1
El presente trabajo se inscribe en un proyecto más amplio, «El desarrollo de la "nueva biografía" en la colección "Vidas Españolas e Hispanoamericanas del Siglo XIX", de Espasa-Calpe», dirigido por la doctora Marisa Sotelo Vázquez, y financiado mediante una beca del Programa de Formación del Profesorado Universitario del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, que estoy llevando a cabo en la Universidad de Barcelona.
2
Para un análisis exhaustivo de este artículo, véase Santolaria Sierra (1997) y Vilanou (1997).
3
Los puntos en común con Natorp son el concepto de hombre como tejido social, la interpretación de lo social como combinación de los esfuerzos individuales, y la idea de Humanidad frente a la idea de Religión, puesto que en realidad ésta es fruto de la primera (Santolaria Sierra, 1997: 70).
4
En relación con este aspecto, Santolaria Sierra considera que la pedagogía social no es un tema básico del pensamiento o la teoría pedagógica de Ortega, sino que las alusiones al tema educativo son dentro del contexto regeneracionista (1997: 74).
5
Déjese para otra ocasión la profundización en su concepción sobre la biografía en relación con sus valoraciones sobre géneros literarios.
6
También buscarían las causas idiosincrásicas de esa escasez de biografías españolas Ricardo Baeza en «El nuevo arte biográfico» (El Sol, 29-04-1927) o Ramón Pérez de Ayala en «Carencia de biografías y autobiografías. Sobre el individualismo ibero» (El Sol, 01-12-1927), entre otros.
7
Como he intentado justificar en un artículo para Cuadernos de Aleph (n.º 5, 2013), el cambio de parecer de Ortega parte de la consabida polémica suscitada por los artículos «La Pampa…promesas» y «El hombre a la defensiva», ambos publicados en La Nación de Buenos Aires en 1929. Las razones, por lo tanto, parecen ser nuevamente la necesidad de disponer de modelos vitales, de comprensión y de conocer la historia para no repetir los errores pasados. En su reseña sobre el Bolívar o el Libertador de Salaverría para ABC (12-12-1930), López Prudencio consideraba que la suma de vidas hispanoamericanas respondía «al propósito de proyectar el radio de acción de estos trabajos a la América española, comenzando a realizarse este propósito desde el mencionado volumen, que se consagra a Bolívar, el Libertador»
(1930: 13).
8
Hay que tener presente que la colección surge en un momento en el que se requería una revisión de esas figuras inmediatamente precedentes para forjar y asentar un estado realmente democrático, tal como señaló el escritor mexicano Jaime Torres Bodet: «Ahora, en un minuto de revisión nacional de valores, cuando la vida necesita apoyarse en otra cosa que la seguridad de la rapidez adquirida, una generación de biógrafos no sólo se adapta a un tono convencional del gusto del mundo. Responde a una necesidad íntima del país. Implica la madurez de su conciencia crítica»
(1930: 281).
9
Ortega le encomendó la vida de Teresa Mancha, la amante de Espronceda, pero la vallisoletana no pudo finalizar la biografía hasta 1936 y, debido al estallido de la guerra civil y a las complicaciones derivadas de esta, se publicó fuera del proyecto, en Buenos Aires, en 1951.