efecto
1200
daré
la señal y franquearemos el paso al enemigo.
Mas
ahora he de informarte de una ayuda inesperada:
me ha rogado
la Reina cautiva (y yo he garantizado)
que ha de verse con
el romano aquí, en el mismo templo,
a donde, vestido
con mis ropas, procuraré traer.
1205
EUR.
Hazaña
temeraria osaste prometerle, sacerdote;
pero ¿qué
esperáis ambos obtener de todo ello?
LYC.
Ignoro su
propósito pero no es otro el mío
que asegurarme
su amistad ante Aníbal.
EUR.
¡Por supuesto! Mas...
debo desbaratar cosa semejante:
1210
este torpe sacerdote
se interpone en mis planes
y, de simple emisario, pasa a
ser mi rival.
Presto he de deshacerme de él mismo
y de Murro
y ahora la fortuna me brinda la ocasión.
LYC.
¿Qué hay, amigo? ¿Qué es lo
que estás pensando?
1215
EUR.
He estado ponderando
lo que ahora te propones
y no se corresponde con tu prudencia
habitual;
grande
es el riesgo y bien pequeño, por lo que se me alcanza
el provecho obtenido del peligro que corres;
pues si esta
noche se nos muestra propicia,
1220
quizá ya no haga
falta rendirte a su amistad.
Pero como pareces querer tomar
ventaja del azar,
escucha lo que te propongo para que lo
medites.
En nuestro último encuentro con el caudillo
tirio
nos propuso alentar la alianza con Murro;
1225
sería
ahora prudente satisfacer tal deseo
y que nuestra sabia
nobleza guíe a su juventud.
Para ello vanas han de
ser mis probadas argucias
pues él resiste a todas
impasible;
sólo ha mostrado un flanco débil:
el del amor,
1230
mortal sólo en un punto, como el
ligero Aquiles.
LYC.
Habla claro, pues apenas vislumbro el
fin de tus designios.
EUR.
Murro todavía ignora el
amoroso fuego
que a ti mismo el cartaginés te ha
confesado.
Yo podría sugerirle que, en lugar del
romano,
1235
ante la expectante Reina sea él conducido.
Yo la he de prepara para el encuentro
convenciéndola
de que su rival ha muerto en el combate;
entonces (pues
ya conoces cuán fácilmente el sexo débil
pasa de la cima de una pasión a otra)
1240
sea por
el ansia de libertad o por la llama del deseo
dándole
esperanzas, ella lo pondrá cierto de nuestro lado.
LYC.
Mi espíritu se embarga de presagios... Mas sea...
Que venga Murro; tengo ya a punto los ropajes.
EUR.
Ya hay uno convencido; pero temo que la tarea más
ardua
1245
aún está por venir; Murro es honrado
por naturaleza,
quizá le repugne la mera idea de
una conspiración
y, alertado por su conciencia, rechace
mis propósitos;
pero entonces se desvanecerla su
esperanza, y su amor
es, como todas las pasiones que lo
poseen, desmedido;
1250
conseguiré con ello, si no
me abandona la fortuna
apartar a mis rivales del favor del
tirio.
Murro, a por ti voy; si tu virtud es tan firme
que
logra eludir esta trampa, no podré recurrir a otro
ardid.
(La escena se sitúa en el palacio del gobernador.)
(Entran SÍCORIS y MURRO .)
SIC.
Basta;
vete y haz lo que se te ha ordenado:
1255
recobra la virtud
que has postergado,
busca la paz con él o no esperes
hacerla conmigo.
MUR.
¿Ha de llegar mi padre a despreciar
tanto a su hijo
que le obligue a humillarse y a adular a
un romano?
¿Con mirada servil y forzada obediencia
1260
lisonjearé su orgullo y suplicaré, miserable,
su perdón?
Perdón ¿por qué? ¿En qué
ha sido ofendido?
¿Todavía no te es manifiesto su
engaño?
¿Por qué, si en tanto nos estima,
rechazó
enfrentarse al tirio en combate sangriento
1265
cuando allí mismo pudo desmentir las calumnias?
SIC.
Bien conoces la causa que le obligó a ausentarse:
su orgullo mancillado y la herida terrible del deshonor,
no por otra razón ha sufrido cruelmente tu patria
que, dando crédito a las mezquinas balandronadas
1270
de espúreos lenguaraces, obligó a desertar
a un héroe de sus filas.
MUR.
Que el cielo me dé
paciencia para no reventar de ira;
mi ardiente cólera
logra ahogar mis palabras.
¡Espúreos charlatanes!
¿Cómo he de vivir para escuchar
el vergonzoso título
que tienes a bien concederme?
1275
SIC.
Bien desearía
poder invocarte con otro.
Contempla esa extensa llanura,
mira los que acaban de morir,
¿no estremece tu conciencia
esa visión dantesca?
Aquellos que esperaban la ayuda
de tu brazo
han caído. Y en cambio tú...
MUR.
Sé
lo que has de decirme:
1280
que retrocedí; es cierto;
mas fui el último en hacerlo.
SIC.
Bien pronto para
ser el último...
MUR.
ni mi brazo fue revestido de celestial
poder
para vencer
ejércitos y forzar los destinos!
¿Qué más
podría haber hecho?
MUR.
Sí, en efecto; mas ¿en qué iba mi
muerte a ser útil
a mi patria? Viviendo, aún
podré servirla
cuando la fortuna torne a ser favorable
a los nuestros.
SIC.
Haz buenas tus palabras; porque cuando
al ponerse el sol
sumerja su flamígero carro en el
Océano
1290
haremos un último y desesperado
esfuerzo;
pues ahora el tirio, derribado por el golpe de
Theron
se ha mostrado a sus tropas humano y vulnerable.
Si somos de nuevo vencidos, diremos adiós a la esperanza
y afrontaremos la muerte: la suerte de la ciudad está
echada.
