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María Rosa de Gálvez constituye el caso más significativo de esta versatilidad dramática y de los logros estéticos en cada una de las fórmulas abordadas, como ha puesto de relieve la nutrida bibliografía dedicada a su obra.
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Manuel Silvela: «Vida de don Leandro Fernández de Moratín», en Obras Póstumas de D. Leandro Fernández de Moratín, Madrid, 1867, tomo I, pp. 36-37. Agradezco a René Andioc el haberme proporcionado este dato, así como la correspondiente referencia bibliográfica.
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La novela, por ejemplo, como género poco noble o peligroso que era, imponía una marcada tendencia al anonimato, como sucedía, por otros motivos, con la prensa. En cuanto a la preferencia de las mujeres por la traducción, no hace sino confirmar una práctica habitual en la cultura española del setecientos, en la que tantos escritores, pensadores, científicos etc. acudieron a las obras de otros no tanto para dejar oír la propia voz como para difundir en España ideas o textos que contribuirían al progreso de la nación y a la renovación de las letras.