1295
Mientras tanto te conmino a que busques a Fabio;
sé otra vez su amigo o no oses mirar de nuevo mi
rostro.
MUR.
¡En tal caso no lo veré más,
anciano obstinado!
¡Injurioso padre! Ante tamaña
afrenta
se ensombrece mi ánimo y mi honor se sonroja.
1300
¡Humillarme así! Tenerle por mi amigo.
Calma,
corazón. ¡No! Si él puede atropellar,
tan
vano, su amor propio, bien puedo yo negar que soy su hijo.
Eurydamas, en buena hora
llegas
para confiarte mi enojo y que conmigo lo compartas.
1305
¿Enojo digo? ¡No basta tal palabra!
Mejor sería
decir furia; y así habré de llamarla.
EUR.
Me gusta su bienvenida; bien comienza la escena.
¿Qué es, Murro, lo que de ese modo ha logrado enfurecerte?
MUR.
Si pudiera otorgarle otro nombre distinto
1310
al de
padre, tal vez mi fiel espada
pudiera vengar mi honra difamada.
¡Oh amigo! ¡Deberías haber visto el modo en que me
trató,
tachado de deslealtad e insultado como cobarde!
¿Cobarde yo? ¿No llevo el amor de mi patria
1315
aquí,
en mi corazón? Habla y dime si me engaño.
EUR.
juzgo imposible que tu padre haya así actuado,
de no mediar tu palabra,
resultaría harto difícil de creer.
MUR.
Aún
hay más, por los cielos; con amenazas pretende
que
vilmente me someta al hombre que más odio,
1320
ese
mi afortunado rival en la gloria y en el amor.
Mas ¿por
qué esa tierna pasión cruza ahora mi pensamiento?
EUR.
¿Por qué, en efecto? Hubiera deseado que esta
guerra
con sus fatídicas secuelas, la destrucción
de tu patria,
tu frustrada pasión por una ingrata
mujer
1325
que, desdeñándote, se entrega a
un maldito romano,
hubieran vencido los embates de ese dios
despreciable.
MUR.
¡Ay! Demasiado fuertemente se ha posesionado
de mi débil voluntad; mas ahora contra mí
se arma y se fortifica inexpugnable a la razón
1330
que, lo mismo que Roma, en la mayor necesidad
me abandona
y me entrega miserablemente al enemigo.
Pero, de poseer
lo que tú consideras el noble orgullo
y la generosa
soberbia que espolea una ambición,
tampoco en el
amor hallaría alguien que me superara
1335
sino que,
como en la guerra, podría derrotar cualquier adversario.
EUR.
Actuarías con la prudente magnanimidad de un
soldado
que no se aferra celosamente a cosas imposibles;
porque poco menos que eso son tus vanas esperanzas.
Supongamos
(lo que, por lo que sabemos, está lejos de la verdad)
1340
que no pertenece al corazón de Fabio, ¿puedes
creer
que unos brazos teñidos con la sangre de su
amado padre
lograrán atraparla alguna vez en los
lazos del amor?
MUR.
Sabes que por su causa yo he perdido
a mi hermano;
el desdichado joven cayó bajo el filo
de su hacha.
1345
EUR.
¿Y podrá hacer florecer la
sangre de ambos el afecto,
inspirar la ternura del amor
o encender llamas de pasión?
¡Abandona tal idea!
Es más que seguro
que no has de conseguirla; pero
puede que exista otro medio...
MUR.
Otro medio dices... habla,
amigo mío,
1350
EUR.
El
mejor en verdad... pero...
MUR.
¿Por qué titubeas
haciendo zozobrar mis esperanzas?
EUR.
Primero te incumbe,
Murro, sopesar con prudencia
nuestra desesperada situación
y el estado de la ciudad;
no muchos soles más podremos
resistir el asedio.
1355
Los pocos que sobrevivan serán
vendidos como esclavos,
mas nunca mi nombre se encontrará
entre ellos.
MUR.
No hace falta decirte que tampoco mi alma
soporta tal idea.
EUR.
¿Qué impide entonces que, asiéndote
a la suerte
de una hora afortunada, te burles del destino?
1360
El medio está a mi alcance, aprovecha esta ocasión...
MUR.
¡No lograrás convencerme!
EUR.
que una amazona puede ser derrotada con
tierna cortesía
o que alguna vez llegue a hastiarse
de la brutal rudeza?
Suelen elegir al más impetuoso
de los guerreros
1365
y con ardientes brazos reducir su
fogosa juventud;
ellos, con arrogancia, responden a pasión
tan gozosa
y hacen inundar sus mejillas con el rubor de
la rendición.
MUR.
Me repugna pensar en hazaña
semejante.
EUR.
¿Por qué entonces la permites en Fabio?
Porque apenas una hora
1370
haya transcurrido, disfrazado,
habrá de verla en el templo;
cuál sea el motivo,
puedes imaginarlo,
pero podría jurar que no se trata
sólo de una inocente charla;
aunque si te complace,
aún podrías ocupar su lugar.
MUR.
¡Ah! Has
puesto en pie todo lo que mí queda de hombre.
1375
Los celos han puesto fuego en mis venas.
Otra vez Fabio
gozará de exquisitos placeres
y en sus brazos, jactándose,
de nuevo envanecido
se mofará, en redoblado triunfo,
del nombre de Murro.
Rencor, aléjate de mí;
borra de mi conciencia tal pesadilla.
1380
Si justo ahora
la ciudad ardiera presa del fuego tirio
y las brasas esparcidas
arrojarán su terrible destello,
entre las llamas
que devoraran ondulantes el sacro templo,
en medio de sus
gritos acogiéndose a sagrado, la forzaría
como otra Sémele gozada en medio de la hoguera.
1385
Mas desearía,
por el amor que me inspira su belleza
que la leyenda cambiara
el curso de su destino,
que la ninfa se salvara y fuera
el amante el abrasado.
(Entran SÍCORIS ,
THERON y TIMANDRA .)
SIC.
Ya he ordenado a tu arrogante
hermano
que implore su perdón y reconozca su ofensa.
1390
Ve tú y con la elocuente retórica del
amor, persevera
en la súplica y gánalo para
nuestra lucha.
THER.
La tarea está ahora en tus manos,
gentil doncella,
mejor que nadie tú conoces la cuitas
de su alma,
sus accesos secretos y sus momentos propicios.
1395
SIC.
Piensa que es noble causa la que mueve tu lengua,
de tu anciano padre y de tu patria que agoniza
tu mediación
piadosa merecerán las bendiciones.
TIM.
Oh, con qué
alegría acepto agradecida,
con qué inmenso
placer cumpliré tal encargo
1400
y con qué
orgullo si se ve coronado por el triunfo.
Porque ¿acaso
podrá él rechazar a Timandra?
Voy veloz, no
dejaré a mi héroe
hasta que el amor lo empuje
al terrible combate.
SIC.
¿Has pedido, como convinimos,
a los sacerdotes
1405
que constaten la fidelidad del pueblo,
su firmeza de espíritu y su voluntad, si es que acaso
los dioses se oponen a nuestro último intento
y
se pierde toda esperanza, de arrojarse a las llamas
derrotando,
con su postrer aliento, a nuestros enemigos?
1410
THER.
Yo
mismo he estado hablando con todos sus caudillos,
ninguno
se rebela contra el fatal designio,
tan firme es su deseo
de ser libres y fieles.
La más noble ternura inspira
a las piadosas madres
que, meciendo en los brazos a sus
hijos hambrientos
1415
gimen: ¡Silencio, hijo, ya casi acaba
todo!
Y pues a tu infantil brazo no le está permitido
luchar por la patria, muere pues con ella.
SIC.
Entonces se ha consumado el fatal
destino de nuestra nación.
Dejad que el bárbaro
enemigo destruya nuestros muros,
1420
las desoladas ruinas
donde una vez se levantó Sagunto:
nuestros hijos,
nacidos libres, también en libertad morirán
y en verdad, todos, valientes, pisarán los Campos
Elíseos
y ni uno sólo de sus espíritus
descenderá al Hades como esclavo.
(Entran FABIO y TIMANDRA .)
FAB.
Deja de suplicarme
lo que no me es lícito conceder,
1425
lo que el severo
honor no consiente a mi voluntad.
Y tú, que padeces
idéntica tiranía,
¿podrás robar a tu
Fabio al menos tal consuelo?
TIM.
¿Qué clase de ídolo
es un honor que exige
culto tan terrible y tan crueles ritos?
1430
¿Ha de ser la sangre de un pueblo la que expíe
el haber violado sólo una vez sus leyes?
FAB.
Sus
leyes son sagradas y por los más valientes
obedecidas
con ancestral y temerosa veneración
y, si son profanadas
por el villano vulgo
1435
exigen repararse de modo no ligero.
TIM.
Pero el mismo cielo se conmueve ante su castigo
y hasta
el fogoso rayo blandido por los aires
se detiene en el presto
brazo de Júpiter
cuando, compadecido de su frágil
naturaleza,
1440
a menudo acepta por igual ofensas y oraciones.
¿Y tú que te jactas de descender de su linaje, rechazas
esa tierna piedad en la que él se complace?
FAB.
Hablas como si yo fuera, en efecto, un dios
y el destino
pendiera solamente de mi voluntad.
1445
TIM.
¡Oh, no! En
verdad te hacen mortal tus pasiones,
vengativo, colérico
e impasible te muestras.
Mas nunca creí poder juzgar
así a Fabio.
FAB.
Tus palabras rompen mi corazón
en mil pedazos;
he aquí mi espada, húndela
con rabia en mi pecho
1450
y verás allí el
deseo que anida de obedecerte
para cualquier ruego; mas
en esto...
TIM.
probará
con harta claridad el amor que proclamas.
Negarte no puedes
ni arrojar impune
en brazos de un infame a la desolada Timandra
1455
que como ahora, arrasados en vano los ojos por las
lágrimas
habrá del maldecir la ira de un bárbaro
fiero.
FAB.
Terrible pensamiento; bien, lo has conseguido;
volveré a la lucha; mas permíteme antes un
último abrazo.
No me venció el derroche de
persuasión de tu lengua
1460
ni tus tiernas palabras
ni su acento lleno de melancolía;
¿pero cómo
no conmoverse con la elocuencia de tus lágrimas
que
inundan, con brillo tembloroso, tus pupilas?
Como cuando,
tras caer su hijo inerte sobre la llanuras frigias,
cubre
la Aurora su rostro en húmedas nubes
1465
brillando
a través del frágil cristal sus rosadas mejillas
y con dulce tristeza sus radiantes ojos se nublan de lágrimas
para que, así, con el fragante rocío, despierte
más dulce la mañana.
TIM.
Y es ahora
cuando tiemblo de haberle persuadido;
un tropel de terrores
hacen temblar mis labios.
1470
¡Ay! ¿Hacia qué espantoso
destino le he enviado?
Si muere, pierdo... oh bondadosos
dioses ¿qué pierdo?
Al hombre más valiente,
al más sincero amante.
Su espada, mortal en la batalla
para sus enemigos,
su ira, terrible en medio del estridente
son de las trompetas.
1475
Mas cuando el dulce efebo triunfa
sobre el soldado
y la fiera Belona se humilla ante Venus
¡con qué encantadora suavidad se muestra!
¡con qué
seductora ternura se expresa!
La ingenua historia de amor
que de sus labios
1480
fluye en sordos murmullos es sonora
corriente
que arrebatan mi voluntad y todos mis sentidos.
No de otro modo
Filomela renueva constante sus trinos
oculta en el soto
umbroso cubierto de rocío;
su suave melodía
acarician suavemente el corazón
1485
rozando la perfección
y superando todo arte.
FIN DEL ACTO CUARTO
LYC.
¡Oh espanto!¿Qué han contemplado mis ojos?
¡Eurydamas
me ha mentido y Murro es un villano!
Desgarro mis carnes
y maldigo mi locura:
he sido traicionado por un lascivo
jovenzuelo.
1490
Irónico es el fin de toda nuestra
conspiración,
Cuando el alto edificio sabia y sólidamente
trabado en la razón, se ha alzado ya meticulosamente
un accidente inesperado, un mero imprevisto
ha echado por
tierra la recia fábrica erigida.
1495
¿Qué
he de hacer?¿Adular de nuevo al tirio
y esperar su favor
raptando a esa mujer?
No habrá de compensarme algo
no prometido.
(Entra EURYDAMAS sin ser visto.)
¿Me servirá de algo declarar la verdad?
¿No hará
eso inflamar contra mí aún más su cólera?
1500
He sido desleal con ambos, y con los dos traidor.
EUR.
Su rostro demudado
y atormentado gesto
revelan claramente una secreta angustia
y las dudas que ahora corroen su corazón.
LYC.
Cuanto
más pienso en ello, más cerca veo mi perdición.
¡Eurydamas,
1505
qué caras nos van a ser tus en exceso
pérfidas estratagemas!
EUR.
Espero que lo sean para
ti, necio sacerdote, no para mí.
Mas asumamos de
nuevo la máscara
y aparentemos estupor por las travesuras
cometidas.
(Se deja ver por LYCORMAS .)
No
vengo, Lycormas, a relatarte ahora
1510
las acciones sangrientas
que han sucedido ha poco;
baste decir que ambos bandos se
retiran con pérdidas;
pero quiero advertirse, ahora
que está anocheciendo,
que apresures tu marcha hacia
su campamento.
LYC.
Pero dime primero ¿qué tal el
nuevo socio,
1515
último admitido pero digno de toda
confianza, Murro?
EUR.
¡Qué estupidez! ¡Digno él
de confianza!
El joven ha muerto. Mas ¿a qué
viene tal título?
LYC.
Dime algo más... ¿cómo
murió?
LYC.
¡Oh cielos, justos y prudentes son
tus designios!
1520
EUR.
¿Qué pretendes decir? ¿En
qué son justos los cielos?
LYC.
Ay Eurydamas, estamos
perdidos.
Nuestra esperanza ha sido aniquilada a manos de
Murro.
Le vi cuando brusca y rabiosamente abandonaba
el
templo y parecía iracundo y colérico en extremo,
1525
lo que atribuí, dada su bien conocida fogosidad,
al súbito despecho por un frío desengaño.
¿Mas cómo pude engañarme? Pues cuando entré
ensayando mis mejores modales para pedir a ella excusas
por burla tan inocente que no buscaba sino salvar
1530
a un hombre galante y convertirle en aliado
de Cartago y
en un héroe para sus futura victorias,
a través de un espeso silencio
llegó hasta mi oído
un débil murmullo,
un rumor imperceptible
que, al acercarme, reconocí
como gemidos
1535
que, mezclados con quejas, provenían
de la celda
que yo había dispuesto para el encuentro
fatídico.
EUR.
El comienzo de tu relato hace presentir
un final desgraciado.
LYC.
Entré despacio; entonces
¡oh mísero espectáculo!
con el cabello en
desorden y postrada en el suelo
1540
ya la reina desdichada;
la iba a levantar con cuidado
cuando ella, con gesto que
revelaba a un tiempo desdén,
rabia y desesperación,
indignación, vergüenza
y lucidez me dijo: «¡Pérfido,
tú aquí! ¿Vienes a burlarte?
¿Ocultas con
tus hábitos sagrados a un vil alcahuete?
1545
Artero
mediador de una violación, ¡una violación horrible!
Eres afortunado de hallarme desarmada
como fue el violador
por encontrarme inerme;
mas huye, vete y déjame sola
con mi desgracia.
Mudo de horror, obedecí y allí
la abandoné.»
1550
EUR.
Terrible parece, en verdad,
el trágico final
de esta historia que bien claro
veo
ha causado tan profunda impresión en tu alma;
mas no es tan desesperada nuestra situación como
juzgas.
LYC.
Explícate, aclárame enigma tan
oscuro.
1555
EUR.
No hay tiempo para la piedad o el remordimiento;
para salvarlo todo, habrá que acometer más
riesgos;
ahora escúchame; has de saber que yo fui
quien persuadió a Murro al hecho que consideras nuestra
ruina.
LYC.
¡No es posible! Mis oídos ciertamente
me engañan.
1560
EUR.
Te lo digo otra vez: fui yo;
y estas son mis razones.
Cuando me propuse persuadir al
arisco joven al principio
lo encontré reacio y contrario
a nuestros planes;
pero vencido al final con sutiles argumentos
lo convencí y sin reparo ahora puedo darte cuenta
1565
bajo que sola condición comprometió su
alianza
y ¿cuál era en verdad sino tener todo el
poder
el entero gobierno sin más rival alguno?
Esto
habría de ser también jurado por el tirio;
pues, en caso contrario, nos delataría a su padre.
1570
ante tal
decisión aparenté ceder; entonces lo enredé
con fábulas repletas de celos infundados
a cometer
el crimen que habría de ser su perdición.
LYC.
¡Frágiles son las alianzas que se pactan en el pecado!
Cada cual maquina en su interior sólo en propio interés;
1575
y si esto es así, todavía puedo ser el
Sumo Sacerdote.
Pero ¿cómo es que regresó
al combate? Y, una vez allí,
¿por qué no se
evitó, como tú, los peligros?
EUR.
La pregunta
me compromete... Mas... ya lo tengo...
Lo primero
fue inevitable; lo segundo
1580
fue a causa de las mofas
sarcásticas de Fabio
quien, gritándole que
rehicieran su amistad
empujó inconscientemente al
joven a su destino.
Pero ello nos beneficia; de los labios
de un muerto
no puede salir revelación alguna; y
sería conveniente
1585
para tu seguridad, que tampoco
su lengua contara tal historia.
LYC.
¿Cómo ha de ocultar
ella al cómplice de su violación?
Pues es
seguro que por tal me tiene.
EUR.
húndela en su corazón
y luego déjala junto a ella;
1590
con tal fin hizo
llevar la Reina al templo;
probaré que ambos hechos
están relacionados
para que él aparezca culpable:
una venganza doméstica;
hecho esto, seguro podrás
congraciarte con el tirio
a quien, siempre que yo quiera,
tendré advertido...
1595
LYC.
¡Pérfido
y monstruoso villano! Mi alma
retrocede ante el horror de
participar en tal crimen
¿de verdad crees que puedo prestarme
a ese asesinato?
EUR.
Lo dejo a tu elección, no me
concierne
este asunto; de nada puede ella acusarme a mí.
1600
LYC.
Por Hércules que podrá ¿es que he
de convertirme
en tu esclavo, en un mero instrumento de
tu ambición?
Remordimiento y vergüenza hacen
presa en mi alma:
acudiré enseguida ante el gobernador
para darle cumplida cuenta de todo lo que sé
1605
y merecer con
ello su piadosa indulgencia.
LYC.
Presto
has de comprobarlo.
EUR.
¡Maldito pusilánime, vil,
traidor, malnacido!
¿Quieres con tu imprudencia
destruir al instante
lo que con esfuerzo y no poca suerte
hemos conseguido
1610
justo en el momento que empieza a
madurar el fruto?
LYC.
Hablas a una piedra; comprueba que
estoy decidido.
LYC.
Será
en vano, ¿qué haces? ¡Oh!
¡A mí, hermanos,
hermanos! ¡Asesino!
EUR.
esto te enseñará; toma...
(Cuando se dispone a apuñalarse
entran los sacerdotes impidiéndoselo.)
LYC.
salvadle de sí mismo; tal muerte
es demasiado leve
para crímenes como el suyo; conducidme
a mi celda
y que alguien, tan presto como pueda, vaya a
buscar a Theron;
a él, con mi último suspiro,
quiero revelar
una historia que, a la vez, helará
y hará hervir su sangre.
1620
(Sale, conducido
por los sacerdotes.)
(La escena se traslada al palacio
del gobernador.)
(Entran SÍCORIS y TIMANDRA .)
SIC.
Vanos han sido nuestros esfuerzos e inútil
la resistencia;
nos oponemos a la voluntad de los cielos;
los parciales hados han condenado los muros de Sagunto
y ni el propio Hércules puede ya proteger
su ciudad;
echémosla entonces abajo,
1625
hundíos, augustos
palacios, y volved a alzaros en la fama
más grandes
aún en vuestra caída, ennoblecidos en la destrucción;
sin embargo, hija mía, cuando miro tus lágrimas
signo natural
de la delicadeza de tu sexo
mi espíritu también
se estremece y mis ojos se humedecen.
1630
TIM.
No, padre,
que no sea por mí únicamente
por quien corran
tus lágrimas ni hagas después helarse
mi corazón;
mientras te veo a salvo temo,
tiemblo por mi hermano; y,
más aún,
pues he de serte franca, por mi amado
Fabio.
1635
Si Murro muere, lamentarla su destino fatal
mas si cae Fabio, yo misma lo habré asesinado.
SIC.
Puede que el destino así lo determine; mas serían
sus heridas
nobles; y su muerte gloriosa si es por nuestra
causa;
de tener yo sus años, gozoso habría
caído
1640
y no, como ese viejo roble cuyas desnudas
ramas
se exponen al viento, haber de esperar al golpe del
hacha.
Así pues, seca tus lágrimas e imita,
fiel, a tu propia madre
que con heroicidad hasta me armaba
para la batalla.
TIM.
¿Te hubiera mi madre con las poderosas
ataduras del amor
1645
seducido al combate y arrastrado
al mismo campo de batalla?
¿No hubiera sentido, de presenciar
lo que yo veo ahora,
terror en su ánimo, y el miedo
y la angustia?
Ahora reposa en la paz y yo, más desdichada,
la he sobrevivido
para contemplar el fin de mi amado, de
mi padre y mi patria.
1650
SIC.
Fortalece tu corazón
para soportar más desgracias
porque mira, aquí
llega el mensajero de nuestro destino.
Tu adusto semblante es bien elocuente: ha muerto
mi hijo.
¡Ay fuerza natural, da libre vado a mi frágil
humanidad
y, a su amparo, déjame rendir este terrible
sacrificio!
1655
THER.
Ya han llevado a cabo
sus enemigos ese tributo,
sus mutilados miembros destilaron
lágrimas de sangre
y los enviaron a los oscuros campos
de Júpiter Estigio
donde sonrieron con tristeza para
pasar veloces su temida penumbra.
TIM.
¿Y tú has muerto,
amado adolescente, mientras aquí me dejas
1660
como
párvulo consuelo de la vejez de nuestro padre?
¡Pobre
y mísero anciano! ¿Cómo tus piadosos desvelos
para formar en
escuela de virtud a dos nobles hijos
dotándoles en
su madurez de coraje y valor
son así devastados por
la guerra cruel?
1665
¿Quién tomará su lugar
en deber tan sagrado?
¿Quién te defenderá
del enemigo en tus últimos años?
Sólo
uno podría hacerlo; mas quizá ya no existe;
lo temo, pero debo saberlo: Theron, quítame de esta
duda,
habla, porque tú ya bien sabes lo que no oso
preguntar.
1670
THER.
Adivino lo que quieres saber: Fabio
vive.
TIM.
Bendita sea tu lengua. Mas dime ¿dónde
está?
THER.
cegadora tragedia para
tus ojos doloridos,
pues tal fue su deseo: en tu regazo
1675
entregar su último suspiro y alcanzar el reposo.
TIM.
¡Que la tierra me cubra! ¡Y que las montañas
con sus espesos bosques
vengan piadosas a envolverme en
noche repentina!
¡Oh! Negadme tal visión; enredadme
con vuestras raíces
y junto a su oscura lobreguez
sepultad a Timandra.
1680
Quiero gritar mis desdichas en
vuestras tenebrosas cavernas
pues no quiero que mis lamentos
perturben su agonía.
SIC.
Nueva desgracia he de lamentar,
pues en verdad he perdido otro hijo.
THER.
Por tal debes
llorarlo, pues sin duda combatió
como si para Murro
fuera más que un hermano;
1685
no le fue a la zaga
al joven en bravura,
no existe un ser de raza más
valiente y noble.
TIM.
¡Oh, qué fatal coincidencia
en sin igual desgracia!
SIC.
¡Oh, venturosos jóvenes
caídos gloriosamente!
THER.
Como cuando dos hábiles
segadores se aprestan
1690
en el extremo del surco a cada
uno asignado,
y, espoleados por la rivalidad, cual dos ávidos
zagales
avanzan en sus pasos; y en montones el maíz
va cayendo de las hoces generosas cubriéndose la
tierra,
así caían los tirios, así con
gesto semejante
1695
avanzaban ambos acosando al enemigo;
mas entonces, con terrible zancada, el marmárico
Othrys
de grandiosa
estatura y miembros gigantescos,
salió de entre sus
filas y con brazo atronante
a tu hijo obligó a caer
de rodillas; el monstruo abalanzose
1700
en ademán
de atravesar su pecho cuando, con raudo golpe,
el romano
segó su cabeza del tronco.
SIC.
Digna hazaña
de un dios; hubiera merecido
ser también descendiente
de nuestro bravo Hércules.
THER.
Fue el turno entonces
de Murro; y cuando el fiero Acerras,
1705
avanzó
al frente de la indómita caballería
rodeándole
con la velocidad del rayo, de súbito
cerró
el paso al romano con su brioso corcel.
Murro lanzó
de lleno entre las sienes del caballo
una lanza que, de
oreja a oreja, consiguió traspasarlo;
1710
loco de
dolor, agitando el aire con sus cabriolas,
se desplomó
aplastando al jinete.
SIC.
Mi alma exalta de gozo al saber
que reparó mi hijo
THER.
Escrito estaba así por los
dioses: les unió su destino;
1715
porque Aníbal,
loco de rabia, se precipitó
sobre Murro a quien con
su ágil jabalina
derribó en tierra de donde
ya no pudo levantarse.
Cuando Fabio lo vio, con coraje indomable,
gritó: «¡Esta es tu recompensa, cartaginés
maldito!»
1720
Entonces, con poderoso ademán, recogió
su lanza
y la arrojó volando, se la clavó
en el muslo yen estertores
brotó de lo hondo la sangre;
sus escuadrones acudieron presto,
siendo Fabio atacado y
malherido por todos;
Curcio y yo mismo acudimos a rescatarle
1725
intentándolo, dispuestos a ganar o morir, por
todos los medios;
entonces, tras forzar una breve retirada,
los nuestros recogieron del campo al héroe moribundo.
(Entra un
SACERDOTE y habla en voz baja con THERON .)
¿Cómo?
¿Apuñalado en el templo? Te sigo...
(Entran CURCIO y FABIO llevado por los soldados.)
Pero he aquí lo también me empuja a
no dejar este lugar.
1730
(TIMANDRA corre
hacia FABIO , mas se detiene de repente.)
TIM.
¡Oh,
Fabio, mi amor! ¡Horror! ¡Qué espanto!
Como si la
mirada de Gorgona me hubiera transformado en piedra
se hiela
mi sangre y mis huesos ya petrificados
se olvidan del calor
y el aliento de vida;
y quedo, como Niobe, en pie, aferrada
a la tierra,
1735
monumento de dolor, estatua que apenas
respira.
FAB.
Una vez más, Timandra, soy bendecido
con el don de tu presencia
para musitar mi triste adiós
y entregarte mi postrer suspiro.
TIM.
¡Oh! ¿Cómo acercarme
a ti, Fabio? ¿Cómo ver impasible
tus ojos fugitivos
que ya galopan hacia la muerte?
1740
¿No me maldecirán
esas heridas lacerantes
y te mantendrás a desdeñosa
distancia de la cruel Timandra?
Sangrando como estás,
bien quisiera abrazarte,
dando suelta a mi amor y a mi dolor
salvaje.
FAB.
No pienses eso. No fuiste sino la gentil mediadora
del destino
1745
que me hizo recobrar la honra y espoleó
mi virtud vacilante;
los cielos son testigos que sólo
lamento de la muerte
el no poder tenerte más bajo
mi amparo.
TIM.
Deja ya tal ternura... ¡Oh, cesa de mostrarte
dulcemente gentil, bondadoso en extremo!
1750
Tal generosidad
me aturde y me confunde
enterrándome bajo un manto
de tristeza.
¿Ha de ser protegerme tu último desvelo?
¡Oh, olvida tal deseo! Pues ya todo es en vano.
Cuando
te hayas ido, la desesperación mostrará
1755
un camino de salvación o un lugar de descanso.
FAB.
Aguarda, te lo ordeno; los cielos señalarán
la hora;
y con
certeza creo que no ha de ser larga la espera;
entonces
tu purísimo espíritu llegará hasta los
Campos
donde los bienaventurados gozan de bien ganada dicha;
1760
allí, en la misma orilla, aguardaré tu
llegada
para abrazarte tras arribar la perezosa barca de
Caronte;
allí te conduciré a recónditas
grutas, donde los fieles amantes
hallan su recompensa en
gozos infinitos.
Acércate, anciano, al que hubiera
querido llamar padre;
1765
recíbeme, mientras muero,
como hijo tuyo.
(Dirigiéndose a SÍCORIS .)
Curcio, me voy, dame ahora tus brazos
porque los míos,
amigo, ya no pueden asirte;
recuerda tu promesa: tú
tienes que vivir
para, mientras los hados lo permitan, proteger
a Timandra.
1770
Y a vosotros, oh dioses, suplico que el
nombre de mi patria
sea redimido al fin de esta espantosa
infamia.
Tal es de Fabio la última plegaria.
TIM.
Ha olvidado su corazón de latir, sus ojos
dónde dirigir la mirada;
los míos están
secos ante tanto dolor y terrible desgracia.
1775
¡Sólo
estallando en pedazos podría mi corazón sentir
algún alivio!
(Se desmaya y es conducida fuera.)
SIC.
Llevad a su aposento a la afligida joven.
CUR.
Le hice una
promesa, Sícoris, y debo cumplirla.
Curcio ya sólo
ha de vivir para defender a tu hija.
SIC.
Breve será
entonces el trabajo de cumplir con tu voto,
1780
pues sabe
que esta noche, todo el pueblo ha querido
incendiar la ciudad
y ellos mismos reducirse a cenizas;
cuando el sol se levante
mañana, contemplará las torres
que antes convertía
en oro, abatidas ya y en el suelo humeantes.
CUR.
¡Trágica
decisión aunque digna de gloria!
1785
SIC.
Acompaña
hasta el templo el cuerpo de tu amigo;
allí Theron
y yo, junto a lo más ilustre del pueblo saguntino
bajo el sagrado techo queremos sucumbir.
CUR.
Llevaos al
héroe desdichado; gloriosamente ahora
descenderá
al averno su alma inmortal; la Fama hará correr
1790
el canto de sus bellas acciones y marciales hazañas.
Una ciudad entera
será su pira fúnebre.
SIC.
En cuanto a ti, hija mía... Mas, ¡ay! ¿cómo
decir
a corazón tan tierno nuestro deseo funesto?
Confío en que los hados la fortalezcan en la adversidad.
1795
(Cuando se dispone a salir sale a su encuentro
un SACERDOTE .)
S[ACERDOTE]
Theron requiere tu presencia
en el templo
y me ordena decirte que un traidor espera tu
sentencia.
SIC.
¡Un traidor dices! Tal vez él llega
demasiado tarde,
mas debo ocultar en público mi propio
sentimiento.
(La escena se traslada
al foro de la ciudad.)
(Entran un SACERDOTE y varios
SAGUNTINOS .)
S. Os hemos convocado para que contempléis
cómo se hace justicia;
1800
aquel que envenenó
vuestros oídos crédulos
os llevará
esta noche a vuestra destrucción.
3.º SAG.
Le haremos pagar ojo por ojo,
y cada saguntino
en los despojos de su cadáver saciará
su venganza.
1805
(Entra CURCIO con el cuerpo de
FABIO .)
CUR.
¡Vedlo aquí saguntinos! Ved al
traidor Fabio
al que vuestras sospechas deshonraron vilmente:
contemplad sus heridas pues a su vista es fuerza
que proclaméis
que hubo al menos un romano valiente.
1.º SAG.
Reconocemos
llenos de vergüenza su valor y el tuyo.
1810
2.º SAG.
¡Ojalá tu país nos hubiera prestado su ayuda!
3.º SAG.
Bien hicimos en suplicar acogernos a su protección.
CUR.
Tan cínicos
lamentos repugnan a mi alma.
(Sale, del
interior del templo, SÍCORIS con EURYDAMAS , atado.)
SIC.
¡Oh tú, para el que no encuentra nombre
mi lengua!
Di ¿qué pudo impulsarte a crimen tan horrendo,
1815
a villanías sin freno y acciones lujuriosas?
¿No era desgracia bastante la ruina de tu patria?
Pero
que con perversas argucias hayas forzado
a tu amigo más
fiel, en la virtud educado,
a perpetrar fechoría
semejante espanta a la propia naturaleza.
1820
EUR.
Tenía
para ello secretas y poderosas razones;
pero no me perturbes
con preguntas molestas,
estoy en tu poder y aguardo mi destino;
aunque al menos en algo han triunfado mis planes.
(Señalando
el cuerpo de FABIO .)
CUR.
¡Oh maldito villano! ¿También
te enorgulleces
1825
de haber sido la causa de su muerte?
¡Desatadlo
saguntinos! ¡Sícoris, entrégalo
a mi espada!
SIC.
Reprime tu cólera; pues ella haría
su muerte
un hecho noble y no, como merece, un acto ignominioso.
Arrastradlo a la torre que domina las puertas
1830
que
su pérfida mano habría sin duda franqueado;
que se dé allí la señal convenida;
y cuando el enemigo
exulte en regocijo de ambición
y esperanza
de un bien fraguado engaño, y los taimados
tirios
lleguen a las murallas pensando ya en una ciudad
suya
1835
arrojadle sin piedad sobre sus cabezas;
mostrémosles
la sólida justicia de Sagunto,
su paciencia, su fuerza
y arrogancia sin par,
su más que humana fidelidad
al amigo.
Nosotros ciudadanos, reventemos de orgullo:
1840
su cómplice en el crimen, bien que tarde, se ha arrepentido
de que estos muros hayan albergado un infame traidor
al
que ha alcanzado nuestra justa venganza; y no
redimirá su bajeza en la postrer
escena gloriosa
que, en un ingente horror, abre el destino
ante nosotros
1845
sin permitir que ensucie nuestra limpia
unidad.
EUR.
¡Bien poco me perturba la muerte a la que voy!
¡Tu exquisita retórica y tu fogosa arenga!
¡Un solo
traidor dices! ¡Pues solo ese patriota
hubiera preservado
Sagunto de su segura destrucción!
1850
¡Adiós
virtuosos necios! Como gran recompensa
de vuestros sufrimientos
que digan los romanos
qué destino merecen tan leales
espíritus.
SIC.
Que cada uno retorne
ahora a sus hogares,
y a su familia ofrezca los últimos
abrazos;
1855
que, invocando a los dioses, se dirija a la
hoguera.
SIC.
Contempla y reconoce,
Hércules, a tu pueblo
que te sigue invocando hasta
la misma muerte.
(Entra THE RON conduciendo a CANDACE .)
Procuremos olvidar, ofendida Reina,
1860
pues el
linaje de los dos ha recibido un castigo cruel;
apiádate
de un padre obligado a lamentar
más la acción
nefanda de un hijo que su misma muerte;
la única
reparación que ofrecerte puedo
es la libertad; libre
eres desde este momento;
1865
serás conducida a salvo
fuera de nuestros muros.
CAN.
Mi alma desdeña tal
cosa: ¿descubrir la infamada Candace
su afrenta al aliado
y, sobre
sus doncellas guerreras reinar con su deshonra?
¡Me lo impide el honor y lo proscribe Júpiter,
1870
mi glorioso ascendiente! Y también esto me lo prohíbe...
(Señalando el cuerpo de FABIO .)
este triste espectáculo.
¡Oh joven cruel,
cuán pálido y yerto! Con
la misma frialdad siempre te me mostraste:
ésta será
quizá más amable conmigo que su dueño
y me dará
la paz. Ahora, caritativo Ammón, acoge
1875
a tu
hija desdichada y perdona sus errores.
(Empuñando
la espada de FABIO se la clava y muere.)
CUR.
Acaba así
su espíritu indomable.
THER.
en medio del corazón; certero
y raudo golpe.
SIC.
Alzad esos cuerpos y llevadlos al templo.
(Entra un CRIADO de TIMANDRA .)
CRIADO
¡Señor! Tu hija, presa de repentina
locura
1880
se deshizo de los brazos de sus doncellas
y
precipitándose fuera del palacio, mientras corría,
de la mano de un saguntino que se disponía a morir
arrebató una flamante antorcha y hacia aquí
se dirige.
(Entra TIMANDRA , aturdida, con una antorcha
en la mano.)
TIM.
¿Dónde, dónde está
mi prometido? ¿Dónde está el ser que amo?
1885
Decídmelo vosotros, sus amigos, pues vengo a reclamarlo.
¡Mi padre aquí! ¡Oh sagrado señor, dame tu
bendición!
Este es mi desposorio y esta la antorcha
del himeneo.
¡Está abierto el templo! Luego me espera
dentro...
CUR.
En efecto, te espera... mas cadáver...
1890
TIM.
Pues entonces yo misma encenderé
la ingente
pira para convertirlo en gloriosa urna;
me arrebata a su
lado, me arrastra dulcemente:
juntos penetraremos en las
heroicas llamas
(Se precipita corriendo en el templo.)
SIC.
¡Pobre muchacha! Los dioses mismos le habrán concedido
1895
compadecidos tiernamente de ella, este frenesí.
Abracémonos, Theron; dame también tus brazos,
romano,
una vez más: está bien,
entremos en el templo.
THER.
Mas deteneos... ¿qué sobresalta y perturba
mi espíritu?
¿Por qué estas lágrimas
y los sollozos que dilatan mi pecho?
1900
¡Es la inspiración!
¡Es nuestro dios glorioso
que depara este honor a su siervo
antes de morir!
Abre de par en par mi corazón y con
ello mi mente
y me concede ahora contemplar el futuro
alzando
el telón de toda la esperanza: ¡Mirad! ¡Fijaos!
1905
Desde estas tristes ruinas cuyas llamas se elevan hasta
el cielo
resurgirá, cual Ave Fénix, un nuevo
Sagunto;
sus hijos, como nosotros, sabrán defender
la libertad
y permanecer fieles a sus pactos.
Cuando la
rueda de los años haya dado la vuelta
1910
quizá
otros reinos pretendan tiranizarla;
mas entonces los cielos
dispondrán que una nación poderosa
humille
al opresor y quebrante sus cadenas.
Un pueblo generoso que
se complazca en redimirnos,
en derrocar al tirano y liberar
al esclavo,
1915
culto como los romanos y, como los romanos,
valiente.
¡Salve, gloriosos soldados! Bienvenidos seáis
a nuestras orillas,
gozoso oigo crujir vuestras máquinas
de guerra
que sabrán acometer prodigiosas hazañas.
Veo el imperio de Iberia ya pronto vencido
1920
¡Ah qué
fatídica estrella le ha mostrado su faz!
¿Aguarda
a nuestra raza idéntico destino?
Todo ha pasado:
una sombría nube nos invita al olvido
y ya el piadoso
dios abandona mi pecho torturado.
SIC.
Lo que quiera que
signifiquen tus palabras proféticas,
1925
si, sometidos
al destino, soportamos estos tristes extremos
y perecemos,
constantes en los pactos y en nuestra libertad
las generosas
llamas de Sagunto refulgirán con gloria
y el tiempo
en la memoria esculpirá su nombre.
[CAE EL
TELÓN.
FIN